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Josep M. Duart |
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Hace tan sólo pocos años era
improbable imaginar una situación en el mundo de la educación como en la que
ahora vivimos. La tecnología, entendida como el arte del saber hacer,
ha estado siempre presente en la historia de la pedagogía, pero en las dos
últimas décadas del siglo XX ha tomado un papel predominante como
instrumento, como máquina al servicio de la educación. Desde el uso de
los magnetófonos, la televisión, el vídeo, pasando por la enseñanza asistida
por ordenador, los distintos instrumentos tecnológicos que han entrado en
nuestra cotidianeidad a través de los salones de nuestras casas, han tenido
su repercusión en las metodologías de educación y aprendizaje. Muchos han visto y vivido la
irrupción de la tecnología en la educación como un peligro, una amenaza para
el correcto proceso educativo. La supuesta pérdida de la relación
entre educador y educando en tanto que personas ha sido el argumento básico
esgrimido por los detractores de la entrada de la tecnologías en las dinámica
educativa. Hace tiempo que sabemos que lo que define la relación entre las
personas no es tan solo el medio que usan para hacerlo si no que sobretodo es
la capacidad que tenemos para comunicarnos. Y para hacerlo no usamos sólo la
presencia física, el cara a cara. Hemos pasado por las señales de humos, por
la comunicación epistolar, telefónica, hasta las posibilidades actuales del
correo electrónico. Sea como sea las personas nos relacionamos. Forma parte
de nuestro ser social. Y si hay relación hay también acto educativo. Sea cual
sea el medio de comunicación. Hoy el medio de comunicación e
información que esta en auge es el que proporciona la red de redes: Internet.
La red nació hace ya treinta años pero tan solo hace seis que incorporó
color, imagines, sonido, y facilidad en el transporte de datos. Se ha vuelto
amigable y atractiva, lo que ha supuesto una rápida penetración en nuestras
vidas cambiando nuestras mentalidades, nuestras formas de acceder al saber y
de conocer. Nos encontramos, por tanto ante un cambio en los procesos de
aprendizaje que los más jóvenes viven como parte de su formación inicial
básica y los más adultos viven, a menudo, como un problema personal de
adaptación aun mundo cambiante. Educación y virtualidad, una relación creativa
La educación ha sido siempre una
tarea compleja. Desde que nacemos y nos relacionamos estamos siempre
expuestos a procesos de aprendizaje. La educación forma parte destacada de
nuestros mecanismos de identificación, transmisión y pervivencia humana.
Educación y aprendizaje son, de hecho, acciones plenamente humanas. Pero hay
quien opina que la educación a distancia sólo puede ser formación, es decir, proceso
instruccional, no educativo. Esta percepción se fundamenta en la
característica definitoria de la no presencialidad: la ausencia de
presencia; y de ello se podria concluir la imposibilidad de educar, de
socializar, de transmitir percepciones comunitarias. La virtualidad no es un algo
nuevo en la historia de la humanidad. Desde el mito de la caverna de Platón
pasando por las imágenes o leyendas de la Edad Media, hasta la visión –no desde
la fe– de la percepción cristiana de la eucaristía, la virtualidad, entendida
como semblanza de realidad (pero no real), ha estado siempre presente entre
nosotros. La diferencia radica en que mientras a lo largo de la historia el
potencial de la virtualidad residía en la imaginación, en las ideas, en las
creencias, hoy día, manteniendo todavía vivo –por suerte– ese potencial, la
tecnología nos brinda la posibilidad de, incluso, visionarlo con nuestros
propios ojos, reconstruir la imaginación, de hacer realidad visual nuestras
ideas. Se trata de lo que paradójicamente llamamos “realidad virtual”. Hoy
existe, además, la posibilidad ampliamente difundida de construir auténticas comunidades
virtuales, es decir, espacios no físicos y atemporales de interacción
humana.[1] Las nuevas tecnologías de la
comunicación y de la información han hecho asequible la virtualidad a
innumerables personas que antes sólo la percibían como futurible. Se ha
creado un nuevo medio de relación, un espacio de comunicación atemporal, en
el que la reproducción mimética de lo que se realiza con normalidad en las
relaciones presenciales es un desprecio a las posibilidades que el nuevo
medio ofrece. La característica más destacada de la virtualidad es la de la
creatividad. (Lévy, 1999:12) Y como en todo espacio social, la educación es
clave para el mantenimiento y desarrollo del propio sistema. La virtualidad nos ofrece la
posibilidad de crear entornos nuevos de relación, y como tales, deben de ser
tratados de forma distinta para extraer de ellos el máximo de su potencial.
La riqueza de estos nuevos entornos, todavía en fase de exploración, es
enorme y su poder reside en nuestra capacidad de saber usarlos al máximo de
sus posibilidades. Debemos cambiar de hábitos, ser creativos, para rendir en
este nuevo medio mientras podamos hacerlo. En la generalización del
aprendizaje para el uso, y para el saber estar y saber participar
en ese medio, está la clave del éxito. La educación no puede ser ajena al potencial que los nuevos
espacios de relación virtual aportan. Ante la rapidez de la evolución
tecnológica, ahora más que nunca, la educación debe manifestarse claramente y
situar la tecnología en el lugar que le corresponde: el de medio
eficaz para garantizar la comunicación, la interacción, la información y,
también, el aprendizaje. La relación que se establece entre educación y virtualidad
es una relación de creatividad. La oportunidad de volver a pensar de
forma creativa la educación, así como los mecanismos y dinámicas que le son
propias, a partir de la tecnología como excusa, es un factor claramente
positivo. La educación convencional y la educación a distancia están convergiendo
en un mismo paradigma, en un mismo espacio de reflexión y de análisis [2]que estimula los procesos de
optimización de la acción educativa, especialmente en el ámbito de la
educación superior universitaria y permanente. Pero, ¿podemos educar en la virtualidad? Ésta es la
principal pregunta que debemos intentar responder. Partiendo de la concepción
de la educación como una experiencia humana y de maduración personal
consideramos que la respuesta no puede ser otra que afirmativa. Y lo
afirmamos desde la convicción, expuesta ya con anterioridad, que se puede
educar sin la coincidencia físico-temporal propia de la metodología docente
convencional. Las experiencias humanas, la maduración y la reflexión, son
procesos individuales, que pueden ser vividos en y desde una comunidad, pero
que en tanto que procesos educativos deben –o pueden– ser pautados (diseñados
curricularmente) además de estar circunscritos en un espacio en el que son
posibles la vivencias y las sensaciones, fuentes de evidente potencial
educativo.[3] La educación en la virtualidad,
es decir, desde la no-presencia en entornos virtuales de aprendizaje, no se
sitúa necesariamente en ninguna orientación educativa concreta. Al igual que
en la presencialidad existe la convivencia entre orientaciones y didácticas
diversas, siempre que éstas actúen de forma coherente con las finalidades
educativas y con los fines de la educación, de la misma forma sucede en la
virtualidad. El aprendizaje en ambientes virtuales es el resultado de un
proceso, tal y como valoraríamos desde la perspectiva humanista, en el que el
alumno construye su aprendizaje. También puede ser el producto realizado a
partir de la practica, como puede ser el caso del trabajo a partir de
simuladores. Y evidentemente la acción resultante de un trabajo de análisis
crítico. Es decir, que de la misma forma que la presencialidad permite
diferentes perspectivas de análisis o de valoración de la educación, éstas
también son posibles en la virtualidad. La diferencia más importante
entre la educación en la presencialidad y en la virtualidad reside en el cambio
de medio y en el potencial educativo que se deriva de la optimización del
uso de cada medio. No podemos hacer lo mismo en medios distintos, aunque
nuestras finalidades educativas y, por tanto, los resultados que perseguimos
sean las mismos, pero debemos saber de antemano que el camino que debemos
recorrer es distinto. En la aceptación de esta diferencia de medio de
comunicación reside el éxito o el fracaso de la actividad educativa. Educación y virtualidad se
complementan en la medida en que la educación puede gozar de las
posibilidades de creatividad de la virtualidad para mejorar o diversificar
sus procesos y acciones encaminados a la enseñanza y al aprendizaje,
mientras que la virtualidad como sistema se beneficia de la metodología de
trabajo educativo y de comunicación, necesaria en aquellos casos habituales
en los que la finalidad de la relación en la red sobrepasa la de la búsqueda
de información. ¿Cómo educar en la virtualidad?
La experiencia de la UOC Existen caminos diversos para
llegar al mismo punto final: la educación de la persona. En la virtualidad,
al igual que en la presencialidad, los distintos caminos conviven y se
complementan. Las actuaciones educativas en las que tanto el educador como el
educando sepan ser flexibles en el proceso y adaptar las metodologías y las
didácticas a las necesidades educativas, al perfil de los componentes del
proceso y al contexto de aprendizaje tienen una posibilidad de éxito bastante
garantizada, así como un alto nivel de calidad formativa. Pero en la
virtualidad deben cumplirse unos mínimos ya que la gran diferencia entre la
presencialidad y la no presencialidad reside en que ésta necesita de la
explicitación de los procesos y de las metodologías de aprendizaje, más que
la presencialidad, y por ello la tarea debe estar siempre previamente
diseñada y debe ser conocida por el estudiante. ¿Cuáles deberían ser los
elementos a tener en cuenta como diferenciales en los procesos educativos en
ambientes virtuales? Consideramos que, deben ser de dos tipos: metodológicos
y organizativos. Metodología para la educación en la virtualidad La metodología educativa para
entornos virtuales de aprendizaje debe estar centrada en el estudiante.
No puede ser de otro modo, sobretodo teniendo en cuenta las características
especiales de los estudiantes no presenciales, entre las cuales destacamos
que son personas de más de 25 años de edad con trabajo estable y para las
cuales el problema no es la distancia ya que no viven aisladas, sino el
tiempo, es decir, la imposibilidad de estudiar o acceder a los centros de
formación convencionales en horarios preestablecidos. Necesitan de un sistema
que se adapte a ellos, no ellos al sistema. La UOC, universidad pionera en el
mundo en el uso completo de internet para la formación superior oficial, ha
desarrollado su modelo educativo a partir de las necesidades de los
estudiantes. De ahí que su oferta haya crecido de forma exponencial en cinco
años, de 200 alumnos en el curso piloto en el año 1995 hasta los 15.000 de la
actualidad en 11 titulaciones homologadas. La clave del éxito de la UOC
reside sobretodo en haber comprendido desde el inicio que para organizar la
educación en la virtualidad es necesario disponer de un modelo educativo
basado en la asincronia que permite dar respuesta a las necesidades
formativas de muchas personas en nuestra sociedad actual, así como, dotarse
de una organización flexible pensada para la virtualidad. Replicar el modelo
clásico de organización universitaria hubiera llevado al fracaso el proyecto
de la UOC. La UOC se presenta como una
oportunidad para miles de personas adultas que trabajan y que necesitan
una formación constante para adaptarse a los cambios contantes. Y esa
formación debe levarse a cabo a partir del conocimiento de las necesidades de
las personas y de las organizaciones. No se trata de abrir las puertas de la
universidad, se trata de llevar la universidad a casa de cada estudiante. El modelo de la UOC, centrado en
el estudiante, se basa en cuatro pilares:
A parte del modelo pedagógico
general, que debe dar coherencia a la acción educativa, debemos trabajar en
metodologías concretas de aprendizaje, o lo mejor todavía, en la adaptación
de las metodologías convencionales de aprendizaje a los entornos virtuales.
Métodos como el del caso, o los debates, o las exposiciones en clase, los
mapas conceptuales, etc., son fácilmente transportables a un espacio virtual;
únicamente debemos tener en cuanta que la secuencia didáctica de elaboración
y de implementación es distinta, y en algunos casos más dilatada en el
tiempo.[4] Organizar la educación en la virtualidad La organización (institución
formativa) debe poner las posibilidades de las nuevas tecnologías de la
información y de la comunicación al servicio del estudiante, es decir, al
proceso de aprendizaje. La tecnología será un medio, un valor añadido, pero
no una finalidad en sí misma. Los entornos virtuales de aprendizaje deben ser
el principal espacio de comunicación entre la comunidad virtual que forma la
organización o institución de formación. Estos espacios deben permitir la
relación de los estudiantes entre ellos, de los estudiantes con los
profesores y de los profesores entre sí, así como de cualquier miembro de la
comunidad con la organización y viceversa. Los entornos virtuales de
aprendizaje es el lugar en el que se encuentran las materias de estudio, así
como los materiales de aprendizaje. Los estudiantes, los profesores, etc.
forman todos parte de la comunidad. Cada materia de formación debe disponer
de una serie de posibilidades de trabajo: debates, foros, mensajes
electrónicos, actividades, enlaces, etc. Los materiales de aprendizaje, como
ya hemos observado, deberán permitir la interacción y la construcción
colectiva del conocimiento. La organización para la educación
en la virtualidad necesita de una estructura particular. Al igual que
cualquier otra organización educativa, las organizaciones educativas
virtuales deben gestionar tanto los procesos que afectan a los estudiantes
(gestión académica) como los que afectan a la docencia (gestión docente).
Pero la forma de hacerlo será diferente. Además, las organizaciones no
presenciales, según cual sea su modelo pedagógico, deberán gestionar también
la producción o edición de materiales educativos. La gestión de las organizaciones
educativas virtuales deberá actuar en función de los siguiente parámetros:
Está claro que no existe una
única forma de organizar una institución educativa, ni convencional ni
virtual, pero sí que parece evidente que el modelo organizativo que se adopte
para la gestión y la administración tiene claras consecuencias en el
funcionamiento de la organización y por tanto, en el facilitar o no el logro
de sus objetivos. De ahí la importancia de organizar a partir del modelo
educativo, es decir, de situar la gestión al servicio de la aplicación
del sistema educativo. Hacia un nuevo paradigma educativo
Parece ser que el futuro de las
instituciones formativas se sitúa en el escenario de la globalidad. Las
nuevas tecnologías ofrecen la posibilidad de compartir, en un mismo escenario,
las ideas y las metodologías de formación. Una visión de futuro debe
centrarse en garantizar al máximo la accesibilidad a la formación de
cualquier persona así como en poder garantizar modelos formativos que se
adecuen a esta nueva forma de aprender. Ferraté (1998) afirma que “las
metodologías basadas en conceptos de virtualidad se irán extendiendo y
generalizando a causa de la inmensas posibilidades pedagógicas y sociales que
comportan. Debemos tener presente que las metodologías asociadas al concepto
de virtualidad pueden ayudarnos a romper, no solamente las barreras del
tiempo y del espacio sino también las barreras sensoriales” (Ferraté,
1998:187). Es cierto que la sensorialidad está presente también la
virtualidad. Y que, como hemos visto, educamos también a través de nuestra
capacidad de sentir. El nuevo paradigma educativo que
configura la virtualidad no es del todo nuevo. Consideramos que su
valor reside en la posibilidad que nos brinda este medio de reinterpretar, de
repensar la educación y sus mecanismos. Las teorías del aprendizaje, las
metodologías, la didáctica, la comunicación, etc., deben resituarse ante un
espacio, el de la virtualidad, que se nos presenta abierto a todo tipo de
posibilidad de creación. Un camino nuevo a explorar y que debemos tener
presente para afrontar los retos formativos que se nos plantean en el nuevo
milenio. Efectivamente los dos puntales
para la constitución de este nuevo paradigma son el modelo educativo y el
modelo de las organizaciones. Ambos se relacionan estrechamente y se
condicionan mutuamente. Del modelo educativo hemos destacado la importancia
de centrarlo en las necesidades educativas del estudiante. Quizás resulta el
más evidente. Pero el más costoso, sobretodo para las organizaciones
formativas superiores[5], es el cambio organizativo. Los
factores en los que deberá fundamentarse la estrategia hacia la construcción
de un espacio de formación virtual deben girar alrededor de los siguientes
ejes:
En al ámbito de las universidades
empiezan a existir ya diversas modalidades. Se trata de facilitar al máximo
la realización de cursos a través del web, de forma virtual, ya sea
situándolos en un espacio común[6] o estableciendo convenios entre
diferentes universidades, sean del país o continente que sean.[7] La organización de esta tipología
de universidad virtual es simple ya que en el primer caso se reduce a la
mínima configuración de una estructura virtual que permita la difusión de
diferentes cursos que se realizan en distintas universidades[8] o bien a acuerdos políticos y de
protocolos informáticos entre distintas instituciones formativas en el
segundo caso.[9] La realidad es que el mundo de la
formación se mueve hacia el futuro con una rapidez vertiginosa. Estar en este
espacio planetario de formación universitaria será una realidad en breve (de
hecho ya lo es casi ahora). Como personas con nuestros valores y como
institución con estilos y valores propios también tenemos la misión de
garantizar que ese espacio cumpla el objetivo para el que se crea: la
formación de las personas a partir del compartir conocimientos e ideas, pero
desde el reconocimiento y respeto a la diversidad. Bibliografía
DUART, Josep M. La
organización ética de la escuela y la transmisión de valores. Barcelona,
Paidós, 1999. DUART, Josep M; SANGRÀ, Albert
(coord), Aprenentatge i virtualitat. Barcelona, Ediuoc-Proa, 1999. FERRATÉ, Gabriel. "Internet
como entorno para la enseñanza a distancia" en TIFFIN, J.; RAJASINGHAM,
L. En busca de la clase virtual. La educación en la sociedad de la
información, Ed. Paidós, Barcelona, 1997. FERRATÉ, Gabriel. Universidad
y nuevas tecnologías. El camino hacia la hiperuniversidad. En: PORTA,
Jaume; Lladonosa, M. (Coord). La universidad en el cambio de siglo.
Madrid, Alianza Editorial, 1998. LANDOW, G. (1997). Hypertext
2.0: The Convergence of Contemporary Critical Theory and Technology. The
John Hopskins University Press: Baltimore. LÉVY, Pierre. ¿Qué es lo
virtual? Ed. Paidós, Barcelona, 1999. PORTER, David. Internet
Culture. New York, Routledge, 1996. RHEINGOLD, Howard. La
comunidad virtual. Una sociedad sin fronteras. Barcelona, Gedisa, 1996. SALZBERGER-WITTENBERG, Isca,
HENRY, Gianna; OSBORNE, Elsie. The emotional experience of learning and
teaching. New York y London, Routledge, 1983. SCHANK, R. Virtual Learning. A
revolutionari approach to building a highly skilled workforce. New York,
McGraw Hill, 1997. TAIT, Alain; MILLS, Roger (Ed) The
convergence of distance and conventional education. Routledge, London,
1999. TEARE, Richard; DAVIES, David;
SANDELANDS, Eric. The Virtual University. An Action Paradigm and Process
for Workplace Learning. London, Cassell, 1998. Towards the Global Virtual
University Alliance. Report of the first Planning Workshop. ICDE,
Barcelona, 1998. VAN MANEM, Max. El tacto en la
enseñanza. El significado de la sensibilidad pedagógica. Barcelona,
Paidós, 1998. [1] Una aportación muy interesante al fenómeno de la llamada
“cultura internet” es el libro coordinado por David Porter. Internet
Culture. New York, Routledge, 1996. [2] En definitiva el proceso de aprendizaje, así como la
educación es un planteamiento global que tiene concreciones diversas según el
medio a través del cual se vehicula. Actualmente, gracias a las nuevas tecnologías
de la información aplicadas a la educación, podemos comprobar hasta qué punto
el replanteamiento pedagógico que hacemos del uso educativo de los espacios
de no presencialidad o asíncronos es el mismo que para los espacios
convencionales presenciales de educación y aprendizaje. Ver en este sentido:
Alain Tait; Roger Mills (Ed) The convergence of distance and conventional
education.Routledge, London, 1999. [3] Es evidente que los factores emocionales son importantes
en todo proceso educativo, así como en cualquier tipo de interacción humana.
De la misma forma, por tanto, tienen su papel en la educación. Consideramos
un exponente destacable en la literatura educativa a este respecto la obra de
Isca Salzberger-Wittenberg, Gianna Henry; Elsie Osborne. The emotional
experience of learning and teaching. New York y London, Routledge, 1983.
Otra reciente aportación en éste sentido es la obra de Max van Manem. El
tacto en la enseñanza. El significado de la sensibilidad pedagógica.
Barcelona, Paidós, 1998. [4] La UOC ha desarrollado un instrumento de apoyo llamado
Asistente de Recursos Metodológicos que pone a disposición de todos sus
profesores. La finalidad de éste aplicativo es ayudar a los docentes en su
tarea de implementación de recursos metodológicos para la docencia. El
asistente se fundamenta en el diseño educativo de los recursos, aunque
también incorpora plantillas tecnológicas para su fácil incorporación al
entorno virtual. [5] Consultar para el concepto de universidad virtual: Richard
Teare, David Davies; Eric Sandelands. The Virtual Universtity. London,
Cassell, 1998. [6] Este es el modelo de la Western Governor’s University que
ha dado lugar recientemente al Governor’s University System. A nuestro
entender este modelo falla en tanto que no dispone de una organización comun
para dar respuesta al sistema. [7] Existen ya experiencias en este sentido. La UOC ha
realizado conjuntamente con la Open University de UK y la Växo Universtity de
Estocolmo una experiencia de mobilidad virtual de estudiantes en el marco de
un proyecto europeo (Student Virtual Mobility). El resultado fue exitoso y ha
permitido desarrollar el concepto de Metacampus, promovido por la Universidad
Oberta de Catalunya. [8] Visitar, por ejemplo, la URL de la California Virtual
University (http://www.california.edu) [9] En este sentido se celebró en diciembre de 1998 en
Barcelona un Workshop del International Council for Open and Distance
Education bajo el lema de “Towards the Global Virtual University
Alliance". |