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Los
pisos de baldosa criolla -cuadrada y chata- del Cabildo, partes de la vereda
y algo del matadero tambien quedaron al descubierto. Como una cupula sobre las
ruinas, se construyo el Museo del Area Fundacional, que se inauguro en 1993.
Los pisos del Museo son de pequeñas piedras blancas y tablones: falta
excavar el 90% y optaron por dejarlo asi, listo para hacer pozos nuevos.
Despues
de tanto exito, solo fue cuestion de levantar la cabeza para ver que ahi,
frente a una de las esquinas de la plaza estaban las ruinas. Otra vez negociaron
el secretario de Cultura y Schavelzon. Decidieron que, despues de cavar, estudiar
y sacar huesos y joyas, acondicionarian el sector y lo transformarian en una
Plaza de las Ruinas, por donde los mendocinos de este fin de siglo pudieran
pasear.
Hoy,
alrededor de lo que fue la Iglesia de San Francisco hay una cerca. En ella
han abierto una ventanita, por la que los peatones espian. Lo que ven son
unos ladrillos enormes -lo que queda del edificio- atrapados por estructuras
de caños con los que estan haciendo una consolidacion. Algunas estructuras
estan rasguñadas por el zarpazo de la tierra. Se ven arcos que se cortan
y escaleras a ninguna parte. Se adivinan columnas, coros, naves.
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Antes
de ser las Ruinas de San Francisco, antes incluso de ser la Iglesia de San Francisco,
el lugar fue dominio jesuita. En 1608, la orden recibio la donacion de unas
casas con su huerta, que estaban a nombre de Ines de Leon de Carabajal, esposa
del capitan y encomendero Lope de la Peña.
Por esa epoca, Mendoza tenia unas 32 casas. Jose Verdaguer, en su "Historia
eclesiastica de Cuyo" cuenta que de esas casas "solo una o dos estan
cubiertas de teja y las demas de paja".
Cuando esa primera iglesia empezo a funcionar, sus limites marcaron diferencias
sociales: los negros e indios que morian eran enterrados fuera de ella. Adendro,
los blancos.
En
1645, los jesuitas inauguraron una nueva iglesia, que era mas grande. "En
lo que seria el crucero de la iglesia, el lugar mas importante -dice Schavelzon-
aparecio un cuerpo todavia cubierto con jirones de un cajon, lo que hablaba
de alguien muy importante.
Tenia, ademas, una cruz de plata con el corazon de Jesus. Tiene que que haber
sido un jesuita influyente, es probable que fuera Pedro Hernandez Holguin,
el hombre que escribio el primer diccionario quechua-español".
El
traslado de la iglesia confundio las jerarquias de la muerte: los viejos entierros
marginales quedaron debajo del centro del nuevo templo. "Cuando hacian
pozos para enterrar a alquien en la iglesia nueva -explica Valeria Cortegoso-
encontraban huesos viejos; los corrian un poco y ponian el nuevo". Asi,
en la investigacion aparecio un esqueleto rodeado de huesos grandes, reciclados
para servir de adorno. Y, del mismo pozo, salieron medallitas, rosarios y
hasta vasijas indigenas.
Oriana Pelagatti, una estudiante de Historia que trabaja en el equipo, no
se sorprende: "Los jesuitas eran misioneros, tenian indigenas con ellos
y era natural que hubiera en sus lugares ceramica indigena", razona.
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