
Los
Loros Yakos.- Uno de los atributos más deseables,
por lo que concierne a los loros destinados a animales de compañía,
es su talento para la imitación. Un ejemplar autenticamente
bueno constituye una fuente de placer y orgullo para su poseedor.
A este respecto cabe destacar que el gris africano es uno de
los que mejor dotados se encuentran en este sentido y a tal
fin es capaz de adquirir un amplio repertorio de palabras. Aprende
con rapidez y, aparte tal circusntancia, puede mostrarse muy
afectuoso con quienes conviven con él. Es un pájaro
activo que dedica buena parte de su tiempo a trepar, silbar,
hablar y jugar.
Son originarios de
Africa ecuatorial. Sus alimentos naturales se hallan constituidos
por semillas, frutos secos, bayas y fruta en general así
como verduras y hortalizas.
Son de tamaño
muy reducido al salir del cascarón, pero su desarrollo
es rápido y pronto alcanzan una longitud de aproximadamente
30 cm.
El plumaje es predominantemente
gris con presencia de una dibujo ondeado similar a escamas.
Las plumas de la cabeza, rostro y rabadilla son de tonalidad
gris pálido, mientras que las del lomo, pecho y abdomen,
son más oscuras. Las plumas remeras son de color negro,
al igual que el pico y los pies. En cambio, y en sorprendente
contraste, la cola es de color rojo intenso. Los ejemplares
muy jóvenes presentan un iris de tonalidad gris oscuro
que deriva hacia el amarillo a medida que alcanzan la madurez.
| Son
inteligentes, muy sociables y curiosos, necesitan que se
les dedique tiempo, que se juegue con ellos, que se les
deje salir de su jaula... Es muy importante tener una idea
de lo que puede significar llevarse uno a casa antes de
hacerlo, a través, por ejemplo, de la lectura de
algún libro sobre la especie elegida, ser conscientes
y responsables.
Si conseguirmos
una buena relación de intimidad, respeto y cariño
mutuos disfrutaremos de su convivencia, pero si no podemos
satisfacer sus necesidades o no nos preocupamos de hacerle
el suficiente caso, se convertirá en un animal
triste, aburrido o psicológicamente inestable,
con problemas de comportamiento muy difíciles de
solventar.
Aunque se trate
de individuos sanos, felices, que tienen un dueño
responsable que los cuida y mima, aunque hablen y repitan
muchas frases como sus amos... de vez en cuando no se
consigue evitar silbidos o chillidos que pueden llegar
a resultar molestos para el vecindario.
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Es frecuente, para
facilitar la domesticación del loro, practicar el corte
de las plumas remeras de las alas (las más largas). El
proceso debe realizarlo un veterinario o un pajarero experimentado.
No tiene por qué hacer ningún daño al ave,
salvo el estrés y el “susto” por cogerlo y tenerlo sujeto
un rato. Esta operación es de ayuda porque, a partir
del recorte de alas, el animal no tiene la posibilidad de huir
volando de una sesión de aprendizaje y se entrega mucho
antes. Hay criadores y aficionados no partidarios de este procedimiento,
pues consideran que si la domesticación se hace más
lenta pero más libre, el animal adquiere un vínculo
más profundo y un respeto mayor por su adiestrador.
Los loros grises
africanos criados a mano pueden comenzar a musitar sonidos humanos
con pocas semanas de edad. Tal como los loros salvajes aprenden
las vocalizaciones de sus padres, los loros de compañía
aprenden a imitar los sonidos humanos de sus "padres sustitutos".
Las primeras palabras que aprenden son generalmente palabras
simples que sus dueños repiten frecuentemente con entusiasmo
como: ¡hola!, ¡arriba!, ¡guapo! Algunos comienzan
a hablar a una edad temprana, mientras otros lo hacen después
del año. Con frecuencia me dice la gente que sus yacos
no hablan, sin embargo, cuando yo los escucho, oigo palabras.
Los loros aprenden a hablar como los niños. Cuando oyen
ciertas palabras una y otra vez, comienzan a practicar los sonidos.
Al principio, los sonidos son simples e incoherentes balbuceos
pero las inflexiones correctas están a menudo ahí.
Éste es el origen del "habla de los bebés"
en humanos. Al igual que un niño pequeño necesita
que un adulto escuche cuidadosamente para entender lo que el
niño está diciendo, los yacos jóvenes también
necesitan un humano para reforzar las palabras que están
intentando aprender y enseñarles a decirlas correctamente.
Presta atención a lo que musita y empezarás a
oír las palabras según se van desarrollando.
Enséñale a tu yaco
a asociar. Repite las mismas palabras con entusiasmo cada vez
que hagas cualquier cosa con él. Por ejemplo, dile "hasta
luego" cada vez que te vayas o "me alegro de verte"
cuando regreses. El locuaz loro gris te recompensará
diciéndote las palabras apropiadas para cada situación.
Ellos saben lo que están diciendo a cierto nivel de complejidad
(aunque no al nivel de la inteligencia humana). Los yacos son
unos de los pocos loros que pueden mantener una conversación
coherente.
El truco para enseñar conversación reactiva es
decir la pregunta en un tono monótono y aburrido y ¡la
respuesta con gran entusiasmo! La primera parte no es lo suficientemente
interesante para imitar, pero aun así, el loro la asocia
con la segunda parte excitante, que es lo bastante intrigante
para aprenderla. Después de un tiempo, el inteligente
yaco te recompensará con la respuesta apropiada. Aunque
la mayoría de los loros grises sólo hablarán
cuando no te vean o cuando no les estés prestando atención,
trabajando con tu pájaro puedes hacer que, ante una indicación
tuya, el papagayo hable. No hay ninguna razón admisible
para privar a un loro de comida con el fin de que realice cualquier
truco, incluidas las respuestas por indicación. Con un
entrenamiento afectivo la mayoría de los yacos aprenderán
fácilmente a responder por indicación y con alabanzas
verbales
En
los últimos años se está imponiendo la
costumbre de adquirir polluelos no emancipados con la idea de
que ello afianza el vínculo con su propietario final
y mejora la calidad de los resultados. Empezaré diciendo
que esa es sólo una parte de la verdad o la verdad de
unos pocos y que los resultados finales nunca están determinados
por el momento en que se toma el polluelo sino por la seriedad
y prudencia del manejo durante cada una de las etapas del proceso.
La Necesidad de Estimulación
En su hábitat
natural, los loros son aves muy ocupadas, pasando la mayor parte
del día buscando comida, interactuando con sus parejas
y su bandada, reaccionando a amenazas y respondiendo a todos
los acontecimientos del entorno. En contraste, el nivel de actividad
de nuestras mascotas puede que no se ajuste a sus necesidades
de estimulación. Creo que esta discrepancia y la necesidad
de estimulación casi constante (tanto por parte de compañeros
como en la actividad relacionada con la autoestimulación)
es una de las razones por la que muchos papagayos desarrollan
picaje.
En cautividad, debemos
hacer todo lo posible para crear un loro independiente que aprenda
a entretenerse con actividades saludables. Proveer una dieta
variada con alimentos estratégicamente colocados para
mantenerlos activos, una jaula espaciosa con múltiples
perchas, varios gimnasios, perchas para escalar, oportunidades
para el acicalamiento, juguetes para romper, rompecabezas, ramas
no tóxicas con hojas, bolitas de papel de algodón
blanco, cajas de cartón para hacer trizas, muchas oportunidades
de baño, radio, televisión y cualesquiera otras
actividades ocupacionales que se te ocurran, todo ello mantendrá
a un papagayo estimulado.
Si bien es cierto
que los loros aburridos y sedentarios tienden más a picarse
las plumas, no todos ellos lo hacen. Otros factores como el
maltrato, la negligencia, una dieta inadecuada y pobres cuidados
suelen ir acompañados de una estimulación precaria.
Simplemente proveyendo a un loro de juguetes nuevos no cesará
un episodio de picaje, pero mantener al pájaro entretenido
con juguetes, juegos, ejercicio y otras actividades puede ciertamente
ayudar. Los juguetes con texturas variadas que le permitan picotear
o acicalar pueden ser de valiosa ayuda para desviar la atención
de picarse a sí mismo.