LA REGLA DE FACIL DE LA VIOLENCIA
























El Soberano y la Regla

Cualquier miembro de la familia puede convertirse en un Tirano



El cuadro es interesante, porque muestra a un soberano y una regla. Es un chiste, en parte, porque en ingl�s las palabras "soberano" y "regla" son lo mismo: "ruler". Pero la sutileza no termina en esta idea, porque la regla es una medida y tambi�n, en las escuelas antiguas, un castigo. Las dos van juntas en gran parte.

Donde hay una medida para el comportamiento y una expectativa de que se cumplan las reglas, entonces puede haber castigo si la mente est� manchada.

En una buena familia no hay un soberano, pero normalmente en nuestra civilizaci�n se piensa que el padre es el soberano de la familia.

Puede que sea justo o no. Si lo es no hay problema, pero se convierte en un tirano si abusa y maltrata a los ni�os, a los animales de la familia y al compa�ero o compa�era.

Tambi�n la balanza del poder puede cambiar y algunas veces (m�s frecuentemente de lo que te puedas imaginar) es un ni�o o ni�a el soberano y tirano de la familia.

Tambi�n la balanza del poder puede cambiar de otra forma cuando los ni�os tienen su soberan�a y los padres, ahora ancianos, pierden su trono.

Todos estos abusos y maltratos y cualquier forma de tiran�a m�s sutil son una verg�enza, es cierto, y hay decisiones que son necesarias socialmente. Pero el problema es realmente m�s profundo: la estructura de la sociedad y la familia.


La familia extendida es un elemento del pasado y desde los tronos de otras formas de tiran�a llegan gritos para restaurar la familia tradicional. Estos otros tronos son la iglesia y la sociedad.

Aqu� proponemos que la soluci�n es diferente y que la naturaleza del ser humano es noble. Cuando se restaura esta nobleza y la naturaleza de cada ser, no hacen falta las reglas del soberano del Estado, la educaci�n o las religiones.

El trabajo, entonces, es de cada persona... todos necesitan la libertad: la liberaci�n de su propia naturaleza y las actitudes rectas, las intenciones rectas, las acciones rectas y la ecuanimidad.

No se pueden generar reglas que sustituyan la naturaleza de la sensibilidad, discriminaci�n y sentido de la unidad entre los seres. Cada uno tiene la responsabilidad de andar en libertad y con vistas al beneficio final de todos los seres.

EL CASTIGO Y EL NINO

 



A menudo, cuando hay un accidente, vemos c�mo enseguida se re�ne una muchedumbre para ver qu� ha pasado. A eso lo podemos tomar por una sana curiosidad, pero cuando el hecho en s� es un acto violento en trance de ocurrir, podemos preguntarnos qu� es lo que atrae a la gente a ese espect�culo. No es curiosidad, y tampoco parece sano para la mente o el �nimo.


�Acaso es que nos gusta ver c�mo se inflige la violencia?

�Acaso act�a como catarsis para eliminar nuestras culpas?

�Acaso nos permite de alguna manera tomar parte en una venganza ritual contra todo lo que repudiamos?



�Es simplemente que somos como ovejas ciegas que siguen a la masa, llevando a cabo los rituales que sean por miedo o por tradici�n?

Castigar a un ni�o parece algo muy alejado de la tortura, pero cuando contemplamos el comportamiento humano desde una perspectiva m�s general quiz� no lo est� tanto.

El castigo es lo que ha condicionado todo el comportamiento que no haya sido inducido por la codicia.

�Somos tan diferentes de las generaciones del pasado que inflig�an y contemplaban los castigos en p�blico? �O es que ahora tenemos otras formas m�s poderosas de entretenimiento, como el sexo y la violencia que se despliegan en nuestros teatros y nuestras pantallas de televisi�n?

Las "escenificaciones" antiguas eran quiz�s m�s inmediatas y reales, sin el camuflaje de las sutiles normas del entretenimiento.


No sabemos gran cosa ni queremos saberla sobre la violencia como entretenimiento en el pasado, pero s�, eso es lo que era. Hoy nos estamos deslizando hacia el mismo estado con nuestros videojuegos, realidad virtual y juegos interactivos. Dentro de nosotros plantamos las condiciones de la tortura -si no de su pr�ctica, por lo menos s� de participar en su instituci�n o permitir que ocurra.

Miremos entonces al pasado. Pero al hacerlo, no lo hagamos con esa mirada �cida de superioridad moderna.

�Cu�ntas veces has pensado en tu fuero interno en el castigo que deber�a imponerse por la violaci�n?

�Cu�ntas veces te has horrorizado al enterarte de que alguien hab�a salido de la c�rcel antes de tiempo?

�Cu�ntas veces has pensado que la vida en la c�rcel es demasiado f�cil?



Has visto las masas que se juntan a las puertas de los juzgados para gritar y arrojarles objetos a los presuntos criminales. �Es eso tan diferente de quienes se burlaban de los prisioneros que iban con el cepo o de los que les tiraban huevos podridos a los que estaba en la picota?

Hay una vena perversa de Identidad en todos nosotros que libera al salvaje cuando se encuentra con la oportunidad. Es extra�o c�mo reacciona la mente humana.


Es interesante, �no es as�?, que cuando la Rep�blica cay� en Barcelona las calles se llenaron de gente que vitoreaba a los vencedores. Pero hoy d�a nadie puede encontrar a una persona cuya familia agitara esas banderas en las calles.

Tenemos una memoria corta para nuestras propias imperfecciones.

Es demasiado f�cil unirse a la masa. Es demasiado f�cil echar culpas. Es demasiado emocional ver c�mo los culpables salen sin castigo. Pero todos somos culpables.

Por eso, no juzgues con demasiada severidad a los que nos antecedieron, porque t� quiz� te habr�as comportado igual en su lugar.


VIVIMOS EN UN MUNDO HECHO DE NUESTRO PROPIO COMPORTAMIENTO PARAD�JICO


Estamos preparados de manera innata para reaccionar al sufrimiento de los dem�s con compasi�n o indiferencia.

Eso parece extra�o, �no es as�? Las ra�ces est�n claras. Sentimos compasi�n cuando experimentamos empat�a hacia las condiciones del sufridor y estamos indiferentes cuando no.


LEYENDA DE ERROR


Antes de emprender el camino de la liberaci�n, Buda, el gran maestro budista, vio al caminar por las calles vecinas a su palacio en tres ocasiones distintas a un hombre anciano y d�bil, a otro que estaba gravemente enfermo y a otro que hab�a muerto.

Se nos dice que era un "bodhisattva" en potencia (con afecto benevolente por todos) y por tanto estaba lleno de compasi�n. Pero no es as� como lo relatan los textos en realidad.

Sus palabras en cada ocasi�n fueron: "Y esto, �me podr�a pasar a m�?"

La respuesta de una persona ego�sta y de aversi�n. Y cuando rechazamos la tortura, �acaso no estamos diciendo tambi�n "Y esto �me podr�a pasar a m�?"?

Por desgracia, la respuesta es que S�.


Pero cuando miras al pasado, a los que presenciaban los ahorcamientos y desollamientos hace unos siglos, preg�ntate, "Y esto �me podr�a pasar a m�?"

Y por desgracia, te lo creas o no, la respuesta es que S�.

Ocurri� en la Alemania nazi. Ocurre hoy en d�a en "zonas calientes" repartidas por todo el planeta. En este frenes� de odio interno nuestras identidades est�n al mando. Hace falta un hombre o mujer sabio para percibir esa furia oculta, y una persona a�n m�s sabia para dejar que se disuelva antes de manifestarse.


�Acaso puede la religi�n traer esa liberaci�n? No. S�lo la liberaci�n de la verdadera criatura humana realizada puede conseguirlo.



NO MALDIGAS LA OSCURIDAD, ENCIENDE UNA LUZ.








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