EL AGUAO
REVISTA DE LA TERTULIA COFRADE MAÑANAS DE DOMINGO
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LOS CARGADORES DEL MUELLE DE SEVILLA
Cuando el sol de una tarde del mes de Abril, hacía aleación perfecta de colores con la cal de las paredes de un pueblo sabio en tradiciones ancestrales de primavera, en una de las esquinas se producirá, como cada año, el milagro que se estrena en ese día, una chicotá sublime, ejecutada con la destreza que sólo es posible con el esfuerzo, el amor, y la pasión de un grupo de hombres debajo de unas trabajaderas podrán ejecutar, junto con el aroma del incienso, azahar, vino duro y tabaco negro, más el flujo sanguíneo de sus corazones con sudor, harán posible tal proeza de la estética en un palmo de terreno.
¡Vamo ve esos pateros conarte!
¡Quieto hay!
¡Juan tuya es...!
Entre racheo y racheo
Del esparto más añejo,
María Santísima bajo palio
Con mecidas de bambalinas
Pasea cada primavera
Su talle de flor recién parida.
Los varales no podrán cometer el descuido de enrredarse, ni tan solo por un momento, con el rojo geranio de un balcón enrejado, o con la palmera de Domingo de Ramos con fondo cardená aterciopelado, las flores de sus jarras plateadas, besarán la blancura encalada de alguna de sus esquinas, y el son acompasado de las bellotas de sus bambalinas le servirá a modo de lazarillo. Hasta que los cuerpos de esos hombres no de por finalizado su cometido, que si su reina y soberana madre, reina entre todas las reinas quiere, y esta querrá, no volverá a producirse nuevamente esa prueba de amor, que solo es recompensada a cambio de que el próximo año, se ajuste el costal, se presigne, bese el manto de su madre y se introduzca en la oscuridad del sudor, las lágrimas y la pasión de todo aquel hombre que ha vivido tan al HONOR.
Bajo las trabajaderas quisiera enclavarme y subirte hasta el cielo,
Entre racheos cortitos, despacito, con esmero
Que no se notase siquiera, y no lo supiera el viento,
A Ti Reina mía, Amargura, Rocío, Consuelo eterno, Desamparo y Amor
Angustias, Esperanza y Dolor intenso,
Angel de la noche y sublime lucero.
Te llevaría despacito, sin prisas, con sosiego,
Hasta donde Tú quisieras, aunque fuera al mismo cielo,
Te llevaría sin rechistar, y seguiría en palo hasta quedar muerto,
Y cuando las fuerzas me faltaran, te seguiría llevando con suspiros,
Con lágrimas y hasta con el aliento ...
Porque para Ti madre mía, vivo, sufro y muero.
Eres luz de guía, pan de fe, agua de vida, consuelo y deshanelo.
Bajo tu trabajadera, por Ti madre mía, reina y soberana, por Ti,
Por ti enclavado en el madero, muero, muero y muero .....
Para mi compadre Juan, en la despedida de las trabajaderas,
Con AFECTO
Sevilla, 5 de Noviembre de 2004
Mario Palacios Paredes
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