|
11.
EN UNA DISCUSION CONYUGAL ES
IMPOSIBLE que en un matrimonio, por muy bien avenido que sea, no haya, en más de una ocasión,
alguna discusión. Puede ser por causas fútiles o por motivos serios. Pero, en todo caso, conviene observar
algunos consejos que ayudan a controlar los ánimos
para que no se llegue a actitudes violentas. En muchas ocasiones, pequeños disgustos van alcanzando grados al rojo vivo que terminan en
separaciones, en divorcios y hasta en lamentables crímenes. He aquí
algunas cosas que se deben hacer y cosas que no se deben hacer en casos de una
discusión conyugal. Pero antes reflexionemos un poco sobre ciertos aspectos
del matrimonio. Debe tenerse presente que el esposo y la esposa ya no son
personas extrañas,
sino que son dos que se complementan mutuamente, que se han unido para formar un
hogar donde habrá hijos que deberán
ser cuidadosamente criados. La Biblia dice que Dios creó
a la mujer para que el hombre no estuviera solo y para que le sirviera como ayuda
idónea. Al hombre y a la mujer los creó
el mismo Dios, de la misma naturaleza, a la imagen y semejanza de él; los creó
con sexos diferentes para conservar la especie humana. En cuanto a la "imagen
y semejanza de Dios", es en lo referente a lo intelectual, lo moral y lo
espiritual. Ambos fueron bendecidos por Dios. Ahora, cuando un hombre y una mujer se unen en
matrimonio, son conscientes de todo esto. Se enamoran apasionadamente; deciden
en forma voluntaria, fundir sus vidas y destinos para vivir juntos prometiéndose amor sincero, fidelidad en cualquier circunstancia, ya sea en
abundancia o en escasez, en salud o enfermedad; que sólo la muerte los podrá
separar. Estas promesas las han hecho delante de Dios y de una numerosa
concurrencia de testigos. Quebrantar esas promesas es como burlarse de Dios, de
los testigos y del o de la cónyuge.
Lo cual no es de esperarse de un ser humano. También
debe tenerse en cuenta que ambos van envejeciendo . El tiempo se va acabando
para los dos irreversiblemente. Los atributos de belleza, lozanía, salud, vigor, se van marchitando en los dos, sin remedio. Cada
vez se va acercando el día
en que inevitablemente, dejarán este mundo, para presentarse ante el tribunal de Dios, lo crean o
no. Al transitar por los caminos de esta vida terrena,
juntos han cruzado por valles cubiertos de flores; apoyándose
el uno en el otro, han escalado y descendido escabrosas montañas. Un día,
en el pasado, ella se separó de sus padres que la cuidaban con esmero y dejó su hogar para unir su destino con su amado a quien entregó los mejores años
de su juventud y formar con él un nuevo hogar donde ambos procrearían hijos según
los designios del Señor. El también,
locamente enamorado, unió su corazón
al de la que eligió como su compañera
por el resto de su vida. Ahora, los dos se están
marchitando, los grises años de la vejez se están
acercando inexorablemente y los maravillosos años
de la juventud jamás
volverán. No es posible que por una simple discusión, se convierta en cenizas un matrimonio que se fundó sobre bellas promesas y hermosas esperanzas. Una discusión
es para resolver problemas, no para crearlos; es para aclarar conceptos mal
interpretados, no para embrollarlos. Si no se tiene el propósito
de llegar a una solución,
sino que ya afloran los prejuicios y se dan por adelantados los deseos de no
tener la buena voluntad de acceder a una solución
favorable para ambos, es mejor no discutir. Aquí
van algunos sencillos consejos que si hay buenos deseos y aun no se ha
extinguido por completo la flama del amor que es el verdadero vínculo
que mantiene el matrimonio, pueden ayudar a seguir adelante en la vida
matrimonial, aunque surjan inevitables discusiones
1.
Analicen serenamente los motivos de la discusión.-En
muchos de los casos, los motivos por los cuales se discute, son de poca
importancia; pero por la ceguera que produce el rencor momentáneo,
se les da un valor que no tienen y se forman tormentas en un vaso de agua o se
levantan montañas de lo que solamente son espejismos. Con un poco de buena
voluntad, se pueden apagar esos fuegos fatuos, antes de que se conviertan en
voraces incendios difíciles
de apagar cuando ya los ánimos están
caldeados.
2. No
pierdan el control.-Cuando un motorista pierde el control de su vehículo, se sale de la carretera, se impacta contra algún obstáculo
o cae en un barranco perdiendo la vida o quedando inválido
para el resto de su existencia y hasta causando daño a otras personas. Al perder el control, o sea la serenidad y la
compostura, en una discusión,
se corre el riesgo de cometer actos delictivos como decir, golpear físicamente
a la persona con quien se discute, y hasta causarle la muerte.
3.
Escuchen atentamente a su cónyuge.- Una discusión
es entre dos personas o más, no es un monólogo.
No monopolicen la situación no dejando que el otro hable libremente. Ambos tendrán razones que exponer, si no las escuchan, no sabrán cómo
refutarlas con sabiduría y estarán
discutiendo fuera de lugar lo cual no conducirá
a resultados positivos.
4.
Eviten humillar a su cónyuge con expresiones hirientes o burlescas.- No
olviden que son esposos, y que en un sentido son uno parte del otro. La Biblia
dice que ya no son dos, sino una sola carne, es decir, como una sola
persona. Las expresiones despectivas son de doble filo, fácilmente
se vuelven contra quien las profiere. El Señor
Jesús
dijo: Con la medida con que medís
os medirán.
5. Razonen cuidadosamente lo que dirán.-
Una
de las capacidades con que Dios ha distinguido al ser humano, es la de razonar.
Se dice que "antes de hablar una vez, se debe pensar (razonar) dos veces".
Piensen cuidadosamente en lo que van a decir, no sea que digan palabras necias y
comprometedoras que llevan a un punto al cual quizá, no querían
llegar y ya no podrán volver atrás,
ni habrá disculpas que valgan. El Señor
dijo: De toda palabra ociosa que hablen los hombres, darán cuenta en el día del juicio. Porque por tus palabras serás justificado y por tus palabras serás condenado.
6. Eviten recuerdos desagradables del pasado contra su cónyuge.
"Lo
pasado es pasado". En la fe cristiana se dice: Las cosas viejas pasaron,
he aquí todas son hechas nuevas.
Zaherir al cónyuge trayendo al presente lo que ya fue sepultado, está fuera de contexto. Antes se aceptaron tal como eran, sabiendo las
cosas; de otro modo, hubiera sido mejor no haber contraído matrimonio.
7.
Reconozcan las virtudes de su cónyuge.- Todos tenemos cosas positivas y cosas negativas. Hay que ser justos
y reconocer lo bueno que hay en las personas, no sólo lo negativo. Esto es edificante, lo contrario es destructivo,
además
de demostrar ingratitud. Dale Carnegie, en su libro, "Cómo Ganar Amigos", dice: Hay que ser escasos en la crítica y abundantes en el elogio.
La falta de gratitud es una actitud inhumana. Hasta los animales muestran cariño hacia quienes les dan de comer y los acarician, ¿por qué
no puede ser así entre los humanos? La gratitud suaviza las asperezas. El Señor Jesús
dijo: Todas las cosas que quisierais que los hombres hagan con vosotros, así también
haced vosotros con ellos. Si queremos que nos amen, amemos; si queremos que nos traten bien,
tratemos bien; si queremos que nos traten con justicia, .seamos justos.
8.
Eviten estar siempre a la defensiva o llevar siempre la contraria.- Recuerden
que ambos están "atacando". Serénense
y pongan a un lado su egoísmo.
Concedan la razón a su cónyuge
cuando reconozcan que está en lo correcto. Esto amainará
la tormenta. La Sagrada Escritura dice: No se ponga el sol sobre vuestro
enojo. No deis lugar a la ira. Esto quiere decir: "No conserven el
enojo por mucho tiempo", deséchenlo
de ustedes cuanto antes, antes de que termine el día,
antes de que la sangre comience a hervir descontroladamente.
9. No
hagan comparaciones de su cónyuge con otras personas aunque éstas
sean familiares.- Decir
que fulano o zutana es mejor, no mejora en lo mínimo
las deterioradas relaciones entre esposos; por el contrario, las empeora
despertando celos, reclamos, hiriendo susceptibilidades y provocando rechazos
violentos. De todos modos, somos diferentes unos de otros en distintos aspectos.
Las situaciones, las circunstancias, el trasfondo de los cuales venimos no son
similares, por ello no somos iguales.
10.
Perdonen y pidan perdón.- Sean valientes. Perdonar y pedir perdón reconociendo los errores propios y los del cónyuge, en ninguna manera es humillación, es nobleza. Pedro preguntó
al divino Maestro acerca de cuántas
veces perdonaría a su hermano que pecara contra él,
¿hasta
siete? Jesús le respondió:
No hasta siete, sino hasta setenta veces siete. Esto quiere decir, tantas
veces como sea necesario hacerlo, sin límites.
La recomendación sagrada es: Perdonaos unos a otros vuestras ofensas, así como Dios os ha perdonado en Cristo.
Con cuanta mayor razón cuando se trata de esposos.
11. No miren a su cónyuge con ojos flamígeros.-Mientras dirijan la palabra, no miren a su cónyuge con ojos llameantes, como si fuera su peor enemigo y
quisieran fulminarlo convitiéndolo
en cenizas. Evoquen aquellos días
de cuando eran novios. Sonrían..., sonrían
como cuando eran novios, cuando trataban de conquistarse el uno al otro.
12. No
alcen la voz desaforadamente.- Ninguna discusión
se gana con gritos. La Biblia dice: La blanda respuesta quita la ira, pero la
palabra áspera hace subir el furor.
Cuando comienzan los gritos, es porque ya se acabaron los argumentos, las
razones y es señal de que la otra persona está
ganando la batalla.
13.
Sean el primero o la primera en poner fin a la discusión.-Dispútense el honor de ser el primero o la primera en poner fin a la
discusión.
En este caso al que nos estamos refiriendo, el primero que silencia sus cañones, es el que obtiene la victoria. El Señor Jesucristo, en su Sermón
del monte, dijo: Bienaventurados los pacificadores, porque ellos serán llamados hijos de Dios. No
es suficiente con ser pacíficos, es necesario ser pacificadores, es decir que ayuden a que
haya paz. El apóstol
Pablo, inspirado en esas palabras de Jesús,
dijo: En cuanto dependa de vosotros, estad en paz con todos. Nótese
la frase: "en cuanto dependa de vosotros", esto quiere decir: "todo
lo que esté
de parte de ustedes, para que haya paz, úsenlo
para que haya paz". No esperen que la paz venga de otros, sean ustedes los
primeros en propiciarla, aun al costo de algún
sacrificio personal. Los grandes valores tienen un precio muy elevado que hay
que pagar, y la paz es uno de esos valores, especialmente cuando se trata de la
paz familiar. Jesucristo dijo: Amaos los unos a los otros, como yo os he amado. Y san Pablo dijo: Todo terminará, pero el amor nunca dejará de ser. Ahora permanecen la fe, la esperanza y el amor; pero el mayor de ellos es el AMOR. |