Aquella mañana del 15 de Junio de 2002 Emanuel Ntaka, volvió de trabajar con un torbellino de sentimientos invadiendo su cabeza: ”Tenía muchas ganas de presentarme en el Club Hípico porque era algo que venía buscando desde siempre. Pero, al mismo tiempo, sentía que nadaba en medio de dos corrientes: por un lado estaban los que me alentaban a dar ese paso y por otro los que me decían que no valía la pena. Igualmente me animé a darle rienda a esta hermosa historia. En el fondo sabía que mi destino ya estaba marcado. Esto es lago que siento desde que nací. Fue mi papá el que me enseño a amar la música porqué el también siempre se animó a hacer lo que su corazón le dictaba. Gracias a su recuerdo, a mis ganas y a mi constancia hoy Mambrú es parte de mi vida”, nos cuenta. Cuando llegó (alrededor de las 12.30) y vio tanta cantidad de chicos tras un mismo sueño, descubrió que la lucha no iba a ser fácil: “En la cola empecé a hablar con un montón de pibes que venían desde distintos puntos de la Argentina. Algunos me gustaron, otros no. Incluso, en un determinado momento pensé en irme. Si embargo, algo me dijo que me tenía que quedar. Y así fue. Por suerte, me fui animando cada vez más. Y finalmente terminé dando lo mejor de mi durante las últimas audiciones”, señala. Ahora que ya Mambrú se inició en el camino del Pop, Manu, desea seguir creciendo en el mundo de la música y no dejarse abatir por los conflictos que puedan surgir a lo largo de su carrera: “A mí me gustaría ser un artista reconocido mundialmente sobre todo por las cosas que hice a través de mi profesión. Pero antes que nada, mi sueño más inmediato es que nos vaya bien con la banda y poder cumplir con las expectativas que están poniendo en nosotros. Esa es la ilusión que me tracé cuando llegué al Hípico y eso, por ahora, se está cumpliendo. Tengo en claro que la cuestión es animarse siempre, sin bajar los brazos. Ahí esta el secreto de la historia”, finaliza.
Algo más sobre Manu
Los recuerdos más queridos en la infancia de Emanuel Ntaka (12 de diciembre de 1977), se remontan siempre a la mano de su papá Blues aprendió a cantar casi al mismo tiempo que comenzó a pronunciar sus primeras palabras: “Mi padre, que nació en Sudáfrica, era cantante de jazz, blues y ritmos tradicionales. Y yo, desde muy temprana edad, estuve metido en todo ese mundo. Es más, creo q nunca se me paso por la cabeza dedicarme a otra cosa que no fuera la música”, nos cuenta. Así fue como padre e hijo iban de “aquí para halla” (como dice el propio Mambrú) llevando el arte por todos lados y sintiendo que estaban unidos no sólo por el amor de uno hacia el otro sino también por las ganas y fuerzas de seguir el camino que el corazón les indicaba: “Cuando crecí y le dije a mi viejo que quería ser un artista como él, dudó un poco Y es que tenía claro que en la vida de un cantante no es fácil de sobrellevar. Quizás, por eso, en un principio no tuvo el impulso para alentarme. Sin embargo, no puedo negar que todo lo que ahora sé, lo incorporé gracias a sus enseñanzas. Me encantaba ver sus shows porque sentía que estaba a prendiendo un montón de cosas”, prosigue. Su madre Antonia y sus hermanos tampoco nunca dejaron de apoyarlo. Es que ellos sabían que la música para Manu significaba algo más que un pasatiempo pasajero: “Siempre me brindaron su contención y lo agradezco mucho porque de otra manera no hubiese podido, tal vez, animarme a hacer lo que me gustaba”, relata. Apenas tubo la oportunidad se anotó en el conservatorio de música donde comenzó a estudiar trompeta: “Allí también realice cursos y talleres de canto. Y me encanto”, reconoce. Paralelamente, para poder pagar sus gastos, se presentaba en pubs o en fiestas con una banda que se llamaba: “Living Covers”: “Nos pedían algún show y lo armábamos de acuerdo al presupuesto. Hacíamos sobre todo mucho soul, funk y música disco. También fui barman en un boliche. Mientras tanto soñaba con convertirme en alguien reconocido en esta profesión, evoca. Por eso, cuando se entero del concurso de “Popstars”, sintió que por fin “había llegado el día tan esperado”. Sin embargo, trató de no dejarse llevar por la ansiedad: ”La noche anterior fui a trabajar como de costumbre. Llegué por la mañana a mi casa desayune re tranqui y me vestí para ir al Club Hípico. Para ser sincero, en ese momento me sentía un poco confundido. Por un lado estaban los que me alentaban y por el otro los que me decían que no creyera en ese tipo de cosas. Pero me armé de coraje y sólo miré para adelante. No iba a parar hasta convertirme yo también en un ídolo de la música. |
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