Titulo: Un Deseo en Navidad Autor: Katya Ojeda Resumen: ¿Cómo decirle a tu mejor amigo que lo amas? Rating: PG-17 (eso creo) Contenido: h/h Nota: Todos los personajes pertenecen a su autora, o sea yo, no acepten imitaciones. ..... "Ya es muy tarde Javier, ya me quiero ir." "Ya sólo me falta un regalo Lucy, aguántate un poquito." "No estaríamos aquí si no hubieras dejado todo hasta el último minuto." Javier decidió no responder a esta acusación, pues sabía que era verdad. Todas las navidades le pasaba lo mismo. Por más que intentaba administrar su tiempo todo se le acababa juntando al final. Y para hacerlo peor, el último regalo que le faltaba era el de Alejandro, su mejor amigo, la persona más importante de todas y, por supuesto, el amor de su vida. Claro que éste era un secreto que él guardaba celosamente; tanto, que ni siquiera Alejandro se sabía el objeto de los deseos de su mejor amigo. Hasta ahora el tímido Javier no se había atrevido a confesarle su amor, pues estaba seguro de que lo rechazarían. Además, temía que aquél joven rubio, de ojos azules y facciones hermosas, estuviera enamorado de la tonta de Penélope Rojas, la chica más popular de toda la generación de segundo de preparatoria, y también la más resbalosa. El frágil corazón de Javier no soportaría enterarse de que su amigo y amor tuviera algo que ver con ella. Por eso mismo se encontraba a última hora en el centro comercial con Lucía, su hermana menor, buscando el regalo perfecto que expresara su cariño hacia Alejandro. Si no podía decírselo con palabras, se conformaba con hacerlo con obsequios. "De veras Javier, no sé cómo acepté acompañarte, debo estar loca." "Ya Lucy, deja de molestarme que bastante presionado estoy como para aguantarte." "Ah, qué remedio, de todos modos ya sólo queda una tienda, así que si no te gusta nada de allí nos vamos, ¿entendiste?" "De acuerdo." Entraron a la tienda. Parecía ser una de esas tiendas de descuento, con muchos objetos para ver pero en realidad no mucho qué comprar. Javier se desilusionó, pues si no encontraba nada ahí tendrían que irse y ya no podría entregarle su regalo a Alejandro, que al día siguiente partiría con su familia a pasar la navidad en Florida. "¿Ves algo que te guste?" "Estoy buscando." "Aquí no hay nada Javier, mejor ya vámonos, tengo mucha hambre." "Sólo espérate tantito, quedamos en que veríamos un poco antes de..." Fue cuando lo vio. No era muy grande, de hecho no era más grande que el zapato de un bebé. Pero tenía sus cuatro llantas, puertas, placas y hasta el motor, como cualquier otra figura en forma de carro habría tenido. El modelo sería como de los años 60s. Estaba hecho de un material que simulaba el fierro, con cada una de sus partes finamente esculpidas para parecer un coche de verdad (aunque en miniatura). La base a la que estaba adherido era de mármol negro, que hacía resaltar el rojo brillante del pequeño coche. El regalo perfecto. A Alejandro le encantan los coches, pensó. "Lucy, creo que ya encontré mi regalo." .......... Eran más de las 6 cuando Javier dejó a su hermana en su casa y se enfiló hacia la casa de Alejandro. Por fortuna no quedaba muy lejos. Con un poco de suerte tendremos tiempo de salir a algún lado antes de la hora de cenar, pensó Javier alegremente, impaciente ya por ver a su amigo y amor. No estaba preparado para la escena que presenció. Apenas había entrado a la calle donde vivía Alejandro. Aún no divisaba la casa cuando alcanzó a ver a lo lejos a su amigo caminando en dirección hacia él. Creyendo que el joven lo había visto, Javier aceleró un poco para ir a su encuentro lo más rápido posible. Fue entonces cuando ella apareció. Penélope. No la había divisado antes porque venía detrás de Alejandro, abrazándole la cintura y jalándolo de la camisa en actitud de juego, riéndose con fuerza al igual que su acompañante. El pobre Javier sintió como si un millón de agujas se clavaran en su pecho. Fue tal el impacto que por poco se estrelló contra la puerta de una de las casas de la calle. Apenas reaccionando a tiempo, alcanzó a frenar y ahí se quedó, confundido, sin saber si debía quedarse o huir de aquella horrible escena que estaba ante sus ojos. Es mejor irme, decidió al fin, sólo estoy haciendo el ridículo. Pero justamente cuando encendió el carro para alejarse de ahí, Alejandro reconoció el vehículo de su mejor amigo y se acercó corriendo hacia él. "¡Javier! ¡Qué bueno que vienes! Creí que ya no podría despedirme de ti antes de irme." "Ah, sí, por eso vine –salió rápidamente del coche – Quería felicitarte antes de que te fueras. Espero no interrumpir nada." "¿Lo dices por mí? –Dijo Penélope con su típica voz de inocente que tanto irritaba a Javier. –Yo sólo vine a dejarle su regalo a Alex y a convencerlo de que fuéramos al cine, pero si quieres venir no hay ningún problema." "Gracias, pero no puedo –contestó el chico, tratando en vano de disimular su enojo hacia esa niña –. Sólo vengo de paso. Tengo que irme. Alex, felicidades, que te vaya bien en Florida. "Gracias amigo." Javier se subió apresuradamente a su coche y se alejó de ahí, sintiéndose humillado por Penélope, y a la vez lastimado por comprender al fin que Alejandro nunca sería para él. Me lo merezco por tonto, ¿cómo pude creer que Alejandro correspondería mi amor? Sintiendo que las lágrimas corrían por su rostro, el chico se detuvo en un parque cercano y se sentó en una banca para pensar en lo sucedido. Ya estaba anocheciendo, y en todas las casas podían verse a lo lejos las alegres luces parpadeantes de los árboles de navidad. Algunas casas también estaban adornadas por fuera. Interminables hileras de luces, figuras de tamaño natural, coronas, campanas, prendiendo y apagando al son de villancicos electrónicos provenientes de una caja oculta entre la maraña de cables que se formaba. Tanta alegría y hermosura era como una burla hacia la tristeza en el corazón de Javier. Estúpidas luces, estúpida navidad; era lo único que Javier lograba pensar. "¿Qué estás haciendo?" Javier alzó la cabeza, sorprendido. ¡Era Alejandro! Avergonzado al ser sorprendido llorando, el chico se enjugó las lágrimas y se levantó. "Perdóname, no sé qué me pasó." "Ven conmigo, necesito decirte algo." Javier siguió a Alejandro fuera del parque, hacia una de las casas que estaban cerca. Ésta, a diferencia de las demás, estaba totalmente a oscuras a pesar de que estaba adornada como las demás. "Mira, esta casa es de mis tíos, pero ahorita están de viaje, así que nos dejaron las llaves para cuidarla." Alejandro sacó una pequeña llave dorada y abrió la puerta. Hizo pasar a Javier a oscuras y lo sentó en la sala antes de ir a prender las luces. El joven quedó mudo de asombro cuando éstas al fin se encendieron. La casa estaba llena de los adornos navideños más hermosos que había visto. Alfombras, cortinas, manteles, figuras, todo objeto de esa casa tenía motivos navideños. Miles de luces adornaban cada centímetro de la casa, por dentro y por fuera. Era un espectáculo que Javier jamás olvidaría. "Es bellísimo Alex, de veras." "Qué bueno que te guste, quise enseñártelo para que estuvieras más tranquilo, porque debo decirte algo importante." A Javier no le gustó el tono de voz de su amigo. Seguramente me va a anunciar que ya anda con Penélope, se dijo tristemente. "Javier, tú sabes que después de pasar la navidad en Florida probablemente me iré a St. Paul con mis padrinos a vivir por un tiempo, así que tal vez no nos lleguemos a ver cuando acaben las vacaciones." "Sí, ya lo sé, ¿por qué?" "Porque no logro entender porqué no te despediste de mí hace rato, ni me dijiste nada, creí que éramos mejores amigos." "Lo somos, de verdad, pero no podía decirte nada con ella ahí." "¿Te refieres a Penny? Ella es una encimosa y tú lo sabes, yo no tengo nada que ver con ella. ¿Era eso lo que te preocupaba?" "Algo así, es muy complicado –Javier se sentía demasiado confundido y nervioso como para decir algo más, en parte por el recuerdo de la humillación que había sufrido, en parte por el temor de que, si le confesaba sus sentimientos a Alejandro, éste lo rechazaría. –Es que me sentí algo inseguro frente a ella, no podía expresarme bien sintiendo cómo me miraba." "¿Y qué es lo que querías expresar? Ahora que no está ya puedes decirlo." "Pues yo... yo......" El chico no pudo contenerse más. Eran demasiados sentimientos extraños surgiendo de la nada, incontrolables, los que golpearon a Javier y lo hicieron caer al suelo envuelto en llanto, olvidando casi por completo la vergüenza que había sentido anteriormente cuando Alejandro lo vio llorar en el parque. Así, en esa actitud patética, sacó con manos temblorosas un pequeño objeto envuelto con papel navideño de su chamarra y alargó el brazo hacia arriba. "Te... te amo." Por unos segundos, el joven Javier se quedó en esa posición, aún sollozando, temiendo que en cualquier momento su amigo lo golpeara por semejante atrevimiento. Pero la verdadera reacción que tuvo el joven rubio fue lo último que Javier se habría imaginado. De pronto sintió cómo Alejandro, que se había agachado a la altura de Javier, lo tomaba de la barbilla y le levantaba la cara para verlo a los ojos. Con una sincera ternura, le sonrió a su lloroso amigo, le enjugó las lágrimas con la otra mano, y lentamente acercó su rostro hasta culminar en un suave y gentil beso que ni el mejor de los poetas habría podido describir. En ese solo acto, todas las preocupaciones, todos los temores, todas las penas y el sufrimiento de Javier se esfumaron, y su corazón se llenó de una paz y una dicha inexplicables para cualquiera que no conoce el amor puro y verdadero. Ahí mismo hicieron el amor. No sintieron el frío del piso de mármol, ni escucharon, los alegres villancicos que alguien en alguna otra casa había puesto a todo volumen. Sólo sintieron el calor de sus cuerpos y escucharon el sonido de sus respiraciones rítmicas al movimiento que realizaban, hasta que todo finalizó con un sentimiento mutuo de éxtasis que expresaron con un gemido de placer que se habría escuchado por toda la cuadra de no ser por la música a todo volumen que seguía tocando (ya era otro disco), en la casa del vecino desconocido. Era casi de mañana cuando Javier sintió que alguien lo movía gentilmente. Su cuerpo desnudo estaba cubierto por una gruesa manta verde con rojo, los colores de la navidad. La casa estaba en silencio. Los adornos festivos apenas eran visibles bajo la poca luz que se filtraba por las cortinas. Javier se incorporó para ver a Alejandro, ya vestido, hincado junto a él, observándolo con una mezcla de dulzura y tristeza. "Ya debo irme, antes de que mis padres vean que no pasé la noche en mi cuarto." "Alejandro..." "¿Sabes algo? Siempre te he amado, amo los rizos negros de tu cabello, esos hoyuelos que se te forman al reír, la manera en que te sonrojas cuando intentas decir algo pero no sabes cómo, nunca supe cómo decírtelo, pero ahora que lo sabes siento que me he quitado un gran peso de encima." "A decir verdad, yo también. Esta es la mejor navidad que he tenido en mi vida." "Feliz Navidad, Javier." "Feliz Navidad, Alejandro." Sabiendo que no tenían mucho tiempo, se dieron un beso de despedida y acto seguido Alejandro se encaminó a la puerta, pero antes de salir recordó algo y volteó hacia su amigo. "¿Y qué era ese pequeño paquete que ibas a darme ayer?" "Sólo una baratija, ya no importa." FIN