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Atravesaba los Andes de Perú a Bolivia, por
caminos y carreteras tortuosos a 4.000 m. de altura. Atraídos
por el ruido de los autobuses, bajaban por los cerros, niños
y perros mendigos, para clamar, gritar y pedir PAN.
Las manitas de los niños mendigos, harapientos, se abalanzaban
sobre los vehículos. Los perros mendigos también,
gritaban y clamaban con sus alaridos, en una ansiedad común.
Algunas personas más sensibles, conociendo este fenómeno
de la larga travesía, llevaban preparados bolsas de pan,
que arrojaban desde las ventanillas. Niños y perros luchaban
igualmente por darles alcance.
Las entrañas se estremecían, ante
el espeluznante espectáculo., que sugería una fuerte
tentación, clamar, exigir a Dios que convirtiera aquellas
muchas y redondas piedras en panes.
Posiblemente también las entrañas
de Jesús de Nazaret, en aquella tarde ya atardecido, en
el que le seguían una multitud, y los apóstoles
aconsejaban que los despachara para que se volvieran a sus casas,
se estremecieron, y se dejo vencer de la tentación, multiplicando
los cinco panes y los dos peces hasta saciar a mas de 5.000 hombres,
sin contar como siempre las mujeres y los niños.
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Saciaron tanto el hambre, que quedaron
esparcidos entre los grupos, cantidades de pan, y viéndolos
Jesús, con gesto casero pidió: "recoger
los pedazos que han sobrado; que nada se desperdicie".
-Jn. 6,12-
Me indigno. Siento como una llamarada interna cuando veo
en este nuestro primer mundo desde donde ahora escribo,
el pan tirado en los contenedores de basura, en la calle,
en nuestras mismas casas. El pan que nuestros mayores
llamaban "la Carita de Dios".El pan vehículo
del sacramento cuando se hunde en el la divinidad. El
pan símbolo y sacramento de la vida.
El pan que queda sobre las mesas de las
comidas opíparas, el pan que aburridos de comer
abandonan los niños-obesos en los patios de las
escuelas. El pan tirado, igual que un sacramento profanado.
El pan que a hurtadillas, entre las sombras de la noche,
en la Gran Vía de Madrid y en otras muchas calles
de nuestras ciudades, buscan en los contenedores los emigrantes
y hasta algunos ancianos a los que no les llega el mes.
El pan nos sobra, y al comenzar cada día,
contenedores enteros se ven llenos de pan de los obradores
de las panaderías, pan limpio, hermoso, sobrante
Ese
pan que saciaría la hambruna de Etiopia, de Rodesia,
de Liberia y de tantos otros pueblos del planeta.
En este nuestro primer mundo, entre calores
veraniegos y reyertas políticas desgastantes, acabamos
de disfrutar "las vacaciones". Playas, montañas,
pueblos, hoteles, casas rurales han estado llenos.Y posiblemente
hemos ido dejando a nuestro paso un reguero de cosas sobrantes,
que nos permite multiplicar la sociedad del bienestar
de unos pocos, frente a los muchos que hambrean.
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Quizá como Iglesia tendriamos que abrir
paso al consejo de Jesús, que ante la momentánea
situación de abundancia de aquella tarde, que permitió
sobrantes, nos urgiera a "recoger lo que sobra y que no
se desperdicie nada".
Obligándonos a revisar lo que nos sobra,
en los altos niveles estructurales de la sociedad que nos proporciona
estadísticas escalofriantes, del despilfarro consumista,
del abuso del medio ambiente, de las materias primas, de los recursos
del planeta, del gasto delirante en armamento y hasta en cosméticos,
del trafico de la droga, y el trafico de personas
y también
en lo pequeño, personal y puntual.
Echándole imaginación, y mucho corazón
y entrañas abiertas a lo que podemos llegar "a multiplicar
el pan"en nuestra posibilidad de gestión.
Y por supuesto exigiendo a los que rigen el nuevo
orden mundial, y tienen en sus manos la posibilidad de multiplicar
soluciones, a las estructuras del poder a nivel planetario y globalizado,
lo que no es milagro, sino justicia: repartir en la mesa común
del planeta, el pan de todos.
Condenando y aboliendo la codicia que mata de
ansiedad al que la padece- país, pueblo, grupo humano,
persona
- y mata a los pobres, victimas de ella, cercados
por el hambre,.Codicia que podría curarse con el consejo
de Jesús de Nazaret, "recoger los pedazos que han
sobrado: que nada se desperdicie".
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