EL AGUAO

REVISTA DE LA TERTULIACOFRADE MAÑANAS DE DOMINGO

- A TI, CRISTO DE LOS MILAGROS

       

Te miro Cristo de Los Milagros y más que tus potencias me impresionan tus ojos cerrados y tu boca entreabierta.

Tienes un gesto tranquilo. Ya has terminado todo, porque todo se ha consumado.

Y puedes estar tranquilo. Cristo de los Milagros, porque has sabido unir en tu muerte aquel anuncio maravilloso de doctrina inconcebible una tarde de primavera en El Monte de Las Bienaventuranzas, con toda tu actuación y sobre todo con tu muerte, otra tarde de primavera, apenas tres años después, en El Monte Calvario de Jerusalén.

Tienes la serena tranquilidad del deber cumplido. Tienes la paz de quien ha cumplido con su doctrina.

Porque Tú eres bienaventurado, Cristo pobre, que has muerto desnudo, que no tienes dónde caerte muerto, que te van a tener que enterrar en un sepulcro prestado; Y hasta la sábana que te va a servir de sudario tendrá que ser prestada.

Y tú eres Cristo manso que has sabido aguantar las bofetadas y las burlas, que has recibido a Judas con un beso, y has sido humilde de corazón porque has sabido unir en El Calvario la palabra Amor con la palabra Perdón.

Tú has entregado tu vida, que no te la han quitado, sino que la has entregado en un sacrificio perfecto de Amor y de Libertad y lo primero que se te ha ocurrido decir en esa Cruz clavado entre el cielo y la tierra es “Padre perdónalos porque no saben lo que hacen”.

Y hoy, después de veinte siglos, a mi no se me ocurre otra cosa que decirte, Padre perdónanos porque seguimos sin saber lo que estamos haciendo.

Tú has demostrado que has sido Bienaventurado incluso con tu llanto ante Jerusalén, incluso con tu sufrimiento, que te llevó a aquella expresión tan humana en El Monte de Los Olivos de que querer apartar el Cáliz que tenías que beber y sin embargo pedir que se hiciera la voluntad de Dios. Tu has sido Cristo misericordioso que prometes y das el Paraíso a un criminal que estaba siendo ajusticiado junto a ti por el solo hecho de volver sus ojos hacia ti, mirarte, y pedirte perdón.

Y has sido limpio de corazón, porque tu mismo juez, el cobarde Pilatos tuvo que reconocer varias veces en público que no encontraba en ti culpa alguna.

Y has muerto así, ajusticiado, con la peor de las muertes, porque siempre has perseguido la justicia y la santidad.

Y siendo pacifico porque tu doctrina se puede reducir en una sola palabra, la palabra Amor, has padecido persecución por la justicia, hasta el punto de que yo hoy no puedo mirarte, clavado en una cruz, con los ojos cerrados debajo de tus potencias.

Cristo de los Milagros, sigue haciendo milagros, sigue redimiéndonos, no te bajes de la cruz, porque la humanidad actual, más que ninguna otra, necesitamos seguir viéndote ahí, clavado en ese madero ignominioso, entre el cielo y la tierra.

Manuel Gómez Burón

Hosted by www.Geocities.ws

1