|
"La
composicion quimica de los huesos, los pedazos de ollas, los restos permiten
entender lo que no dicen los documentos", dice Valeria Cortegoso, que es
arqueologa y confia en que su trabajo -pinceles y palas mediante- podra dar
cuenta de como era aquella Mendoza.
La joven asegura que esos pedacitos irregulares de ceramica, esas piedras y
esos esqueletos le diran que comian, como se vestian, de que trabajaban, por
donde transitaban y hasta como amaban los que vivian en el poblado antes del
drama.
Valeria es parte de un equipo, dirigido por el arqueologo Daniel Schavelzon,
que desde 1989 se esta ocupando de dar vuelta la ciudad. Literalmente: ahora
ve el cielo lo que estaba bajo tierra.
En
realidad, los proyectos de los arqueologos no empezaron con la mirada en el
temblor del siglo pasado. Todo fue casualidad: en 1986, Schavelzon fue jurado
en un concurso docente en Mendoza. Cuando termino, una colega lo llevo a un
baldio con dos arcos de futbol, en el barrio La Cuarta.
-Aca tuvo que haber estado el Cabildo- le dijo.
-¿Y nadie excavo?
-Nadie
-¿En serio?
|
|