Americanismo y Confort-ismo

(El confort elevado a ideología)

Ernst Niekisch


El abrumador economicismo burgués, no condicionado por una tradición feudal-estamental previa, se vinculó rápidamente con la figura de la aristocracia de la Técnica. Las figuras del sacerdote y del filósofo fueron  únicamente tomadas como apéndices rudimentarios. El impulso económico mundialmente acaparador se fusionó con el empuje técnico de dominación de la Naturaleza: El resultado fue una fuerza política y económica triunfal. No había ninguna cosa a la que no se le supiera sacar provecho ni existía ninguna dificultad para cuya superación no se buscaran todos los medios y caminos posibles. En este aspecto, uno se encontraba  en la tierra de las oportunidades sin límite, en la que aquello que pudo alguna vez parecer imposible fue hecho realidad. La vieja Europa tenía un  constante apego por las fronteras y por  las particularidades entretejidas dentro de cada una de esas fronteras.  En definitiva, por las calidades. La joven américa, en cambio, no conoce  fronteras. Las calidades no interesan, ellas son desperdicios sin valor, consuelo para los que se sumergen en lo diminuto  y que se ven forzados a descubrir su estímulo en lo irrisorio. Donde no hay fronteras, sólo se puede tener visión para las cantidades, tras lo lejano sólo se esconde lo todavía más lejano, tras lo grande lo inmenso, lo gigantesco. Lo pequeño y lo estrecho para ellos son  sólo despreciables. Uno debe guardar sus energías para no dejarse aplastar por la inmensiades.


El dominio de las grandes extensiones por un lado, y de la masiva industrialización por el otro, ha acreditado al joven americanismo. El hombre de negocios y el ingeniero trabajan hombro con hombro, el uno financia y el otro construye y dónde se abre  la perspectiva para una nueva labor, en seguida aparece el técnico con una nueva idea preparada. Debido a que no existe inclinación por la  quietud, no se llega nunca a un verdadero enraizamiento. El labrador se vincula tan poco con la tierra que trabaja como el industrial con su producción. El financiero, el plutócrata puro, toma aquí  las riendas. Él le impone industrias al suelo en aquellos lugares que cree convenientes, y las traslada sin más en cuanto lo ve conveniente. La burguesía financiera que se origina, alcanza un poder inconcebible. Pero ella no hace ostentación de  su riqueza, ella no quiere provocar. Ella se viste con sencillez y hace participar a las masas en el inmenso negocio.  Se forma un sistema muy particular de soborno de las masas, consistente en  una especie de reparto de placebos terrenales  y bendiciones prosaicas. Es el Confort-ismo.


El Confort-ismo es ciertamente la  más evidente y sincera forma de realización del liberalismo democrático. Con él se pagan las letras para el paraiso terrenal que nos prometieron a todos. Cada ciudadano debe tener su hogar equipado con respirador, horno eléctrico, baño y tantos otros superfluos utensilios propios de nuestra época. Las precauciones higiénicas han sido llevadas hasta el extremo  en panaderías, mataderos y lecherías, como si de una religión se tratara. Cada trabajo, también el de ama de casa, es ejecutado mecánicamente. Y por encima de todo: cada uno tiene su propio  automóvil con su combustible barato. Hasta el más insignificante empleado tiene la oportunidad de convertirse con él en dominador de las grandes extensiones americanas. El confort lo es todo. La medida del confort que se disfruta, es el grado de cultura que se posee. La confortabilidad de la existencia externa lleva al paraiso. Los valores personales, interiores, son totalmente ignorados, ya nadie pregunta por ellos. Personalidad, aquí, es el bañarse y cambiarse de ropa diariamente, atender todas las premisas higiénicas y conducir coche propio. Toda injusticia social se hunde en el mar del conformismo.  El revolucionario es aquel que no tiene nada que perder más que las cadenas que lo esclavizan. Quien vive en el confort se cuida mucho de no ser radical; cuando se disfruta de las comodidades, uno tiende a acomodarse.


El confortismo es el substitutivo más efectivo de la religión. Él modera las poblaciones en tanto que otorga felicidad. Es para  la ordenación  social existente,  la garantía más eficaz. Crea una comunidad de todos  los beneficiarios del confort resueltamente contraria a  todos aquellos que se atrevan a ponerlo en duda. Y no por casualidad florece el medio de apaciguamiento y de soborno de masas que es el confort-ismo con total prosperidad en América. El confortismo supone el empleo de  la plenitud de las riquezas naturales de las que “la tierra bendecida por Dios” dispone, así como de su inmenso desarrollo técnico-industrial. El desarrollo de la técnica contribuye de modo decisivo a este inmenso nivel de producción, el cual es necesario y debe ser constantemente movilizado para poder llevar a cabo el completo soborno de las masas, en el cual se basa el hasta ahora imperturbable orden democrático norteamericano. El genuino orgullo liberal, que nunca se olvida de recordarse a si mismo lo lejos que ha llegado, es alimentado por el confort-ismo: ¿Quién, cuando es llevado a lo más alto por una escalera mecánica, no se iba a sentir superior ante los demás pueblos y personas incapaces de presentar un progreso semejante? Un hombre es superior en la medida en que posee el confort. Esto es, en definitiva,  el resumen del concepto cultural norteamericano.











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