Revista Latina de Comunicación Social
D.L.: TF - 135 -
98 / ISSN: 1138 – 5820
http://www.ull.es/publicaciones/latina
http://www.ull.es/publicaciones/latina/2002/latina50mayo/5009ortiz.htm
Apuntes
sobre la educación virtual
Lic. Carolina Ortiz ©
Bogotá (Colombia)
La educación virtual es
una actividad humana que se lleva a cabo a distancia, según un modelo de adquisición
de conocimiento, en función de unos objetivos educacionales, mediante
tecnologías informáticas y de telecomunicaciones, brindando gran flexibilidad
al uso del tiempo, otorgando una libertad geográfica y locativa casi total, y
generando una tónica de trabajo colaborativo capaz de moldear muchos aspectos
de la sociedad tal como hoy la conocemos.
Palabras claves: Virtualidad, educación, modelo pedagógico, nuevas
tecnologías.
Deshumaniza o, al menos,
despersonaliza. Todo ello por que no es presencial.
Pero la distancia es una
consecuencia de las realidades y circunstancias humanas. Surge de las
migraciones causadas por otros fenómenos, humanos o naturales: guerras,
pobreza, enfermedad. Surge de los desplazamientos, porque se ha encontrado un
buen trabajo en otra parte o porque se ha perdido el que se tenía. Surge de la
política y la economía, de las más hondas emociones humanas: la avaricia, y la
generosidad, el odio y el afecto, la admiración y la envidia. No
despersonaliza. Se adapta a las personas reales dentro de un orden social real.
De hecho, es personal. Tan personal como la presenciabilidad.
Además, ¿quién valida la
peregrina afirmación de que aquella educación en la cual el maestro y el alumno
se ven cara a cara es mejor que la educación a distancia o virtual? ¿Con que
autoridad se atribuyen privilegios de juez a quien solo a experimentado una de
las tres posibilidades? La distancia ha generado procesos creativos para que
los seres humanos logren hacer las cosas: están los golpes de tambor de los
bosquimanos, las señales de humo de los pieles rojas, las cartas que por siglos
y siglos han sido medios para extraordinarias relaciones a distancia, estan los
pitidos cortos y largos de la clave Morse, está el teléfono que tantos
acaloramientos comerciales, políticos y románticos ha patrocinado, está la
televisión que aún no ha despersonalizado al fútbol, ni le ha quitado pasión
humana al erotismo.
McLuhan invita a no
confundirse en el carrusel donde el mensaje es el medio deviene masaje sobre el
criterio y la autonomía. La única verdad es el medio y el medio deviene masaje
sobre el criterio y la autonomía. La única verdad es que la mayor parte de lo
que se aprende, se aprende en relación directa con los materiales y contenidos
a asimilar, no necesariamente en charlas peripatéticas con el maestro. Los
fracasos humanizados por un maestro presencial son tan fracasos como los
sufridos en las aulas virtuales. Seguramente hay cursos virtuales vacíos,
superficiales u obsoletos, igual que muchísimos maestros presenciales, sin ir
más lejos.
Lo virtual no es magia ni
engaño. Quien nos ofrece una realidad virtual no pretende darnos gato por
liebre. La virtualidad se basa en la aceptación por un grupo de personas -al
menos dos- de una metáfora con elementos simbólicos o simulados. Se trata de
aceptar esa metáfora como si fuera la realidad, tal como aceptamos el cine y la
televisión como si fueran entornos tridimensionales cuando, como muy bien lo
sabemos, se trata de representaciones bidimensionales donde tamaño y velocidad
representan percepciones de movimiento o estatismo, de distancia o cercanía.
Así, se acepta un simulador de vuelo, de tráfico terrestre, de juego
empresaria, de diagnostico clínico o de diseño mecánico.
Parte del concepto mismo de
virtualidad lo hemos recibido, a modo de legado, de un maestro que jamás
veremos presencialmente y con el cual solo tendremos relación mediante un
dispositivo virtual: El libro. Precisamente, el libro V de
En ese mismo primer párrafo
se dice que la educación virtual tiene unos modelos que le son propios. Y es
verdad, le son propios en tanto que educación, no en tanto que virtual, ni en
tanto que a distancia.
La educación es una
relación epistemológica entre un sujeto, la persona humana, y un objeto que
puede ser gnoseológico o actitudinal. La composición de la persona es extremadamente
compleja. Por tal razón se toma de ella, por política metodológica, unas pocas
variables, de modo que su seguimiento y administración no se vuelva imposible.
Como variable obvia, está la inteligencia sin la cual no hay cognición. Menos
obvio es el papel de la memoria, pero su papel es crucial en la retención de lo
inteligido. La motivación aparece como una estrategia apuntada hacia una
variable conformada por los componentes emocionales y afectivos de la persona.
El modelo, con la adición de los elementos pedagógicos, podrían representarse
mediante el esquema que sigue:
Sujeto
Memoria
objeto
afectividad
De todos modos, si hubiera
que buscar diferencias, en el paradigma que subyace al modelo donde se
encuentran más divergencias entre la tradición presencial y la innovación
virtual: de un modelo con pasos concretos en una secuencia específica, propio
del paradigma algorítmico que sirve de plataforma a la presencialidad, se pasa
a privilegiar los procesos personales de construcción allí donde sea posible.
Las demandas de la sociedad siempre exigirán más, en menos tiempo, pero se
dejan espacios suficientes para el descubrimiento, dentro de las aproximaciones
auto-activas y constructivitas que se tejen con el nuevo paradigma heurístico
de la educación a distancia. Desafortunadamente, el constructivismo es
susceptible de interpretaciones cómodas, perezosas y permisivas que adjudican
al estudiante casi todo el trabajo, incluso el que le corresponde al
“facilitador”. Bajo la excusa de que el estudiante es quien debe operar sobre
los materiales de aprendizaje, el antiguo maestro cambia de nombre y deja
reinar su inercia desde la cátedra. Así “orienta”... inercialmente.
No se ha mencionado aún la
educación virtual, es decir, la educación llevada a efecto desde la no-
presencialidad y en entornos mayoritariamente virtuales, pues no toda la
educación a distancia es virtual. En cualquier caso, la educación virtual no se
inscribe obligatoriamente dentro de ninguna “confesión” pedagógica. Comparte
con la presencialidad una reversibilidad que permite la convivencia de
orientaciones didácticas diferentes, en tanto que éstas actúen de modo
coherente con los fines de la educación. el aprendizaje en ambientes virtuales
es la resultante de un proceso en el cual el estudiante construye su saber.
Pude también surgir de la practica, como puede ocurrir con las
simulaciones económicas, políticas, administrativas, médicas o tecnológicas.
Como quiere que sea , hay que admitir que las competencias más elevadas no se
logran sin la compañía del análisis crítico. En otras palabras, así como la
presencialidad privilegia diversos enfoques analíticos de la educación, estos
también son necesarios y posibles en los escenarios virtuales.
Se decía al comienzo de
este documento que la educación virtual hace uso de las nuevas tecnologías
informáticas y de telecomunicaciones (NTTIT), y ello es muy cierto porque se
articula y concreta en la simulación y re-creación de contextos y escenarios
que no son reales y dependen de la multimedialidad y de la transmisibilidad
para existir, pero no es allí donde radica la mayor diferencia entre lo virtual
y lo presencial, Más aún es posible “ser” presencial al tiempo que virtual,
como ocurre con las especies, después de la transubstanciación en la
eucarística cristiana: hay presencialidad real en hostias y vino, y hay
virtualidad- más que simbolismo- en el cuerpo y la sangre de Cristo.
La diferencia más
importante entre la educación presencial y al virtual radica en la diversidad
de medios y en el potencial educativo que rinde la optimización de cada uno de
ellos. No se puede seguir haciendo en un medio muevo lo que se sabía hacer en
un medio viejo, aunque el fin educativo y el resultado buscado sea el mismo. Lo
que sí tenemos que saber antes de empezar es que las técnicas y los
procedimientos son distintos. Quien se niega a aceptar esta diferencia medial o
quien simule a aceptarla, pero se aferre a sus propios saberes trillados, va al
fracaso en su quehacer pedagógico, hará mucho más el profesor tradicional que
no reniega de sus métodos.
Educación y virtualidad
devienen, pues, más complementarias que antagónicas, pues la educación puede
utilizar el arsenal creativo de la virtualidad y ésta se beneficia, en tanto
que sistema, de la metodología de trabajo comunicativo y pedagógico que abunda
en aquella.
Volviendo al nuevo
paradigma educativo, que confiere una plataforma heurística a la
virtualidad, hay que decir que no es totalmente nuevo. Su valor estriba
en la oportunidad de reflexionar y re-inventar la educación y sus métodos.
Todas las teorías psicológicas del aprendizaje, todas las metodologías, las
didácticas especiales, las teorías de la comunicación, las técnicas de diseño,
en fin, todas las disciplinas auxiliares de la educación, se resignifican
ante la virtualidad, abierta a cualquier categoría de creación.
Este nuevo paradigma se
apalanca sobre el modelo pedagógico y el modelo organizacional, muy
estrechamente vinculados y condicionados en una correspondencia puntual y
biunívoca.
El modelo pedagógico se ha
enfocado en la relación sujeto objeto y la idea resulta atractiva por si misma.
Pero la reingeniería organizacional que presupone el montaje de un paradigma
heurístico virtual es costosa, poco obvia y rodeada de resistencias internas.
Un modelo organizacional
que sirva de base a la implementación de un modelo pedagógico virtual deberá
garantizar a todas las personas que quieran educarse, el acceso a la educación
mediante el mayor número posible de conductos, motivo por el cual se hace
imperativa una mirada prospectiva y constante sobre el desarrollo, la evolución
y las ofertas de las NTIT. Dicho modelo también debe aplicarse al mejoramiento
de los modelos pedagógicos des-centrándolos del modo de aprendizaje, pues la
metodología que se debe aplicar en entornos virtuales globales no puede ser la
misma de las actuales universidades, locales y muchas veces parroquiales. Los
escenarios web vinculan culturas diferentes y el problema lingüístico es cada
vez menor. Es la mentalidad y la concepción cultural la que plantea grandes
desafíos transculturales a la globalidad.
La educación virtual está
abierta, pues, a entornos globales, pese a lo cual vale la pena considerar
algunos comportamientos locales. En efecto, hay proyecciones –trazadas a partir
de estadísticas comerciales de Internet– que muestran que Hispanoamérica pasará
de tener un 4.8% del total de instituciones de educación virtual del mundo al
25 % global dentro de cuatro años, quintuplicando su actual grado de
participación en el campo, lo cual reducirá drásticamente la distancia entre
los países desarrollados y los países en vía de desarrollo en cuanto a
mercados del conocimiento se refiere.
En el terreno de las
universidades virtuales se ha empezado ya a diferenciar varias alternativas y
modalidades. Hay una enorme cantidad de cursos virtuales en Internet. Los hay
excelentes, buenos, regulares, malos y malísimos. La mayaría parece en sitios
gratuitos y no gozan de la bendición de ninguna universidad, si bien sus
creadores son generalmente docentes universitarios. Hay sitios web que
van más lejos y ponen herramienta de autoría a disposición de profesores –
autores potenciales. Incluso se dan sugerencias sobre el diseño
instruccional, tema que goza de la antipatía de los educadores de la
post-modernidad. El paquete completo se redondea con espacios comunes para la
colocación de los cursos así creados. En una palabra, sitios gratuitos para
virtualistas aficionados que proceden a título individual, sin un modelo
coherente, y sin amparos legales de los derechos de autor.
Otra modalidad se logra
mediante el establecimiento de acuerdos o convenios de diferentes
universidades, sin que importe si son de un mismo país o de continentes
diferentes. Este esquema organizacional de universidad virtual es sumamente
sencillo pues puede ir, desde una configuración mínima de estructura virtual
que se mediatiza la puesta en red de diversos cursos realizados en distintas
universidades, hasta la suscripción de acuerdos políticos y de protocolos
informáticos entre distintas instituciones de educación superior. Dentro de
esta última escena surge incluso posibilidades de convenios
académico-económicos para el montaje con fondos conjuntos de plataformas
tecnológicas potentes y ambiciosas, destinadas a servir, en primera instancia,
a los suscriptores del convenio, pero abiertas a toda la institución de
educación superior, formal o no, mediante un esquema de regalías
que las libera de inversiones cuantiosas al tiempo que les ofrece una
virtualidad de primerísima línea.
Lo cierto es que el
entorno de la educación tiende a convertirse en un mercado global del conocimiento
y avanza vertiginosamente hacia su encuentro con lo que alguna vez llamamos el
futuro. Estar en este espacio digital de educación superior es ya una realidad.
Como seres humanos que somos, personas con principios éticos y valores, y como
miembros de diversas instituciones con visiones, misiones, estilos y valores
propios, también tenemos la obligación de garantizar que ese espacio cumpla con
su propósito primario, es decir, la formación integral de personas para la
construcción de nuevos ordenes sociales, comerciales y tecnológicos y humanos,
de la diferencia, el reconocimiento y el respeto por la diversidad. Al fin y al
cabo, eso es lo que necesitamos todos. Virtualmente todos.
Nombre de la
autora, 2002; título del texto, en Revista Latina de Comunicación Social,
número 50, de mayo de 2002,
http://www.ull.es/publicaciones/latina/2002/latina50mayo/5009ortiz.htm