LA HORA DEL BAÑO
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        Alexei Yagudin llegó del entrenamiento muy cansando. En cuanto la puerta de su casa estuvo abierta tiró su mochila al suelo y se quito los zapatos. Tenía los pies doloridos como para seguir con ellos puestos. Conforme iba andando por el pasillo de la planta baja se iba quitando ropa gradualmente. Calcetines, jersey, camiseta... todo fue echado en el suelo de forma descuidada. AL llegar al piso de arriba se iba desabrochando los pantalones con demasiada pereza. Esos vaqueros estaban demasiado duros, pero no tuvo problemas para deshacerse de ellos. Para cuando entró en el baño solo llevaba puesto un pequeño slip de color gris.
         Alargó la mano y abrió el grifo del agua caliente de su bañera hidromasaje. Comprobó que el agua estaba de su agrado y la bañera comenzó a llenarse. Echó en el agua sales de colores, jabón oloroso y una esponja marina. Cuando la bañera estaba medio llena el se quitó el slip y se metió en ella.
        Lanzó un suspiro de satisfacción cuando todas las células de su cuerpo agradecieron ese agradable descanso. Se acomodó y espero a que la enorme bañera redonda estuviera completamente llena. La espuma del jabón subía y acariciaba su cuerpo haciéndole cosquillas pero él estaba tan cansado que apenas lo  notaba.
        Movió su cuerpo perezosamente para alcanzar la esponja que medio flotaba entre la espuma de la bañera. Echó más jabón líquido y se la pasó por el brazo derecho. Frotaba la esponja con delicadeza como si su piel fuera como un cristal fino. Cambió la esponja de mano y la pasó por el otro brazo. Levantó una pierna y fue deslizando su mano con la esponja por toda ella. Comenzó en el pie donde expresó una mueca de dolor al tocarse los tobillos doloridos. Siguió subiendo más arriba deteniéndose en la rodilla y frotó alrededor de ella. Siguió subiendo un poco más e introdujo la mano en el agua para lavarse la cara interna del muslo. La piel era muy suave allí. Cambio la esponja de mano y realizó la misma operación con la otra pierna.
        Se incorporó levemente para lavarse la espalda y el torso. Su mano grande abarcaba toda la esponja. Se lavaba lentamente, sin ninguna prisa como acariciándose la piel. Le gustaba mimar su cuerpo todo lo posible, y sentir esa suave esponja por su cuerpo era lo más parecido al cielo que ahora mismo podía encontrar. Hundió su espalda en el agua dejando caer todo tu cuerpo al fondo de la bañera. Se sumergió y el agua acarició el pelo. Eso le proporcionó una libertad que hacía mucho que no sentía.
        Saliendo del agua como una estampida se puso de pie en el centro de la bañera. Se agachó para coger la esponja que había dejado flotando en el agua y se enderezó para lavarse la espalda. Se frotó el cuello y los hombros con persistencia y fue bajando por el pecho hasta su abdomen cada vez con más delicadeza, llegando hasta su miembro  viril.
Volvió a sumergirse en el agua para lavarse el cabello. Pasaba los incansables y exigentes dedos entre el cabello como intentando borrar de la mente ese duro día de entrenamiento. Se aclaró el pelo y disfrutó del agua un poco más antes de salir de la bañera. Poniendo el suelo perdido de agua alargó el brazo para coger una toalla del perchero. Se frotó el pelo con perseverancia. Se sentó en el borde de la bañera y se inclinó a secarse los pies. El agua de la cara le cayo como una cascada de pequeñas gotitas en el muslo. Allí se detuvieron por un instante hasta que se deslizaron descaradamente al interior de este. Con una rápida pasada de la toalla, todo su cuerpo quedó seco.
        Descalzo y sin llevar nada puesto, salió del baño. El sol ya se había ocultado y las sombras de la noche daban un aire misterioso a esa enorme y vacía casa.
        Entró en su dormitorio y puso la tele. Las imágenes de una película inundaron de luces la habitación. Echando la colcha para atrás, Alexei destapó la cama y se metió completamente desnudo en ella. Las suaves sábanas le embargaron y acariciaron la piel como el mejor de los besos. Un suspiró exhaló de su boca y de pronto toda la habitación se estaba tornando oscura. Se estaba quedando dormido. El sonido de la película cada vez era más lejano y él ya solo podía sentir el suave frescor de las sábanas en toda su piel desnuda. Sus ojos se cerraron y ya sólo quedo una leve sonrisa en su boca.  Esa era la dulce sensación que dejaba un buen baño... y mañana ya sería otro día. Otro largo día.
 

THE END

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