Localización
Pallasca es la provincia altoandina más septentrional del departamento
de Ancash, perteneciente a la vertiente occidental de los Andes del
norte peruano. Esta región de los Andes está compuesta
por rocas intrusivas y extrusivas, formando en conjunto un extenso batolito
con buzamientos esporádicos de sedimentos cretácicos.
La morfología de sus relieves se caracteriza por fallamientos
tectónicos cortos, bloques rotos por diaclasas que se desplazan
hacia abajo, filones rocosos meteorizados, perfiles de roca sedimentarias
estratificadas en pliegues de buzamientos inclinados, lentes carbonosos
antrácticos, laderas semi-verticales y faldas bajas oblicuas
de acumulación al pie del monte. Tales acumulaciones conforman
depósitos detríficos con pesos y granulometría
variada, encontrándose piedras de cerro, cascajo, rocas de diverso
tamaño, arenas y arcillas, frecuentemente de inclinación
moderada, existiendo evidencias de deslizamientosemporales en concierto
a las precipitaciones pluviales de estación.
El fondo bajo del cañón se encuentra a 1,100 metros sobre
el nivel del mar, mientras que sus altas cumbres conformantes alcanzan
altitudes entre 2,500 a 4,000 metros de verticalidad. Por tanto, la
caída de bloques rocosos, ya sea por gravedad o deslizamientos
aluviales, son eventos geoclimáticos normales evidentes en las
pendientes inmediatamente inferiores a los cerros en toda la longitud
del cañón. La gente, los mineros y viajeros los conocen
por los nombres de "graneros" o sectores con derrumbes de
"galgas ", de allí el topónimo de La Galgada
para el área que estudiamos.
Los sitios precerámicos y aquellos con petroglifos están
situados hacia los 78°09 '00'' Longitud Oeste y 08°28 '30
'' de Latitud Sur, a una altitud de 1,100 metros sobre el nivel del
mar, igual que el sector del cañón; se ubica un sitio
en cada banda del río, siendo la margen derecha (provincia de
Santiago de Chuco) la zona donde descubrimos a Los Cóndores y
en diagonal hacia la izquierda encontramos al sitio de La Galgada (provincia
de Pallasca), segunda zona de petroglifos en el cañón.
El cañón sirve de lindero entre las provincias de Pallasca
(Ancash) y Santiago de Chuco (La Libertad). En ambas márgenes
estamos estudiando los sitios arqueológicos precerámicos,
incluídas las dos zonas con petroglifos.
La fisiografía del cañón es desértica y
algunos trayectos sólo tienen la profundidad del río;
la carretera que le otorga acceso carrozable ha sido construida directamente
en la gradiente de los cerros. La falta de vegetación contribuye
a frecuentes procesos erosivos, con la subsiguiente quebradura en barrancos
abruptos y desmoronamiento de vertientes, cerros, farallones, acantilados,
etc.
Toda la cuenca del río Chuquicara presenta, sin embargo, gran
variedad de sitios arqueológicos pertenecientes a distintos períodos
culturales. La razón es que el río tiene agua permanente
todo el año y las altipampas interandinas del cañón
y sus laderas quechuas, proveen recursos naturales abundantes; para
conocerlos ha sido inventariada la fauna, avifauna y flora nativa correspondiente,
cuyos primeros análisis muestran continuidad todavía viva
y presente.
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El ecosistema antiguo
En las orillas del río Chuquicara crece ralo monte ribereño
a base de guarangos (Acacia macracantha), molle (Schinus molle), algarrobo
(Prosopis juliflora), chillca (Baccharis sp.), pájaro bobo (Tesaria
integrifolia), etc. En las terrazas laterales al lecho fluvial, pequeñas
laderas bajas de piemonte y cono-terrazas de diversos espesores acumulativos,
crecen en forma silvestre el cactus prismático gigante (Curis
cereus macrostibas), chimbil (Melocactus echino cactus), la pitajaya
(Cactus pitajaya), el chuná o cactus ovinus (Novoespostoa lanata),
achupallas espinosas (Puya sp.) y pequeñas arbustivas muy espaciadas.
El ascenso por las quebradas laterales de la cuenca hacia las tierras
altas (zonas quechuas), presenta panoramas de barrancos intercalados
a cerros muy altos, posibilitando numerosas quebradas desérticas,
hoyadas, cascajales y laderas escarpadas intramontanas. Este es el paisaje
de sitios con petroglifos, llamado Los Cóndores.
Los pasos más altos de esta región (entre 3,000 a 4,000
metros sobre el nivel del mar) muestran cierta normalidad topográfica
de inmarcesible belleza por la sucesión de hoyadas montuosas
y encajonamientos estrechos de pliegues rocosos cubiertos de vegetación
arbustiva y hierbas; laderas multiverdes; cortas planicies intramontanas
y frecuentes panoramas de colinas emergentes de baja altitud, configuran
paisajes coloridos con días pletóricos de sol, calor y
gran claridad de su cielo serrano. Esta zona quechua presenta pajonales,
monte de quebradas cortas, áreas de pastizales, puquios abundantes,
pequeñas lagunas y aguajales, etc., por donde viven camélidos
(Lama glama), cérvidos (Odoicoleus anticensis), osos de anteojos,
zorros, vizcachas, gatos de monte, pumas, abundante avifauna, etc. Tales
recursos naturales fueron atractivos inobjetables para la gente llegada
a esos territorios, quienes los exploraron, recorrieron, conocieron
y ocuparon libremente para convertirlos en su morada. La fauna está
representada en los petroglifos que estudiamos.
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Los sitios con petroglifos
Las prospecciones arqueológicas en la cuenca del río Chuquicara
permitieron descubrir los sitios con petroglifos, durante la ejecución
del proyecto La Galgada (1978-1985). El primer sitio con petroglifos
fue descubierto en la men izquierda, a escasos cien metros de la ribera
del río (provincia de Pallasca). Se trata de una roca granítica
suelta caída desde los cerros emplazados a unos ochenta metros
de distancia sureste; erosionada por sus lados, distante ciento cincuenta
metros del Montículo Norte, el mayor edificio precerámico
del sitio. Las asociaciones no se dan sólo por la proximidad,
sino también porque los diseños petroglíficos concuerdan
con las configuraciones identificadas en los textiles precerámicos
recuperados de las tumbas exhumadas. La roca tiene tres petroglifos:
una serpiente sonriente, y dos glifos pequeños a base de lineaturas;
la serpiente sonriente ocupa la parte central y los diseños de
lineaturas segmentos laterales.
Otra roca de menor tamaño la encontramos a treinta metros noroeste
de la descrita, ahora llamada roca de la serpiente . Esta segunda
es denominada la roca de los pájaros , por ser la avifauna
predominante, asociada a figuraciones humanas en silueta y lineaturas
trazadas con soltura. Fuera de la parte con los diseños de pájaros
y siluetas antropomorfas, identificamos un motivo a base de lineaturas
de trazo muy firme. Ambos documentos gráficos tienen proximidad
compartida con los montículos precerámicos excavados,
cuya documentación fue levantada durante los trabajos del Proyecto.
En la margen derecha del río Chuquicara y en dirección
diagonal al pueblo actual de La Galgada, llega al cauce del río
una gran quebrada seca que lleva por nombre Morín (provincia
de Santiago de Chuco); la quebrada asciende vertical al tercio superior
del cerrop Capitán Sánchez . Desde el lecho fluvial
se toma la margen izquierda de la quebrada Morín y a unos treinta
metros hacia arriba descubrimos el primer petroglifo, cuya roca continente
está muy termofracturada; cien metros más arriba
ubicamos el sitio con la concentración de petroglifos llamado
Los Cóndores.
Rocas con tamaños medianos, desprendidas del cerro Capitán
Sánchez , se encuentran espaciadas en la suave pendiente de
la ladera; todos los tamaños y pesos de las rocas presentan pátina
roja como costra natural y color blanco en las secciones preparadas
para ejecutar los diseños. La roca es granito cuarcífero
y la pátina roja resultado de la oxidación natural ferroso-férrica.
Como la pátina natural es roja, el trabajo de percusión
ha exfoliado suavemente la costra de las rocas, quedando plasmados los
motivos en la textura clara de la superficie rocosa. Algunos diseños
petroglíficos están borrándose por lo suave de
la percusión, pero también acelerado por el intemperismo
y la laterización. Las rocas están sueltas y se calcula
pesos de media tonelada a menos.
Se registran cuarenta y dos rocas petroglíficas de tamaños
diversos, sin remover o voltear roca para no disturbar el sitio; registramos
tres motivos de aves volando con las alas desplegadas; dos figuras ornitomorfas
complejas están percutidas en una sola roca asociada a pocitos
circulares construidos mediante lajas plantadas; en su derredor delantero
se conservan basamentos de pequeñas construcciones circulares,
similares a aquellas estudiadas para los sitios precerámicos
monumentales como La Galgada, etc. Tales basamentos sugieren evidencias
de refugios. También se detectan terraplenados de dos por tres
metros con la evidencia de una hilada de piedras de cerro plantadas,
lo cual insinúa quizá una estación en relación
a actividades en las tierras altas de la cuenca, dada su situación
intermedia, a las que se tiene acceso por el fondo de la quebrada Morín.
La tercera figura está ubicada a veinte metros oeste de la roca
con dos aves; se trata de la entabladura de un cóndor al natural,
lineal y vertical con alas desplegadas.
A diez metros norte de la roca con las dos aves ubicamos otra roca de
similar tamaño que muestra una cabeza de camélido destacando
un gran ojo, traslapada sobre una primera figura con astas y larga cola
roleada, representando un venado plasmado directamente en la superficie
rocosa. Es la única roca que presenta superposición de
motivos. Es una de las rocas de mayor tamaño del sitio. En otras
encontramos graficados diversos motivos de distinto tamaño (diez
a veinte centímetros promedio); caras humanas cuadradas, hombres
sentados, hombres parados con los brazos en alto, hombres corriendo,
hombres cazando camélidos, etc.; animales (vizcacha, felinos,
zorro, perro, etc.); aves (loros, voltúridos, pájaros,
etc.); peces (de río), etc. Hay motivos de grecas flecadas como
muestran algunos diseños pintados en las bolsas tejidas exhumadas
del Montículo Sur de La Galgada (2,100 antes de nuestra era).
El sitio Los Cóndores, como el de La Galgada, es acerámico,
y si nos atenemos a la técnica e iconografía representada,
tendríamos que considerarlos precerámicos tardíos,
temporalmente en transición a los lindes al Formativo Temprano
(2,000 antes de3 nuestra era).
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Técnicas, motivos e interpretación
Las técnicas son estudiadas en los mismos ejemplares a
la vista con instrumentos aumentativos y análisis contratativos.
Los ejecutantes seleccionaron las superficies planas de las formas rocosas,
adaptando los diseños a los espacios pétreos disponibles.
Es evidente que trabajaron directamente los motivos por percusión
suave, golpeando, piqueteando y/o frotando las superficies de contacto
entre el percutor y los segmentos de roca impactada. Los resultados
son trazos sistemáticos seguros y maduros. Tales técnicas
crearon siluetas con lineaturas y motivos de figuratismo preceptivo;
según el método de los paralelos etnográficos,
se prescribe que los ejecutantes no hacen aquello que ven sino lo que
saben.
Las aves se identifican como cóndores, loros pequeños
de cabeza roja, comunes en la quebrada, y pájaros no identificados.
Un camélido de cuello vertical y gran ojo (llama) superpuesto
a un cérvido astado con asociación de siluetas a base
de lineaturas, representan a los grandes animales andinos. También
hay un mono con cara triangular y cola prensil. Durante las excavaciones
en La Galgada recuperamos en el piso cinco del Montículo Sur,
una ofrenda de mono posiblemente colocada al enterrarse el recinto a
fines del precerámico. Los monos llegaban a La Galgada a través
del intercambio e interacción multirregional con Kotosh (Huánuco),
territorio con selvas orientales. En otras rocas se combinan rostros
humanos cuadrados con astros, lagartijas con lineaturas antropomorfas
y otra con astros.
Los cóndores en vuelo tienen silueta de contorno grueso y uno
de ellos es lineal naturalista; uno de los cóndores vuela en
ataque a un felino, cuyas ancas, rabo y patas lo muestran en fuga; otro
cóndor, al parecer, está posado con las alas abiertas
en un grueso palo. Las características saltantes son la gran
cola y la fórmula encontrada para expresar el cuello y la cabeza
con un diseño ondulante único en su concepción.
Estos cóndores en sus dos modos representados, constituyen documentos
gráficos inmediatamente pre-Chavín Tempranos, correlacionados
al arte precerámico de La Galgada, que transitan al posterior
estilo Chavín Desarrollado. Tales motivos crean perfiles evolutivos
intrínsecos transitivos entre la concepción naturalista
y la convencionalización dentro de contextos expresivos artísticos
coexistentes.
Teniendo en cuenta las aseveraciones precedentes, es necesario considerar
que los petroglifos expresan paleogramas de alcance simbólico
en que la precisión de los diseños revela concepciones
idénticas cuyos niveles de mentalización son indicativos
de que se ha traspuesto el umbral hacia el concepto, pues las imágenes,
auténticas y de gran fuerza, inauguran un lenguaje expresivo
convencional ajeno a epigonismos inertes; por el contrario, tales paleogramas
imbrican el circuito comunicante entre su intrínseca realidad
y los otros móviles relacionales de esa misma realidad.
Objetivamente, los petroglifos alcanzan nivel sígnico entre la
realidad simbolizada y la capacidad de elaboración sincrética
de sus ejecutores. Por ello no son motivos descriptivos, sino expresiones
vivas observadas en la realidad circundante, cuya proyección
en el contexto territorial permite señalar que tal nivel sígnico
se alcanza en la instancia de la vida social, donde es función
atrayente para la interacción individual necesaria en las relaciones
grupales, constituyendo amalgama integrada significativa de sus nociones
reales y nivel de conocimiento, base de creencias y sus símbolos
grafémicos de magia simpatética.
Insistimos entonces en que es más importante el análisis
iconológico activo que la descripción servil de los diseños,
pues entre las condiciones constitutivas de la adquisición de
conocimientos acerca de realidades concretas del pasado, está
la perspectiva de la propia noción del mundo que se está
viviendo, la aprehensión de la realidad y la construcción
transmisible de categorías mentales que permiten historiar ese
pasado.
En consecuencia, los petroglifos expuestos ejemplifican vínculos
intrínsecos entre la expresión gráfica pertinente
y las nociones de los petrograbadores obtenidas en forma de experiencias
potencialmente reproducida en su arte. Su arte, entonces, no se nos
aparece aislado sino más bien de distribución social colectiva.
No es arte de insurgencia individual, sino contextual, a pesar que reclaman
la apreciación cara a cara para ejercer el liderazgo o propiciar
las acciones.
Es posible que todos aquellos pobladores del cañón hayan
convergido a Los Cóndores o La Galgada en calendarios autoimpuestos
para luego hacerse consuetudinarios como persecución y/o afirmación
de prestigio, conocimiento trascendente o prácticas cultistas
tempranas.
Activos análisis contrastativos y contextuales evidencian cultura
de hortelanos subsistenciales, complementados con actividades de cacería
ampliados a rutas recolectoras multirregionales hacia la selva y el
mar. Su ubicación territorial intermedia a esos ecosistemas extremos
permitieron la orientación y dirección de los movimientos
sociales. Los petroglifos subvenían necesidades de orden superestructural
práctico para las actividades económicas de la gente,
tener éxito en sus acciones o librarse de la muerte.
Por otro lado, los hallazgos y estudios de los petroglifos Morín-La
Galgada, en atención a sus motivos de similaridades técnico/figurativas
con los contextos funerarios del complejo monumental La Galgada y a
la iconografía de los textiles precerámicos exhumados
de las tumbas excavadas en este último sitio, son indicativos
de coetaneidad cronológica (2,200 a 1,600 antes de nuestra
era).
En conjunto acotamos que el arte de las formaciones sociales tempranas
de vida campestre y centros ceremoniales precerámicos en desarrollo,
como en este caso, estuvo basado en la agudez de los sentidos, tuvo
carácter vitalista y se nutrió de las relaciones hombre/territorio.
No es un producto secundario del desarrollo social, sino una de las
creaciones genuinas conformantes del circuito social. Por eso el arte
petroglífico estudiado, a pesar de ser producción individual,
emerge en el regazo social, del cual toma sus temas para expresar su
ideología y cultura; de allí que el arte rupestre en general
sea un lenguaje gráfico expresivo de formas empíricas
de conocimiento, que implica un gran nivel de reflexión otorgante
de mensajes que son verdaderos estudios espontáneos sobre aquellas
realidades.
En general, el arte rupestre (pictografías y petroglifos) sirvió
al hombre para establecer un necesario equilibrio entre su hábitat
y él, su habitante. Las sensaciones captadas transformáronse
en interpretaciones gráficas a través de las cuales se
familiarizó mejor con la naturaleza para doblegarla y ponerla
al servicio de su vida, sustento y recambio generacional, fundar prácticas
cultistas y/o rituales y ceremonias autoprotectivas e instituciones
sociales tempranas, base de organismos políticos de creciente
complejidad.
Así, el arte rupestre constituye verdadero texto gráfico
autoinformativo que se convierte para sus creadores en soporte de su
vitalidad, comprensión del microcosmos en relación a la
amplitud del macrocosmos, que les insuflará ánimo para
descubrirse creativos e intérpretes de su propia realidad existencial.
Ellos existían para luego pensar y después graficarlo.
Tal graficación les permitió autootorgarse un sentido
existencial, pues la proyección de su memoria está entre
nosotros.
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