Por: Marcelo Almaguer
Hace un buen tiempo en la clásica imagen del México “revolucionario” de aquellos típicos Generales sucios y con bigotes largos y despeinados, y claro, también el otro lado de la moneda, los clásicos ricachones con su lente en el ojo derecho y bigote fino, siempre presentables para cualquier tipo de reunión o junta improvisada que tuviera con los otros “de su tipo”...los manipuladores de pueblos, mientras que los Generales y soldados solo estaban listos para la batalla, paranoicos las 24 horas del día, 7 días a la semana, esperando el primer sonido de cañón o grito mortal para correr en busca de alguien contra quien batallar...ya que hasta les habían puesto precio a las cabezas de quienes mataran, así que...mientras mas gente maten...mas dinero les dan.
Las mujeres eran prácticamente dominadas, como esclavas de los esclavos, en el caso de los soldados, y en el caso de los de mas altos rangos y mas alta situación económica eran un poco mas manipulativas con sus manipuladores esposos.
Era un tiempo en estas tierras (en la cuidad de Dolores Hidalgo, Guanajuato, para ser mas exacto) vivió un joven, una buena persona...su nombre era José Alfredo.
Tras la traumática experiencia de perder a sus padres en una batalla que ocurrió hacía unos años cuando él aun era pequeño en esos terrenos. Sus papás eran considerados rebeldes, así que un día unos hombres intentaron entrar a la casa, mientras intentaban escondieron al pequeño José Alfredo (de 8 años entonces) en un compartimiento secreto bajo la casa...escuchó los gritos y alaridos de parte de sus padres al ser brutalmente asesinados a mano fría por horribles personas que solo buscaban en cierta forma su felicidad causando sufrimiento a otras...un grave y estúpido error.
Luego de estos horrendos eventos, José Alfredo se convirtió de pronto en un hombre de pocos amigos, simplemente muy solitario, así que aparte de ser solitario, obviamente no estaba casado, y según su mente...jamás se había enamorado. Trabajaba como vendedor de caballos, el viejo negocio de su padre, y vivía allí, en una pequeña cabaña rodeada de polvo y sol deshidratante, los caballos eran algo que le apasionaba, y los cuidaba como si fueran sus propios hijos. Tenía en ese momento solo 5 caballos, cada uno con su respectivo nombre, Quique, Pepe, Chente, Pedro y Jorge.
Su rutina diaria era despertar, atender a los clientes que iban a comprarle caballos (que generalmente eran personas de dinero, pues no mucha gente tenia suficiente como para comprarse un buen caballo en ese entonces (tal vez la cabaña no de buena impresión, pero los caballos que José Alfredo cuidaba, eran de los mejores), cerrar su negocio y por las noches ke gustaba escribir poesía, y tocar la guitarra, la guitarra de su padre, recuerdos brotan a su mente al recordar como por las noches le tocaba canciones para que durmiera...como las extraña...la guitarra y el escribir era algo que le apasionaba, se habían convertido en su válvula de escape, donde soltaba todo lo reprimido desde hacía años, su autoestima era algo baja, pero empezaba a ver la luz al final d el camino, y se comenzó a dar cuenta poco a poco que realmente era bueno componiendo, lo cual lo puso feliz.
Esta era su rutina diaria hasta que un hermoso bendito y maldito día mientras el dormitaba en su cabaña escucha que alguien toca la puerta; José Alfredo se asoma...y ve a la mujer mas hermosa que haya visto en su vida entera. Con una extraña temblorina jamás experimentada, José sale a atender a la joven, hermosa, de piel blanca, pálida pero con un increíble vigor, una increíble vida, suave como nada antes visto por José Alfredo en su vida llena de males...con ojos mas hermosos que el propio sol, la luna y sus estrellas juntos, brillando cual fuego incandescente, era delgada y de un poco menor estatura que José...
En este momento José Alfredo se la acerca a la bella joven y con un tono nervioso le pregunta – “Le ruego que me diga...¿cual es su nombre?”, y la joven respondió sonriente “...no sin antes saber el suyo”, José con una sonrisa resplandeciente en la cara le dice “José Alfredo, a sus órdenes” mientras se ponía en una rodilla, tomaba su mano derecha y la besaba.
Se puso de pié y le dijo:
-“¿Ya me podría decir su nombre?”
La joven respondió sonriente -“Mi nombre es Sara...mucho gusto”
-“El gusto es todo mío...Sara” respondió José.
Ella le comentó –“y José, veo que vendes caballos, ¿te puedo hablar de tú?”,
-“Pero por supuesto que si, y si, vendo caballos, por ahora solo tengo 5, son hermosos, este es Quique, este Pepe, Chente, Pedro y Jorge están allá, son amigos” dijo José entre risas mientras le enseñaba a la joven a sus caballos.
Luego le dijo -“y este es mi corcel, mi fiel y querido prieto, su nombre es Saúl...y es mi buen amigo, lo tengo desde hace ya años”
Sara sorprendida por la hermosura de ese negro corcel muestra en su cara su interés por el caballo, por lo cual José Alfredo le dice –“¿quisiera usted ir a dar un paseo conmigo en mi caballo?” a lo que Sara le responde –“no, no ahora, no tengo tiempo, tengo que volver a mi casa pronto o si no mis padres se enojarán conmigo” dijo mientras se dirigía a la puerta de la salida sus ultimas palabras fueron “espero volver pronto José...mucho gusto en conocerlo”. José quiso intentar darle un beso pero no se sintió suficiente como para poder siquiera tocarle sus carnosos labios, así que solo se quedo allí...parado...inmóvil, viéndola irse de sus manos.
Por la noche al tocar si guitarra solo Sara pasaba por su cabeza, solo Sara, y nada mas, nade la preocupaba, solo imaginaba que estaría haciendo Sara en ese momento, si dormir, o si tal vez ella estuviera pensando en el, ese eterno misterio.
Tras unas horas de tocar su guitarra acústica, se preparó para irse a dormir, se despidió de sus caballos y se fue a la cama...¿qué si estaba pensando en ella?...pues claro, ¿quién no conoce la mente del enamorado? ¿qué persona enamorada me podría negar que un enamorado solo piensa en su amada?...así es...nadie. José Alfredo había sido dado con la flecha, noqueado con la piedra y baleado con las balas del amor, nada mas que amor a primea vista. ¿Aún tu te preguntas si existe? Pues si existe...
El día siguiente siguió con sus actividades rutinarias, esperándola...horas y horas...con la enorme expectativa de ver sus brillantes ojos a la distancia, pero no los vio...hasta que unos minutos antes de cerrar...se asomó, y a lo lejos veía una figura acercarse...y era ella.
Se saludaron mutuamente, ya estaba anocheciendo...y ella le dijo –“¿y ese paseo del cual hablamos ayer?”
José Alfredo solo sonrió, la tomó de la mano y la guió a su caballo y le ayudó a subir a él...y de pronto, eran solo ellos dos y el camino. Cabalgaron por horas, y en un momento, José le dijo -“detengámonos un momento...”/font>
Estaban en un arrecife, se detuvieron a ver el paisaje, la noche, en ese momento José le dijo a Sara después de unos minutos agarrando coraje para decir esas palabras, mientras cerca el uno de el otro siéndose directamente a los ojos...las soltó:
-“Sara...dime...¿crees en el amor a primera vista?”
-“...no...no creía en el...hasta que te conocí”
En ese momento el corazón de José palpitaba mas y mas rápido, sus ojos se ponen llorosos y la piel de gallina, sonríe al igual que Sara...y en esa bella noche...se besaron.
Minutos después, son una sonrisa en la cara de ambos, subieron al caballo y sin ni una palabra se dirigieron de vuelta a casa, pero primero había que dejara Sara en su casa.
Al llegar, José se bajó con ella, y por última vez la besó.
Se vieron a los ojos, y el le propuso que fuera al día siguiente a la cabaña a visitarlo mientras trabajaba, ella dijo que sí, que claro, con una enorme sonrisa en su cara y entro a su casa, y el se subió en su corcel y se dirigió hacia su cabaña...mas feliz que nunca.
Al llegar...se puso a tocar al guitarra, feliz, con la alegría hasta el tope, y a unas horas mas tarde se dirigió a dormir y después de muchos años, rezó...y agradeció por lo que le habían dado.
A la mañana siguiente se despertó mas temprano de lo normal para arreglarse mejor, y verse mejor para su amada, Esperó y esperó...y su amada no llegó...
Esto lo puso algo nervioso...al cerrar, de inmediato se dirigió a su casa con su fiel Saúl ..a buscarla...
El recorrido se le hizo el mas lardo de su existencia, como si el camino no tuviera fin
Al llegar...encontró la casa...pero hecha cenizas...se acercó...y aun podían verse los esqueletos de ella y sus padres...
José se tiro al suelo...a llorar como loco...se sentía como si le hubieran robado su alma...como si lo hubieran matado por dentro...estaba...acabado.
José Alfredo, horas después de llorar se dirigió a su cabaña...a llorar mas...tomó su guitarra y se puso a componer una canción...tras acabarla, se subió en su corcel...y cabalgó, hasta el infinito...
No se supo mas de el. Se dicen historias que el fue con los que la asesinaron y vengó su muerte valientemente, otros dicen que tomo un rifle y se lo colocó en su boca y jaló del gatillo...otros, dicen que envejece solo, demente, triste...nada se sabe de el, mas que esta última canción que dejó en su cabaña...que por supuesto a los días le robaron a sus caballos...pero encontraron esta canción...
El Jinete / Por José Alfredo Jiménez
“Por la lejana montaña
va cabalgando un jinete
vaga solito en el mundo
y va deseando la muerte.
Lleva en su pecho una herida
va con su alma destrozada
quisiera perder la vida
y reunirse con su amada.
La quería más que a su vida
y la perdió para siempre
por eso lleva una herida
por eso busca la muerte.
Con su guitarra cantando
se pasa noches enteras
hombre y guitarra llorando
a la luz de las estrellas.
Después se pierde en la noche
y aunque la noche es muy bella
él va pidiéndole a Dios
que se lo lleve con ella.
La quería más que a su vida
y la perdió para siempre
por eso lleva una herida
por eso...busca la muerte...”
FIN