La muerte del amor...
alguien, mas el liquido
espeso y rojo que no paraba de deslizar de sus manos la denunciaba mas que
la expresión de terror que estampaba en su rostro. Tenía que llegar
encasa lo mas de prisa posible. La lluvia que comenzaba a caer dejó
la ciudad con una apariencia mas triste que lo usual, las calles
practicamente desiertas ahora presentaban un aire melancólico y trágico.
En cuanto el agua lentamente lavava sus manos y la absolvía de su crimen
mayor, Clara se recordó de cuanto odiaba aquella ciudad de playa, repleta
de una felicidad inacreditablemente falsa; tanto que pierde su única razón
de existencia toda vez que llueve; penso cuantas veces no había visto las
reportages en la televisión sobre los finales de semana lluviosos y tristes
, las declaraciones decepcionadas de turistas rojos y vendedores mezquinos?
Así como la ciudad, ella también había perdido la razón de su existencia,
y ahora las dos vagaban solas en la lluvia, sin destino. De repente
Clara se vió cómplice de aquella geografía fragil como una mujer sin amor,
y percibió que ella había sido todo el tiempo su única y verdadera
confidente, durante aquellos momentos de dolor y desesperación.
Si el supiese de eso; pensó, sabiendo que guradaría esa revelación para
si. Ahora era tarde de mas para el saber de eso, o de cualquier otra
cosa al respecto de ella, pues ahora eran completos extraños un para el
otro. No, eso está errado, no podían ser extraños un para el otro,
no después de todo lo que habían vivido juntos.
Todo que? Clara puso las manos en los bolsillos del casaco negro,
buscando una respuesta, y encontró: el volumen continuaba allí, sin
vida, como su dueño. Clara tuvo por un momento la impresión de que
el había sido simpre así, inerte por naturaleza, mismo cuando se alojaba
dentro del pecho. Mas ahora que ella era su única dueña, estaría
ella también sin vida? Claro, ella también había perdido la razón
de su existencia, todo lo que ella tenía ahora estaba en la palma de su
mano.
Se recordó de la primera vez que vió el dueño de aquel corazón congelado,
fué la primera vez que se sintió viva, que sintió que podía hacer parte
de alguna cosa que las personas llamaban de vida mas que ella misma nunca
había conocido. En poco tiempo ya era capaz de cerrar los ojos y
mantener un diálogo imaginario, cosa que se hizo un hábito constante de
sus noches de insomnio, podía visualizar con una claridad absurda todos los
detalles del rostro, gestos y actitudes por las cuales se había enamorado.
Era amor, entonces eso era el amor, sentimiento nauseante y triste de vivir
en la soledad de un mundo a parte... Mas no era hora de pensar en eso.
Era hora de volver para casa y olvidar, Clara decía repetidas veces a
si misma durante el trayecto, como si fuese posible olvidar lo que esta
marcado en su cuerpo y su alma para siempre. Como olvidar la cosa que
te constituye, como dejar de lado aquello que te hace viva, sus fibras mas
interiores? Simplemente no era posible, si fuese ella habría dejado
el volumen allá al lado de su dueño y no en sus manos como de hecho hizo.
Encendió un cigarro para calmarse, ahora solo faltaba pocas cuadras hasta
el refugio mas seguro. La lluvia ya había parado, ahora los primeros
rayos del sol comenzaban a surgir como pequeñas lanzas coloridas hiriendo
el cielo. Clara apretó el paso, incomodada con aquellas lanzas
interrogativas, ella que había aprendido a vivir sus mas intensos momentos
en la obscuridad no podía soportar la simplicidad de la luz. Ahora
que estaba nuevamente sola, abandonada por quien menos conocía después de
ella misma, podía entregarse definitivamente a la obscuridad del
mundo, como un vampiro.
La casa parecía estar a su espera, fria, vacía y mórbida. Clara se
sentó en la mesa de la cocina, todavía pensando en la obscuridad, cada vez
mas convencida de que ese era el camino cierto para ella, que ya había
vivido la maldad del mundo. Ahora se sentía lista para quedarse sola,
no mas podía confiar en las personas, no después de lo que había visto y
sentido. Sacó el corazón del bolso, ya estaba comenzando a perder la
forma humana, y lo puso encima de la mesa.
Se quedó un buen tiempo mirando para aquel pedazo de músculo que había
luchado tanto para conseguir, y finalmente
ahora podía decir que tuvo suceso. Ahora ella podía decir :
Esa es la única forma de poseer el corazón de un hombre...
Autor: Brass