AUTOESTIMA.
Un aspecto muy importante
de la personalidad, del logro de la identidad y de la adaptación
a la sociedad, es la autoestima; es decir el grado en que los individuos
tienen sentimientos positivos o negativos acerca de sí mismos y
de su propio valor.
La autoestima está
relacionada con muchas formas de conducta. Las personas con una autoestima
elevada suelen reportar menos emociones agresivas, negativas y menos depresión
que las personas con una autoestima baja.
De modo similar, las
personas con una autoestima elevada pueden manejar mejor el estrés
y, cuando son expuestas al mismo, experimentan menos efectos negativos
en la salud.
La época importante
para el desarrollo de la autoestima es la infancia intermedia. El niño,
aquí, compara su yo real con su yo ideal y se juzga a sí
mismo por la manera e que alcanza los patrones sociales y las expectativas
que se ha formado de sí mismo y de qué tan bien se desempeña.
Las opiniones de los
niños acerca de sí mismos tienen un gran impacto en el desarrollo
de la personalidad, en especial en su estado de animo habitual.
Por todo lo anterior,
es importante el estudio de la autoestima, así como la presentación
de patrones d conducta que lleven al individuo a establecer una autoestima
elevada, que le permita un mejor desarrollo de sí mismo.
Por tanto, la autoestima,
es el concepto que tenemos de nuestra valía y se basa en todos los
pensamientos, sentimientos, sensaciones y experiencias que sobre nosotros
mismos hemos ido recogiendo durante nuestra vida; creemos que somos listos
o tontos, nos gustamos o no. Los millares de impresiones, evaluaciones
y experiencias así reunidos se conjuntan en un sentimiento positivo
hacia nosotros mismos o, por el contrario, en un incómodo sentimiento
de no ser lo que esperábamos
COMPONENTES DE
LA AUTOESTIMA.
Según lo sugerido
por el autor Mauro Rodríguez, los componentes de la autoestima son
diversos, por ello los sintetizó en tres esenciales, que son:
-
El auto concepto.
-
El autorrespeto y
-
El auto conocimiento.
Conocer cada uno
de los componentes de la autoestima nos permitirá, sin duda, entender
mejor su desarrollo y reconocer la importancia de ella en nuestra vida
cotidiana.
Puesto que la autoestima,
afecta a todo el comportamiento humano y recibe influencias determinantes
desde la infancia hasta el último momento de la vida; es indispensable
identificar sus componentes, para así, elaborar estrategia que nos
lleven a fortalecerla y mantenerla en estado elevado.
Con esta, se busca abordar
el núcleo de la autoestima y su influencia trascendente en el desarrollo
personal; a partir de la identificación de sus componentes, con
el fin primordial de que se avance en la comprensión de ese que
hasta hoy nos resultara tan desconocido: uno mismo.
AUTO CONCEPTO.
El auto concepto es la
opinión o impresión que la gente tiene de sí misma,
es su “identidad hipotetizada”, la cual se desarrolla a lo largo de muchos
años. El autoconcepto, es el conjunto de percepciones cognoscitivas
y actitudes que la gente tiene acerca de sí misma.
El autoconcepto es multidimensional,
y cada una de sus dimensiones explica roles diferentes. Una persona puede
calificarse como marido o esposa, como profesional, como, líder
comunitario, como pariente y amigo, y así sucesivamente; esos aspectos
diferentes del yo, describen la personalidad total.
Los individuos pueden
tener autoconceptos diferentes, que cambian de vez en cuando, que pueden
ser o no, retratos precisos de ellos mismos. Los autoconceptos se elaboran
constantemente, dependiendo de las circunstancias y de las relaciones confrontadas
por el individuo.
Los hallazgos empíricos
han revelado que la diferenciación del yo, aumenta con la edad.
Las contradicciones y el conflicto interno, son menores al inicio de la
adolescencia, alcanzan un punto máximo a la mitad de la etapa adolescente
y al final empieza a declinar. Durante la adolescencia media, los jóvenes
desarrollan la capacidad de comparar, pero no de resolver, atributos contradictorios
del yo.
Al final de la adolescencia
aparece la capacidad de coordinar, resolver y normalizar los atributos
contradictorios, y se reduce la experiencia del conflicto sobre el tipo
de gente que la persona realmente quiere ser.
Hace varios años
(1950), se afirmó que la personalidad tiene cierta estabilidad,
pero que nunca permanece exactamente igual, siempre está en transición,
pasando por revisiones. Allport, utilizó el término “ propium”,
que se define como: Todos los aspectos de la personalidad, que componen
la unidad interna. Esto, para referirse a la identidad personal, al yo,
que se desarrolla con el transcurso del tiempo.
Ruth Strang (1957) identificó
cuatro dimensiones básicas del yo:
Primero.- Un
autoconcepto general, que consiste en la percepción global que el
adolescente tiene de sus capacidades y su status, y de los roles del mundo
externo.
Segundo.- Autoconceptos
temporales o cambiantes, influidos por las experiencias actuales; por ejemplo,
el comentario crítico de un maestro, puede producir un sentimiento
temporal de minusvalía.
Tercero.- Los adolescentes
tienen un yo social, su yo, en las relaciones con los demás, y el
yo al que otros reaccionan. Como decía un adolescente: ”me gusta
la forma en que la gente me responde, hace que me sienta bien conmigo mismo”.
Algunos adolescentes piensan en si mismos sólo de manera negativa,
porque creen que no agradan a los demás. Una influencia importante
sobre el autoconcepto, es la forma en que se sienten los adolescentes en
los grupos sociales.
Cuarto.- a los adolescentes
les gustaría ser el yo ideal que han conceptualizado. Esas imágenes
proyectadas pueden ser realistas o no; imaginar ser lo que nunca serán,
puede conducirlos a la frustración y al desencanto. En otras ocasiones
los adolescentes proyectan una imagen idealizada y luego se esfuerzan por
convertirse en esa persona.
Quienes disfrutan
de una mejor salud emocional, suelen ser aquellos cuyo yo real, se aproxima
al yo ideal proyectado, y quienes pueden aceptarse como son.
AUTORRESPETO.
Respetarse a uno mismo,
es un trabajo indispensable para vivir en armonía con uno mismo
y con los demás.
Constantemente, nos quejamos
de que otros nos faltan al respeto, sin atender a que es más frecuente
que uno mismo se falte al respeto, siendo esto en ocasiones de maneras
inconscientes.
La autoestima, dice Dov
Peretz, que es un silencioso respeto por sí mismo. Mientras que,
según Mauro Rodríguez, el respeto a sí mismo, se manifiesta
a través de las siguientes formas:
1. Atender y
satisfacer las propias necesidades y valores.
2. Expresar y manejar,
e forma conveniente, sentimientos y emociones, sin hacerse daño
ni culparse.
3. Buscar y valorar todo
aquello que lo haga a uno sentirse orgulloso de sí mismo.
Generalmente, las
faltas de respeto, comienzan con faltas de respeto a uno mismo. Habría
que comenzar por revisar detenidamente cómo y por qué yo
lo permito y no tanto por qué el otro lo hace.
Maslow dice. “Sólo
podemos respetar, dar y amar a los demás cuando hemos respetado,
dado y amado a nosotros mismos”.
Y, sin duda, de la misma
manera que las relaciones humanas profundas se establecen sobre bases de
respeto, también la autoestima se fortalece cuando aprendemos a
respetarnos a nosotros mismos.
AUTOCONOCIMIENTO.
Conócete a ti
mismo es la máxima socrática de hace siglos, que expresa
en cuatro palabras una tarea para toda la vida, la más seria de
todas las tareas.
Así, sólo
se puede querer lo que se conoce; si uno es perfectamente desconocido para
sí mismo, es difícil poder quererse uno.
Algunas de las preguntas
a las que, con frecuencia, es difícil encontrar respuesta son: ¿Quién
soy?, ¿Por qué reacciono así?, ¿Qué
me hizo sentirme así?, etc. Debiéndose esto a que no nos
conocemos lo suficiente.
Se dice que cuando aprendemos
a conocernos, en realidad vivimos; y efectivamente, no podemos vivir con
algo o con alguien que desconocemos (uno mismo); mucho menos emplear capacidades,
recursos o habilidades desconocidas para nosotros de nosotros mismos.
El conocimiento de sí
mismo no sólo afecta positivamente a la autoestima, sino a las relaciones
con los demás, y hasta la comprensión del mundo, del universo.
Un físico contemporáneo,
afirmó: “Hemos reunido pruebas suficientes que indican que la clave
para la comprensión del universo eres tu”.
Llegar a un nivel optimo
de autoconocimiento, conlleva la comprensión de que se debe conocer
a los demás, empezando por conocerse a uno mismo, e identificando
la individualidad de cada ser, es decir reconocer la dependencia entre
“yo y los otros”.