
Si los Beatles pasaron la prueba de fuego ante el público de La Caverna y ante Brian Epstein y George Martin, no sólo fue por su genio musical, sino también por su encanto. John, Paul y George se ocuparon de desarrollar los aspectos de la composición y el arreglo de las piezas, pero Ringo, indudablemente, fue el que puso más encanto. Richard Starkey fue el único Beatle con glamour, lo cual se confirma si observamos que de los cuatro, sólo él pudo convertirse en una estrella de cine. No de gratis las adolescentes gritonas de la beatlemanía en blanco y negro se querían casar con él y Cher le cantó "I love Ringo", pues tenía las manos saturadas de anillos (incluyendo un ópalo negro que pudo sacar de Australia mediante una "mordida"), sólo fumaba en boquilla, tenía un fino sentido del humor, un temperamento más cool que el de un padrote negro neoyorquino y ese atractivo especial de "feo tierno", muy a la Jean Paul Belmondo, que gusta a cierto tipo de chavas.
Nacido para
el boogie
Su interés
por el cine se hizo notorio desde que fungió como director de fotografía del Viaje
mágico y misterioso, además de co-dirigir, junto con Marc Bolan, el
documental sobre el glam rock: Born to boogie.
Sin embargo, su mejor aportación al séptimo arte ha sido como actor, pues
transmite su propia personalidad a cada personaje: el dueño del anillo de
diamantes buscado por una banda de hindúes asesinos en Help! de Richard Lester,
"Larry el enano" en los 200 Motels de Frank Zappa, el Papa con
botas vaqueras en Liztomanía de Ken Rusell, el terrible Teddy Boy en That'll
be the day de Christian Marquand, (basada en un libro de Terry Southern) y
el bandolero mexicano de Blindman, spaguetti western de Fernando Baldi.
Su presencia en la pantalla resulta incluso agradable como cartoon, pues es el
personaje más divertido del Submarino amarillo y tiene una buena actuación
especial en el capítulo de Los Simpson donde Marge le pinta un cuadro a
Ringo (quien por cierto, en la vida real, también es pintor).
Cuando entré a estudiar al Centro Universitario de Estudios Cinematográficos,
me hicieron un pre-examen, en el cual me preguntaron cuáles eran mis diez películas
favoritas; además de los infaltables clásicos, al estilo de El acorazado
Potiemkin y El ciudadano Kane, no pude evitar incluir en mi lista una
película que me divierte mucho: The magic chistian (Orgía dorada,
en español) de Joseph Mc Grath, escrita por Terry Southern, y con Peter Sellers
y Ringo Starr de protagonistas. Nunca me la perdí cuando la pasaban en la tele,
en "Cine permanencia voluntaria", y hasta la llegué a ver en pantalla
grande, en el cine Bella Época.
La trama es muy simple: Peter Sellers es un millonario que se aburre y adopta a
un vagabundo (Ringo), para gastarse todo su dinero con él, haciendo bromas carísimas
de mal gusto. Se trata de una comedia influenciada por el arte pop, con un
demente reparto: Roman Polanski, Chistopher Lee, John y Yoko (como ellos mismos)
y Raquel Welsh, entre otras luminarias.
Pero, ¿en qué radica el especial encanto de Ringo? Yo creo que básicamente en
su sencillez.
Un
caballero de tradición
Cuando
Brian Epstein le propuso que se integrara a los Beatles, antes de aceptar pidió
unos días para hallar un baterista substituto para el grupo que dejaba atrás:
Rory Strom & The Hurricanes. Eso es ser un caballero en la mejor tradición
de los miembros de la Mesa Redonda. Eso es tener estilo.
Ese estilo se transmitió en su star time (como le decían sus compañeros a sus
solos de batería), estilo que desbancó a Pete Best; pues se podrán decir
muchas cosas sobre su técnica para tocar la batería (algunos dirán que era
limitado y cumplidor), pero la verdad es que la batería de Ringo es inimitable;
muy sencilla, pero con estilo, mismo que se acopló de maravilla al trabajo
colectivo de su banda, de 1962 a 1970.
Soren Kierkegard, el filósofo pionero del existencialismo, escribió: "La
experiencia religiosa es una experiencia personal". Me encantaría decir a
los rockeros que hacen poses castigadoras en sus videoclips que la experiencia
musical también es una experiencia personal, algo que se vive y se goza, en
privado, sin alardes exhibicionistas, independientemente de la fama y el dinero
que se pueda producir.
Al igual que Miles Davis, Ringo rehuyó del virtuosismo, canjeándolo por buen
humor; y como una especie de gentleman epicúreo, fue el único beatle que no
sufrió ser beatle, sino por el contrario, se divirtió como enano rocanrolero.
¿Qué tiene de malo pasársela bien? Ringo no anduvo de chillón diciendo que
no soportaba las giras ni supo nada de los tejemanejes del dinero ni se torturó
con los retorcidos delirios que azotan a los genios. Cuando John sudaba frío
porque ya no sabía si era Lennon o Cristo, Ringo simplemente le daba un zape en
la cabeza y le decía: "Sí, mi Chuy, lo que tú digas", regresándolo
al mundo real y concreto. Cuando un periodista preguntó a los Beatles qué hacían
para no volverse locos al ser conscientes de que eran Los Beatles, Lennon
contestó: "Volteamos a ver a Ringo y se nos pasa". Mientras John,
Paul y George se devanaban los sesos en pos de alguna idea genial para el Sargento
Pimienta, Ringo aprendió a jugar ajedrez. Era como el gato persa del grupo,
cuando lo acariciaban, se alivianaban y seguían siendo creativos.
Echar
desmadre y rocanrolear
Gracias a su
simpatía Ringo se hizo amigo de muy buenos músicos, que grabaron discos con él
por el simple y puro placer de echar desmadre y rocanrolear, de los que yo
destaco básicamente dos: Ringo y Goodnight Vienna. Puede que
tenga buenas canciones sueltas (antes y después de estos álbumes), pero éstos
son los primordiales: sincopados, rítmicos, divertidos y cálidos; no deben
faltar en ningún hogar decente. Grabaciones en las cuales participaron grandes
figuras como Klaus Voormann (bajista y dibujante, autor de la portada de Revolver),
Billy Preston, Marc Bolan, Vini Poncia, Harry Nilsson, Tom Scott, Dr John, Elton
John y los demás ex Beatles. En la actualidad, sus All-Starr incluyen artistas
de primera línea, como Dave Edmunds, Nils Lofgren, Eric Carmen, Mark Rivera
(colaborador de Billy Joel y Foreigner), Simone Kirke (músico de Free y Bad
Company), Jack Bruce, Tod Rundgreen, Rick Danko y Levon Helm (de The Band). En
una de las tantas entrevistas que se le hicieron a los Beatles, Ringo dijo:
"Somos discretos, genuinos y británicos hasta la médula". Yo creo
que sin proponérselo, ésa es la mejor descripción que pudo hacer de él
mismo.