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En los últimos siete domingos Europa ha sido, en efecto,
el leit-motiv de sus alocuciones antes del rezo del Angelus; en
realidad ha realizado una glosa de su exhortación post-sinodal
Eclesia in Europa con la clara intencionalidad de "presionar"
a los políticos europeos para que incorporen en el texto
definitivo de la nueva constitución europea una clara referencia
a la contribución del cristianismo a la formación
de Europa. "El continente europeo -dijo por ejemplo el domingo
17 de agosto- que desde hace dos milenios escucha el Evangelio
del reino inaugurado por Jesús, no puede no dejarse
interpelar por esta novedad.
La fe cristiana le ha dado forma y algunos de sus valores fundamentales
han inspirado seguidamente 'el ideal democrático y los
derechos humanos' de la modernidad europea. Además de lugar
geográfico, Europa es 'un concepto' prevalentemente cultural
e histórico, caracterizado como continente gracias, en
efecto, a la fuerza unificante del cristianismo que ha sabido
integrar entre sí a pueblos y culturas diversas. No puede
negarse que, en estos tiempos nuestros, Europa atraviesa una crisis
de valores y es importante que recupe-re su verdadera identidad.
El proceso de ampliación de la Unión Europea a otros
países no puede tener sólo en cuenta factores geográficos
y económicos sino que debe traducirse en una renovada concordia
de valores que deben expresarse en el derecho en la vida".
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Más claro, el agua. Pero por si alguno
tenía aún alguna duda, el domingo siguiente, el
24 de agosto, fue aún más explícito pidiendo
que se incluya en el nuevo tratado constitucional una referencia
clara a las raíces cristianas del viejo continente.
"Reconocer esas raíces -dijo- se convierte para el
continente en su principal garantía de futuro", ya
que la inspiración espiritual encuentra en el Evangelio
"la más segura garantía para trabajar por la
libertad, la justicia y la paz de todos, creyentes o no creyentes".
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Antonio Pelayo, Roma
Tomado de "Vida Nueva"
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