En el Principio
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2. EN EL PRINCIPIO

SI NOS fuera posible detener la marcha del tiempo y el proceso progresivo de las cosas y luego echar a andar todo hacia atrás, como si estuviéramos viendo una película cinematográfica o una cinta de video en reversa, es decir, desde su final hasta su comienzo, ¿a qué escena llegaríamos? ¿Cuál sería el último cuadro que en realidad sería el primero con que comenzó la historia de la creación, incluyendo la humanidad? Veríamos cómo todas las cosas existentes irían desapareciendo. Los edificios de todas clases desaparecerían desde arriba hacia abajo. Los vehículos marcharían en reversa hasta desaparecer en los lugares de los cuales habían salido. Las carreteras y los puentes dejarían de existir. Las personas y los animales caminarían hacia atrás, y se esfumarían por completo. Las tumbas se abrirían y los que habían sido sepultados saldrían para vivir durante el tiempo en que llegarían a ser infantes, y dejar de existir. En fin, toda la humanidad se extinguiría. Los ríos, los lagos y los mares se secarían. La Tierra quedaría como un árido desierto, sin ninguna clase de seres vivientes. La vegetación desaparecería y entonces la Tierra se vería como un gigantesco peñasco informe flotando en el insondable espacio abismal. Se vería como si nunca hubiera existido algo en ella.

   En este preciso momento, como si alguien accionara un interruptor de corriente eléctrica, se apagaría la luz del universo, quedando todo en densas tinieblas. El tiempo dejaría de ser. Luego en la profunda oscuridad las galaxias, las nebulosas, las constelaciones, etc.,  detendrían su veloz marcha y se irían diluyendo  hasta llegar a su último constitutivo, que es el núcleo atómico, y éste, a su vez, también dejaría de existir. Aquí habremos llegado a lo que sería el principio.

   Y ahora, ¿qué?

   Sólo habría oscuridad, silencio, nada.

   ¡¿Nada?!

   Pero, ¿cómo podrían la oscuridad, el silencio y la nada haber creado, en el principio, tantas cosas como las que hemos visto desaparecer?

   Una máxima dice: De la nada, nada sale. Otro axioma aclara: Sólo un ser vivo produce otro ser vivo. Un experimento científico moderno comprueba que no hay generación espontánea. Y  el más común de los argumentos lógicos afirma: No hay efecto sin causa.

   No puede haber creación sin creador; no puede haber ciencia sin científico; no puede haber luz, sin una fuente que la produzca; no puede haber movimiento sin un agente impulsor;  no puede haber vida sin quien le dé origen; no puede haber arquitectura sin arquitecto; no puede haber arte sin artista. Y la creación contiene todo eso: ciencia, luz, movimiento, vida, arquitectura, arte.

   Entonces, ¿qué había en el principio antes que existiera el primer núcleo atómico, antes que los electrones comenzaran a girar vertiginosamente alrededor de él para formar las moléculas que, a su vez. darían forma a la diversidad de materias que hay en el universo?   

   La Biblia responde con aplomo y sin preámbulos: En el principio creó Dios los cielos y la tierra (Génesis 1:1). Todas las cosas fueron hechas por él, y sin él nada de lo que ha sido hecho fue hecho (Juan 1:3). Por la fe entendemos haber sido constituido el universo, por la palabra de Dios (Hebreos 11:3).

   L o que había, pues,  en el principio, antes que existiera otra cosa, era el Espíritu de Dios.

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