Magisterio de la Iglesia

San Cirilo de Jerusal�n

CATEQUESIS XVII

EL ESP�RITU SANTO (II)

Pronunciada en Jerusal�n, termina lo que quedaba acerca del Esp�ritu Santo. La lectura se toma de la Primera ep�stola a los Corintios: �Porque a uno se le da por el Esp�ritu palabra de sabidur�a; a otro palabra de ciencia...� (I Cor 12,8 ss.)(1).

   Nos detendremos en puntos fundamentales del Nuevo Testamento

   1. En la catequesis precedente ofrecimos, en cuanto lo permitieron nuestras fuerzas, una peque�a parte de los testimonios referentes al Esp�ritu Santo. En la presente, en cuanto se nos permita, tocaremos, si Dios quiere, lo que nos queda, es decir, lo referente al Nuevo Testamento. Ya entonces, para no excedernos en el hablar, pusimos l�mites a nuestra tarea �pues nunca se acabar�a de hablar del Esp�ritu Santo� y ahora daremos cuenta de una peque�a parte de lo que resta. No pretendemos ingenuamente cubrir lo poco que diremos con la multitud de lo que puede extraerse de la Escritura. Tampoco utilizaremos hoy razonamientos e invenciones humanas�no debe hacerse�, sino que nos bastar� traer a la memoria las sentencias de la Sagrada Escritura. Es el procedimiento m�s seguro seg�n el bienaventurado ap�stol Pablo, que dice �... de las cuales tambi�n hablamos(2), no con palabras aprendidas de sabidur�a humana, sino aprendidas del Esp�ritu, expresando realidades espirituales en t�rminos espirituales� (1 Cor 2, 13). Hacemos cosas semejantes a los viandantes y navegantes, los cuales, teniendo en mente la meta de un largu�simo camino, se apresuran adrede, pero acostumbran, por la limitaci�n humana, a detenerse en las distintas ciudades y puertos.

Un solo Dios Padre, un solo Hijo, un solo Esp�ritu Santo

   2. Pues aunque se han dado divisiones a la hora de disputar acerca del Esp�ritu Santo, �l permanece no obstante indiviso, puesto que es �nico y el mismo. Igualmente cuando habl�bamos del Padre, mencion�bamos, por un lado, el sumo y �nico poder de su persona, y por otro, c�mo se llamaba �Padre� y �Todopoderoso� y, adem�s, creador de todas las cosas(3) pero esta distribuci�n de las catequesis no significaba una divisi�n de la fe. Era �nico tambi�n el prop�sito de la piedad y de nuestra religiosidad cuando habl�bamos del Hijo unig�nito de Dios, cuando ense��bamos tanto lo que se refiere a su divinidad como lo que ata�e a su humanidad. De este modo cuando distribu�amos en cuestiones diversas lo que hab�a que decir acerca de nuestro Se�or Jesucristo, predic�bamos una fe indivisa en �l. As�, pues, tambi�n ahora, aun habiendo dividido las catequesis acerca del Esp�ritu Santo, es una fe indivisa en �l la que anunciamos. Pues el Esp�ritu Santo es uno y el mismo, pues �todas estas cosas las obra un mismo y �nico Esp�ritu distribuy�ndolas a cada uno en particular seg�n su voluntad� (1 Cor 12,11), pero �l permanece sin divisi�n. Pues no hay otro Par�clito que no sea el Esp�ritu Santo, pero es �nico e id�ntico aunque con diversas denominaciones: vivo y subsistente(4), que habla y act�a. Es santificador de todas las criaturas dotadas de raz�n que Dios ha hecho por medio de Cristo, los �ngeles y los hombres.

Diversas denominaciones, pero un solo Esp�ritu

   3. Pero que no crean algunos, por su ignorancia y por la diversidad de denominaciones del Esp�ritu Santo, que se trata de esp�ritus diversos, y no de uno �nico e id�ntico, el �nico que existe. Por ello, la Iglesia Cat�lica, que vela por tu seguridad, transmiti� en la confesi�n de fe que crey�semos �en un �nico Esp�ritu Santo Par�clito, que habl� por los profetas�: para que pudieses darte cuenta de que ciertamente las denominaciones pueden ser muchas, pero Esp�ritu Santo s�lo hay uno. De aquellas muchas denominaciones os hablaremos ahora de algunas.

La relaci�n del Esp�ritu Santo al Hijo y al Padre

   4. Se llama Esp�ritu seg�n lo que hemos le�do: �Porque a uno se le da por el Esp�ritu palabra de sabidur�a� ( 1 Cor 12,8). Y se le llama Esp�ritu de Verdad, seg�n lo que dice el Salvador: �Cuando venga �l, el Esp�ritu de la verdad...� (Jn 16, 13). Tambi�n se le llama Par�clito, como tambi�n dijo: �... porque si no me voy, no vendr� a vosotros el Par�clito� (16, 7). Y que se trata de una �nica y misma realidad, a la que se denomina con nombres diversos, se explica claramente por lo que inmediatamente dir�. Pues ya se dijo que el Esp�ritu Santo y el Par�clito son el mismo. Pero est� igualmente dicho que son lo mismo el Par�clito y el Esp�ritu de la verdad: �(Y yo pedir� al Padre) y os dar� otro Par�clito, para que est� con vosotros para siempre, el Esp�ritu de la verdad� (14, 16-17). Y tambi�n, �cuando venga el Par�clito, que yo os enviar� de junto al Padre, el Esp�ritu de la verdad� (15, 26). Se le llama Esp�ritu de Dios, como est� escrito: �He visto al Esp�ritu que bajaba... sobre �l� (Jn 1, 32), y, a su vez: �Todos los que son guiados por el esp�ritu de Dios son hijos de Dios� (Rm 8, 14). Tambi�n se le denomina Esp�ritu del Padre, como dijo el Salvador: �No ser�is vosotros los que hablar�is, sino el Esp�ritu de vuestro Padre el que hablar� por vosotros� (Mt 10, 20). Y tambi�n Pablo: �Doblo mis rodillas ante el Padre� (Ef 3, 14) y, m�s abajo: �... para que os conceda... que se�is fortalecidos por la acci�n de su Esp�ritu� (3, 16). Se le llama tambi�n Espiritu del Se�or, como dice Pedro: ��C�mo os hab�is puesto de acuerdo para poner a prueba el Esp�ritu del Se�or?� (Hech 5, 9). Igualmente se le llama Esp�ritu de Dios y de Cristo, como Pablo escribe: �M�s vosotros no est�is en la carne, sino en el Esp�ritu, ya que el Esp�ritu de Dios habita en vosotros. El que no tiene el Esp�ritu de Cristo no le pertenece� (Ro�. 8, 9). Se le llama asimismo Esp�ritu del Hijo de Dios, como est� dicho: �La prueba de que sois hijos es que Dios ha enviado a nuestros corazones el Esp�ritu de su Hijo� (G�l 4). Y se le menciona tambi�n como Esp�ritu de Cristo, como ha quedado escrito: �... procurando descubrir a qu� tiempo y a qu� circunstancias se refer�a el Esp�ritu de Cristo� (I Pe 1, 11). Y tambi�n: �... gracias a vuestras oraciones y a la ayuda prestada por el Esp�ritu de Jesucristo� (Flp 1, 19).

M�s denominaciones del Esp�ritu Santo

   5. Adem�s encontrar�s otras muchas denominaciones del Esp�ritu Santo. Pues se le llama Esp�ritu de santificaci�n, como est� escrito: �Seg�n el Esp�ritu de santidad� (Rm 1, 4)(5). Tambi�n se le llama Esp�ritu de adopci�n, como dice Pablo: �Pues no recibisteis un esp�ritu de esclavos para recaer en el temor, antes bien, recibisteis un esp�ritu de hijos adoptivos, que nos hace exclamar: ��Abb�, Padre!� (Rm 8, 15). Igualmente se le llama Espiritu de revelaci�n, seg�n est� escrito: �... os conceda (el Dios de nuestro Se�or Jesucristo) esp�ritu de sabidur�a y de revelaci�n para conocerle perfectamente� (Ef 1, 17). Tambi�n se le menciona como Esp�ritu de la Promesa, como se dice en el mismo lugar: �En �l tambi�n vosotros, tras haber... cre�do tambi�n en �l, fuisteis sellados con el Esp�ritu Santo de la Promesa� (1, 13). Se le llama tambi�n Esp�ritu de gracia, cuando a su vez, dice: �el que... ultraj� al Esp�ritu de la gracia� (Hebr 10, 29). Y tambi�n se le denomina con otras muchas denominaciones del mismo modo. O�ste claramente tambi�n en la catequesis precedente que a �l en los Salmos se le llama a veces �bueno� y, a veces, �generoso� (51, 14). Y en Isa�as se le ha llamado �esp�ritu de sabidur�a e inteligencia, esp�ritu de consejo y fortaleza, esp�ritu de ciencia y temor del Se�or� (Is 11, 2). De todo lo cual se deduce, tanto de lo anterior como de lo que hemos dicho ahora, que realmente son distintas las denominaciones, pero el Esp�ritu Santo es uno y el mismo, vivo y subsistente, siempre presente juntamente con el Padre y el Hijo. No es proferido mediante palabras por la boca o los labios del Padre o del Hijo, ni mediante ninguna expiraci�n ni tampoco es echado al aire, sino que subsiste en s� mismo(6), hablando y actuando �l mismo, dispensador y santificador. No es dispensaci�n con desgarro, sino en la concordia, y es la �nica que da la salvaci�n, la cual procede �como ya dijimos�, del Padre, el Hijo y Esp�ritu Santo. Quiero que record�is lo que hace poco dijimos(7) y que claramente os deis cuenta de que no se trata, en la Ley y los Profetas, de un Esp�ritu y de otro distinto en los Evangelios y en los Ap�stoles. S�lo hay un �nico e id�ntico Esp�ritu Santo, que inspir� las Sagradas Escrituras tanto en el Antiguo como en el Nuevo Testamento.

El Esp�ritu Santo hizo posible la concepci�n virginal de Mar�a

   6. Este es el Esp�ritu Santo que vino a Santa Mar�a Virgen. Pues como se trataba de engendrar a Cristo, el Unig�nito, la fuerza del Alt�simo la cubri� con su sombra y el Esp�ritu Santo, acerc�ndose hasta ella (cf. Lc 1, 35), la santific� para esto, para que pudiese tener en su interior a aquel por quien todo fue hecho. No tengo necesidad de muchas palabras para que entiendas que esta gestaci�n estuvo libre de toda mancha y contaminaci�n, pues ya lo aprendiste (cf. cat. 12, n�m. 25). Gabriel es quien a ella le dijo: soy mensajero y pregonero de lo que ha de suceder, pero yo no participo en la operaci�n. Pues aunque sea arc�ngel, soy conocedor de mi orden y de mi oficio. Yo te anuncio la alegr�a, pero no es por gracia m�a por lo que dar�s a luz: �El Esp�ritu Santo vendr� sobre ti y el poder del Alt�simo te cubrir� con su sombra; por eso el que ha de nacer ser� santo y ser� llamado Hijo de Dios� (Lc 1, 35).

El Esp�ritu Santo en Isabel, Zacar�as y Sime�n

   7. Este Esp�ritu Santo mostr� su eficacia en Isabel. Pues no s�lo actu� con las v�rgenes, sino tambi�n entre c�nyuges con tal que se trate de un matrimonio leg�timo. �E Isabel qued� llena de Esp�ritu Santo� (Lc 1, 41) y profetiz�. Y la preclara sierva dijo de su Se�or: ��De d�nde a m� que la madre de mi Se�or venga a m�?� (1, 43). Pues Isabel la llam� bienaventurada (1, 45). Lleno del mismo Esp�ritu, tambi�n Zacar�as, padre de Juan, profetiz� diciendo cu�ntos bienes causar�a este Unig�nito, a�adiendo adem�s que Juan ser�a, por su bautismo, precursor suyo. Tambi�n Sime�n el justo fue advertido por el Esp�ritu Santo de que no ver�a la muerte antes de contemplar al Mes�as del Se�or y, recibi�ndolo en sus brazos, dio testimonio p�blicamente en el Templo en lo que a �l le tocaba (cf. Lc 2, 25-35).

Juan Bautista y el Esp�ritu Santo

   8. Juan, por su parte, que hab�a sido lleno por el Esp�ritu Santo desde el seno de su madre (Lc 1, 5), fue santificado en orden a bautizar al Se�or, no porque �l comunicase el Esp�ritu sino porque anunciaba al que s� lo comunicaba. Pues dice: �Yo os bautizo con agua para conversi�n; pero el que viene detr�s de m�... �l os bautizar� en Esp�ritu Santo y fuego� (Mt 3, 11). �En fuego�, �por qu�? Porque en lenguas de fuego tuvo lugar el descenso del Esp�ritu Santo. Acerca de lo cual dice el Se�or con alegr�a: �He venido a arrojar un fuego sobre la tierra y �cu�nto desear�a que ya estuviera encendido!�.

El Esp�ritu Santo en el bautismo de Jes�s

   9. Este Esp�ritu Santo descendi� al ser bautizado el Se�or (Mt 3, 16) para que no quedase oculta la dignidad del que se bautizaba, seg�n lo que dice Juan: �El que me envi� a bautizar con agua, me dijo: Aquel sobre qui�n veas que baja el Esp�ritu y se queda sobre �l, �se es el que bautiza con Esp�ritu Santo (Jn 1, 33). Pero mira lo que dice el evangelio: �Se abrieron los cielos�. Abiertos por la dignidad del que descendi�. Dice: �Se abrieron los cielos y vio al Esp�ritu de Dios que bajaba en forma de paloma y ven�a sobre �l�. (Mt 3, 16). Se trataba de un descenso por su propia iniciativa(8). Pues era conveniente, como algunos han interpretado, que las primicias y los dones del Esp�ritu Santo, que se otorgan a los bautizados, se mostrasen en primer lugar en la humanidad del Salvador, que es qui�n tal gracia confiere(9). Descendi� en forma de paloma �como dicen algunos, pura, inocente y sencilla�, cooperando con sus oraciones en favor de los nuevos hijos y del perd�n de sus pecados, mostrando as� la imagen y el ejemplo(10). De este modo se hab�a predicho, en forma misteriosa, que el Mes�as habr�a de manifestarse de esa manera. Pues en el Cantar de los Cantares se exclama acerca del Esposo: �Sus ojos como palomas junto a arroyos de agua� (Cant 5, 12)(11).

El Arca de No�, la paloma, el bautismo, el Esp�ritu Santo(12)

   10. Seg�n algunos, una imagen de esa paloma ven�a ofrecida en parte por aquella de la que se cuenta en la historia de No� (G�n 8, 8 ss.). Pues en aquellos tiempos lleg� a los hombres, a trav�s de la madera y el agua, la salvaci�n y el comienzo de la nueva humanidad. La paloma volvi� a No� al atardecer, llevando un ramo de olivo (G�n 8, 11). As�, dicen, fue el Esp�ritu Santo quien descendi� en realidad junto a No�, el cabeza de esa nueva humanidad. El (el Esp�ritu Santo) es el que hizo una unidad de las voluntades y el genio de los linajes diversos. De esta diversidad de intereses eran imagen las distintas naturalezas de los animales encerrados en el arca. Y despu�s que �l (Cristo) lleg�, los lobos espirituales pastan juntamente con las ovejas, porque la Iglesia apacienta al ternero y al toro junto al le�n (Is 11, 6; 65, 25). Hoy d�a vemos que los pr�ncipes del mundo son guiados y ense�ados por los hombres de la Iglesia. Por tanto descendi�, como algunos interpretan, una paloma inteligible en el momento del bautismo. As� mostraba que era el mismo el que por el le�o de la cruz otorga la salvaci�n a los que creen y el que, al atardecer(13), habr�a de traer la salvaci�n mediante su muerte.

El mismo Jes�s habla del Esp�ritu Santo y lo promete a los Ap�stoles (14)

   11. Y de estas cosas hay que hablar tambi�n bajo otro aspecto. Es necesario o�r las palabras del Salvador sobre el Esp�ritu Santo. Pues dice: �El que no nazca de agua y de Esp�ritu, no puede entrar en el Reino de Dios� (Jn 3, 5). Y sobre que esta gracia viene del Padre dice: �Cu�nto m�s el Padre del cielo dar� el Esp�ritu Santo a los que se lo pidan!� (Jn 11, 13). Y tambi�n se�ala que Dios ha de ser adorado en Esp�ritu: �Pero llega la hora, y ya estamos en ella, en que los adoradores verdaderos adorar�n al Padre en esp�ritu y en verdad, porque as� quiere el Padre que sean los que le adoren. Dios es esp�ritu, y los que lo adoran, deben adorar en esp�ritu y verdad� (Jn 4, 23-24). Y tambi�n: �Pero si por el Esp�ritu de Dios expulso yo los demonios...� (Mt 12, 28), y poco despu�s, en lo que se sigue: �Por eso os digo: todo pecado y blasfemia se perdonar� a los hombres, pero la blasfemia contra el Esp�ritu Santo no ser� perdonada. Y al que diga una palabra contra el Hijo del hombre, se le perdonar�; pero al que la diga contra el Esp�ritu Santo, no se le perdonar� ni en este siglo ni en el otro� (12, 31-32). Y asimismo dice: �Y yo pedir� al Padre y os dar� otro Par�clito, para que est� con vosotros para siempre, el Esp�ritu de la verdad, a quien el mundo no puede recibir, porque no le ve ni le conoce. Pero vosotros le conoc�is, porque mora con vosotros y en vosotros est� (Jn 14, 16-17). Y tambi�n dice: �Os he dicho estas cosas estando entre vosotros. Pero el Par�clito, el Esp�ritu Santo, que el Padre enviar� en mi nombre, os lo ense�ar� todo y os recordar� todo lo que yo os he dicho� (14, 25-26). Y dice: �Cuando venga el Par�clito, que yo os enviar� de junto al Padre, el Esp�ritu de la verdad, que procede del Padre, �l dar� testimonio de m�� (15,26). Tambi�n: �Si no me voy, no vendr� a vosotros el Par�clito... y cuando �l venga, convencer� al mundo en lo referente al pecado, en lo referente a la justicia y en lo referente al juicio� (16, 7-8). Y a su vez, en lo que sigue: �Mucho tengo todav�a que deciros, pero ahora no pod�is con ello. Cuando venga �l, el Esp�ritu de la verdad, os guiar� hasta la verdad completa; pues no hablar� por su cuenta, sino que hablar� lo que oiga, y os anunciar� lo que ha de venir. El me dar� gloria, porque recibir� de lo m�o y os lo anunciar� a vosotros. Todo lo que tiene el Padre es m�o. Por eso he dicho: recibir� de lo m�o y os lo anunciar� a vosotros� (16, 12-15). He le�do expresiones del mismo Unig�nito, de modo que ya no prestes atenci�n a palabras humanas.

El don parcial del Esp�ritu Santo, ya el mismo d�a de la resurrecci�n

   12. Otorg� el don del Esp�ritu Santo a los ap�stoles. Pues est� escrito: �Dicho esto, sopl� sobre ellos y les dijo: "Recibid el Esp�ritu Santo. A quienes perdon�is los pecados, les quedan perdonados; a quienes se los reteng�is, les quedan retenidas"� (Jn 20, 22-23). Esta es la segunda vez que se insufl� el Esp�ritu, puesto que la primera (G�n 2, 7)(15) hab�a quedado oscurecido por los pecados voluntarios. Ahora se cumpli� lo que est� escrito: �Ascendi� sopl�ndote a la cara, libr�ndote de la aflicci�n� (Nah 2, 2 LXX) . �De d�nde �ascendi�? De los infiernos(16). El evangelio narra, en efecto, que, despu�s de su resurrecci�n, sopl� Jes�s sobre ellos (Jn 20, 22). Realmente les da su gracia en este momento, pero la otorgar� despu�s con mayor abundancia. Es como si les dijera: estoy en condiciones de d�rosla ahora, pero el recipiente no puede recogerla. Recibid por ahora la gracia que pod�is, pero esperad una m�s amplia. �Por vuestra parte permaneced en la ciudad hasta que se�is revestidos del poder de lo alto� (Lc 24, 39). Ahora �recibidla� en parte; m�s tarde, �ntegramente, y ser�is completamente portadores de ella. Pues el que �recibe�, a menudo s�lo tiene en parte lo que se le concede. Pero el que se reviste, se cubre completamente con la estola. No tem�is�dice�las armas del diablo y sus dardos, pues ser�is portadores de la fuerza del Esp�ritu Santo. Acordaos de lo que anteriormente dec�amos, que no es el Esp�ritu Santo el que se divide, sino la gracia que �l confiere.

La venida del Esp�ritu en Pentecost�s

   13. Ascendi�, pues, Jes�s a los cielos y cumpli� su promesa. Pues les hab�a dicho: �Yo pedir� al Padre y os dar� otro Par�clito� (Jn 14, 16). Estaban sentados a la espera de la venida del Esp�ritu Santo. �Al llegar el d�a de Pentecost�s� (Hech 2, 2), aqu�, en esta ciudad de Jerusal�n �en realidad, es algo que nos afecta, pues no hablamos de lo que a otros les sucedi�, sino de los dones que se nos han concedido a nosotros�, cuando era, digo, Pentecost�s, estaban sentados y lleg� del cielo el Par�clito: custodio y santificador de la Iglesia, rector de las almas, gu�a de los arrojados a las olas y a la tempestad, luz de los perdidos, �rbitro de los que combaten y corona de los vencedores.

La venida del Esp�ritu penetra en el interior del alma

   14. Y descendi� para revestir de su poder y bautizar a los ap�stoles. Dice el Se�or: �Vosotros ser�is bautizados en el Esp�ritu Santo dentro de pocos d�as� (Hech 1, 5). No es que la gracia se haya dividido o se d� s�lo en parte, sino que es una fuerza �ntegra y que se ha derramado totalmente. Pues as� como el que es bautizado por inmersi�n queda rodeado de agua por todas partes, as� los bautizados en el Esp�ritu se encuentran totalmente envueltos de �l. Por otra parte, el agua se derrama de modo externo al cuerpo, pero el Esp�ritu penetra y bautiza al alma escondida sin que nada se le oculte. �De qu� te asombras? Toma el ejemplo de la materia, d�bil y humilde, pero que puede ser �til a los m�s sencillos. El fuego, al penetrar en el interior del hierro, todo lo convierte en fuego y hace que hierva el metal fr�o, comenzando as� a brillar lo que era negro y oscuro. Pues bien, si el fuego, una realidad material, al introducirse en el interior del hierro, act�a ah� sin encontrar obst�culos, �por qu� te asombras de que el Esp�ritu Santo penetre en el interior del alma?

El acontecimiento de Pentecost�s en Hech 2

   15. Y para que no se ignorase la grandeza de la gracia que ven�a, son� como una trompeta celeste: �De repente vino del cielo un ruido como de una r�faga de viento impetuoso� (Hech 2, 2), que daba as� una se�al de la venida de aquel que concede a los hombres �obtener con violencia el Reino de Dios� (cf. Mt 11, 12). Y hac�a que los ojos viesen unas lenguas de fuego y que los o�dos oyesen el sonido. Y �llen� toda la casa en la que se encontraban� (Hech 2, 2). Aquella casa se convirti� en el recept�culo de una onda inteligible. Los disc�pulos estaban sentados en el interior y se llen� toda la casa. Fueron bautizados, �sumergidos�(17) del todo. de acuerdo con la promesa (cf. Hech 1,5). Se revistieron en el alma y en el cuerpo de un vestidura divina y saludable. �Se les aparecieron unas lenguas como de fuego que se repartieron y se posaron sobre cada uno de ellos; quedaron todos llenos del Esp�ritu Santo� (2, 3). Recibieron un fuego que no abrasaba, sino que era saludable y que, destruyendo las espinas de los pecados, devolvi� al alma su brillo y su esplendor. Este es el que pronto habr� de venir a vosotros. Y mientras corta y retira vuestros pecados, que son como espinas, har� resplandecer en mayor medida el fondo de vuestra alma y os dar� la gracia, como entonces la dio a los ap�stoles. Se pos� sobre ellos bajo la apariencia de unas lenguas de fuego, como queriendo redimir sus cabezas con diademas espirituales en forma de lenguas de fuego. En anterior ocasi�n, una espada de fuego imped�a la entrada al para�so (Gn, 03-24). Ahora, una lengua de fuego que procuraba la salvaci�n devolvi� aquella gracia.

El don de lenguas

   16. �Y se pusieron a hablar en otras lenguas, seg�n el Esp�ritu les conced�a expresarse� (Hech 2, 4). El galileo Pedro y Andr�s hablan la lengua de los persas o los medos. Juan y los dem�s ap�stoles hablaban en cualquier lengua a gentes que proven�an de pueblos diversos. Pues no es ahora cuando ha comenzado a reunirse de todas partes una multitud de gente extranjera, sino que ello sucedi� ya desde aquella �poca. �D�nde se encontrar� un maestro tan grande que s�lo con el ejemplo ense�e a sus oyentes sin haber �stos aprendido previamente su lengua? Muchos a�os se emplean, mediante la gram�tica y las dem�s artes, para s�lo aprender a hablar correctamente en griego. Y no todos, sin embargo, lo hablan del mismo modo. Tal vez un rh�tor(18) consigue hablar hermosamente, pero quiz� no un gram�tico. Y un experto en gram�tica desconoce tal vez las materias filos�ficas. Pero el Esp�ritu Santo ense�� a la vez muchas lenguas que aquellos hombres no hab�an aprendido nunca. Esto es realmente una gran sabidur�a y una fuerza de Dios. �Puede acaso compararse una incultura de tantos a�os por parte de aquellos con la energ�a m�ltiple e inaudita de las lenguas?

El asombro de los creyentes

   17. Se produjo estupor en la multitud de los que estaban escuchando (Hech 2, 6), una confusi�n diferente a la confusi�n que proven�a del mal y que se hab�a producido en Babel (cf. G�n. 11, 7-9). Pues en aquella se produjo, con la confusi�n de lenguas, una divisi�n de esp�ritus y voluntades cuando se concibi� un proyecto opuesto a Dios(19). Pero aqu� los pensamientos de la mente fueron reparados y llamados a la unidad, pues eran intereses piadosos los que estaban de por medio. Por los mismos medios por los que se produjo la ca�da, se produjo tambi�n la conversi�n. De ah� que se admirasen diciendo: ��C�mo cada uno de nosotros les o�mos?� (Hech 2, 8). No tiene nada de extra�o que lo ignor�is, pues tambi�n Nicodemo desconoc�a la llegada del Esp�ritu, y a �l le fue dicho: �El Esp�ritu sopla donde quiere, y oyes su voz, pero no sabes de d�nde viene ni a d�nde va� (Jn 3, 8). Y si alguna vez oigo su voz, desconozco de d�nde viene. �C�mo podr� explicar su persona?

El Esp�ritu Santo es como el vino nuevo de la nueva Alianza

   18. �Otros en cambio dec�an ri�ndose: "�Est�n llenos de mosto!" (Hech 2, 13)�. Dec�an la verdad pero en plan de burla. Pues se trataba de un vino verdaderamente nuevo: la gracia de la nueva Alianza. Este era un vino realmente nuevo(20), de una vi�a inteligible, que a menudo, seg�n los profetas, ya hab�a dado fruto y que germin� en el Nuevo Testamento. Pues del mismo modo que, tomando un ejemplo gr�fico, la vi�a permanece siempre la misma, pero seg�n el cambio de las estaciones produce siempre frutos nuevos, as�, a�n permaneciendo siempre el Esp�ritu como �l es, del mismo modo que manifest� a menudo su fuerza en los profetas, decidi� ahora algo nuevo y admirable. Ya anteriormente lleg� la gracia a los Padres, pero ahora lo hace en mayor medida. Pues ellos recib�an realmente una participaci�n en el Esp�ritu Santo. Pero en esta ocasi�n(21) fueron bautizados (en �l) �ntegra y plenamente.

Se cumplen la promesa del Esp�ritu por Jes�s y la profec�a de Joel

   19. Mas Pedro, que ten�a el Esp�ritu Santo, era plenamente consciente de lo que ten�a y dijo: �Jud�os y habitantes todos de Jerusal�n�, que predic�is a Joel pero desconoc�is las Escrituras, �no est�n estos borrachos, como vosotros supon�is� (Hech 2, 14-15). Pues est�n ebrios, pero no como vosotros pens�is, sino seg�n lo que est� escrito: �Se sacian de la grasa de tu Casa, en el torrente de tus delicias los abrevas� (Sal 36, 9). Est�n ebrios con sobria ebriedad, la que destruye el pecado y da vida al coraz�n, completamente distinta a la borrachera del cuerpo. Pues �sta provoca que olvidemos las cosas que sabemos, pero aquella otra otorga incluso el conocimiento de las cosas desconocidas. Est�n ebrios de vino de la vid inteligible, �l que dice: �Yo soy la vid; vosotros los sarmientos� (Jn 15, 5). Y si a m� no me cre�is, entended por la misma circunstancia de tiempo lo que digo. �Pues es la hora tercia del d�a� (Hech 2, 15). El (Cristo) hab�a sido crucificado a la hora tercia, como dice Marcos (15, 25). Ahora tambi�n(22) envi� la gracia. Pues no son distintas aquella gracia y �sta, sino que el que hab�a sido crucificado y se hab�a comprometido, cumpli� as� su palabra. Si opt�is por aceptar este testimonio, o�d lo que dice: �Es lo que dijo el profeta: Suceder� en los �ltimos d�as, dice Dios: Derramar� mi Esp�ritu...� (Hech 2, 16-17; cf.Joel 3, 1-5). Pero derramar� quiere decir una donaci�n copiosa, pues Dios �da el Esp�ritu sin medida. El Padre ama al Hijo y ha puesto todo en su mano� (Jn 3, 34-35). Y le dio la potestad de conceder la gracia del Esp�ritu Sant�simo a quienes desee. �Derramar� mi Esp�ritu sobre toda carne, y profetizar�n vuestros hijos y vuestras hijas� (Hech 2, 17)...� y yo sobre mis siervos y sobre mis siervas derramar� mi Esp�ritu� (2, 18; cf.Joel 3, 1-2). El Esp�ritu Santo no hace acepci�n de personas, pues no busca dignidades sino la piedad del alma. Ni los ricos se endurezcan ni pierdan el �nimo los pobres, sino que simplemente se prepare cada uno para recibir la gracia celestial.

Ante la multitud de datos, reduciremos nuestras pretensiones

   20. Son muchas las cosas que hemos tratado hoy y quiz� est�n fatigados los o�dos. Pero quedan todav�a muchas cosas y para concluir la ense�anza sobre el Esp�ritu Santo ser�an necesarias una tercera e incluso m�s catequesis Pero conc�dasenos la venia de todo ello, pues se nos echa ya encima la fiesta de la Pascua. Por consiguiente, hoy todav�a hablaremos de ello, pero no podremos mencionar todo lo que hay en el Nuevo Testamento. Y es que nos quedan muchos datos de los Hechos de los Ap�stoles, seg�n los cuales la gracia del Esp�ritu Santo actu� eficazmente en Pedro y tambi�n en todos los dem�s ap�stoles. Hay otras muchas cosas en las ep�stolas cat�licas y en las catorce ep�stolas de Pablo, de las que ahora intentaremos deshojar algunas pocas, como tom�ndolas de un prado inmenso, con la finalidad de traerlas a la memoria.

La fuerza de las palabras de Pedro. Curaci�n del paral�tico. Anan�as y Safira

   21. Pues en la fuerza del Esp�ritu Santo, por voluntad del Padre y del Hijo, �Pedro, present�ndose con los Once, levant� su voz� (seg�n aquello: �Clama con voz poderosa, alegre mensajero para Jerusal�n�, Is 40, 9) y en la red espiritual de sus palabras capt� �unas tres mil almas� (Hech 2, 41). En todos los ap�stoles actuaba una gracia tan intensa que much�simos de los jud�os�que hab�an crucificado al Mes�as�cre�an y se hac�an bautizar en nombre de Cristo, y perseveraban en la ense�anza de los ap�stoles y en las oraciones (cf. Hech 2, 42). Y en una ocasi�n en que, por la misma fuerza del Esp�ritu Santo, Pedro y Juan, a la hora nona, hab�an subido al templo a orar, sanaron a uno que estaba en la Puerta Hermosa, cojo desde el seno de su madre, hac�a cuarenta a�os (3, 110). As� se cumpl�a lo dicho: �Entonces saltar� el cojo como un ciervo� (Is 35). Con la red espiritual de su ense�anza creyeron aquel d�a cinco mil (Hech 4, 4) y declararon convictos de error a los jefes del pueblo y a los sumos sacerdotes. Y ello, no en virtud de su propia sabidur�a, pues eran iletrados e ignorantes, sino por la eficacia del Esp�ritu. Pues est� escrito: �Entonces Pedro, lleno del Esp�ritu Santo, les dijo...� (Hech 4, 8 ss.). Y fue tanta la gracia del Esp�ritu Santo que se obr� por los doce ap�stoles en los que hab�an cre�do, que �stos eran un solo coraz�n y una sola alma, pero era com�n el uso de sus bienes. Pues los que pose�an entregaban religiosamente el valor de sus posesiones y ninguno entre ellos pasaba necesidad. Anan�as y Safira, que intentaron enga�ar al Esp�ritu Santo, hubieron de soportar un castigo adecuado (5, 1-11).

El vigor del Esp�ritu Santo

   22. �Por mano de los ap�stoles se realizaban muchas se�ales y prodigios en el pueblo� (5, 12). Y tanta gracia del Esp�ritu hab�a sido derramada sobre los ap�stoles que, aunque eran sencillos, produc�an temor (pues hab�a quienes no se atrev�an a unirse a ellos, aunque el pueblo los alababa). Pero se les a�ad�an �muchedumbres de hombres y mujeres que cre�an�... �hasta tal punto que incluso sacaban los enfermos a las plazas y los colocaban en lechos y camillas, para que, al pasar Pedro, siquiera su sombra cubriese a alguno de ellos. Tambi�n acud�a la multitud de las ciudades vecinas a Jerusal�n trayendo enfermos y atormentados por esp�ritus inmundos; y todos eran curados� (5, 15-16; cf. 5, 13) por la fuerza del Esp�ritu Santo.

Prendimiento y liberaci�n de los ap�stoles

   23. En otra ocasi�n los doce ap�stoles, arrojados �por anunciar a Cristo�a la c�rcel por los pr�ncipes de los sacerdotes, fueron sacados de all� de noche por el Angel(23) en contra de lo que se hubiera podido esperar. Y llevados desde el templo al tribunal hasta ellos(24), les reprendieron habl�ndoles valientemente de Cristo. Y cuando a�adieron que �Dios dio tambi�n el Esp�ritu Santo a los que le obedecen� (Hech 5, 32) y les azotaron con cuerdas, marcharon alegres y no cesaban de ense�ar y anunciar la buena noticia de Cristo Jes�s (cf. 5, 40-42).

La fuerza del Esp�ritu Santo en el di�cono Esteban

   24. Pero la gracia del Esp�ritu Santo no fue eficaz s�lo en los doce ap�stoles, sino tambi�n en los hijos primog�nitos de esta Iglesia a veces est�ril. Me refiero a los siete di�conos. Estos fueron elegidos, como dice la Escritura, �llenos de Esp�ritu y de sabidur�a� (Hech 6, 3). Uno de ellos, Esteban, llamado as� dignamente por la corona(25), primicia de los m�rtires, �hombre lleno de fe y de Esp�ritu Santo� (6, 5), �realizaba entre el pueblo grandes prodigios y se�ales� (6, 8). Con �l entablaban discusiones algunos, �pero no pod�an resistir a la sabidur�a y al Esp�ritu con que hablaba� (6, 10). Atacado con calumnias y llevado a juicio, brillaba con fulgores ang�licos. Pues �fijando en �l la mirada todos los que estaban sentados en el Sanedr�n, vieron su rostro como el rostro de un �ngel�. Y despu�s de haber refutado, con una sabia apolog�a de s� mismo, a los jud�os, de dura cerviz e incircuncisos de coraz�n y de o�dos, y que siempre se resisten al Esp�ritu Santo (Hech 7, 51), �vio la gloria de Dios y al Hijo del hombre que estaba en pie a la diestra de Dios�. Pero no lo vio por su propio poder, sino que, como dice la Sagrada Escritura, �lleno del Esp�ritu Santo, mir� fijamente al cielo y vio la gloria de Dios y a Jes�s que estaba en pie a la diestra de Dios� (7, 55).

En el di�cono Felipe. Conversi�n del eunuco et�ope

   25. En la misma fuerza del Esp�ritu Santo, tambi�n Felipe, en el nombre de Cristo, expulsaba en alguna ocasi�n, en una ciudad de Samaria, esp�ritus inmundos que daban fuertes gritos. Y cur� a paral�ticos y cojos, y convirti� a Cristo a una gran multitud de aquellos que hab�an cre�do (Hech 8, 4-8). Habiendo bajado a ellos Pedro y Juan, les hicieron, por la imposici�n de las manos, part�cipes del Esp�ritu Santo (8, 14-17). De lo cual fue merecidamente privado s�lo Sim�n Mago (18-24). En otro momento, llamado por el �ngel del Se�or a ponerse en camino a causa de aquel piados�simo eunuco et�ope (8, 26 ss.), oy� claramente al mismo Esp�ritu Santo: �Ac�rcate y ponte junto a ese carro� (8, 29). Instruy� al et�ope y lo bautiz�, y envi� as� hasta Etiop�a el mensaje de Cristo, seg�n lo que estaba escrito: �Tienda hacia Dios sus manos Etiop�a� (Sal 68, 32). Y, arrebatado por un �ngel(26), anunciaba el evangelio a todas las dem�s ciudades.

En el ap�stol Pablo

   26. Del mismo Esp�ritu Santo estuvo lleno tambi�n Pablo, despu�s que fue llamado por Nuestro Se�or Jesucristo. Como piadoso testigo de esto tenemos al piadoso Anan�as, que se encontraba en Damasco y le dijo a Pablo: �Sa�l, hermano, me ha enviado a ti el Se�or Jes�s, el que se te apareci� en el camino por donde ven�as, para que recobres la vista y seas lleno del Esp�ritu Santo� (Hech 9, 17). Y �l, que actu� r�pidamente, devolvi� a los ojos cegados de Pablo el uso de la luz, imprimiendo un sello(27) en su alma. Lo convirti� as� en vaso de elecci�n (cf. Hech 9, 15), para que llevase ante los reyes y los hijos de Israel el nombre del Se�or que se le hab�a aparecido. Al que antes hab�a sido perseguidor lo convirti� en heraldo y en siervo bueno, que llev� el evangelio desde Jerusal�n hasta Iliria; llen� a la Roma imperial con sus ense�anzas y extendi� hasta Espa�a su voluntad diligente de anunciar el Kerigma(28). Abord�, adem�s, mil tareas y realiz� signos y prodigios. Pero de momento baste con lo dicho.

El Esp�ritu Santo ilumina a Pedro

   27. En la fuerza, por consiguiente, del mismo Esp�ritu Santo, Pedro, pr�ncipe de los ap�stoles y encargado de las llaves del reino de los cielos, en Lidda (actual Di�spolis), devolvi� la salud en nombre de Cristo al paral�tico Eneas (9, 32-35). Y en Joppe levant� de entre los muertos a Tabita (9, 36-37), que se dedicaba a hacer buenas obras. Y estando en la parte m�s alta de la casa, en un �xtasis, vio el cielo abierto y que bajaba como un gran lienzo, en el que hab�a numerosas figuras y animales, de modo que no se pudiera decir que nadie, aunque fuese griego, fuera vulgar o inmundo (10, 14-16). Llamado por Cornelio, oy� (Pedro) claramente del mismo Esp�ritu Santo: �Ah� tienes unos hombres que te buscan. Baja, pues, al momento y vete con ellos sin vacilar, pues yo les he enviado� (10, 19-20). Y para explicar con m�s claridad que tambi�n los que creen de entre los gentiles son hechos part�cipes de la gracia del Esp�ritu Santo, al llegar Pedro a Ces�rea y ense�ar lo que se refiere a Cristo, dice la Escritura acerca de Cornelio y de los que estaban presentes: �Estaba Pedro diciendo estas cosas cuando el Esp�ritu Santo cay� sobre todos los que escuchaban la Palabra� (10, 44), de tal manera que los que hab�an venido con Pedro de entre los circuncisos se asombraban y, estupefactos, dec�an: �Que el don del Esp�ritu Santo hab�a sido derramado tambi�n sobre los gentiles� (v. 45)(29).

La comunidad de Antioqu�a y la primera misi�n de Bernab� y Pablo

   28. Y en Antioqu�a de Siria, ciudad nobil�sima, se desarroll� admirablemente el anuncio de Cristo y desde el lugar en que estamos fue enviado a Antioqu�a, como colaborador de aquella buena obra, Bernab�, �un hombre bueno, lleno de Esp�ritu Santo y de fe� (Hech 11, 24). Al ver una gran mies de creyentes en Cristo, llev� como ayudante a Pablo desde Tarso a Antioqu�a. Y como hubiesen reunido una gran multitud en la asamblea, todos instruidos en sus mandatos y congregados all�, sucedi� que �en Antioqu�a fue donde, por primera vez, los disc�pulos recibieron el nombre de cristianos (11, 26). En Antioqu�a derram� Dios de modo muy abundante el Esp�ritu. Hab�a all� profetas y doctores (13, 1), con los cuales tambi�n estaba Agabo (12, 28). �Mientras estaban celebrando el culto del Se�or y ayunando, dijo el Esp�ritu Santo: "Separadme ya a Bernab� y a Saulo para la obra a la que los he llamado" (13, 2). Entonces, tras haberles impuesto las manos, fueron enviados por el Esp�ritu Santo (cf. 13, 3). Est�, pues, claro que el Esp�ritu que habla y env�a, est� vivo, tiene subsistencia propia y, como dijimos, act�a con eficacia.

La controversia de Antioqu�a y el llamado �concilio� de Jerusal�n

   29. El mismo Esp�ritu Santo, que, en consenso con el Padre y el Hijo, inspir� en la Iglesia el Nuevo Testamento, nos liber� de las dif�ciles cargas de la Ley, quiero decir las que se refieren a lo puro e impuro y a los alimentos. Nos liber� de los s�bados, de los novilunios y de la circuncisi�n, las aspersiones y los sacrificios (cf. Rom 8, 2; Hech 15, 10; Hebr 9, 10), las cuales cosas, dadas por un tiempo, eran �una sombra de los bienes futuros� (Hebr 10, 1). Pero cuando ha llegado la verdad, adecuadamente han sido suprimidas. Al suscitarse la controversia en Antioqu�a por parte de quienes dec�an que era necesario circuncidarse y observar las normas de Mois�s, fueron enviados Pablo y Bernab�. Los ap�stoles, que se encontraban entonces en Jerusal�n, con todo el bagaje de la ley y de las figuras, liberaron a todo el orbe mediante una carta que escribieron. Pero no se atribuyeron a s� mismos la autoridad de un asunto de tanta envergadura, sino que en la ep�stola declaran: �Nos ha parecido(30) al Esp�ritu Santo y a nosotros no imponernos m�s cargas que estas indispensables: abstenerse de lo sacrificado a los �dolos, de la sangre, de los animales estrangulados y de la impureza (Hech 15, 28-29). Mediante lo que escribieron dieron a entender abiertamente que, aunque aquello lo hab�an escrito los ap�stoles, que eran hombres, aquello era, sin embargo, un mandato del Esp�ritu Santo y afectaba al mundo entero. Por todo el mundo, tom�ndolo consigo, lo llevaron Pablo y Bernab�.

La fuerza del Esp�ritu en los viajes misioneros de Pablo

   30. Llegados a este punto de mis palabras, ruego de vuestro amor que me conced�is la venia. Se lo suplico tambi�n al Esp�ritu Santo que habitaba en Pablo, si no me es posible que lo logre todo, tanto por mi debilidad como por la propia fatiga de vosotros que est�is oyendo. Pues, �cu�ndo he explicado dignamente sus haza�as admirables en nombre de Cristo y por obra del Esp�ritu Santo? Lo sucedido en Chipre con el mago Elimas (Hech 13, 5-12) o la curaci�n del tullido en Listra (14, 8-10), y lo de Cilicia (15, 41), Frigia y Galacia (16, 6), Misia (16, 8) y Macedonia (16, 99 ss.). O tambi�n lo de la ciudad de Filipos (16, 12 ss.). Me refiero a su predicaci�n y a la expulsi�n, en nombre de Cristo, de un esp�ritu de adivinaci�n (16,16-18). Tambi�n, tras el terremoto, la salvaci�n que se dio por el bautismo al guardi�n de la c�rcel con toda su casa (16, 25-34). Igualmente, lo sucedido en Tesal�nica (17, 1 ss.) o su discurso entre los atenienses en el Are�pago (17, 22 ss.). O sus trabajos de ense�anza en la ciudad de Corinto y en toda Acaya (18, 1 ss.). �C�mo habr� de continuar diciendo todo lo que, por medio de Pablo, hizo el Esp�ritu Santo en Efeso? A �l (el Esp�ritu Santo) lo conocieron, por la ense�anza de Pablo, quienes anteriormente no lo conoc�an. Pues despu�s de que Pablo les impuso las manos y vino sobre ellos el Esp�ritu Santo, �se pusieron a hablar en lenguas y a profetizar� (Hech 19, 6). Y tanta era la gracia del Esp�ritu sobre �l que no s�lo el contacto con �l produc�a la salvaci�n, sino que tambi�n los pa�uelos y los mandiles que se hab�an separado de �l curaban las enfermedades y se retiraban los malos esp�ritus (Hech 19, 12). Adem�s, los que se hab�an dedicado a las artes esot�ricas �reunieron los libros y los quemaron delante de todos� (19, 19).

   31. Paso por encima de lo realizado tambi�n en Tr�ade, en Eutico, que, vencido por el sue�o, �se cay� del piso tercero abajo� y �lo encontraron ya cad�ver� (Hech 20, 9), pero fue devuelto sano y salvo por Pablo (cf. 20, 10). Paso por alto la profec�a que expuso ante los presb�teros de Efeso convocados en Mileto, a los que explic� ampliamente: �Solamente s� que en cada ciudad el Esp�ritu Santo me testifica que...�, etc. (20, 23 ss.). Por las palabras �en cada ciudad� hac�a Pablo referencia a las cosas admirables que hab�a hecho en cada lugar y que proven�an de la acci�n del Esp�ritu Santo: por voluntad de Dios y en nombre de Cristo que hablaba en �l. Por la fuerza de este Esp�ritu Santo, Pablo tambi�n ven�a decidido a esta santa ciudad de Jerusal�n, aunque Agabo profetizaba por el Esp�ritu las cosas que le hab�an de suceder (cf. Hech 21, 10). Pero �l expon�a entre los pueblos su doctrina con la confianza de Cristo. Trasladado a Cesarea (23, 23 ss.), sentado en medio de los jueces, ante F�lix (24, 10 ss.) o bien ante el procurador Festo o ante el rey Agripa, Pablo, por el Esp�ritu Santo y con la sabidur�a de la gracia vencedora, consigui� que el mismo rey de los jud�os, Agripa, dijese: �Por poco, con tus argumentos, haces de m� un cristiano� (26, 28). El mismo Esp�ritu Santo concedi� a Pablo que en la isla de Mileto no resultase herido en absoluto al ser mordido por una v�bora y que realizase diversas curaciones con enfermos (Hech 28, 1-9). El mismo Esp�ritu Santo condujo al antiguo perseguidor como heraldo a la Roma regia. Persuadi� a muchos de los jud�os que all� viv�an a que creyesen en Cristo y a quienes contradec�an les hablaba claramente: �Con raz�n habl� el Esp�ritu Santo a vuestros padres por medio del profeta Isa�as..., etc.� (28, 25)(31).

Pablo mismo estaba lleno del Esp�ritu Santo

   Pero que Pablo estaba lleno del Esp�ritu Santo, y tambi�n los dem�s ap�stoles semejantes a �l y a los que despu�s de ellos creen en el Padre, el Hijo y el Esp�ritu Santo(32), escuchaselo claramente a �l mismo que en sus cartas escribe: �Mi palabra y mi predicaci�n no tuvieron nada de los persuasivos discursos de la sabidur�a�, sino que fueron una demostraci�n del Esp�ritu y del poder� (1 Cor 2, 4). Y tambi�n: �... y el que nos marc� con su sello y nos dio en arras el Esp�ritu en nuestros corazones� (2 Cor 1, 22). Y: �Aquel que resucit� a Cristo de entre los muertos dar� tambi�n la vida a nuestros cuerpos mortales� (Rm 8, 3). Y a su vez, escribiendo a Timoteo, le dice que ha conservado el dep�sito de la fe (cf. 2 Tim 4, 6-8) �por el Esp�ritu Santo que nos ha sido dado� (Rm 5, 5).

El Esp�tu Santo tiene su propia actuaci�n

33. Y que el Esp�ritu Santo tiene su propia subsistencia, vive, habla y anuncia lo que ha de suceder es algo que muchas veces ya hemos dicho en las cosas tratadas anteriormente. De modo penetrante escribe Pablo a Timoteo: �El Esp�ritu dice claramente que en los �ltimos tiempos algunos apostatar�n de la fe� (1 Tim 4, 1). Esto lo vemos no s�lo en los tiempos antiguos, sino en la escisiones de nuestra �poca, puesto que los herejes ense�an diversos errores que adoptan formas diferentes. Y dice �l tambi�n: �... que en generaciones pasadas no fue dado a conocer a los hombres, como ha sido ahora revelado a sus santos ap�stoles y profetas por el Esp�ritu� (Ef 3, 5). Y a su vez: �Por eso, como dice el Esp�ritu Santo� (Hebr 3, 7), y: �tambi�n el Esp�ritu Santo nos da testimonio de ello� (Hebr 10, 15). Tambi�n aclama a los soldados de la justicia diciendo: �Tomad, tambi�n, el yelmo de la salvaci�n y la espada del Esp�ritu, que es la Palabra de Dios; siempre en oraci�n y s�plica� (Ef 6, 17-18). Y de nuevo: �No os embriagu�is de vino, que es causa de libertinaje; llenaos m�s bien del Esp�ritu. Recitad entre vosotros salmos, himnos y c�nticos inspirados� (5, 18-19). Y, por �ltimo: �La gracia del Se�or Jesucristo, el amor de Dios y la comuni�n del Esp�ritu Santo sean con todos vosotros�.

Se debe aceptar, pues, al Espiritu Santo

   34. Por todo lo cual y por otras muchas cosas que no se han mencionado se recomienda vivamente que los hombres acepten la fuerza personal, santificadora y eficazmente activa del Esp�ritu Santo. Pues me faltar�a tiempo para hablar, si quisiera continuar, de lo que queda por decir acerca del Esp�ritu Santo en las catorce ep�stolas de San Pablo, en las que �l ense�� diversa, �ntegra y piadosamente. Pero que se nos conceda el don de la fuerza del Esp�ritu Santo mismo para que se nos dispensen las cosas que hemos pasado por alto por escasez de tiempo y a vosotros, que est�is escuchando, se os conceda un conocimiento m�s completo de lo que falta. Quienes entre vosotros sean estudiosos, aprendan estas cosas mediante una m�s frecuente lectura de la Sagrada Escritura, aunque de las presentes catequesis y de lo que anteriormente tratamos han sacado una fe m�s firme �en un solo Dios Padre todopoderoso y en nuestro Se�or Jesucristo, su Hijo unig�nito; y en el Esp�ritu Santo Par�clito�. Pero este t�rmino y la denominaci�n �Esp�ritu� se adoptan muy frecuentemente en la Escritura �pues del Padre se dice: �Dios es esp�ritu�, como est� escrito en el evangelio de Juan (4, 24)� y tambi�n sobre el Hijo: �El Esp�ritu ante nuestro rostro, Cristo el Se�or�, como dice el profeta Jerem�as (Lm 4, 20). Y acerca del Esp�ritu Santo: �Pero el Par�clito el Esp�ritu Santo� (Jn 14, 26), como se ha dicho. Por tanto, lo que se ha percibido piadosamente en la fe arrincone tambi�n el error de Sabelio(33). Pero volvamos ahora a lo que urge y a vosotros os es �til.

El sellar� tu alma

   Ten cuidado de que no te suceda que, a ejemplo de Sim�n, te acerques al bautismo con simulaci�n, pero tu coraz�n no est� buscando la verdad. Nosotros debemos advert�rtelo y t� debes precaverte. Dichoso t�, si te mantienes en la fe. Pero si por infidelidad caes, rechaza ya desde este d�a la infidelidad y rev�stete de firmes convicciones. Pues cuando se acerque el tiempo del bautismo y vayas a los obispos o a los presb�teros o a los di�conos (en todos los lugares se concede la gracia, tanto en los pueblos como en las ciudades, tanto por medio de incultos como de eruditos, por siervos y por libres, como quiera que no es gracia que viene de los hombres, sino que es un don concedido por Dios por medio de los hombres), t� ac�rcate al que bautiza, pero no detengas tu mente en el aspecto del hombre al que ves, sino acu�rdate del Esp�ritu Santo del que ahora hablamos. Pues �l est� dispuesto a sellar tu alma y te regalar� una se�al celestial y divina ante la que tiemblan los demonios, seg�n est� tambi�n escrito: �En �l tambi�n vosotros, tras haber... cre�do tambi�n en �l, fuisteis sellados con el Esp�ritu Santo de la Promesa� (Ef 1, 13).

Acercarse con sinceridad para recibir la fuerza del Esp�ritu

   36. Pero �l prueba al alma y no arroja las piedras preciosas a los cerdos (Mt 7, 6). Si te acercas con fingimientos, los hombres ciertamente te bautizar�n, pero no te bautizar� el Esp�ritu. Pero si te acercas desde la fe, los hombres har�n lo que corresponde a lo que se ve con los ojos y el Esp�ritu Santo conceder� lo que no es exteriormente visible. En el espacio de una hora te acercas al examen o a la selecci�n de un importante ej�rcito. Pero si ese tiempo no lo aprovechas, te sobrevendr� un mal incorregible. Sin embargo, si te haces digno de la gracia, tu alma se iluminar� y recibir�s una luz que no ten�as. Coger�s armas terribles para los demonios, de modo que, si no las pierdes, tendr�s una se�al en el alma y no se te acercar� el demonio. Saldr� huyendo de horror, puesto que los demonios se arrojan con el Esp�ritu de Dios (Mt 12, 28).

   37. Si crees, no s�lo recibir�s el perd�n de los pecados, sino que tambi�n realizar�s cosas superiores a las fuerzas humanas. Y ojal� seas digno tambi�n del don de profec�a. En tanto recibir�s la gracia en cuanto la puedas recibir y no en la medida en que yo digo. Pues puede ser que yo diga cosas peque�as, pero t� las recibas mayores, pues grande es la fe para obtener cosas. Pero el Par�clito ser� para ti principalmente guardi�n y defensor. El Par�clito se preocupar� de ti como de su propio soldado, de tus entradas y salidas (cf. Sal 121, 8) y de los que te acechan. Y te ha de dar los dones de toda clase de gracias, si no le contristas por el pecado. Pues est� escrito: �No entristezc�is al Esp�ritu Santo de Dios, con el que fuisteis sellados para el d�a de la redenci�n� (Ef 4, 30). �Y qu� es, pues, queridos, cuidar la gracia? Estad preparados para acogerla y, una vez recibida, no la ech�is a perder.

   38. Y el mismo Dios de todas las cosas, que habl� en el Esp�ritu Santo por los profetas; que lo envi� a los ap�stoles el d�a de Pentecost�s en este lugar donde estamos, que os lo env�e tambi�n a vosotros y que asimismo por �l nos proteja a nosotros, otorg�ndonos su bien a todos. De este modo, en todo tiempo produciremos los frutos del Esp�ritu Santo: amor, alegr�a, paz, paciencia, afabilidad, bondad, fidelidad, mansedumbre, dominio de s� (G�l 5, 22-23), en Cristo Jes�s Se�or nuestro. Por el cual y con el cual, juntamente con el Esp�ritu Santo, sea gloria al Padre ahora y siempre, por los siglos de los siglos. Am�n.

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NOTAS

  • [1] La presente catequesis presenta un acopio de datos acerca del Esp�ritu Santo en el Nuevo Testamento, como ya se indic�, pero el desarrollo se realiza especialmente exponiendo la acci�n del Esp�ritu en los distintos personajes de los evangelios y en los Hechos de los Ap�stoles. 

  • [2] Se refiere seg�n las palabras de I Cor 2,12, a �las gracias que Dios nos ha otorgado�.

  • [3] Sobre estos asuntos, cf. las cat. 6, 7, 8 y 9.

  • [4] Subsistente: la expresi�n se refiere a que el Esp�ritu Santo posee las caracter�sticas de la subsistencia e Hip�stasis (ambas palabras significan lo mismo, con la diferencia de que la primera proviene del lat�n (subsistere y sub-stare) y la segunda del griego (hyp�-st�nai). Expresado con palabras sencillas, es como si dij�ramos que el Esp�ritu Santo tiene consistencia propia, como tambi�n la tienen el Padre y el Hijo, pero es la propia sub-sistencia de cada uno lo que permite distinguirlos y reconocerles a cada uno personalidad propia (�tres personas distintas� aunque relacionadas entre s�).  

  • [5] La afirmaci�n, en el contexto de Rom 1,3-4, se refiere en sentido propio a Jesucristo: �... su Hijo, nacido del linaje de David seg�n la carne, constituido Hijo de Dios con poder, seg�n el Esp�ritu de santidad, por su resurrecci�n de entre los muertos�. El texto, ya mencionado anteriormente, expresa en un contexto todav�a m�s amplio, Rom 1,1-7, la �ntima uni�n del Hijo con el Padre y el Espiritu (cf. adem�s lo dicho en la nota 4). Todo, en el marco de la salvaci�n por la resurrecci�n y del se�orio de Cristo ( 1,4). 

  • [6] Literalmente: �es subsistente�. Vid. nota 4. 

  • [7] Cf. cat. 16, n�ms. 3 y 6. 

  • [8] Cf. cat. 21, n�m. 1. 

  • [9] El planteamiento es claramente cristoc�ntrico: lo que se ha de realizar en los cristianos se hace patente en primer lugar en Jes�s, puesto que el camino del cristiano es el que, como primero de todos, ha recorrido Jes�s. Si el Esp�ritu Santo ha de descender sobre cada uno, es porque en primer lugar ha descendido sobre Jes�s (en su bautismo y, antes, sobre Mar�a en su concepci�n). 

  • [10] Jes�s, manifestado en el bautismo, es la imagen y el ejemplo de lo que ser� la trayectoria del cristiano. 

  • [11] Es decir, las palabras citadas del Cantar de los Cantares ser�an profec�a de la manifestaci�n del Espiritu Santo en el bautismo.

  • [12] El arca de No�, el agua, la paloma han sido siempre imagen del bautismo. La primera expresi�n literaria de esto, ya en I Pe 3,20-21: �...en los d�as en que No� constru�a el Arca,... fueron salvados a trav�s del agua; a �sta corresponde ahora el bautismo que os salva�. 

  • [13] �Al atardecer�, como la paloma de No� junto a la madera del arca. Era ya por la tarde cuando muere Jes�s. 

  • [14] De hecho, en el Nuevo Testamento, el orden de los acontecimientos es el siguiente: actividad y predicaci�n de Jes�s, promesa del Esplritu Santo (a ello se refiere especialmente el presente p�rrafo 11), su muerte, resurrecci�n en Pentecost�s, cuando tiene lugar el cumplimiento de la promesa del Esp�ritu. Jn 20,22, sin embargo, tal como se�ala el comienzo del p�rr. 12, indica que el mismo d�a de la Resurrecci�n ya recibieron los ap�stoles una comunicaci�n del Espiritu Santo. 

  • [15] En la creaci�n, un soplo o h�lito de vida. 

  • [16] Recu�rdese lo dicho anteriormente sobre el �descenso a los infiernos� tras la muerte y sepultura de Jes�s. 

  • [17] Ya se explic� que �bautismo�, �bautizado�, tienen que ver, etimol�gicamente, con �inmersi�n� y �sumergidos�. En las presentes expresiones de Cirilo hay como una referencia a una �inmersi�n� en el Esp�ritu.

  • [18] Maestro de ret�rica u oratoria. 

  • [19] Todo el episodio de la torre de Babel, en G�n 11,1-9. 

  • [20] El mismo Jes�s emplea la imagen del �vino nuevo�, por ej., en Mt 9, 17. 

  • [21] En el acontecimiento de Pentecost�s narrado en Hech 2. 

  • [22] El d�a de Pentecost�s. Es decir, Jes�s fue crucificado a la hora tercia y la venida del Esp�ritu Santo en Pentecost�s tuvo lugar tambi�n a la hora tercia. 

  • [23] El texto de Hech 5,19 dice: �el �ngel del Se�or�. La expresi�n equivale generalmente, en el Antiguo Testamento, a Dios mismo. Todo el episodio, a partir de 5,17.

  • [24] Los pr�ncipes de los sacerdotes. 

  • [25] �St�phanos� significa en griego corona. Cirilo piensa quiz� en la corona del martirio. Es el primer m�rtir cristiano conocido. 

  • [26] Hech 8, 39 dice: �El Esp�ritu del Se�or arrebat� a Felipe�. Aunque en una de las variantes textuales se encuentra: �El Esp�ritu Santo cay� sobre el eunuco, y el �ngel del Se�or arrebat� a Felipe�. 

  • [27] De nuevo �sfragis�, sello, con el mismo sentido del �car�cter� sacramental que ya anteriormente se expuso. 

  • [28] La afirmaci�n de Cirilo de que Pablo estuvo en Espa�a es clara pero poco concreta. Sobre el inter�s manifestado por Pablo en llegar hasta Espa�a, cf. Rom 15,24. En general, no cabe la menor duda de la fuerza del Esp�ritu Santo en la itinerante actividad misionera de Pablo, que es entre los ap�stoles aunque no pertenece al grupo originario de �los Doce� quien quiz� m�s hizo por la universalizaci�n del cristianismo.

  • [29] El relato de Hech 10 hace ver que dentro del lienzo �hab�a toda suerte de cuadr�pedos, reptiles de la tierra y aves del cielo� (v.12). A Pedro se le invita a comer de estos animales con el argumento de que �lo que Dios ha purificado no lo llames t� profano� (v.15). Con ello, adem�s de que se anula la distinci�n entre alimentos puros e impuros, se afirma tambi�n simb�licamente que no existen hombres puros e impuros. Asi cualquier hombre, aunque fuese �gentil�, pod�a recibir el anuncio del Evangelio. Este es el sentido de las palabras de la catequesis de Cirilo en el presente p�rrafo. Pablo fue especialmente el ap�stol de los gentiles, pero Pedro lleg�, mediante esta visi�n, al conocimiento de que la salvaci�n en Jesucristo estaba destinada a los hombres de cualquier pueblo. El final del episodio es el bautismo de los primeros gentiles, cuya necesidad queda evidenciada por el descenso del Esp�ritu sobre los presentes (vv. 44-48). Todo el significativo episodio ocupa integro el capitulo 10 de los Hechos y se presenta una prueba de que el Esp�ritu Santo ampli� el horizonte de la misi�n cristiana.

  • [30] �Nos ha parecido� se ajusta m�s tanto al NT griego como a la versi�n de la Vulgata. El episodio al que se refiere el presente p�rrafo fue extremadamente importante (completa, por otra parte, el sentido, el bautismo del centuri�n romano Cornelio y de los primeros gentiles) pues se trataba de dilucidar si era necesaria la incorporaci�n previa a la ley jud�a de quienes quer�an hacerse cristianos. La respuesta de los ap�stoles en la asamblea de Jerusal�n fue negativa. Aparte de lo que esto pudo suponer de aprobaci�n del camino de Pablo y de sus concepciones teol�gicas (cf. G�l 2, 1-10), supuso la desconexi�n jur�dica definitiva del cristianismo de todo el mundo del juda�smo. Eso liber� a la nueva fe de todo aspecto de reclusi�n en un gheto y permiti� al cristianismo adoptar aires de aut�ntica universalidad. 

  • [31] Salvo dos vers�culos m�s de ep�logo, el libro de los Hechos se cierra, de modo bastante sentencioso, con la cita que Pablo hace de Is 6, 9-11, precedida de Hech 28, 24-25 (los hechos referidos tienen lugar en Roma): �Unos cre�an por sus palabras y otros en cambio permanec�a incr�dulos. Cuando en desacuerdo entre s� mismos ya se marchaban, Pablo dijo esta sola cosa: "Ve a encontrar a este pueblo y dile: Escuchar�is bien, pero no entender�is mirar�is bien, pero no ver�is.."� Todo el conjunto est� formado por Hech 28, 24-28. Este �ltimo vers�culo recoge tambi�n una frase bastante lapidaria de Pablo: �Sabed pues, que esta salvaci�n de Dios ha sido enviada a los gentiles, ellos si que la oir�n�. Con todo ello, el drama de Pablo es el mismo drama de Jes�s, tan perfectamente descrito en Mateo y, en otra perspectiva, en Juan: el rechazo por el pueblo que tan ansiosamente hab�a esperado durante siglos. Pero tambi�n este desarrollo dram�tico de los acontecimientos contribuy� a la universalizaci�n del cristianismo. 

  • [32] Algunos c�dices a�aden aqu� �consustancial�, quedando la frase �y el Esp�ritu Santo consustancial�, pero es muy dudoso que est� empleada aqu� la palabra en la alocuci�n original de Cirilo, puesto que no aparece en la mayor�a de los c�dices. Es, con bastante probabilidad, una a�adidura posterior, aunque se trate de una precisi�n correcta. 

  • [33] Es decir, puesto que el Padre, el Hijo y el Esp�ritu Santo tienen personalidad propia y distinta, no hay lugar para afirmar que los tres son simplemente modos distintos de presentarse el Dios �nico. 

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