EL AGUAO

REVISTA DE LA TERTULIA COFRADE MAÑANAS DE DOMINGO

- VIVENCIAS DE UN COFRADE

       

Mi memoria se remonta hacia los años sesenta, cuando siendo niño, acompañaba a mi padre a hacer su estación penitencial en la “Hermandad de Muchachos de Consolación”.

Por aquellos años yo no comprendía lo que era una Hermandad, y su significado.

En ese mismo año fue cuando vi por primera vez a la Hermandad de los Gitanos.

En ese año de 1.968, vestí por vez primera una túnica de nazareno, en la Hermandad del “Jesús”, acompañando a mi padre en su estación penitencial.

Era una mañana emocionante, porque era la primera vez que contemplaba a Nuestro Padre Jesús Nazareno, tanto fue mi contemplación, que hasta me quemé un poco la túnica y la capa con el cirio que llevaba.

Después con los años me surgió la llamada de ser costalero, y empece a irme a los ensayos, de una cuadrilla que se estaba formando en la calle Las Mujeres, en un lugar que le llamábamos “el molino”, porque podía haber sido algún molino de aceite.

Tanto mi época de costalero como en la actualidad de nazareno, fueron y siguen siendo hoy día cada Semana santa, como si fuera la primera vez en que vestí una túnica de nazareno, o me pusiera un costal, son momentos que guardare toda mi vida, porque son momentos que como no te pongas un costal, o tal vez una túnica de nazareno no se puede entender.

Porque yo solo lo que vivo es su pasión, muerte y resurrección, a través de un costal, o una túnica de nazareno.

Manuel Barrios Fernandez

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