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En lo
que representó su primera aparición ante un público casi en su
totalidad angloparlante, y compartiendo cartel con grupos de la jerarquía
de R.E.M., Pearl Jam y Alanis Morissette, Maná superó la prueba con
excelentes calificaciones, y de paso demostró que el rock latino puede
ser muy bien aceptado entre el público estadounidense, aun cantando en
español. Tras
la intervención del grupo Tom’s Family y el solista africano Femi
Kuti, la popular actriz Gwyneth Paltrow -quien fungió como presentadora
del concierto, y que habla un correcto español, por cierto- anunció a
la banda integrada por Fher, Álex, Sergio y Juan Diego, quienes de
inmediato se hicieron sentir potentes con la interpretación de “Oye,
Mi Amor”. Para entonces, apenas a una hora de iniciado el concierto y
aún con el cartel estelar por llegar, el aforo de la arena
-acondicionado para recibir a 17,000 personas- se encontraba
aproximadamente a 60% de su capacidad, pero conforme iría pasando el
tiempo, la propuesta de Maná fue ganándose la atención de los que se
encontraban en los pasillos exteriores al foro. “¡Good evening!
We’re Maná, from Guadalajara, México, the land of tequila”, saludó
Fher a la concurrencia, que, entre curiosa e incrédula, asimilaba que
frente a ellos tenían a un buen grupo mexicano, el cual, sin ser
precisamente mariachis, comenzaba a gustarles. “Siembra Amor” siguió con su ritmo tranquilo y su correspondiente
mensaje ecologista, que, sin embargo, esta vez no pudo ser comprendido
por obvias razones del idioma. Ya entre el público destacaban algunas
decenas de mexicanos, quienes ya fuera con la correspondiente bandera
nacional, con playeras del popular equipo de fútbol Chivas del
Guadalajara o con el ánimo más que exaltado, manifestaban su apoyo
hacia Maná, e indirectamente empezaban a contagiar a los
estadounidenses, que hasta entonces se limitaban a seguir el ritmo con
un movimiento de pie o de cabeza. “Rayando El Sol” se escuchó
cimbreante entre las paredes del Key Arena, y ya para entonces grupo y público
en general no sólo habían roto el hielo, sino que se entregaban
mutuamente, y la confianza se empezaba a sentir en una arena que para
entonces ya mostraba un aforo de 80% aproximadamente. Como
ya es costumbre en la banda, la potente ejecución de Álex en la batería
provocaba buenos comentarios entre los asistentes, en tanto que el
acompañamiento de Juan con su bajo en la base rítmica y la pulcra y técnica
intervención de Sergio en la guitarra complementaron a la perfección
el acto. Por su parte, Fher trataba de, con su carisma, meter de lleno
al público en la música, algo que para el final de la canción iba a
ocurrir. Al momento de “Corazón Espinado”, la audiencia de Seattle
había más que aprobado y calurosamente acogido a Maná, que, con su último
número, “Clavado En Un Bar”, se echó por completo a la bolsa a la
gente, que incluso practicó algunos coros y hasta repitió, a petición
de Fher, la mexicanísima frase de “culeros, culeros”. Como colofón,
Fher ondeó sobre el escenario una bandera de México, a cuyo perímetro
ató otra de color blanco con el signo de amor y paz en el centro, lo
cual provocaría la algarabía general.
Para entonces Maná había pasado la prueba y demostraba que, sin tener
que dejarse seducir por la tentación de cantar en inglés, el público
estadounidense tiene un espacio para una buena y auténtica propuesta
latina.
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