|
EL VERDADERO SIMBOLO DE LA PAZ (Isaías 2:4) EN UNO de los lugares públicos
de Nueva York, se puede admirar un
monumento de bronce muy especial. Se trata de una gigantesca estatua de un
hombre que está
transformando una espada en una reja de arado, o sea esa parte de acero del
arado que va penetrando en la tierra y formando un surco, donde se dejan caer
las semillas para que germinen. La idea que dio origen a semejante símbolo
se encuentra en el libro del profeta Isaías, 2:4, donde entre otras cosas
dice: volverán
sus espadas en rejas de arado, y sus lanzas en hoces. Esta
es parte de la visión profética
de Isaías
sobre el reinado del Señor.
Según la visión
del profeta acerca de quienes convierten sus
espadas en rejas de arado y sus lanzass en hoces, notamos que se trata de "hechos,
de acciones" y no solamente de discursos bonitos, con palabras diplomáticas
bien escogidas, de atractivas promesas huecas, se trata de que cada quien que
tenga un arma para destrucción,
la convierta en instrumento o herramienta para edificación.
En este caso, la espada es símbolo
de muerte; el arado es símbolo
de vida. Igual es el caso de la lanza y la hoz. La lanza sirve para matar, la
hoz para cosechar, para segar las espigas de granos que se convertirán
en alimento.
Hay muchas cosas que el hombre usa para destruir, pero que pueden ser
convertidas para edificar. La inteligencia es un instrumento poderoso que puede
usarse para bien y para mal. Con la inteligencia se construyen obras
maravillosas para bien de la humanidad, así
como también
artefactos para mal de la humanidad. Ese mal uso de la inteligencia es como la
espada que hay que convertirla en reja de arado, es como la lanza que hay que
transformarla en instrumento de labranza. La palabra, el idioma, el lenguaje son
un don admirable otorgado por Dios a los seres humanos. La lengua, refiriéndonos
al lenguaje, no al músculo que está
en la boca, sirve para orar, alabar y glorificar a Dios, para relacionarnos los
seres humanos armónicamente.
Sin embargo, también se usa para maldecir,
calumniar, chismear, ofender hiriendo los sentimientos de los semejantes. Cuánto
mal se causa con una lengua mal usada. Es una espada, una lanza que necesita ser
fundida de nuevo para luego transformarla en arado y en instrumento para
cosechar la mies.
Todos amamos y deseamos la paz, no queremos la guerra, ni las contiendas,
Pero en cierto sentido, todos contribuimos a que haya guerras. Todos hacemos mal
uso de la paz como de la libertad, en nombre de "nuestros derechos"
olvidándonos de que también
tenemos "deberes". El Señor Jesucristo dijo: Bienaventurados
los pacificadores... (Mateo 5:9), esto es, los que ayudan a que haya paz.
Mucho se habla de "desarme", pero cada cual se cuida las espaldas por
temor a ser traicionado y atacado por el otro. La visión
del profeta Isaías
fue: Volverán sus espadas en rejas de
arado, y sus lanzas en hoces; no alzará espada nación
contra nación,
ni se adiestrarán más
para la guerra (Isaías
2:4). Pero esto será
el resultado del reinado del Señor
Jehová
sobre la tierra, según se lee en los mismos versículos.
La paz es responsabilidad de todos los habitantes del planeta. No es
responsabilidad sólo
del presidente de la nación o
sólo de la fuerza armada, ni sólo
de los ministros religiosos y demás
feligreses de las iglesias. Todos tenemos que convertir nuestros instrumentos de
destrucción,
nuestras lanzas de muerte, en herramientas de paz para la vida. Para ello
necesitamos poner en práctica
las normas y enseñanzas del Señor
que son básicas
para la armonía y comprensión
humanas. En Cristo no hay "lucha de clases", no hay barreras raciales.
Si acaso se ven estas cosas entre feligreses, es cosa de éstos,
que no han transformado su personal manera de ser. Para cambiar las espadas en
rejas de arado y las lanzas en hoces, primeramente las personas tienen que
transformarse ellas mismas por medio de la renovación
de su entendimiento (Romanos 12:2). |