La temporada iba a comenzar pronto. Alexei ya tenía preparados sus dos nuevos programas; como corto una mezcla de ritmo españoles que, cada vez que escuchaba esos acordes tocados por una guitarra española se sentía como más vigoroso y más dispuesto a salir al hielo a por todas y; como libre esa música, ese violín, como le encantaban los violines de la Suite Sinfónica de Korsakov, no podía dejar de escuchar esa pieza. Le llevaba a su época infantil cuando corría libre y sin preocupaciones por senderos y praderas de su Rusia, su país natal. A veces se preguntaba si algún día volvería allá, allá con los suyos.
Esta era su última temporada, después de estos Juegos Olímpicos de 2006, se había decidido a retirarse y pensó que en un par de años sería bueno comenzar como entrenador. Además estaba ella. Por ella quiso retirarse años atrás, después de su temporada de oro pero, ella misma le quitó esa idea de la cabeza. Todavía recordaba aquel día en el aeropuerto donde ella mientras le acariciaba el pelo mientras le decía que continuara, que ella le esperaría siempre allá en Rusia. ¿ Lo haría verdaderamente? Oh!, cuantas veces se había hecho esa misma pregunta, ¿ cuántas? mil, dos mil, millones... No lo sabía, habían sido tantas. El le continuó escribiendo cartas, llamándola. Al principio ella contestaba, lo hacía. Hasta que un día recibió un telegrama de Rusia en el que ponía: " No me busques, me encontrarás a su debido tiempo". No podía ser. No, no era cierto. Ese día le mandó infinidad de cartas, que fueron devueltas por el nuevo residente de la casa. ¿ Por qué se iba de mi lado? se preguntó Alexei. Cogió un avión y fue a buscarla pero, no sirvió de nada. No había rastro de ella. Decidió esperar. Sabía que ella no debía prometerle nada, solo con sus palabras escritas con su fina letra romántica de mujer y su suave voz pausada que le decía algo...No le hacía falta que ella le prometiese nada. Sabía que ella jamás le mentiría, no lo haría. No era costumbre de ella.
Seis meses más tarde, todo iba a tocar a su fin. Estaba allí en el backstage esperando que terminase la actuación de Plushenko para poder salir. Tenía algo pendiente con él. Debían hablar, años atrás debió hacerlo. Antes, cuando entrenaba con Mishin, ellos eran amigos. Les gustaba salir juntos de noche y pensó que fue una tontería el dejar de hablarse. Con seguridad después de terminar lo Olímpicos, ya que no se presentaría a los Mundiales, le escribiría una carta a Evgeny para decirle lo que no le había dicho en tantos años compitiendo los dos solos. Porqué el competía en una competición aparte con Plushenko, que era algo más que una medalla y un trofeo. Competían en una lucha llamada el orgullo de ser el más grande, y eso era una pena, pero era así.
Plushenko se colocó primero, por supuesto, una vez se cayó en el cuádruple en el programa corto, allá en Salt Lake City y Alexei le oyó entre bastidores repetirse enrabiado que en los próximos Olímpicos no habría ese error, y ahora lo había conseguido. Alexei tubo un pequeño momento de orgullo, de orgullo por competir con un rival inigualable, con su mejor rival después de el mismo. Se cruzó con Plushenko donde esperaban las notas que estaba justo al lado de la entrada de la pista y por un momento, solo por un momento, se cruzaron una mirada de complicidad. Evgeny parecía estar diciendo que en estos Olímpicos iba a estar a su altura y que no se lo pondría fácil el ganar la medalla.
Alexei había perdido el Europeo y también la Final del Gran Prix. Pero se dijo que no volvía con ella sin la medalla de oro Olímpica, que debía ser suya. Cuando los acordes de guitarra comenzaron a sonar, el escuchó la música diferente, la noto más profunda y casi olvidándose de donde estaba, con el recuerdo de ella en la mente comenzó a bailar al son de la guitarra española. Guitarra que le recordaba a ella, ya que ella procedía de España, y ahora ella estaría cerca esperándole.
El programa fue perfecto. Sin más. Lo consiguió. De nuevo superaba a Plushenko en el corto, pero todavía no estaba seguro, faltaba lo peor: los cuatro minutos y medio del largo. Cada vez se le hacían más y más largos.
Llegaron los temibles cuatro minutos y medio. Plushenko arrasó con una mezcla de danzas eslavas, ahora era su turno. Debía arriesgar al máximo. El programa que acababa de hacer Evgeny sería difícil de superar. Estaba de lo más nervioso. En el entrenamiento no había podido sacar adelante la combinación cuádruple toeloop, cuádruple loop y triple loop. ¿ Lo haría ahora? Plushenko la había realizado y con un aterrizaje perfecto.
Al salir a la pista, le comentaron que debería esperar unos minutos, ya que tenían unos pequeños problemas con los altavoces musicales. Alexei se puso más nervioso todavía. Comenzó a deslizarse pista arriba y pista abajo, cada vez más nerviosos, hasta el punto en que sus manos comenzaron a temblar. Entonces como un suave halo de aire fresco, escuchó entre las gradas una dulce voz que le llamaba. Miro hacía arriba y la vio. La vio, era ella. Estaba allí de pie y le sonreía. Su cuerpo paró de temblar, también sus manos y como por arte de magia una sonrisa se dibujó en sus labios. Ella no le gritaba, le hablaba. A pesar de toda la algabaría del estadio, el podía entender lo que le decía, leía sus labios. Ella le decía que estuviese tranquilo, que saliera a patinar y no a por una medalla, es decir, que saliera a la pista a disfrutar y que pronto estarían juntos por siempre.
El programa le salió genial, mejor incluso que en Salt Lake City, y se llevó la medalla, la preciosa medalla dorada. Pero no fue a la fiesta de celebración que con tanto esmero le había preparado Tatiana para que fuera de su agrado. No. Volvió al pabellón, y vio a una preciosa figura deslizarse pista abajo y arriba como el nervioso, había hecho esa misma mañana. ¿ Era ella? Claro que sí. Al verle, ella le dedicó la más bonita de las sonrisas . No cruzaron palabras. Ella le tomó de la mano y le llevo hasta el vestuario. Había una manta y una almohada en el suelo. Nunca se le pasó por la cabeza hasta entonces, que jamás él la había poseído. Que se enamoró de ella sin siquiera tocarla ni besarla y que a pesar de ello, los dos estaban unidos de por vida. Esos minutos de placer fueron los mejores de toda su vida. No sabía como describirlos y odió el momento en que el alba comenzó a despuntar, el momento clave en el que deberían separar sus cuerpos. Antes de irse, ella le dijo:
- Te espero en el lugar acordado.>
- Vale.- El le respondió .- Te quuiero.
Era la primera vez que se lo decía a alguien en su vida. Aquella mañana le presentó su dimisión como amateur a Tatiana. Ella sabía de sobras el por qué. Después de la exhibición se marcharía con ella.
Al cabo de tres días se volvieron a encontrar, como dijeron, en la Plaza de Leningrado, su barrio natal. Que bonita estaba aquel día. Entonces ella le dijo lo que jamás el pensó oír de sus labios, además que no sabía a que venía:
- Cuídala.
¿ Qué significado tenían esas palabras?La vida no les trató bien. Al poco ella se quedó embarazada. ¿ Por qué era malo? Ella pereció en el parto.
Ahora, Alexei, con los ojos llenos de lágrimas por qué tan solo dos horas atrás a ella la aposentó en su tumba, estaba contemplando a su hija. Ahora entendía esas palabras en la Plaza de Leningrado ¿ Cómo lo supo?. Antaño, pensó que ya no podría vivir sin ella. Pero allí mirando a su pequeña hija encontró otra razón por la cual vivir. Era la razón de explicarle a su hijita que había sido su madre, un ángel. Y en recuerdo de ella le puso el mismo nombre que el ángel que había sido ella: