Viaje a México. 1

 

En busca de los cinco luceros

Seis de junio del dos mil seis, se abre la puerta de una nueva búsqueda, nuevamente voy a averiguar si hay un lugar del mundo donde poder observar adecuadamente el espectáculo del cielo nocturno, uno de los espectáculos de la naturaleza más impresionantes, pero que cada vez resultan más difícil ver a causa de la contaminación luminosa originada por el humano moderno. En esta ocasión el lugar elegido para ver el cielo estrellado está en México, en la península de Yucatán, en lo alto de alguna pirámide templo donde se pueda ver el cielo como lo veían los antiguos mayas y dejaron escrito en sus viejos códices.

El espectáculo celestial de este año 2006 son los cinco luceros. En los días cercanos al solsticio habrá un orto vespertino múltiple espectacular. Al poco de ponerse el Sol, por el horizonte oeste, al anochecer, se verá resplandeciente al planeta Mercurio y un poco más arriba estarán Marte y Saturno muy pegaditos, en esa primera hora de la noche Júpiter estará en el cenit y poco antes del amanecer se podrá observar al planeta Venus en su orto matutino de máxima luminosidad. Los cinco luceros en menos de 12 horas.

En principio parece tarea fácil, algo así como un paseo turístico, pero no es tan sencillo, el asunto entraña enormes dificultades pues se trata de observar el cielo nocturno desde un observatorio-templo-pirámide maya.

Lo ideal sería subirse a lo alto de alguna pirámide conocida y desde allí, cómodamente, realizar la observación, pero no es posible pues tanto en Chichen Itza como en el resto de las pirámides conocidas, el tiempo de entrada en los recintos de las ruinas está limitado de 8 de la mañana a las 5 de la tarde, de tal manera que siempre es de día. Además el entorno de las ruinas está hiper iluminado así que son observatorios cegados, lugares desde donde ya no se puede ver el cielo estrellado.

Dentro de la península de Yucatán, en la zona mexicana, sólo hay dos lugares desde donde debería ser posible realizar la observación deseada; uno fácil o de dificultad mínima y otro difícil o de dificultad máxima.

Curiosamente son dos lugares relacionados con el dios del cielo al que los mayas conocen como Itzamná. Es como si en esos dos lugares se hubiera preservado al dios de cielo y aún se puede ver al gran lagarto celeste que se mueve por el firmamento.

El primer lugar, el fácil, es el pueblo de Izamal donde estaba la mayor pirámide de todo el territorio. Los dzules y sus frailes usaron sus piedras para construir el mayor claustro del mundo, donde estuvo el Papa Woytila cuando visitó México. Izamal es un lugar especial sin ninguna duda. En Izamal se mantiene en pie la tercera estructura de mayor volumen de todo México. Se trata de los restos muy deteriorados de la pirámide de Kinich Kakmó, un montículo de tierra cubierto de hierba con una escalinata central. Dentro del pueblo hay tres pirámides más; Kabul, Itzamal y Habab, quizás recordando a cuatro “bacabs” de la mitología maya. En Izamal se supone que hay alojamiento de todo tipo y buenos lugares para comer

El segundo lugar, el difícil, se trata del “Templo de las Máscaras” de Kohumlich, otra pirámide dedicada a Itzamná situada a 18:22 N y 88:43 O, al sur de Quintana Roo, cerca de la frontera con Belice a unos 100 Km. de Chetumal camino de Escárcega.

La carretera pasa a unos 10 kilómetros de las ruinas, para llegar hay que atravesar una selva espesa, llena de bichitos de todas clases, lo que dificulta mucho llegar al lugar, donde no hay hoteles, ni restaurantes, ni alojamientos, ni nada, sólo bichos, por eso la dificultad es máxima. Ya veremos cual de las dos opciones se puede realizar. A mí la segunda opción es la que más me atrae, veré la forma de equiparme y la manera de hacer el viaje. Quizás tenga que hacer un tortuoso recorrido o un largo peregrinaje para llegar a ese lugar sagrado de los antiguos mayas.

Tito Maciá


 

 

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