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10.
EL EVANGELIO LA PALABRA "Evangelio" significa: buenas noticias. Las noticias pueden ser buenas o malas. Pero, cuando se trata del evangelio de Jesucristo, son buenas noticias. ¿En qué consiste "lo bueno" de esas noticias? Veamos: La noche cuando nació el Señor Jesús en la aldehuela de Belén, varios ángeles dieron la noticia a unos pastores que cuidaban sus ovejas en unos campos cercanos. Uno de los ángeles les habló diciéndoles: No temáis porque os doy nuevas (noticias) de gran gozo que será para todo el pueblo, que os ha nacido hoy en la ciudad de David (Belén) un Salvador, que es Cristo, el Señor (Lucas 2:10, 11). Esto es lo bueno de las noticias, que había nacido el Mesías prometido, que por tanto tiempo habían estado esperando. Esta noticia debía producir gran gozo en todo el pueblo. La profecía de un Mesías Salvador, había sido proclamada por Dios mismo, por primera vez, por el año 3975 a. de JC., cuando Adán y Eva fueron expulsados del Edén (Génesis 3:15). Por el año 732 a. de JC., el profeta Isaías se refirió al mismo caso del Mesías con más detalles (Isaías 7:14). Ya
hemos mencionado en otras meditaciones que el Señor
Jesús comenzó
su ministerio terrenal predicando el evangelio del reino de Dios, según
leemos en Marcos 1:14. Y, después
de haber resucitado, comisionó
a sus discípulos
a que fueran por todo el mundo y predicaran el evangelio a toda criatura. Les
explicó
que el que creyera sería
salvo, que el que no creyera sería
condenado (Marcos 16:15, 16).
Estas últimas
palabras hacen que nos detengamos un momento y meditemos. ¿En
qué
consiste el contenido del mensaje del evangelio que el que lo cree se salva y
que el que no lo cree se condena? Es como una medicina eficaz para sanar una
determinada enfermedad. La persona que adolezca de esa enfermedad y cree que con
esa medicina se sanará
y la toma, pues sanará.
Si otra persona con la misma enfermedad, no cree que esa medicina le dé
buenos resultados, por consiguiente, no la toma, pues no sanará. El Señor
afirmó enfáticamente,
que él había
venido a buscar y a salvar lo que se había perdido. Así, la
persona central del mensaje del evangelio es Jesucristo. El mensaje del
evangelio se relaciona estrechamente con la persona y obra de Jesucristo. El apóstol
Pedro testificaba
firmemente ante las autoridades religiosas judías
en Jerusalén
diciendo: En ningún
otro hay salvación;
porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser
salvos (Hechos
4:12). El
mensaje del evangelio explica en qué
consistió el
ministerio redentor de Jesucristo, qué
significa la muerte expiatoria del Señor,
qué
significa eso de que Jesús
murió por
nosotros, que él
pagó el precio de nuestra redención,
de qué nos salvó
y cómo
podemos llegar a ser ciudadanos del reino de Dios.
Los apóstoles
comprendían
perfectamente bien todo esto y así
lo predicaban por todos lados firmemente convencidos. Las iglesias cristianas
primitivas sustentaban estas doctrinas fundamentales de la fe, no en doctrinas y
práctica
elaboradas por seres humanos. Jesús
decía a sus
apóstoles
que hicieran discípulos
enseñándoles
que guardaran todas las cosas que él
les había
mandado.
Por su parte el apóstol
Pablo decía: Me es impuesta necesidad y, ¡ay
de mí
si no anunciare el evangelio!
(1 Corintios 9:16). El se daba cuenta de la importancia y urgencia de predicar
el evangelio. Sentía
que era necesario que toda persona lo escuchara para que si lo creía
se salvara. El evangelio, pues, es el único
mensaje que Jesucristo recomendó a su
iglesia que proclamara. La salvación
proclamada por el evangelio, es por la fe en Jesucristo, nada más.
En Hebreos 11:6, dice: Sin fe es imposible agradar a Dios. EL
SEMBRADOR DEL BIEN
Siembra el
bien, aunque sea en terreno infecundo,
en el páramo
estéril,
o en la roca maldita
con el convencimiento substancial y profundo
que te debes al mundo, y que es la ley del alma más que la ley escrita.
No
esperes que la vida te dé
su recompensa
ni que te otorgue el mundo por cada cosa cien,
pero está
en paz contigo, mira hacia el cielo y piensa que vas sembrando el bien.
Y
cuando esté
tu cuerpo constelado de heridas, tus
párpados
cansados y afónica
tu voz, eleva
tus dos manos, llagadas y dolidas y
como cosa santa, ofrécelas
a Dios.
=Calderón
Pardo.. "No os canséis de hacer el bien". (Pablo en 2 Tesalonicenses 3:13). "Jesús anduvo haciendo bienes". (Hechos 10:38). |