Regrésame...

Regresa la Silla de Plata...

 

13/10/02

Para los que querían una dosis de grunge y sus derivados el 12 de noviembre se lanza mundialmente “Riot Act”, el nuevo disco de Pearl Jam y obviamente aprovecharé la ocasión para teclear al respecto. El primer single “I Am Mine” está buenísimo y muy épico, como casi todo el rock americano post Osama. Basta escuchar a Bruce Springsteen en “The Rising”. A este paso, en los Grammy van a tener que poner la categoría “Mejor Canción Sobre Los Atentados del 11” o “Mejor Álbum Rock Sobre Aviones”.

Como aperitivo a Eddie Vedder, llega desde Australia el nuevo álbum de Silverchair. Junto a los ingleses Bush, el trío fue la avanzada del ejército de clones de Nirvana y Pearl Jam. Más que una banda, Silverchair era una fotocopia. Ni siquiera a color, sino que en blanco y negro. La única redención posible provenía de su descarada juventud: cuando lanzaron el exitoso debut “Frogstomp” (1995) los weyes bordeaban los 15 años. La posterior repetición de la fórmula en los álbumes “Freak Show” (1997) y “Neon Ballroom” (1999) anunciaba una muerte de esas que apenas merecen una línea en los obituarios rockeros. La apresurada edición de “The Best of Silverchair, Vol. 1” fue uno de los chistes del 2000. Pero los canguritos soportaron las burlas con fortaleza, sabiendo que “Volumen 1” era sólo un formalismo para sepultar su etapa como banda tributo.

Escríbanlo en la pizarra: “Diorama”  (su nuevo disco) es la reinvención de Silverchair y desde ya postula al título de Disco del Año. Daniel Johns se convirtió en dos años en genio de bolsillo y compositor inspirado. Desenfundó de su sombrero de mago unas canciones que ni él mismo soñó que tenía. Encontró en el productor David Bottrill (Peter Gabriel, Tool, King Crimson) al socio indicado. Atrás quedó la esclavitud grunge: Silverchair 2.0 se inspira en The Beach Boys, The Flaming Lips, Mercury Rev y The Beatles. Impresionantes arreglos orquestales curvan 6 de las 11 canciones. Si yo fuera Cerati, me avergonzaría un poco de mis episodios sinfónicos y colgaría el traje de Principito. Presionas PLAY y a los 17 segundos la explosión de “Across the Night” te despeina y revisas la caja del cd temiendo haberte equivocado. No, es Silverchair. “The Greatest View” rockea con la furia de antaño, pero el sonido es espacial, amplio, cómodo.

A lo largo, ancho y alto de “Diorama”, la sección rítmica a cargo de Ben Gillies (batería) y Chris Joannou (bajo) se luce. “World Upon Your Shoulders” te quema y te derrite como mantequilla. El único pecado del disco es “One Way Mule”, que parece un desecho de la era grunge, un mal recuerdo de años sin identidad. Suena como un temilla a pedido de los antiguos fans. Mejor saltarse el guatazo, ya que la siguiente “Tuna in the Brine” es de una belleza sideral. En ese quiebre el título del álbum luce perfecto: el diorama iluminado permite ver en un mismo sitio dos cosas distintas. Para cerrar el expediente Silverchair, en las notas de producción se indica que no se usó software corrector, destinado a enmendar las notas cantadas y tocadas fuera de tono. Sí, el truquillo que hace que muchos discos y recitales acústicos suenen tan bien, a lo Beto Cuevas. Más aplausos.

 

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