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El Santo Padre decía de ella el día
27 de septiembre, en la Eucaristía de su beatificación"La
liturgia de este día nos hace escuchar una vez mas la llamada
del profeta Isaías: "Me ha enviado para anunciar la buena
nueva a los pobres". La encarnó la beata Nazaria Ignacia
de Santa teresa March y Mesa, como atraída en su interior por
el mensaje del profeta Isaias: El Señor..me ha enviado..para
vendar los corazones desgarrados (61.1). Movida por esta ansia apostólica
fundo en Bolivia las Misioneras Cruzadas de la Iglesia, con las cuales
se propuso "bajar a la calle" para encontrar a los
hombres, solidarizarse con ellos, ayudarles, sobre todo si esos hermanos
estaban cubiertos por las llagas de las necesidades materiales como
el pobre Lázaro del Evangelio, pero principalmente para llevarlos
a Dios.
En el V centenario de la evangelización de América
son muy expresivas, no solo para sus hijas sino para todos, las
palabras de la madre Nazaria Ignacia:"En amar y cooperar con
la Iglesia en su obra de predicar el Evangelio a toda criatura, esta
nuestra vida, el ser lo que somos", universalizando su carisma,
en ese para todos.
El carisma de Nazaria Ignacia ha sido siempre como un imán de atracción a cuantos han tenido contacto con el a través de los años, de los de su vida y de su Obra. Un carisma que atrae, que arrastra convoca y cobfrega.Que anida en quienes son tocados por el, de forma estructurada y también de forma anónima, pero no por ello menos fuerte, dando sentido a su vida y fuente de su acción pastoral y cívica. Cuando Nazaria "oyó" el nombre con que Dios designaba su tarea, "Cruzada Pontificia", lo sintió vinculado al Papa, de forma operante y activa, oblativa y martirial :Como Cruzada, lucha, acción, riesgo, audacia, pero también en la clave del Siervo de Yahvé:"como muere el soldado en el fragor de la batalla, y nadie sabe su nombre".. "Mi anhelo, dirá, es glorificar a Dios y cumplir su Voluntad, en entrega absoluta por la Sanita Iglesia. Quiero encarnar ese espíritu que Dios desea anime a todo el instituto, de sacrificio callado por el ocultamiento, la acción conocida por El solo, la inmolación secreta de todo mi ser-espiritual y corporal- y con esa completa muerte mística, dar vitalidad y expansión a la santa Iglesia". Amarla, servirla, cooperar, unir fuerzas, convocar, darle vida con la propia vida. Contemplar su Misterio, que como decía pablo VI en su primera encíclica, Eclesiam Suam, es un privilegio compartir esa connatural experiencia de su Misterio. Esa fue la gracia fundacional concedida a Nazaria Ignacia.Y la oferta que ella hizo primero en América latina: Bolivia, Argentina, Uruguay logrando un primer germen que se configuro como Congregación Religiosa, sin dejarlo encerrado en esta única forma, uniendo a cuantos comulgaban con el carisma, que deslumbro a su llegada a España a personas que buscaban como orientar y entregar sus vidas a Dios. Sintieron a su paso grácil, que Dios las tenia a la espera de algo nuevo, que la fundadora cifraba en el contagioso ardor de su amor a la Iglesia. Así aquel grupo primero de Sevilla, que soñaban aires nuevos sin saber lo que soñaban, encontraron en el fulgor de su palabra, de su lenguaje nuevo la orientación de sus vidas. Constataba Maria de la Luz Tassara, una de las primeras convocadas; "con su lenguaje mezcla de andaluz y sudamericano, nos ofrecía a la Iglesia, como su espiritualidad. De si misma edad y visión adelantada Guardini, nos diría que el siglo XX seria el siglo de la Iglesia. Ya están levantando las cortinas una amable misionera y el gran sabio italo-alemán, El misterio de la Iglesia se manifestaba a la sociedad-como sociedad humana, abrazando cosas divinas y humanas- en su estructura teándrica. Nazaria veía a la Iglesia que prolongaba a Jesucristo, como una manifestación en el tiempo de la vida trinitaria. Construir la Iglesia, dilatarla, ampliarla, extenderla tanto y tanto, que con voto especialísimo se había obligado a ello. ! Sentir a la Iglesia como obra de la Trinidad! Ser para todos "una confesión de Iglesia" como una declaración enardecida, abierta, y limpia de nuestra fe y entrega a ella. Como " un pronunciamiento vibrante" para gastarse por ella, sin tasa. Para Nazaria Ignacia todos los afanes se condensaban en la Iglesia. Desde que en 1920 se hizo en ella por toque donal el querer del Señor. Nazaria al abrirse dócilmente al Misterio de la Iglesia, se abrió también de par en par a la santidad". La revelación del Misterio de la Iglesia, que
jalona en gracias especiales su crecimiento espiritual, la lleva de
la mano a esa gracia definitiva del Reino. La Iglesia en Nazaria es
ya, como después ha ido puntualizando la teología de la
Iglesia en el vaticano ll, el sacramento del Reino. Y ahí entiende
su misión, su envío para el Anuncio y la Construcción
del Reino de Dios que define como el ser de su Cruzada y la razón
de su convocación:"En ese día, creo que en el
20, por primera vez, sentí en mi alma deseos inmensos de alistar
almas bajo la bandera de Cristo, recuerdo que vi. un grupo inmenso de
almas que venían conmigo. El gran campo que describe S. Ignacio
aparecía ante mis ojos: El Divino Capitán atrajo mis miradas
y corrí tras el y fui a amarle y a servirle eternamente". La Iglesia, atravesando la historia, en el pasado siglo XX, con las dos guerras mundiales, los desastres de las muchas guerras entre los pueblos y de los pueblos mismos, las grandes tragedias humanas, y el avance sin limite de los avances científicos y técnicos, los cambios políticos, ha ido recreándose a si misma, con el surgimiento de movimientos eclesiales de ámbito universal, como una primera eclesial globalización, nutriéndose, creciendo y alumbrado al mundo, desde distintos modelos de Iglesia marcados también por el devenir histórico. En el último tercio del siglo vimos emerger
a la Iglesia con rostro de pobre. Recogiendo nuestra pequeña, humilde y corta historia, hemos ido jalonando desde aquella primera visión de Nazaria Ignacia en 1920, el siglo XX y amaneciendo en el tercer milenio, con una vivencia profunda, una mística regalada y eficaz. Sintiendo como nuestra sangre corre por las venas de la Iglesia en tres continentes, desbordada la semilla del carisma en diversas identidades, como ella soñó con diferentes formas de servirla en su masón. Si, la Iglesia sigue viva y palpitante en nosotros,
la Obra Total de Nazaria Ignacia. |
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Mercedes García-Gutierrez, m.c.i. |