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| Depues de salir del planeta de Phindar; donde Obi-Wan y Qui-Gon habían sido secuestrados, se encontraban atradados en un mundo perverso. El Sindicato que controlaba la gente borrando sus memorias tenái el control del planeta. La unica esperanza descanzaba en una banda de rebeldes. Qui-Gon y Obi-Wan estaban enmedio de una guerra de mentes. Y si no era cuidadosos, sus propios pasados serían borrados para siempre. |
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STAR WARS: |
| En el sitio del mercado de la ciudad de Bandor estaba lleno de gentes cuando Obi-Wan lo atravesaba tambien. El hubiera querido detenerse para comprar una pieza de la fruta de muja; pero los pasos de Qui-Gon no mermaban. El maestro de Obi-Wan se movía a travez de la multitud entre las calles con movimientos fluidos como un río. Sin hacer siquiera hacerse notar, el hacía un camino con muy poca energía. Obi-Wan se sentía como un tonto que se arrastra en la arena comparado con ese gracioso guerrero estelar. Obi-Wan era cuidadoso y le mantenía el ritmo. Estaba a punto a partir en su primerísima misión oficial con Qui-Gon. Este Caballero Jedi había sido reluctante al tomar a Obi-Wan como su aprendiz. Hasta ahora ambos habían participado en combates y aventuras, pero Qui-Gon había estado ignorando. Solo en su ultima aventura, ambos encararon la muerte en las profundidades de túneles de las minas de Bandor, Qui-Gon hizo la desición de aceptarlo como su aprendiz. Obi-Wan no estaba aún seguro de los sentimientos de su maestro hacia el. Qui-Gon era un hombre callado que no compartía sus pensamientos con nadie; hasta que fuera eso necesario. Obi-Wan sabía muy poco sobre la misión que estaban por empezar. Hubiera deseado tener la paciencia de esperar a que Qui-Gon le diera los detalles. Mientras tanto, tenía en mente una pregunta crucial que le quemaban los labios, una pregunta que no se atrevía a hacer: ¿Sabía Qui-Gon que HOY era el día de su cumpleaños? Ese mismo día cumplía trece años. Este cumpleaños era una muy importante ocasión para un Aprendiz de Jedi. Aún no era oficialmente un Padawan. Tracionalmente, este cumpleaños no era marcado por ninguna celebración, pero era observado en silencio, con la reflexión y meditación. Obi-Wan estaba al tanto con esa parte de la tadición y además de la recibir un regalo muy prometedor de su Maestro. Qui-Gon no lo había mencionado esta mañana. No cuando comían su desayuno, ó preparado para la jornada, ó caminado por la plataforma de desabordo. Qui-Gon apenas si había hablado un par de palabras. ¿Había acaso olvidado? ¿acaso lo sabía? Obi-Wan deseaba recordarle a Qui-Gon, pero su relación era muy reciente. No quería que su Maestro pensara que el era ambicioso, egoísta o lo que era peor, un engreido. Seguramente Yoda le habría dicho a Qui-Gon. Obi-Wan sabía que los dos Maestros Jedi estaban en constante contacto entre sí. Tal vez la misión a que iban era tan importante que a Yoda se le habría olvidado tambien. Pasaron al ultimo vendedor de la calle, salieron por un pasaje y arribaron en la plataforma de desabordo. El Gobernador de Bandomeer había preparado un transporte para ellos en gratitud por su trabajo. Ella había encontrado una pequeña nave de comercio que los llevaría en su jornada al planeta Gala. Obi-Wan sabía que una vez en la nave, la plática se concentraría en la misión que tendrían. ¿Debería decirle a Qui-Gon de su cumpleaños en ese momento? Frente a ellos, un alto piloto cargaba cajas de transporte hacia la nave. Obi-Wan apuró su paso para alcanzarlo, pero Qui-Gon puso su mano en su hombro. "Cierra tus ojos, Obi-Wan," el dijo. Obi-Wan murmuró suavemente. Ahora No ! rogaba. Sabía que Qui-Gon estaba jugandole un ejercicio clásico jedi: La atención a lo que sucede en el momento actual dá sabiduría. En el Templo, Obi-Wan siempre lo había hecho bien como ejercicio. Pero toda la mañana había estado distraido, y apenas podía recordar alguna cosa, menos su cumpleaños. "Que es lo que ves? Preguntó Qui-Gon. Con los ojos cerrados, Obi-Wan buscó entre sus pensamientos; que estaban sumergidos en una gran tormenta. Encontró unas observaciones en el aire, recordando cosas que sus ojos había visto pero su mente nó. "Una pequeña nave de transporte con un gran golpe en el flanco derecho, varias salpicaduras bajo la cabina del pilto. Un piloto Phindian con su gorra de vuelo, saco y uñas sucias. Doce cajas de carga listas para ser cargadas, una bolsa de vuelo, un kit de emergencias..." "El hangar," re preguntó Qui-Gon gentilmente. "Una vieja roca cerca de tres bahías de carga. rupturas verticales que bajan por la roca, una linea verde que crece trece metros bajo el cielo razo a la izquierda, con flores purpuras cuatro metros abajo..." "Seis metros." Qui-Gon corrigió. "Abre tus ojos Obi-Wan." Sus ojos se abrieron. La concentración de Qui-Gon lo estudiaban, haciendole sentir, como siempre, que su lightsaber se arrastraba en el suelo, ó su túnica estaba desteñida. "Tu estás distraido por algo, ¿ Obi-Wan? pregunto Qui-Gon. "Es mi primera misión, Maestro" respondió Obi-Wan "Quiero hacerlo bien." Qui-Gon respondió neutralmente. El esperó, sus ojos no dejaban la mirada de Obi-Wan. Era prohivido para un aprendiz el mentir a su Maestro, conciliar la verdad ó incluso ocultarla. Obi-Wan deseaba que sus pies no se levantaran y que sus ojos estubieran firmes ante la mirada de Qui-Gon. "Tal vez me encuentro distraido por algo mas personal, Maestro. " Un brillo de gentileza de repente inundaron los ojos de Qui-Gon. "Ah. ¿Un cumpleaños tal vez?" Obi-Wan se sonrojó, una sonrisa se le escapó. "Entonces desearias esperar un regalo" Qui-Gon frunció el seño. Se le había olvidado despues de todo !!! Pero despues de solo un instante, metió su mano en su bolsillo de su túnica. Su mano larga y fuerte emergió abrazando algo oculto en su palma. Obi-Wan estaba observando a la expectativa. Los Maestros usualmente piensan por semanas ó por meses acerca de sus regalos, muy a menudo viajando muy lejos por un cristal de la curación, por una sabana ó capa del planeta de Pasmin, que están hechos del material mas fino y casi sin peso de la galáxia. Qui-Gon puso en la mano de Obi-Wan una roca redonda. "La Encontré hace muchos años," Qui-Gon le explicaba "Cuando no era mayor de lo que tú eres hoy." Educadamente, Obi-Wan observaba aquella roca. ¿Acaso contenía alguna clase de poder? "La encontré en el Río de Luz en mi planeta natal," continuaba Qui-Gon. ¿Y? se preguntaba Obi-Wan. Pero Qui-Gon estaba silenciado. Obi-Wan se dió cuenta que aquel presente de su Maestro era exactamente lo que parecía ser: Una Roca. Qui-Gon no era un Maestro como cualquiera. Obi-Wan lo sabía muy bien. Así que observó de nuevo su regalo de nuevo. Sus dedos se cerraban alrrededor del objeto redondo. Se sentía suave y pulido. Le gustó la forma en que se sentía en su mano. Y cuando la luz del día le daba directamente podía ver rayos rojos a travez de la oscuridad pulida de la roca. Se dió cuenta que la roca era hermosa. Miró a los ojos a Qui-Gon. "Gracias, Maestro. Lo atesoraré." "¿Y ya cumpliste el ritual del cumpleaños del Padawan? preguntó Qui-Gon. Solo recordando el pasado podemos aprender del presente. Cada Padawan en su treceavo cumpleaños, debe tomar un poco de tiempo a solas para refexionar. Ambas; buenas y malos recuerdos deben ser consultados y meditados. "No tenemos tiempo ahora, Maestro," Admitió Obi-Wan. Su mision en Bandomeer había sido llena de peligros - El había sido raptado y abandonado en la plataformas de las minas, entre otras cosas. Qui-Gon bien sabía que no había tenido tiempo. ¿Porqué preguntaba? "Si, el tiempo es evadizo," Qui-Gon dijo sin moverse. "Pero es mejor seguirle la pista. Vamos, el piloto nos espera." Obi-Wan seguió a Qui-Gon, luchando contra el sentimiento de des-esperanza. ¿Habría algún día de complacer a su Maestro? Justo cuando sintió que Qui-Gon le había dado una base fuerte de su confianza; ahora estaba colgando en el aire. Supo entonces que la única cosa que verdaderamente Qui-Gon le había dado era la roca. |
| El Rival Oscuro |