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Entrevista a Horst Mahler DE LA FRACCIÓN DEL EJÉRCITO ROJO A LA COMUNIDAD POPULAR
Christian Bouchet (Lutte du Peuple-Internet),
entrevistó para la revista antagonista francesa Dualpha al nacional-revolucionario
Horst Mahler, antiguo líder del '68 alemán y miembro
de la RAF (Rote Armee Fraktion, Fracción del Ejército Rojo)
Mahler es un antiguo miembro del grupo "Baader Meinhof" que llama a una batalla
contra el capitalismo, definido como enemigo del género humano, y
que sostiene que solamente los Estados Nacionales pueden ponerlo en jaque.
Señor Mahler, durante
los años setenta, usted era considerado un militante particularmente
radical de la extrema izquierda. En la actualidad, para algunos de sus viejos
compañeros es usted un traidor y un renegado. ¿Quién
ha cambiado, ellos o usted? Es difícil emitir un
juicio. Las calificaciones de "derecha" o de "izquierda" se evaluan de diferente
manera, dependiendo del puesto en el que uno se encuentra. En cuanto lo que
a mí concierne, prefiero decir aquello que pienso y que deseo, dejando
pare los demás esa voluntad y esta tarea de poner etiquetas. La idea
nacional siempre ha formado parte de las preocupaciones de la "izquierda".
Durante los años sesenta, siempre sostuvimos y apoyamos el movimiento
para la liberación de Vietnam, tomamos una clara postura para defender
el derecho de los vietnamitas de ser los dueños de sí mismos.
Incluíamos el internacionalismo en la lucha por el derecho de las
naciones. Queríamos sustraer a Alemania tanto del dominio de los yanquis
como de los soviéticos. ¿Estábamos, quizás condicionados
por nuestra historia, obligados a decir a todoslos pueblos: "venid con nosotros
e instalaros aquí, ocupad nuestro puesto"? No. Defendíamos
el derecho de organizar nuestra vida por nosotros mismos, tal y como nosotros
podamos llegar a concebirla. ¿Es usted, entonces,
un xenófobo? Los extranjeros son algo parecido
a un poco de sal en la sopa. ¿Pero le gusta a usted la sopa salada?
Si en algunas aulas, como se ha constatado, el 80 o el 90% de los alumnos
de origen extranjero son incapaces de expresarse en un alemán correcto,
entonces es legítimo que los padres alemanes trasladen a los niños
a otros colegios donde reciban una enseñanza de superior calidad.
Usted ha afirmado que "El derecho
a una patria forma parte de los derechos del hombre". ¿No es esta,
quizás, una posición de derechas? Al contrario. Esto forma parte
de los ideales de la izquierda: empeñarse tanto en los derechos de
otros pueblos como en los del pueblo propio. No es la expresión de
una ideología inhumana, sino al contrario una manifestación
de sana salud, el que un pueblo defienda su propia patria y restrinja las
influencias extranjeras. Si esto es considerado extremismo, pregunte entonces
por qué los nacional-socialistas tuvieron una repercusión tal.
Ellos utilizaron unas ideas que tenían una vasta resonancia en el
corazón de los electores. No pueden ponerse fuera de la ley unas ideas,
valores y leyes solo porque Hitler hiciese un uso abusivo de ellos.
Usted ve en las revueltas de
1968 un "impulso nacional-revolucionario". ¿Puede decirnos en qué
fundamenta su análisis? Estas tesis fueron desarrolladas
por Bernd Rabehl durante sus conferencias en Munich y Bogenhausen.
En ellas se delinea como, en el seno del movimiento del 68, las opiniones
sobre estas consideraciones divergían considerablemente. Rudi Dutschke
y Bernd Rabehl manifestaron claramente una preocupación nacional. Llamábamos
a una lucha de liberación en el exterior. A mi entender, el nacionalismo
defendido por el movimiento del 68 era sano en cuanto que defendía
el derecho de autodeterminación, en particular el derecho del pueblo
vietnamita a disponer de sí mismo. Combatíamos la política
americana de exterminio y la sumisión de Alemania Occidental a tal
política. Para mí, está claro que si nos resistíamos
a una política que había condenado a la muerte a dos millones
de ciudadanos vietnamitas, que no deseaban sino otra cosa que la voluntad
de decidir lo que era bueno para sí mismos, entonces, en tanto que
alemanes, condicionados por nuestra historia, deseabamos que Alemania operase
por la vía de la justicia. ¿No se pudiera ver,
en esta toma de posición en favor del pueblo vietnamita, una forma
de nacionalismo sustitutivo? Pienso que no. En aquella época,
aquel y no otro era el frente. Habíamos tomado posición en
lo que considerábamos una guerra civil mundial. Nos situábamos
a la vanguardia, en nuestro país, para gritar nuestra oposición
al enemigo número uno de la humanidad: el capitalismo americano. La hermana de Rudi Dutschke
piensa que su difunto hermano se retorcería en su tumba si le escuchase.
¿Qué piensa usted? Pienso que conocía muy
mal a su hermano, en su faceta de hombre político, quiero decir. Personalmente,
creo que si Rudi estuviese todavía entre nosotros, ratificaría
esto que yo sostengo. Señor Mahler, usted
fue condenado a una pena muy dura por haber sostenido a un grupo terrorista
de extrema izquierda. Hoy día, ¿cuál es su opinión
sobre la violencia política? He expuesto en diversas ocasiones
cuál fue nuestra experiencia en este campo. Aquella forma de lucha
tuvo el efecto contrario al que esperábamos. En lugar de suscitar
una especie de conciencia popular, provocó la destrucción del
grupo que la había sostenido. Esta constatación fue para mí
determinante. En lugar de acercarnos al pueblo, la violencia nos condujo
a la misantropía. No encarnamos la libertad, la justicia y la solidaridad,
que eran los motivos de nuestra lucha, sino que nos convertimos en una banda
de asesinos caracterizados políticamente. Los mismos miembros del
grupo sufrieron esta evolución. Un militante considerado como poco
fiable, debía ser ajusticiado, aunque no hubiese cometido ningún
acto de traición. Un grupo que llega a este tipo de comportamientos
no puede edificar en el mañana una sociedad mejor. ¿Qué opina, a
la inversa, de la violencia ejercida por el Estado en sus confrontaciones
con los grupos de oposición radical? Hablando sobre los casos de
persecución gubernativa de los cuales tengo conocimiento y constancia,
el Estado alemán ha llegado al punto de socavar los mismos fundamentos
de la democracia, criminalizando con todas las armas que posee a su alcance
la simple expresión de ideas y la asociación de personas. Usted ha dicho que, a sus ojos,
los sostenedores de la resistendcia nacional, actualmente encarcelados, son
los mártires de la renovación alemana. Esta afirmación
le ha sido inmediatamente reprochada. ¿Puede aclararla para nuestros
lectores? Para mí, el mártir
es quien lucha por sus ideas y acepta cualquier sufrimiento en nombre de
ellas. En este sentido, todos aquellos que son condenados por expresar unas
ideas consideradas como delito puede ser considerados en la categoría
de mártir. Esta calificación, evidentemente, no se aplica a
las personas cuyos argumentos son un bate de beisbol. Parto del principio
de aquellos que tienen de Alemania una visión positiva y se han propuesto
luchar por su renacimiento. Si son encarcelados por este motivo, son los
mártires de la causa nacional. Esto no quiere decir que comparta su
óptica en cuanto a los medios y las vías que usen para alcanzar
sus objetivos. Durante la época de los sucesos del 68 reivindiqué
para nosotros el estatuto de presos políticos. Consideraba que éramos,
en cierto sentido, los mártires del mundo por el cual combatíamos.
Mi posición, hoy, no ha cambiado, sigue siendo la misma. Solamente
la parcialidad puede despertar el estupor de algunas personas. Pero ello
me es indiferente. ¿Qué piensa Horst
Mahler de la represión que sufren los "negacionistas"? Es insoportable. Se llega a
criminalizar a personas que, en la defensa de estas opiniones, llegan a renunciar
a su carrera profesional. Aunque algunas de estas opiniones puedan llegar
a ser aberrantes, estas personas las creen. Por ello esta represión
me parece antitética a toda libertad intelectual. Niegan el holocausto
porque ello representa para ellos el horror absoluto. No soportan la idea
de que algunos alemanes deban responder por tales crímenes, y sostienen
que ellos se encontraban dotados de un sentido moral. Creyéndose víctimas
de una injusticia, asumen su convicción de patriotas, asumiendo también
el riesgo de acabar en prisión. ¿Condenados por motivos
políticos...? Los presos políticos
son para mí los ciudadanos -poco importa si de la derecha o de la izquierda-
que se preocupan por el bien común, y que por tal motivo asumen el
riesgo de cometer delitos de opinión. Ello es lo que a mis ojos les
hace simpáticos... y es por ello por lo que rechazo toda ghettización.
¿Quién pretende decidir sobre qué se debe o no se debe
discutir? Sus iniciativas contra la doble
nacionalidad han suscitado parecidos clamores. ¿Puede hablar sobre
el tema? Sostengo que todo el pueblo
alemán está amenazado de verse sumergido si se instalan entre
nosotros poblaciones alógenas y heterogeneas sobre el plano cultural,
poblaciones musulmanas cuyo ritmo de natalidad es tal que corramos el riesgo
de ser numéricamente minoritarios en apenas medio siglo. Estimo que
un pueblo se funda sobre todo sobre la sustancia cultural que le hace vivir.
La presencia en nuestro suelo de culturas alógenas, representadas
por millones de individuos, me parece una amenaza para nuestra existencia.
Es un tema que me preocupa en extremo, y creo que otras personas piensan
como yo y luchan para frenar esta evolución. ¿Se puede impedir la
doble nacionalidad? Ya hemos dado un paso en tal
sentido, aunque tímido (*). Los partidos representados en el Bundestag
tienen una mísera opinión de sus electores. Todos intentan
encontrar una obligatoriedad para imponer la doble nacionalidad, pero el
tribunal constitucional podría invalidar esta perversión. Si
la doble nacionalidad llega a imponerse, nos encontraremos ante un problema
gigantesco. Pienso que nos estamos jugando la paz civil. Los partidos representados
por nuestros políticos tienen sobre este asunto una responsabilidad
inmensa, una terrible carga. ¿Quiénes son
sus aliados en esta lucha? Todos los alemanes que intentan
seguir siendo alemanes. Y pienso que todos aquellos que hoy en día
se esfuerzan en concebirse a sí mismos como alemanes ayudan a la idea
del renacimiento nacional en la medida en que ayudan a consolidar en los espíritus
el sentimiento de que el pueblo alemán también tiene derecho
a la existencia, y que nadie puede ofenderse si se les pide que retornen
a sus países de origen. ¿Un partido es un buen
instrumento para alcanzar sus objetivos políticos? De ningún modo. ¿Puede precisar su pensamiento? Los partidos son laboratorios
de propaganda para los intereses particulares. Además, yo no soy el
único en afirmar esto, personas muy competentes han expresado esta
idea con anterioridad. El Estado es un prisionero. Debería encarnar
el interés general, pero este interés general no está
representado en el Estado ni en el parlamento. Los partidos desean ganar
elecciones, y esto no pueden conseguirlo sino haciéndose querer por
los intereses particulares. Los grupos de interés, los lobbies, vigilan
constantemente para que los partidos recojan los sufragios de las personas
sobre las que tienen influencia, y también para que los partidos cumplan
sus compromisos con estas personas. En la práctica, la política
así concebida es una combinación de intereses particulares,
donde el interés general siempre es dejado aparte. La bancarrota del
Estado es un claro ejemplo: el Estado ha dilapidado durante mucho tiempo
la economía de sus ciudadanos, y está fuera de cuestión
que un día pueda reembolsarlas. Las gentes han comprendido que el
Estado ya no puede representar su prerrogativa natural: asegurar el bienestar
de todos. Y esto es así porque ningún partido puede asegurar
una sociedad de libertad. ¿El Movimiento de Reagrupación
Nacional, que usted ha creado, está abierto a todos? Es un movimiento, no es un partido.
Debe estar abierto a todos. Su objetivo más urgente es limitar los
flujos migratorios actuales y bloquear la nueva ley sobre la doble nacionalidad.
Todos aquellos que quieren impedir el proyecto de la doble nacionalidad,
desde el ministro y presidente bávaro Stoiber hasta el antiguo
jefe del NPD, Deckert, pueden tomar parte en el Movimiento. Solamente
el pueblo tienen el derecho de decidir el propósito del derecho de
nacionalidad, no los grandes partidos, ni el Congreso Nacional Israelita. ¿Teme ser tratado como
"fascista", o piensa como nuestros lectores que la representación
del nacional-socialismo ha sido difamada y falseada con fines políticos? Usted mezcla en su pregunta
dos cosas muy diferentes. No temo la evocación de Auswitch, esa maza
blandida contra los intereses generales de los alemanes y de otros pueblos.
Necesitamos neutralizar ese arma, necesitamos afrontarla y no dejarnos intimidar.
Sin duda, la imagen del nacional-socialismo ha sido falseada, en particular
no se hacen diferencias entre las preocupaciones legítimas del pueblo
alemán en 1933 y aquello que el movimiento hitleriano llevó
o no llevó a la práctica. Hemos llegado a una situación
en la la que se piensa que todo aquello que ha podido decir el nacional-socialismo,
y más particularmente Hitler y sus sostenedores, es tabú por
el simple hecho de quien lo ha dicho, no por sí mismo. Este es el error,
porque aunque han tomado formas diferentes, los problemas siguen siendo los
mismos. Considero que es esencial devolver al ámbito de una economía
nacional aqello que hoy día está en las manos de un capitalismo
mundial sin reglas; es necesaria una economía al servicio del pueblo.
Hoy en día, la persona existe solamente en la medida en que pueda
ser de utildad para el sistema. Esta forma de sociedad es inhumana. Es necesario
ponerle fin, lo que a mi entender implica un reforzamiento del principio
de la nacionalidad. Esta demanda tomó forma en Alemania durante los
años 30. Pero no solamente en Alemania. En otros Estados europeos
se intentó imaginar una vía socialista no comunista para encarnar
los ideales nacionales. Estas tendencias eran muy fuertes en los mismos Estados
Unidos. La política de Roosevelt, que los tribunales invalidaron parcialmente
por atentar contra la constitución americana, no estaban en el fondo
muy lejanas de las medidas económicas de los nacional-socialistas.
Todo esto hoy en día es ocultado y silenciado. Ahora, nuevamente ha
llegado el tiempo en que dejemos de doblegarnos. NOTA: El amplio movimiento
de resistencia a la doble nacionalidad que se ha desplegado en Alemania,
en particular los sucesos ocasionados por una petición de la CSU de
Baviera contra el proyecto socialista, han provocado una ligera modificación
del texto inicial. En su versión actual como proyecto de ley para
implantar el "Jus Solis", todos los extranjeros nacidos en Alemania recibirían
automáticamente la doble nacionalidad, y a la edad de 23 años
deben optar por una sola nacionalidad. En su proyecto inicial, todos los
extranjeros nacidos en suelo alemán recibirían desde su nacimiento
la nacionalidad alemana y podrían conservar de forma vitalicia su
nacionalidad de origen. (Traducción de Sanyago
Rivas) volver |