Las Diez
Doncellas y la Fiesta de Bodas
(Mateo 25:1-12).
CUANDO ya se le iba acortando el tienpo de su
ministerio terrenal, el Señor
Jesús
comenzó
a hablar de su segunda venida y de la necesidad de estar prevenidos. Una de esas
advertencias se conoce como la parábola
de las diez doncellas. Para entender mejor esta parábola hay que saber algo de
algunas de las costumbres orientales con respecto de las fiestas nupciales. El día
de la fiesta de bodas el novio va a la casa de la novia y de allí
sale con ella hacia la casa de él
que será
donde vivirá ella. Van seguidos de una
procesión.
Como las calles son estrechas y oscuras, los
acompañantes van con lámparas
de aceite o con antorchas. Como a veces las distancias son largas y ocurren
atrasos, se hace necesario que los acompañantes lleven alguna reserva de
aceite para sus lámparas.
Quienes no alcancen a llegar a la casa del novio, pueden unirse a la procesión
en algún
lugar del camino. Al llegar al lugar donde será
la fiesta, se cierran las puertas para evitar interrupciones.
La parábola describe que diez doncellas
se juntaron para ir a una boda, todas llevaban sus lámparas,
pero sólo
cinco eran previsoras y llevaban aceite extra. No alcanzaron a llegar a la casa
del novio, por lo que esperaron en un lugar por donde iba a pasar la comitiva.
Algo ocurrió
que hubo un retraso, y oscureció.
Hubo necesidad de encender las lámparas,
al acabárseles el aceite, las cinco
doncellas precavidas que tenían
combustible extra, no tuvieron problemas en recargar sus lámparas;
pero las otras cinco quedaron a oscuras, pues no tenían
aceite extra. Estas, no precavidas, pidieron ayuda a las otras. Estas les
dijeron, "no podemos dar porque entonces nosotras también
nos quedaremos sin aceite. Vayan a las ventas y compren allí.
Mientras esto ocurría
venía
el desfile nupcial. Las cinco doncellas prudentes se unieron al grupo, y las no
precavidas se quedaron sin participar de la fiesta de bodas, pues cuando
lograron comprar aceite, la procesión
llegó
a la casa y cerraron la puerta.
La
lección de la parábola es que no sabemos en qué día ni en qué hora volverá por segunda vez el Señor por lo cual conviene que
estemos prevenidos, alertas. El Señor no dijo cuándo vendrá otra vez, no dijo que sería en un fin o principio de
siglo o de milenio, no dijo que de día o de noche, al oscurecer o al amanecer, si en
invierno o en verano. El dijo: Velad,
por cuanto no sabéis cuándo vendrá el
Hijo del Hombre (Mateo 25:13).