Edutec.
Revista Electrónica de Tecnología Educativa
Núm. 15./mayo 02
EDUCACIÓN A DISTANCIA, EDUCACIÓN PRESENCIAL Y USOS DE DE LA
TECNOLOGÍA: UNA TRÍADA PARA EL PROGRESO EDUCATIVO1
Albert Sangrà Morer
Universitat Oberta de Catalunya (UOC)
"La semplicità é la massima sofisticazione"
Leonardo da Vinci
E-mail:[email protected]
1.-El renacimiento de la
educación a distancia
Con el objetivo de hacer llegar la educación a todo aquel
que la necesita, aparecieron las prácticas de educación a distancia. Estas
prácticas han exigido siempre la existencia de un elemento mediador entre el
docente y el discente. Generalmente, este mediador ha sido una tecnología, que
ha ido variando en cada momento. Si históricamente nos referíamos al correo
convencional, que establecía una relación epistolar entre el profesor y el
estudiante, con el tiempo hemos ido introduciendo nuevas tecnologías que, por
su coste y su accesibilidad, nos permiten evolucionar en esta relación a
distancia (Bates, 1995).
Si bien Wedemeyer (1981) expresa sus dudas respecto al hecho
de que exista una verdadera teoría de la educación a distancia, también es
cierto que ha habido quien ha intentado demostrar lo contrario: que ésta, o
éstas, existen.
Basándonos en este concepto, observaremos que existe un
cierto acuerdo para establecer tres grandes bloques de teorías o, por lo menos,
de intentos de teorizar la base de la educación a distancia (Keegan, 1996):
Hace relativamente poco, Simonson, Schlosser y Hanson (1999)
nos han permitido analizar la comparación entre algunas de éstas, a la vez que
nos ofrecen su visión particular.
Sin embargo, nos acojamos a la teoría que nos acojamos,
siempre aparecerán unos elementos en juego comunes en todos los casos. El
primero de éstos es el objeto de cualquier sistema educativo: el estudiante. El
análisis de sus necesidades y de sus características específicas (edad, nivel
educativo previo, estatus social, disponibilidad de tiempo para el estudio,
etc.) se convierten en elementos absolutamente condicionantes que, en caso de
no tenerlos en cuenta, impiden definir cualquier modelo de educación a
distancia mediado por alguna tecnología. De hecho, hay quien objetaría que esto
podría aplicarse a la educación en general, y así es. Sin embargo, así como en
la formación presencial o convencional (Tait y Mills, 1999), por regla general,
nos dirigimos a un grupo, sea éste homogéneo o no, cuando entramos en contextos
de educación a distancia el individuo ha sido analizado de forma segregada con
respecto a su grupo de origen, si lo hay.
Un segundo elemento es el docente. Es fundamental el papel
que el profesor desarrolla en la relación con el estudiante. En realidad,
existe un hecho muy interesante en las teorías más comúnmente analizadas: todas
hablan de "diálogo", o de un concepto equivalente, como un modelo de
educación a distancia. El concepto "diálogo" nos aporta elementos muy
enriquecedores en ciertos casos, pero también hay ocasiones en que no nos
aporta prácticamente nada. Sólo Peters, que además mantiene que no intenta
elaborar una teoría de la educación a distancia (Peters, 1989), no lo utiliza.
El tercer elemento son los recursos que se ponen a
disposición de los estudiantes para el aprendizaje. Y ahí es donde aparece otro
de los conceptos básicos: la interacción. Hablemos de modelos basados en la
autonomía o de modelos basados en la comunicación, en ambos casos observamos
que la interacción es considerada un efecto positivo. Se han analizado las
diferentes tipologías de interacción más habituales en las relaciones que se establecen
en los modelos de educación a distancia, llegándose a plantear modelos
transaccionales (Moore, 1989), pero siempre se ha realizado este análisis en un
contexto donde la comunicación entre estudiantes y profesores era posible, pero
no lo era entre los propios estudiantes si no "rompían" con la
distancia desde una perspectiva física.
Si hasta hace relativamente poco la educación a distancia
era observada como una educación de carácter compensatorio, a la cual estaban
"condenadas" aquellas personas que no tenían la posibilidad de
asistir a situaciones de educación presencial, la emergencia del uso social de
las tecnologías de la información y la comunicación (Castells, 1997),
conjuntamente a la conceptualización de la educación como un proceso que se extiende
a lo largo de la vida (Delors, 1997), han hecho que la educación a distancia
pueda considerarse en estos momentos, y en algunos casos, como una alternativa
real a la educación presencial, aunque ésta no va a ser la tesis de este
artículo.
Por otro lado, el uso intensivo de las tecnologías en las
experiencias de educación a distancia ha permitido una percepción más moderna
de este tipo de educación. Y lo que si es cierto es que la educación a
distancia ha conseguido, gracias a la impagable ayuda de las TIC actuales,
superar uno de los obstáculos que, históricamente, habían impedido que se
manifestara con fuerza como un sistema educativo válido y eficiente. Estamos
hablando de la posibilidad de interacción entre los propios estudiantes.
Desde una concepción de educación basada en la idea de que
el contacto entre el educador y el estudiante es la única actividad fundamental
que posibilita la educación, de base oral, con un uso escaso de la lengua
escrita; y pasando por la invención de la imprenta, que incluía un tercer
elemento, los libros, en la relación educacional, estamos llegando a un nuevo
concepto en el que el equipo y el trabajo colaborativo se valoran mucho, lo que
refleja los cambios sociales y la nueva fuerza de trabajo (Harasim et al.,
1995): el aprendizaje en red.
Las redes tecnológicas permiten la interacción no sólo entre
estudiantes, sino también entre estos, expertos y fuentes de información para
acumular conocimiento de manera progresiva y, así, desarrollar habilidades. Los
atributos del trabajo en red hacen hincapié en las oportunidades y recursos
disponibles para los estudiantes y los profesores. Éstos no están limitados a
causa de su situación geográfica: es fácil llegar a los expertos, ya que
tenemos acceso a las mejores bibliotecas y bases de datos en el mundo.
Un excelente ejemplo en este sentido son las redes de
aprendizaje (Harasim et al., 1995 y Salinas, 1999). Muchos de los aspectos
tratados en el trabajo de estas redes son nuevos y no se pueden alcanzar en
sistemas educativos basados en la clase tradicional. A menudo, la oportunidad
que tienen varios miembros de un colectivo de participar activamente y con
frecuencia no es posible en un sistema cara a cara, que depende en gran medida
de la coincidencia de espacio y tiempo. Las nuevas oportunidades que
caracterizan estas redes nos permiten pensar en mejoras para asumir un nivel
más elevado de conocimiento y en las posibilidades de la interacción social.
El efecto "modernizador" al que nos referíamos
anteriormente ha generado un hecho curioso: la aparición de nuevas ofertas de
educación a distancia. Sin embargo, esto ha ido acompañado de un aumento
también en la demanda, de tal suerte que se ha observado un incremento general
en el número de estudiantes de nivel universitario que se incorporan a este
tipo de educación. Así, en España, la aparición de la UOC ha ido acompañada de
un aumento en la matrícula de estudiantes en la UNED, por poner un ejemplo bien
sencillo.
De igual modo, las distintas universidades a distancia
tradicionales están haciendo un importante esfuerzo para incorporar la
utilización intensiva de las tecnologías de la información y la comunicación en
su oferta educativa y en sus métodos docentes, investigadores y de gestión. La
Open University2 del Reino Unido ha sido una de las que ya inició este camino
tiempo atrás con su Virtual Summer School (1996) y, más recientemente,
cabe destacar por sus excelentes planteamientos estratégicos la Athabasca
University3 de Canadá (Davis, 2001).
A esto deberíamos unirle, aunque no sea el núcleo de
contenido de esta contribución, la aparición de un sinnúmero de empresas
dedicadas a la formación que han visto en este nuevo concepto también bautizado
con el anglosajón término de e-learning un importante filón económico.
Por primera vez, la educación no es solamente un gasto, sino un elemento clave
de negocio (Merrill Lynch Report, 1999).
2.-La
reacción de la educación presencial
A todo
esto, las universidades "convencionales", tal como las califican Tait
y Mills (1999) ya han comenzado a reaccionar. Si bien es cierto que no existen
indicios suficientemente científicos para apoyar esta idea, el salto
cualitativo realizado por algunas universidades a distancia, ha permitido que
algunas instituciones de educación superior hayan salido de su letargo y estén
dispuestas también a aprovechar al máximo no sólo lo que les ofrecen las TIC,
sino también el aprendizaje que pueda venir de la mano de experiencias de
educación a distancia.
Aunque
en este sentido la reacción de las universidades convencionales tiene
formalizaciones bien distintas. Por un lado, nos estamos encontrando
universidades que simplemente "permiten" el uso de las TIC a su
profesorado en su labor docente cotidiana. Son instituciones que todavía no
creen de manera decidida en la aportación de estas nuevas prácticas al conjunto
de la educación universitaria. Prefieren establecer un periodo de prueba en el
cual sea su profesorado quien explore, experimente y valore qué se podría
hacer, a dónde se podría llegar y cómo debería hacerse.
Por
otro lado, hay otras instituciones universitarias que, conscientes de la
importancia que el uso de las TIC puede tener para no quedar rezagados respecto
otras universidades, "impulsan" su uso entre su profesorado. Es lo
que Bates (2000) ha denominado el "imperativo tecnológico". A través
de programas de promoción i/o innovación, ponen a su disposición recursos para
su experimentación y posterior evaluación.
Sin
embargo estos dos modelos expresados anteriormente, si se quedan ahí, si no
avanzan de manera cualitativamente significativa, es difícil que puedan obtener
resultados asimismo relevantes. El mayor riesgo existe es el desarrollar el
modelo del "Llanero Solitario"4 en el cual el profesorado va a sentirse a menudo, y siguiendo
el símil cinematográfico, "solo ante el peligro".
Hay
otros dos modelos que pueden resultar más interesantes. Uno es el de aquellas
universidades que han elaborado un plan estratégico para la incorporación de
las TIC en su institución, en los distintos ámbitos de la docencia, la
investigación y la gestión. Estos tienen muchas posibilidades de desarrollar
sistemas coherentes que les permitan alcanzar objetivos mucho más ambiciosos.
Uno de los buenos ejemplos en este sentido ouede ser la Penn State University
norteamericana, que ya en 1997 elaboró un plan de estas características. Hoy en
día, Penn State continua siendo una buena universidad presencial, una buena
universidad a distancia y su WorldCampus virtual está consiguiendo ya un
cierto prestigio académico5.
Finalmente,
existen aquellas universidades que han optado por crear sus propias versiones
virtuales, mediante el establecimiento de fundaciones o empresas que van a
gestionar esos contenidos virtuales de forma independiente de la institución
matriz.
Estos
distintos modelos, que aquí son planteados como ejemplo, sin ánimo de
exhaustividad, identificar unas estrategias distintas respecto a su relación
con las educación a distancia y/o con la virtualidad.
A
saber, algunas intentan simplemente anihilar la capacidad de evolución o
revolución, según se mire, de la aplicación de las TIC y, en concreto, de los
sistemas de educación a través de entornos virtuales, partiendo de la base que
la buena formación solo puede ser de carácter presencial.
En
otros casos, se trata simplemente de competir con la virtualidad, como si en
realidad el dilema fuera presencial/no presencial, o de cubrir o no cubrir con
oferta la demanda social ahora existente.
Finalmente,
algunas universidades observan esta situación como una gran oportunidad para
situar el uso de las TIC y el uso de la virtualidad como un elemento
diferencial de valor añadido, factor clave para la innovación y la mejora de la
calidad educativa en sus instituciones.
3.-El punto de encuentro: la convergencia
En
los últimos tiempos, ya sea por el impacto de la llamada Sociedad de la
Información y del Conocimiento o sea, simplemente, porque las relaciones
sociolaborales de las personas deben readaptarse a nuevas situaciones
empresariales y personales, estamos asistiendo a un cambio de hábitos de los
individuos que se están reflejando también en los procesos de formación. Así, y
especialmente a medida que la edad de los estudiantes aumenta y, con ella, las
responsabilidades a que están sujetos, la necesidad de ofrecer sistemas de
formación que superen los obstáculos generados por los desplazamientos o por la
falta de tiempo para asistir a las clases, se hace cada vez más evidente.
De
ahí se deriva que, tanto los sistemas convencionales como los virtuales están
condenados a entenderse: la educación convencional no va a desaparecer, pero sí
a transformarse.
Y,
¿qué es lo que puede aportar la educación a distancia, desde la perspectiva de
su uso virtual a la educación en general?
Como
ya he manifestado en otro artículo que se encuentra en prensa (Sangrà, 2002),
la educación en la virtualidad, es decir, desde la no-presencia en entornos
virtuales de aprendizaje, no se sitúa necesariamente en ninguna orientación
educativa concreta. Al igual que en la presencialidad existe la convivencia
entre orientaciones y didácticas diversas, siempre que éstas actúen de forma
coherente con las finalidades educativas y con los fines de la educación, de la
misma forma sucede en la virtualidad. El aprendizaje en ambientes virtuales es
el resultado de un proceso, tal y como valoraríamos desde la perspectiva
humanista, en el que el alumno construye su aprendizaje. También puede ser el
producto realizado a partir de la práctica, como puede ser el caso del trabajo
a partir de simuladores. Y evidentemente la acción resultante de un trabajo de
análisis crítico. Es decir, que de la misma forma que la presencialidad permite
diferentes perspectivas de análisis o de valoración de la educación, éstas
también son posibles en la virtualidad.
La
diferencia más importante entre la educación en la presencialidad y en la
virtualidad reside en el cambio de medio y en el potencial educativo que
se deriva de la optimización del uso de cada medio. No podemos hacer lo mismo
en medios distintos, aunque nuestras finalidades educativas y, por tanto, los
resultados que perseguimos sean las mismos, pero debemos saber de antemano que
el camino que debemos recorrer es distinto. En la aceptación de esta diferencia
de medio de comunicación reside el éxito o el fracaso de la actividad
educativa.
En
este sentido cabe la reflexión sobre el hecho que los modelos virtuales no tendrán
éxito si se basan en intentar replicar los modelos presenciales. La clase
magistral es una clase presencial, y suponiendo que sea un buen recurso, que a
veces lo será, no puede "copiarse" en otro medio. Será necesaria una
adaptación, que aproveche lo mejor que ese medio ofrece y que, de esta forma,
alcance los mismo objetivos formativos que se plantearía una acción presencial.
Es ahí donde la educación a distancia y sus diferentes enfoques didácticos
pueden realizar un importante aporte.
Educación
y virtualidad se complementan en la medida en que la educación puede gozar de
las posibilidades de creatividad de la virtualidad para mejorar o diversificar
sus procesos y acciones encaminados a la enseñanza y al aprendizaje, mientras
que la virtualidad como sistema se beneficia de la metodología de trabajo
educativo y de comunicación, necesaria en aquellos casos habituales en los que
la finalidad de la relación en la red sobrepasa la de la búsqueda de
información.
4.-Sujetos de investigación
En
los últimos tiempos, un buen número de investigaciones han intentado hacerse
eco de las utilidades que la educación a distancia tiene para la mejora de la
educación presencial. Buena prueba de ello es observar como en la mayoría de
revistas especializadas, un importante porcentaje de autores son profesores de
universidades convencionales que están experimentando con sistemas de educación
a distancia, ya sea a través de modelos duales, mixtos o puros.
En
cuanto a los resultados, nada es todavía evidente. Existen estudios empíricos,
y sólo destacamos algunos de los más importantes, que demuestran que las
prácticas educativas mediadas por sistemas virtuales pueden conseguir los
mismos resultados que la docencia presencial. Los hay que han sido planteados
desde hipótesis positivas (Moore y Thompson, 1990; Phipps y Merisotis, 1999) y
otros planteados desde la negación (Russell, 1999).
Por
otro lado, en los últimos tiempos se están realizando recopilaciones de
estudios de casos que pretenden explicar el fenómeno de la virtualización de
instituciones, tanto presenciales (Silvio, 2000) como a distancia6. En este mismo sentido, en breve aparecerá publica un estudio
del International Institute of Educational Policy (IIEP) de la OCDE, así como
también se espera la publicación de una obra sobre la virtualización realizada
con la aportación de un número muy importante de personalidades del ámbito de
la educación a distancia donde se analizan distintos casos reales7.
"Sólo aquellos que se arriesgan
a ir muy lejos,
pueden llegar a saber lo lejos que
pueden ir"
T.S. Elliot
5.-Los retos que deben afrontarse
En realidad, el reto de la
educación a distancia debiera ser el mismo que el reto de la educación
presencial: incrementar el nivel de calidad de la formación universitaria que
se está ofreciendo a nuestros ciudadanos, a la vez que promover la
investigación necesaria para seguir mejorando.
Sin embargo, y dado que se
me ha solicitado específicamente que me refiera a los retos que tiene
planteados la educación a distancia, yo me atrevería a afirmar que son, con
diferencia, los siguientes:
a) Promover la accesibilidad
La
tecnología está proveyendo cada día de nuevas posibilidades para acceder, a
través de los sistemas de comunicación a nueva información que debería
transformarse en conocimiento. La educación a distancia tiene que jugar un
papel importante de pivote avanzado para poder recoger todos las oportunidades
que se presenten, ponerlas a prueba, valorarlas y ofrecerlas al conjunto de la
comunidad para su aprovechamiento máximo.
b) Contribuir a la consecución de un sistema educativo mucho más
personalizado
Se
trata de facilitar la respuesta individual a las necesidades formativas de cada
estudiante. Los sistemas de educación a distancia mediados por las TIC pueden
aportar aspectos relevantes desde un punto de vista de la personalización, no
sólo de la oferta, sino de su adecuación a los esfuerzos que cada uno debe
desarrollar: itinerarios adecuados a los conocimientos previos de cada uno,
entornos de acceso a la información que cada uno puede diseñar según sus
preferencias y estilos de aprendizaje, tratamientos específicos de la
diversidad … con un especial énfasis también en la atención a aquellas personas
con necesidades educativas especiales por razones de discapacitación.
c) Aumentar la flexibilidad de los sistemas de estudio
La
flexibilidad no es un concepto cartesiano, con lo cual es importante poder ir
incrementando grados de flexibilidad en nuestros sistemas educativos.
Flexibilidad en el currículum, en el ritmo, en el estilo, en los sistemas de
evaluación … Flexibilidad en la respuesta a la adaptación a las necesidades
diversas de un estudiante diverso. Una persona que necesita de un sistema que
pueda adaptarse de su realidad personal, profesional y familiar. O que se
adapte a aquello que más le motiva, que se adapta a sus ritmos y expectativas.
Todo puede estar pensado para satisfacer a unos estudiantes que necesitan de un
sistema que se adapte a sus necesidades y no al revés.
d) Materiales y entornos o contextos significativamente más interactivos
"Colgar"
materiales en la red no es sinónimo de mejor aprendizaje. Muchas instituciones,
han tenido esta tentación y algunas la han hecho realidad. Sin embargo, sus
iniciativas no se han caracterizado precisamente por su éxito.
Una
institución tan reconocida como el MIT aún se está planteando, varios meses después de
anunciarlo, cómo puede ofrecer sus materiales a la comunidad académica
internacional sin que se trate simplemente de poder consultar una biblioteca más.
La
educación a distancia tiene el reto de desarrollar sistemas tecnológicos que
permitan elaborar materiales y recursos con altos niveles de interactividad
para los estudiantes. Recursos con los cuales realmente sea posible convertir
la interesante aunque mera información en verdadero conocimiento.
e) Equilibrar la personalización con la cooperación
Hay
quien puede pensar que personalización es sinónimo de individualización. Pero
esa no es la tesis que se expone en este caso. Los estudiantes no están solos
en su proceso de aprendizaje. Cooperar con otros compañeros realizando trabajos
en equipo, con los profesores, creando grupos de interés con personas diversas
de la comunidad educativa … Traspasar las fronteras del aula, de la facultad,
del campus.
Todo
eso debe ser compatible con un desarrollo personalizado del proceso. Sin
embargo, el reto es muy considerable. En algunas ocasiones, nos vamos a
encontrar ante vectores de signo muy opuesto.
En
este sentido, algunas experiencias de colaboración virtual entre universidades
son altamente gratificantes y recomiendan su generalización (Metacampus,
Intercampus, La F@c, etc.) (Sangrà y Cabrera, 1995).
f) La búsqueda de la calidad
Debe
realizarse un importante esfuerzo para alcanzar estándares de calidad que
permitan establecer criterios para la acreditación de la educación desarrollada
en contextos no presenciales de aprendizaje.
El
fenómeno de la globalización nos va a traer una multitud de contenidos que no
sabremos valorar en su justa medida si no somos capaces de establecer unos
puntos de referencia que nos sirvan como indicadores de trabajo.
Probablemente,
será necesario un trabajo conjunto con las universidades presenciales, para establecer
una plataforma consensuada de criterios comunes de calidad, aunque deban ser de
mínimos, para salvaguardar la idiosincrasia de cada institución. Sin embargo,
la educación a distancia no puede dejar de aprovechar la oportunidad que se
brinda en estos momentos de tomar la iniciativa y garantizar alternativas de
formación para nuestros ciudadanos que cumplan los requisitos de rigurosidad
científica y académica necesarios, a la vez que los doten de un mayor margen de
actuación y respuesta a las necesidades sociales que hoy día se están
planteando.
6. Referencias
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2.- http://www.open.ac.uk
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5.- http://www.worldcampus.psu.edu
6.- Ver http://irrodl.org/content/v2.2/index.html, donde pueden
encontrarse distintos estudios de caso, tanto a nivel institucional como
territorial. IRRODL es la International Review of Research in Open and Distance
Learning y se edita desde Canadà.
7.- Venugopal Reddy (ed.) (2002) Towards Virtualisation. New
Delhi: Kogan Page India Ltd.
© Albert Sangrà Morer, 2002
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