Magisterio de la Iglesia
Ad catholici
sacerdotii
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71. La oposición en las clases mejor situadas Preciso es confesar, por desgracia, que con frecuencia, con demasiada
frecuencia, los padres, aun los que se glorían de ser sinceramente cristianos y
católicos, especialmente en las clases más altas y más cultas de la sociedad,
parece que no aciertan a conformarse con la vocación sacerdotal o religiosa de
sus hijos, y no tienen escrúpulo de combatir la divina vocación con toda
suerte de argumentos, aun valiéndose de medios capaces de poner en peligro no sólo
la vocación a un estado más perfecto, sino aun la conciencia misma y la
salvación eterna de aquellas almas que, sin embargo, deberían serles tan
queridas. IV. CONCLUSIÓN 1. Consejo de santidad y renovación 72. Exhortación a ser sacerdotes santos Y ahora queremos dirigir directamente nuestra paternal palabra a todos vosotros, queridos hijos, sacerdotes del Altísimo, de uno y otro clero, esparcidos por todo el orbe católico: llegue a vosotros, gloria y gozo nuestro Mas, para que vuestra acción sea de veras bendecida por Dios y produzca fruto copioso, es necesario que esté fundada en la santidad de la vida. Esta es, como ya declaramos antes, la primera y más importante dote del sacerdote católico; sin ésta, las demás valen poco; con ésta, aun cuando las otras no sean tan eminentes, se pueden hacer maravillas, como se verificó (por citar sólo algunos ejemplos) en San José de Cupertino y, en tiempos más cercanos a nosotros, en aquel humilde cura de Ars, San Juan María Vianney, antes mencionado, a quien Nos pusimos por modelo y nombramos celestial patrono de todos los párrocos. Así, pues, ved —os diremos con el Apóstol de las Gentes—, considerad vuestra vocación 73. Los santos ejercicios se recomiendan A esto os ayudará sumamente aquel medio que nuestro predecesor, de s. m., Pío X, en su piadosísima y afectuosísima Exhortación al Clero católico 74. Ejercicios espirituales; renovación de la gracia de la ordenación En el retiro y en el recogimiento podrá también reavivar la gracia de Dios 75. Y para consolidación del progreso espiritual y bien de las almas De ese tiempo de recogimiento y de oración ellos y todos saldréis bien pertrechados contra las asechanzas del mundo; llenos de celo santo por la salvación de las almas; completamente inflamados en amor de Dios, como deben estar los sacerdotes, más que nunca en estos tiempos, en los que, junto a tanta corrupción y perversión diabólica, se nota en todas partes del mundo un poderoso despertar religioso en las almas, un soplo del Espíritu Santo que se extiende sobre el mundo para santificarlo y para renovar con su fuerza creadora la faz de la tierra 76. Exhortación a los seminaristas Antes de terminar, queremos, oh jóvenes que os estáis formando para el sacerdocio, volver hacia vosotros con la más particular ternura nuestro pensamiento y dirigiros nuestra palabra, encomendándoos de lo más íntimo del corazón que os preparéis con todo empeño para la gran misión a que Dios os llama. Vosotros sois la esperanza de la Iglesia y de los pueblos, que mucho o, por mejor decir, todo lo esperan de vosotros; porque de vosotros esperan aquel conocimiento de Dios y de Jesucristo, activo y vivificante, en el cual consiste la vida eterna Sólo
así podréis continuar las gloriosas tradiciones del sacerdocio católico y
acelerar la hora tan deseada en la cual la humanidad pueda gozar los frutos de
la paz de Cristo en el reino de Cristo. 77. La misa votiva del Sumo y Eterno Sacerdote
Para terminar ya esta nuestra carta, nos complacemos en comunicaros a vosotros,
venerables hermanos nuestros en el episcopado, y por vuestro medio a todos
nuestros queridos hijos de uno y otro clero, que como solemne testimonio de
nuestro agradecimiento por la santa cooperación con que ellos, siguiendo
vuestra dirección y ejemplo, han hecho tan abundantemente fructuoso para las
almas este Año de la Redención; y más todavía para que sea perenne el
piadoso recuerdo y la glorificación de aquel sacerdocio del cual el nuestro y
el vuestro, venerables hermanos, y el de todos los sacerdotes de Jesucristo, no
es sino una participación, hemos creído oportuno, oído el parecer de la
Sagrada Congregación de Ritos, preparar una Misa propia votiva de Jesucristo,
sumo y eterno Sacerdote, que tenemos el gusto y consuelo de publicar junto con
esta nuestra carta encíclica, y que se podrá celebrar los jueves, conforme a
las prescripciones litúrgicas. 78. Bendición Apostólica
No nos queda, venerables hermanos, sino dar a todos la bendición apostólica y
paterna, que todos desean y esperan del Padre común; la cual sea bendición de
acción de gracias por todos los beneficios concedidos por la Divina Bondad en
estos dos Años Santos extraordinarios de la Redención, y que sea también una
prenda de felicitaciones para el año nuevo que va a comenzar. Dado
en Roma, junto a San Pedro, a 20 de diciembre de 1935, en el 56° aniversario
de nuestra ordenación sacerdotal, de nuestro pontificado año decimocuarto.
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NOTAS (151)
Cf. CIC (1917) c.971. (152)
1 Tes 2,20. (153)
Mt 20,12. (154)
Mt 5,13-14.
(155)
1 Cor 1,26. (156)
Ef 4,1. (157)
Haerent animo (4 agosto
1908): ASS 41,555-575 (158)
D. d.(20 dic. 1929): AAS 21,689-706. (159)
Cf. Jn 4,14. (160)
Cf. CIC (1917) c.126.595.1001.1367. (161)
Cf. AAS 21,705.
(162)
Cf. 2 Tim 1,6. (163)
Cf. Ep. 27, ad Ardut.: PL 182,131. /164)
Cf. Sal 103,30. (165)
Jn 4,42. (166)
Jn 17,3.
(167)
Cf. Pont. Rom. de ordinat. presbyt.