
En las cabezas de millones de seres humanoides existe la idea de que Paul Mc Cartney era el fresa de los Beatles, el chico bonito y bueno que complementaba al rebelde e irónico de John, a quien la muerte convirtió ante las masas en algo tan horrible como el Che Guevara o Cristo. Tal vez si Paul hubiera muerto como se rumoraba cuando salió Abbey Road (la leyenda de los pies descalzos y el cigarro en la mano) otra morsa cantaría, aunque nos hubiera privado de escuchar grandes piezas de su repertorio post beatle como "Live and let die", "Uncle Albert/Admiral Hasey", "We all stand together" e incluso la cursi y maravillosa "Silly love songs". Querámoslo o no, el mundo beatlemano se divide básicamente en dos clases de personas: las que idolatran a John Lennon y las que aman a Paul McCartney.
El problema
de McCartney
Sin duda es más
fácil idolatrar a John Lennon. Está muerto. El Dios de los roqueros le envió
un ángel llamado Mark David Chapman para sacarlo de ese envoltorio humano
sobrecargado de drogas duras y convertirlo en póster, igual que a Jim Morrison.
McCartney vive. Ese es un problema para las masas que mueren por consagrar a un
artista siempre y cuando esté muerto. Sobre John Lennon, un Paul McCartney que
se acerca sigilosamente a los 64 años ha dicho en su libro autobiográfico Many
years from now: "John era grandioso, absolutamente maravilloso y yo lo
quería. Me hizo muy feliz trabajar con él y soy admirador suyo hasta el día
de hoy... John y yo fuimos dos de las personas más afortunadas del siglo XX al
habernos conocido... Ahora que soy mayor me doy cuenta de que su hostilidad era
una máscara para ocultar la vulnerabilidad que sentía". Los que
consideran a McCartney un fresa bonito y bueno deben saber que fue Paul y no
John el responsable de buena parte de los alucines e innovaciones sonoras
utilizadas por los Beatles, como el solo de guitarra de "Tomorrow never
knows", resultado de sus experimentos con cintas de repetición continua,
mismos que ahora se conocen como loops y que son usados cotidianamente en la música
electrónica. Incluso "Revolution # 9" de John y Yoko tiene un
precedente realizado por Paul y los Beatles dieciocho meses antes, titulado
"Carnival of tape", prácticamente inconseguible y también realizado
con cintas de repetición continua. La última incursión de McCartney en la
experimentación sonora data de 1999 y puede escucharse en el alucinado disco Liverpool
sound collage, realizado ex profeso para una exposición realizada en
Londres dedicada al arte del collage. Paul recopiló cintas de grabaciones inéditas
de los Beatles, apartó algunas para hacer sus propias mezclas y repartió el
resto a los Super Furry Animals y al dj y productor Youth para hacer remixes. El
disco es un viaje esquizoide sobrecargado de mensajes y sonidos que se repiten
incesantemente modificando su velocidad y su intención, en el que aparecen de
vez en cuando las voces de John y Paul, la batería de Ringo y la guitarra de
George Harrison. En el aspecto visual McCartney tiene el mérito de haber ideado
tres de las portadas más influyentes de la historia del rock: Sargent
Pepper, Abbey Road y el álbum blanco (The Beatles).
Pequeña
nota biográfica
Pocos meses
después de terminados los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial, el 18 de
junio de 1942, nació el primer hijo de la enfermera Mary Danher y del tornero
Jim McCartney: el niño James Paul McCartney, bautizado así en honor al padre,
al abuelo y al bisabuelo. Siguiendo la tradición, Paul le puso a su hijo James,
aunque posteriormente le ha pedido al mismo que cuando tenga un hijo varón le
ponga el nombre de Lennon, para que pueda llamarse Lennon McCartney. Además de
haber compuesto varias de las melodías más suaves y memorables de los Beatles
como "Michelle" o "Yesterday", reconocida como la canción más
popular del mundo, que ha sido grabada por dos mil doscientos artistas
diferentes, Paul ha sido capaz de llegar a altos niveles de violencia sonora y
crudeza, como en el caso de "Why don´t we do it in the road?" y
"Helter skelter", una de las canciones más impactantes y tristemente
célebres de la historia, que se le ocurrió a Paul luego de leer una entrevista
con Pete Townshend de The Who en la que decía que su canción "I can see
for miles" era la canción más fuerte, más cruda, indecente e
intransigente, por lo que el entonces beatle quiso hacer una canción más
estridente aún. Cuando el sicópata Charles Manson fue juzgado, después de que
su "familia" cometiera siete asesinatos, incluido el de la esposa de
Roman Polanski, Sharon Tate, declaró ante el jurado: "'Helter skelter' es
confusión. La confusión se esparce rápido... No es mi conspiración, no es mi
música. Yo oigo lo que la música relata. Dice: '¡Sublévense!'. Dice:
'Maten'. ¿Por qué echarme la culpa a mí? Yo no escribo la música. Yo no soy
la persona que la proyectó en la conciencia social de ustedes". Para
Manson, quien actualmente asegura desde la prisión que él, solo, podría
acabar con toda la humanidad, los Beatles eran los cuatro ángeles del
Apocalipsis y el álbum blanco representaba todo un catálogo de señales y
revelaciones bíblicas.
¿Inventor
de canciones?
El talento y
la creatividad de McCartney han avanzado sobre todos los caminos de la música
moderna. Desde canciones como "Here, there and everywhere",
"Eleanor Rigby", "Penny Lane", Hey Jude", "Honey
pie", "Martha my dear", "Blackbird", pasando por
"Band on the run", "C'mon", "Too many people",
"Junk", "Tug of war" y el magistral potpurrí final de Abbey
Road, entre muchas otras, sin contar sus trabajos en los terrenos de la música
clásica. A ese respecto George Harrison le decía a Paul: "Yo nunca podría
escribir canciones así. Tú simplemente las inventas, no significan nada
especial para ti". McCartney lo rebate en sus memorias: "Creo que en
un nivel profundo sí significan algo para mí, pero en la superficie a menudo
son fantasías, como Desmond y Molly (personajes de "O-bla-di,
o-bla-da") o "Martha my dear". Es decir, en realidad no le estoy
hablando a Martha; es una especie de comunicación de afecto, pero de una manera
ligeramente abstracta... Estas canciones crecen. Aunque a cualquiera le parecería
que es una canción para una chica que se llama Martha, en realidad se trata de
una perra, y nuestra relación era platónica, créeme".
En mi opinión sus mejores discos como solista son los dos primeros: McCartney
y Ram, en los cuales persiste una intención beatle en la composición,
así como Tug of war, de los ochenta (producido por George Martin). En el
resto se pueden encontrar canciones maravillosas junto a melodías bastante
medianas. La más reciente compilación de sus canciones que salió al mercado,
titulada Wingspan, es lo mejor que puede conseguir aquel que, desafiando
los prejuicios colectivos, desee adentrarse al corazón de Paul McCartney.
Porque después de todo, el mayor acto rebelde de Paul, el más grueso, es haber
sobrevivido a los sesenta, a los setenta, a los ochenta y a los noventa y seguir
cantándole al amor y amando como siempre lo ha hecho. Eso, aunque a muchos les
parezca menos heroico que morir asesinado o de un pasón, es mejor que estar
muerto. Y vaya que el día que Paul McCartney muera, el mundo entero va a
echarlo de menos. Su última aparición ante las cámaras fue durante el
concierto para Nueva York, mismo que cerró con una pieza compuesta para la
ocasión llamada "Freedom". El Paul McCartney de esa noche lucía con
un ánimo rejuvenecido, probablemente por la relación que sostiene desde hace
algún tiempo con la modelo y activista Heather Mills quien, por cierto, se
parece mucho a Linda.
Debió
haber magia
Por estos días
Paul acaba de sacar un nuevo disco, Driving rain, en el que se puede
escuchar una canción llamada "There must have been magic" en la cual
Paul rememora el momento en que conoció a Linda Eastman una noche de 1967 en un
club londinense, cuando fue a presentarse a sí mismo ante la joven fotógrafa,
misma que se convertiría en el amor de su vida y de la que no se separaría jamás
(salvo una noche en que Paul fue arrestado en Japón por llevar mota en su
equipaje), hasta la mañana del 17 de abril de 1998, cuando Linda dejó de
existir. Ese día tenía a su lado a Paul y a sus cuatro hijos: Heather, Mary,
Stella y James. Antes de que cerrara sus ojos, Paul le dijo: "Estás
montando tu hermoso potrillo Appaloosa. Es un lindo día de primavera. Vamos
cabalgando por el bosque. Las campanillas están todas en flor, y el cielo es
azul claro". Estas han sido algunas palabras sobre la vida y obra de Paul
McCartney, también conocido como el fresa más grueso del mundo y a quien,
después de que la reina le otorgó el título de Caballero, sus amigos ex
beatles George y Ringo lo llaman "Su Santidad". Espero que sirvan para
revalorarlo entre quienes lo odian por pose y para cercar a su música a los que
no lo ven más que como un chico bonito y bueno, cosa que, después de todo,
creo que sí lo es.
"And
in the end
The love you take
Is equal to the love
You made".
Paul McCartney