|
Darío Jaramillo
Agudelo |
|
(Santa Rosa de Osos, 1947
-
)
|
|
PROPÓSITO
No menciones el amor: bien sabes que sería
profanarlo.
Déjalo ser en silencio, para que sienta la música
de los dedos que rozan una piel amada.
Pero cállalo. Dedica tu babosa palabra a la pena;
exhibe sin pudor la dureza de tu corazón y así
confirmarás que esa llaga ya no duele;
ah, tu corazón, esa zona manida de ti, sabia,
anestesiada, infeliz.
No, no menciones el amor; déjalo crecer en silencio,
aliméntalo con silencio, compártelo sin decirlo
y solamente tartajea tu palabra para secretar tu viscoso veneno,
la amarga poción de tu cautela.
|
Ese
otro que también me habita,
acaso propietario, invasor quizás o exiliado en este cuerpo
ajeno o de ambos,
ese otro a quien temo e ignoro, felino o ángel,
ese otro que está solo siempre que estoy solo, ave o demonio,
esa sombra de piedra que ha crecido en mí adentro y en mí afuera,
eco
o palabra, esa voz que responde cuando me preguntan algo,
el
dueño de mi embrollo, el pesimista y el melancólico
y
el inmotivadamente alegre,
ese
otro,
también te ama.
|
|
Podría
perfectamente suprimirte de mi vida,
no contestar tus llamadas, no abrirte la puerta de la casa,
no pensarte, no desearte,
no buscarte en ningún lugar común y no volver a verte,
circular por calles por donde sé que no pasas,
eliminar de mi memoria cada instante que hemos compartido,
cada recuerdo de tu recuerdo,
olvidar tu cara hasta ser capaz de no reconocerte,
responder con evasivas cuando me pregunten por ti
y hacer como si no hubieras existido nunca.
Pero te amo.
|
CONFESIÓN
Yo
huelo a ti.
Me persigue tu olor, me persigue y me posee.
No es este olor un perfume sobrepuesto sobre ti,
no es el aroma que llevas como una prenda más:
es tu olor más esencial, tu halo único.
Y cuando, ausente, mi vacío te convoca,
una ráfaga de ese aliento me llega del lugar más tierno de la noche.
Yo huelo a ti
y tu olor me impregna después de estar juntos en el lecho,
y ese fino aroma me alimenta,
y ese aliento esencial me sustituye.
Yo huelo a ti. |
|
Algún
día te escribiré un poema que no mencione el aire ni la noche;
un poema que omita los nombres de las flores, que no tenga jazmines o
magnolias.
Algún
día te escribiré un poema sin pájaros ni fuentes,
un poema que eluda el mar
y que no mire a las estrellas.
Algún
día te escribiré un poema que se limite a pasar los dedos por tu piel
y que convierta en palabras tu mirada.
Sin comparaciones, sin metáforas,
algún día escribiré un poema que huela a ti,
un poema con el ritmo de tus pulsaciones,
con la intensidad estrujada de tu abrazo.
Algún día te escribiré un poema,
el canto de mi dicha.
|
Que
nadie toque este amor.
Que
todos ignoren el sigilo de nuestro cielo nocturno
y el secreto sea el aire dichoso de nuestros plácidos suspiros.
Que
ningún extraño contamine el sueño tuyo y mío:
cualquier visitante es un invasor en el tibio ámbito donde habitamos;
aquí el tiempo es agua fresca en movimiento, apenas sutil vuelo,
y todas las gentes viven muy lejos de nuestro jardín alucinado,
ajenas a nuestro paraíso secreto. |
|
Todo
tuyo siempre todavía.
Tuyo todo por siempre hasta hoy y luego,
tuyo siempre porque para ser lo necesito,
siempre todo tuyo,
siempre aunque siempre nunca sea,
todo íntegro tuyo siempre
y hasta ahora más el próximo
nuevo instante cada vez.
Con
todo el tiempo del mundo a nuestro alcance,
todo el tiempo del mundo que es igual a la próxima noche,
todo tuyo siempre todavía.
Seguro de sobrevivir mañana tuyo,
siempre tuyo desde hoy en cada mañana de mañana.
Enamorado de ti, siempre y ahora, sin recuerdos,
en presente siempre amándote,
eternamente tuyo,
todo tuyo siempre todavía.
|
Primero
está la soledad.
En las entrañas y en el centro del alma:
ésta es la esencia, el dato básico, la única certeza;
que solamente tu respiración te acompaña,
que siempre bailarás con tu sombra,
que esa tiniebla eres tú.
Tu corazón, ese fruto perplejo,
no tiene que agriarse con tu sino solitario;
déjalo esperar sin esperanza
que el amor es un regalo que algún día llega por sí solo.
Pero primero está la soledad,
y tú estás solo,
tú estás solo con tu pecado original
-contigo mismo-.
Acaso una noche, a las nueve,
aparece el amor y todo estalla y algo se ilumina dentro de ti,
y te vuelves otro, menos amargo, más dichoso;
pero no olvides, especialmente entonces,
cuando llegue el amor y te calcine,
que primero y siempre está tu soledad
y luego nada
y después, si ha de llegar, está el amor.
|
|
DE
LA NOSTALGIA, 1
Recuerdo
solamente que he olvidado el acento de las más amadas voces,
y que perdí para siempre el olor de las frutas de la infancia,
el sabor exacto del durazno,
el aleteo del aire frío entre los pinos,
el entusiasmo al descubrir una nuez que ha caído del nogal.
Sortilegios de otro día, que ahora son apenas letanía incolora,
vana convocatoria que no me trae el asombro de ver un colibrí
entre mi cuarto, como muchas madrugadas de mi infancia.
¿Cómo recuperar ciertas caricias y los más esenciales abrazos?
¿Cómo revivir la más acierta penumbra,
iluminada apenas con la luz de los Beatles,
y cómo hacer que llueva la misma lluvia que veía caer a los trece años?
¿Cómo tornar al éxtasis de sol, a la luz ebria de mis siete años,
al sabor maduro de la mora,
a todo aquel territorio desconocido por la muerte,
a esa palpitante luz de la pureza,
a todo esto que soy y que ya no es mío?
|
DE
LA NOSTALGIA, 8
Hablo
de las seis de la tarde con el cielo de un azul absoluto.
Hablo de recibir la madrugada montado en un caballo,
o en una carretera rumbo al mar.
Son instantes precisos, limpios de tiempo y sombra,
destellos del origen, blancura y fiesta.
Solamente si la música es silencio hay aquí música,
solamente si la música es el sonido del agua liminar.
Hablo de caminar a solas por el campo cercano a Santa Rosa,
del encuentro al azar con un amigo en una ciudad lejana.
Digo lo que me dicta mi corazón sereno,
la parte de mi alma dispuesta todavía al amor,
la del abrazo cálido, entrañable,
la parte que sobrevive esperando vencer a mi demonio.
|
|
DE
LA NOSTALGIA, 2
Diluir
la memoria en una especie de estupor anhelante,
picaflor sin urgencias que enumera los lugares más tibios,
alelada memoria,
el muy frío espejo del calor de otro entonces,
memoria que pregunta cuánta materia de mi cuerpo queda
de aquellos cuerpos míos que vivieron cada alucinación y cada
asombro,
cada cosa que hoy es nada,
y aún menos que nada
si es palabra.
|
DE
LA NOSTALGIA, 5
Alelado
bajo el sol, sobre la tapia,
soy un niño de cinco años narcotizado por la luz,
suspendido fuera del tiempo,
del tiempo que ahora es cosa ajena, intermitencia del paisaje,
sustancia del lejano horizonte de montañas azules.
Descubro un éxtasis perfecto, matutino,
hago parte del aire, soy brisa inaugural, soy ala y vuelo,
dejo de ser yo mismo felizmente fundido con la luz,
nazco y regreso.
|
|
DE
LA NOSTALGIA, 6
Es
distinto este decir que aquel hechizo,
me repito enredado en la guerra de encontrar las palabras.
Ayer iluminación, hoy trampa, evasivo poema,
rescoldo apenas del vuelo del amor o el asombro,
huella penosa de las noches felices,
juego el poema de la luna conmigo, en la noche de ahora.
Está además el vano consuelo de mi desmemoria:
que conozco la dicha.
Y está también la certeza más sabia y más inútil:
que hay alguien dentro de mí perdido,
que envejezco.
|
DE
LA NOSTALGIA, 9
Vana
memoria que no puede traerte desde lejos,
que no te vuelve carne, risa gentil o canto.
Vana memoria mía incapaz de abrazar lo más mío,
incapaz de acariciar tu piel distante,
vana y obsesiva memoria que solamente alcanza a repetirme
por quién vivo,
que respiro por este amor invulnerable y sin rutinas.
También ausente eres mi presencia más cálida,
mi más pura nostalgia.
|
|
|
|
|
Si quieres conocer más
sobre este autor,
haz clic aquí |