Caballeros
by Jennifer
[email protected]Corría el año 1576, en aquella época de brujos y dragones, de caballeros y princesas, de hechizos y misterios, del beso a la rana que se transforma en príncipe...existió la más fuerte historia de amor jamás relatada, superando los límites del amor, la pasión y el fuego que dos humanos puedan llegar a sentir, superando los límites de...la vida.
En aquellos tiempos en la ciudad de San Peresburg, conocida como la ciudad de los caballeros y gobernada por el Papa Mishin II, habían dos caballeros que luchaban por ser el mejor y por conseguir lo que se llamaba por aquél entonces la bandera de sangre, el mayor reconocimiento para una persona plebeya y que estaba al alcance de muy pocos.
Dos caballeros luchaban ese año por la bandera en una lucha cerrada, sus nombres: Alexei Yagudin, el caballero negro; y Evgeny Plushenko, el caballero blanco de la iglesia. El primero de ellos, sigiloso, solitario y misterioso...vivía solo en las profundidades de los bosques, con la única compañía de un halcón y de su fiel sirviente Morosov. El segundo de ellos popular, mujeriego, reconocido por la iglesia...era el candidato perfecto y además era el capitán de la guardia papal.
En medio de ellos dos, además de esas lucha cerrada, un odio, odio arrastrado siglos tras siglos, a causa de sus familias. La estirpe Yagudin lo perdió todo por culpa del bisabuelo de Evgeny Plushenko y desde entonces eran perseguidos como proscritos. El Papa deseaba con ansia la cabeza de uno de ellos, era su objetivo principal, la única razón comprensible era la de poder demostrar al pueblo que ninguna estirpe de su reino huía fuera de los muros de San Peresburg sin su aprobación y menos, llevándose consigo la bandera de la ciudad, que había dejado a el mástil solo y solitario por su eternidad.
***Aquella mañana de primavera Ginebra se despertó de un sueño extraño. Había soñado con dos caballos; uno negro y otro blanco. Tenía quince años y desde hacía dos, desde que su progenitor muriera en una guerra contra el reino de Mosú, se encargaba de sus seis hermanos pequeños y de su madre enferma. Vivían en el bosque, cerca de San Peresburg.
Como cada mañana, Ginebra, cogía dos grandes cántaros de cerámica y se dirigía a la fuente, a recoger el agua con la que su familia y ella, subsistirían con la compañía de un par de mendrugos de pan duro.
A pesar de su tierna edad era toda una mujer. Esbelta, con busto alto, una gran melena ondulada de color bronce y unos increíbles ojos verdes. Además de tener un carácter duro y de ser una persona valiente a la cual no le importaba el trabajo duro. Tenía muchos pretendientes, pero ella no buscaba un plebeyo cualquiera, como toda mujer deseaba ir a lomos del corcel de un príncipe o un rey, no por vanidad femenina, sino por poder sacar a sus hermanos y a su madre de la miseria en la cuál vivían.
Aquella mañana Ginebra se encontraba mal, normal, como cada mes su condición de mujer le aportaba una pequeña particularidad que toda fémina sufría, que le causaba grandes dolores de vientre y un terrible dolor de cabeza.
Llegó a la fuente y llenó con sumo cuidado el primero de los dos grandes cántaros. Después el otro; y cogiendo uno con cada mano se dispuso volver a casa; pero una increíble y seductora voz varonil la detuvo:
- Niña, eso es demasiado pesado para ti.
Ginebra odiaba la palabra niña. Ya iba a volverse para responder con una de sus cortantes contestaciones pero se quedó asombrada contemplando la belleza de aquel caballero de unos 20 años, que cabalgaba a lomos de un caballo negro.
Sus ojos y aquella mirada cautivadora y misteriosa la emborracharon. Clavó su mirada en él sin vergüenza y a él le debió pasar lo mismo, porqué cuando ella agachó la cabeza el la buscaba. Ginebra tenía los ojos más bonitos de toda la faz de la plana y extensa tierra.Alexei, sintió que aquella muchacha, era el ser más bonito que habían podido contemplar sus perseguidos ojos. De hecho nunca en su vida había tenido la oportunidad de poder ver esa tonalidad tan intensa de verde, y esa cara templada, llena de inocencia, pero en un cuerpo de mujer madura. De hecho, de lejos, creyó tener hoy la oportunidad de saciar sus impulsos masculinos es una joven madre, la cuál no le importaría ser seducida por un caballero desconocido durante unas horas. Pero con aquel rostro enfrente de él, notó lo que jamás había notado: amor.
Ginebra, se quedó desorbitada, pensó en dejar los cántaros y correr a casa, sentía miedo, pero pensó que eso sería ser maleducada y le contestó:
-Verá mi señor, lo pesado de los cántaros no importa cuando tu familia tiene sed y necesita saciarla con un poco de agua cristalina.
Ahora se daba cuenta Alexei, que subestimó a la niña, no era una niña, quizás sí en edad, pero por Dios que aquel ángel era tan maduro como una flor en los meses estivales.
Ginebra al ver el silencio y la inmovilidad de aquel atractivo caballero prosiguió.
- Vos se encuentra bien mi señor?
- Si quizás cansado. - Debía disculparse - Perdonad mi indulgencia my lady, no debí subestimarla de tal manera.
A Ginebra nunca antes le habían tratado con tal respeto, y pensó que no se merecía el calificativo mi lady.
- Verá señor, no tengo la categoría suficiente para recibir sus honores. Vos sois demasiado considerado
- ¿ De verdad lo creéis? Ah!- Alexei se tocó su hombro dolorido. Horas atrás había estado batallando con unos ladrones.
- ¿ Vos estáis herido? - preguntó preocupada Ginebra. No sabía que le pasaba, pero en su estómago parecía haber mariposas. ¿ Era lo que su madre nombraba con el nombre de enamorarse?
- Verás, si no deseas que te llame mi lady...¿ Como lo hago?- Alexei le sonrió como pocas veces lo hacía.
Ginebra puso una pose de mujer enojada y Alexei estalló en una carcajada que terminó en dolor, su hombro le molestaba considerablemente.
- Mi señor está herido, será mejor que me acompañe, en mi humilde casa podré curarle esa herida.
- El dolor no es lo que más me preocupa mi bella salvadora, deseo saber tu nombre.
- También vos deseáis saber demasiado. Intento ser amable ofreciéndole a vos mi ayuda, ¿ porqué no abandonáis la lucha y dejáis que alguien os cuide?
-El ver tu rostro angelical es mi mayor consuelo. No te conozco, no tengo el honor de entrar en tu humilde morada. Ve, me quedaré en este claro del bosque y te vigilaré los cántaros.
Ginebra puso cara de desconfianza. Al verlo Alexei le dijo:
- Tranquila el hombro malherido no me deja llevarme los cántaros. Además, si lo hiciese no te vería, por favor ve...***
En la plaza de la ciudad, Evgeny Plushenko mostraba su nueva espada de oro.
- Con esta espada, os traeré la cabeza del caballero negro, su Majestad.- dirigiéndose al Papa, que contemplaba la escena desde el palco de la casa del concejal.
Evgeny mostró ante los ojos de todos los plebeyos que su espada y su brazo eran la combinación perfecta en rapidez y precisión. Se concentró y con un solo golpe, pudo cortar tres troncos de roble. Los súbditos asombrados estallaron en un aplauso gigantesco, clamando "El caballero blanco, será nuestro portador de la bandera de sangre".
Después de esa pequeña demostración en la plaza, se llevó consigo a tres campesinas, hoy su alcoba estaría llena y su corazón evitaría pensar en la soledad que le rodeaba en medio de una multitud aclamando su nombre a gritos.***
Ginebra llegó al claro del bosque cargando con una cesta en la que llevaba trapos, vendas, jabón, una poción hecha por ella misma y que era desinfectante, un poco de pan y vino, vino que le había dado, Mishinelius, el monje que vivía al lado de su casa y que la ayudaba a llevar la casa, su madre no podía levantarse de la cama.
- Mi bella desconocida, ¿ sabéis vos que nunca el caballero negro ha estado enamorado?
Ginebra soltó de repente la cesta, y su cara se puso pálida.
- Por favor, no me huyáis, no os haré daño.
- Vos sois el caballero negro? - respondió esta asustada.- Donde esta vuestro halcón y vuestra sirviente?
-Como sabéis de mi.- Alexei estaba preocupado.
- Mishinelius, trae noticias de la ciudad. Por lo visto el caballero blanco de la iglesia se prepara para batirle en la lucha por la bandera de sangre.
- Ginebra no temáis.
- Ohhhhhh!!!- pero es que además de ser un poscristo, sois un diablo?
- No , vos lleváis el nombre bordado en el pañuelo que se os acaba de caer de la falda. Os pido disculpas.
Ginebra miró el rostro del caballero negro, reflejaba dolor. Dolor al rechazo, pero ella no le rechazaba debía hacerlo, por su bien. No debía hacer lo que pensaba, pero pudo más su corazón que su mente y le besó dulcemente en la frente, como cada noche lo hacia a sus hermanos pequeños. Se llevó la cabeza de él al pecho, y el con el brazo que no tenía malherido, la apretó fuertemente. Ginebra sintió su fuerza, su pasión y su deseo, la lujuria era pecado y ella le soltó.
A continuación, sin pronunciar sonido similar a una palabra, le quitó el traje y su camisa, vio la herida. Era terrible.
Mientras le curaba, Alexei la contemplaba, el dolor era inmenso, pero verla era estar en el paraíso divino.
- Eres el hombre más fuerte que he conocido .- dijo Ginebra sin saber porqué.
- Y tu eres una hermosa mujer, cruel y bondadosa. Pero no puedo enfadarme contigo. Sería como faltarle el respeto a una virgen.
- Mis labios desean besarte, es cierto, pero no puedo. ¿ Cuál es tu nombre? - Ginebra no se reconocía.
- Alexei. Pero llámame como vos desee. Llámame hombre de hierro fundido, me has quitado mi frialdad. Déjame poseerte.
- No .- Ginebra pensó en la sangre, y sintió vergüenza.- No hoy es imposible.
- Eres la primera persona que sabe contener su pasión. Oh! Vos hacia mi no la tenéis.
" No, no, que no crea eso"-pensó hacia sus adentros Ginebra. Por favor, ¿ qué puedo hacer?
Alexei contempló su rostro, pensó que ella realmente no se excusaba, ¿ qué pasaba pues? También se dijo que era egoísmo por su parte, ni tan siquiera le dijo su nombre, ni tan siquiera sabía con conocimiento de causa si la había enamorado completamente. Estaba loco de amor por Ginebra, y acababa de conocerla.
- Ningún hombre te va poseer antes que yo. - Le respondió firmemente.- Recuérdame, soy Alexei Yagudin.
Le dijo esto mientras se levantaba decidido, antes de marcharse y dejarla allí desolada, se volvió y le dijo:
- Ahora voy a matar a Evgeny Plushenko, y cuando vuelva, te llevaré conmigo.
- Espera.- le dijo ella sin mirarle.- No me dejes aquí desolada y desgraciada.
- ¿ Vos os sentís desgraciada?***
Morosov el sirviente de Alexei Yagudin, había entrado de incógnita en la ciudad. Debía buscar alojamiento en casa de un posadero poco preguntón, que fuera barato y que no tuviera mujer. Las mujeres chismorrean demasiado cuando se encuentran con sus amigas en el mercado.
Tras una dura mañana de búsqueda lo encontró, el hombre en cuestión era Sasha Abt, y su posada estaba en la última y oscura calle de San Peresburg, era el escondite predilecto. Perfecto. Su señor le apremiaría quizás con un par de monedas de plata y si ese día se sentía bien, incluso una de oro caería para sus viciadas manos.
Alquiló una alcoba, que daba a la muralla de San Peresburg. Grande y confortable. No la provino de bebida, ni siquiera vino. Alexei debía tener la mente despierta.
Después de pagar una cuota muy elevada por el silencio de Sasha, se dispuso a ir a buscar al bosque a su señor, dejando eso si, al bello halcón en libertad, ese día, Tarasova , el nombre de la peculiar mascota, no había volado libremente a través de los bosques.***
- Soy desgraciada de haberme enamorado de vos. Las leyendas dicen, que vuestra estirpe en caballerosa y noble de sangre.- Respondió Ginebra.
- Si no fuese noble, te habría poseído a la fuerza, sin respeto.
Alexei tenía razón. No entendía como Ginebra, podría espantar sus pretendientes, porqué por supuesto los tenía. No era una prostituta, eso se notaba. Era pura. Vamos si lo era. Tanto que se dio cuenta, nada más ver como se ponía nerviosa por un abrazo. No le había tocado los labios, nada. Si quizás un fuerte abrazo, uno de esos que le das a una mujer. Con fuerza, pero nada más.
- Perdonadme - Alexei se dio cuenta que había elevado el tono de voz- No quise...
- Marchaos.
-¿ Vos no me daréis un beso de despedida?
- Vos os equivocáis si piensa que marcharé con él a la vuelta. No soy la calentona de ningún hombre.
- Quizás muera en combate, mírame .- Era dura su voz.- La quiero, y vos a mi...déjeme ver su cara de nuevo, por última vez.
Ginebra se volvió, su rostro estaba empapado por dos grandes lágrimas que recorrían la piel de su cara. Alexei la abrazó, como a una niña-mujer, como se abraza a una mujer, pero como se protege a una niña. Ginebra le rodeó con sus brazos. Tocó su fuerte espalda, sus redondos hombros, notó sus músculos.
- Bésame.- le dijo ella
- ¿ Segura?
Ginebra olvidó sus miedos, su rencores, todo...la hora...
Alexei la besó apasionadamente. Primero con delicadeza, enseñándole como debía respirar y besar y tocar el labio a Ginebra, pero se dio cuenta de que ella aprendía rápidamente y el inocente juego de labios, se tornó fuerte y brusco, pero apasionado.
Alexei la tomó en sus brazos y la aposentó sobre la hierba. Lentamente besó toda su boca y empezó a bajar por su cuello, llegando hasta su escote. Ginebra, miraba el cielo, pensó que no quería que su primera vez fuese como la de su madre, dolorosa y sin sentimiento, así que ella también empezó a buscarle, y encontró de nuevo su boca, ahora era un juego de labios más pausado, mientras el le quitaba la falda y buscaba el cordón del corsé. Esta le desabrochaba la camisa, y el le soltaba ahora la trenza. Su melena, su enorme melena, cayó entre sus dos cuerpos casi desnudos. Alexei consiguió arrebatarle la falda y el corsé. También sus enaguas. Era inevitable pensó Ginebra, lo deseo. Alexei se desabrochó su pantalón y de deshizo de él. Los besos y las caricias que ella le daba con sus uñas en el cuello, le estaban volviendo medio loco y, comenzó a jadear. Le quitó a Ginebra la gasa de la vergüenza que ocultaba su menstruación, ahora comprendió su no, pero no le importaba. Ginebra paró un instante, medio avergonzada, él le sonrió, y la besó tiernamente:
-No te haré daño.
Ella abrió sus piernas y Alexei la penetró, sin quitarle todavía lo que la mantenía pura. Se acomodó en su caderas y entonces la penetró. Salió sangre y Ginebra sintió que iba a llorar, era doloroso, el primer empuje, lo sabía. El la besó muy profundamente, ahora Ginebra sentía alivio. Alexei comenzó a moverse rítmicamente dentro de ella, primero despacito, pero al final obtuvo mayor velocidad, no paró sin embargo de besar a Ginebra en el cuello y en el pecho. Un pecho precioso. Ginebra gemía y le clavaba la uñas a Alexei en la espalda. Llegó a arañar profundamente la carne, desgarrando un poco de piel, pero este no se quejaba, solamente quería que ella se encontrarse a gustó. Al acabar, el estaba tan cansado como ella, y se acostó en el pecho de Ginebra, tapándose antes a ambos con su capa, Ginebra sangraba por momentos, pero no importaba era natural. Se quedaron allá unidos un buen rato.
Luego el le ayudó a bañarse en la fuente, y la subió a lomos de su caballo. Era tarde y debía volver a casa.***
-Te quiero .- le dijo Alexei y la besó .- Ahora eres mujer, mía...si vivo, de otro si muero. ¿ Me querrás hasta el día en que muera?
- No, te querré hasta el día de mi muerte.
Se unieron en un apasionado beso, a ojos de Mishinelius y de Morosov, que guiado por el halcón, encontró a su señor.
-Ahora he de marchar
- Lo se.
Ginebra vio como Alexei se montaba a lomos de su caballo y desaparecía colina arriba, tenía el corazón destrozado.
-Calma niña, calma - Mishinelius la consolaba .- El torneo es dentro de tres días y le volverás a ver. Te llevará a su castillo secreto.
- Pero si muere...
- Tonterías! Todo el mundo sabe de sobras que es el más fuerte. A pesar de que Plushenko tenga la espada dorada, no podrás batir a Alexei y a su legendaria Lawrence. Te casarás con él.
- No puedo quedarme aquí.
- No lo harás, cámbiate de ropa y ponte tu caperuza negra, coge un cuchillo y aprisa móntate en mi carro, partimos a ciudad.
- Oh Gracias!
- No me las des, primero, antes de todo, tómate lo que te deje sobre la mesa, y pararemos tu hemorragia.***
- Me he enamorado, ves, te juré amor eterno a ti, pero ella es más hermosa y me ama más. - le decía Alexei a Tarasova, mientras contemplaba la muralla, sentado sobre el alfeizar de madera de su alcoba en la taberna.- Mañana es el gran día, batiré a Plushenko, e iré a buscarla.
Es media noche, transfórmate, hoy charlaré contigo.
Alexei salió de la alcoba y al cabo de quince minutos volvió a entrar. Ahora en el alfeizar estaba sentada Tatiana, su madre, la cuál una hechicera la convirtió en halcón, para evitar que la quemaran el la plaza del pueblo.
- Os he visto.
- Ahora me espías .- Alexei parecía estar enfadado.
- Me prometisteis una cosa, hace años, no te acuerdas ya.
- ¿ Qué era madre?
- Dejar en paz a la hermosa inusual
- Ginebra es inusual??!! .- preguntó Alexei sorprendido.- Por qué...oh! su rostro
- Es inusual además porqué te ha enamorado hijo, y también enamorará a Plushenko, cuando llegue a la ciudad.
- Esta loca, ella me espera en su casa.
- Eso crees, pero también la has herido y mañana, horas antes del torneo estará aquí.
-¿ Qué hago?? Si la toca...juro por Dios...
- Si vas a matarle igualmente, pero...Él antes le puede hacer daño, no podrás impedirlo.
- No! no! Ayúdeme madre.
-Reza porqué su protector Mishinelius la cuide como es debido.
- Lo hará o sino lo mataré.***
ENTRADA DE San Peresburg. Al alba
- ¿ Quién pasa?
- Soy Mishinelius y traigo a Ginebra, hija de Salvador, venimos a presenciar el torneo.
Evgeny estaba en la entrada, esperando la llegada de su hermano de batalla, Andrei Griazev y no pudo evitar ver a Ginebra, le impactó su belleza, oh! tenía que poseerla.
-Y cuando gane Ginebra - dirigiéndose a esta - Que me darás de recompensa.
Evgeny buscó su boca, pero esta se apartó, le contestó duramente:
- Mi labios ya están ocupados por mi peregrino, y no vengo a celebrar su victoria, vengo a buscarle.
-Bueno quizás te pueda ayudar a encontrarle, y en ese caso si merecería un recompensa, ¿ no crees?
Antes que Ginebra fuese aún más dura y les llevase a los dos al calabozo, Misinelius, contestó:
- Oh! mi señor déjela, a veces desvaría. Su amor murió.
- En ese caso, no te importará que tu y yo...
Evgeny jugueteaba con un mechón de Ginebra.
- ¿ Donde se hospedan viejo?
- Bueno, en una casa que...
- Llevadle a mis aposentos! - gritó al guardia que estaba en la entrada.
- No, no se moleste mi señor.
-No es molestia, es una orden, pero tu no irás con ella.
-Oh! De acuerdo, pero Ginebra no se encuentra muy bien hoy señor...Mishinelius pensó que no debió hacer beber a Ginebra la poción, si estuviese sangrando el no la tocaría, pero lo hizo porque quería que Alexei y ella, pudieran unirse decentemente y con más deseo esa noche.***
Alexei estaba nervioso, por Ginebra. Quedaban tan solo dos horas y vería a su adversario en la plaza. Morosov había visto la entrada y ahora entraba en la alcoba de su señor en compañía del monje.
- Mishinelius! ¿ Y mi amor?
- Oh! señor mío perdonadme, que desgracia...
Alexei desenfundó su espada y se dispuso con ojos furiosos e ira incontrolable a acabar con la vida de ese maldito. Pero unos momentos antes, el halcón picó la mano de su amo y este con un alarido soltó la espada.
- Perdona Mishinelius, debí cuidarla yo, no tu.
Alexei comenzó a llorar, desconsoladamente, pero entonces entro Sasha que le anunciaba que debía marchar ya, la guardia estaba volteando las calles, querían impedir el torneo, porque si Alexei conseguía la bandera de sangre, el Papa jamás podría tocarle.
Alexei bajó por el tejado. Detrás le siguieron Morosov y con grandes apuros, Mishinelius, su gordura le había restado la agilidad de sus años mozos.***
La plaza estaba llenísima. El Papa daba por perdida la cabeza de Yagudin, inevitable, habría lucha.
Evgeny estaba esperándole, subido a su caballo, y con su resplandeciente armadura blanca.
A lo lejos vio acercarse una silueta negra, elegante, sin armadura, con una espada en la mano.
El caballo se detuvo, y todos los habitantes de San Peresburg exclamaron un oh!! Algunos pensaban que la leyenda del caballero negro, era mentira.
- Vengo a matarte Plushenko!
-Jajajaja . Si lo haces no sabrás donde está Ginebra.
-Si hace falta mataré a cada uno de los plebeyos, hasta encontrar uno que me lo diga. Y si la has sacado del bosque, la buscaré reino tras reino, de punta a punta de la Tierra si hace falta.
-¿Donde está tu armadura?
- No me hace falta para batirte, se hombre, a pecho descubierto.
- Jajajaja, de acuerdo, a pecho descubierto, no te tengo miedo.
Evgeny se quitó su pesada armadura, y bajó de lomos de su corcel blanco, Alexei hizo lo propio.
Los dos hombres se acercaron...Y Alexei lanzó un golpe con toda su furia. Evgeny retrocedió unos pasos y vio como resbalaba un poco de sangre del hombro de su adversario.
- Estas herido, ríndete
-Jamás . Hoy vas a morir
Evgeny gritó con rabia y le asestó un golpe. Comenzaron una lucha desgarradora, mortal. Se trasladaron hasta las puertas de la iglesia y entre golpe y golpe entraron en ella. Evgeny, traidor, le tiró el agua bendita a la cara a Alexei, este retrocedió y bajó la guardia un poco, y Evgeny aprovechó la ocasión. Fue un golpe casi mortal, gracias el reflejo nato de Alexei, que logró alcanzar uno de los grandes candelabros de hierro y se lo lanzó a Evgeny.
Este dejó caer su espada, y los dos lucharon con los puños.
Pasaban las horas, estaban en el patio de la iglesia, ahora con espadas, ambos recuperándolas gracias a sus allegados. Se pararon en seco.
- Alexei, va a ser mía.
- Jamás poseerás a Ginebra.
- ¿ Cómo sabes que habló de ella?
- Lo se
- Mía será
- Por encima de mi cadáver.
Los golpes siguieron hasta caer el atardecer, al fin con todo el valor Alexei, consiguió asestar un duro golpe al brazo de su adversario, que le tiró la espada y le dejó indefenso.
- Papa! Es mía la bandera gritó.
-Te arrepientes - se dirigió a Evgeny.
-Jamás. Mátame o lo haré yo, y la follaré como si fuese una puta.
Alexei sintió que la sangre de sus venas, corrían a más velocidad y con un gritó le clavó a Evgeny a Lawrence en el corazón. Este se sentó en el suelo, doblándose hacia atrás.
- ¿ Donde esta?!!!
- Jodete, no la encontrarás
- Ahhhhh!!!
Ahora hizo que la espada traspasará la espada de su adversario y Evgeny murió allí mismo.El Papa, le entregó su bandera y le dijo:
- Esta en la torre de la iglesia, ve a buscarla y márchate en menos de dos horas, de lo contrario haré que mi guardia te encarcele.
Alexei, subió la escalera de caracol hasta la almena y de allí subió la empinada escalera de caracol de la torre. Abrió la puerta de una patada y allí, preciosa, con un vestido de seda blanca y la melena suelta adornada con una rosa blanca, le esperaba en pie Ginebra.
Él, se quedó de piedra, contemplando la hermosura de su amada. Hace tres días se había enamorado de ella, ahora era el no poder respirar sin verla.
Los enamorados se enzarzaron en un apasionado beso que duró minutos. Luego partieron rápidamente, ellos dos en el caballo negro, y en el carro Morosov y Mishinelius.
Al salir de San Peresburg, Alexei le dijo:
- Te amo.
- Yo también a vos.
Dos días más tarde llegaron al castillo de la estirpe Yagudin y el la subió en sus brazos a la alcoba. No salieron de allí en tres días.
Después de eso se casaron y nueve meses más tarde nació Priscila, su hija. La primera de su gran familia.***
Ginebra yacía en la cama desnuda. Sobre su pecho Priscila, también desnuda, dormía placidamente.
Alexei las contemplaba a las dos en pie junto a la ventana:
- Me has cambiado.
-No Alexei, te he descubierto que tienes un corazón humano.
El se acercó y la besó. Así durante horas, como si fuese el último beso, el último suspiro...***
Ginebra vivió durante 40 años, y le aportó a Alexei 5 hijas y un hijo. Alexei murió un día después de ella, la pena acabó con él.
Su hijo pequeño, heredó a Lawrence, y el mismo día en que cumplió los 20 años, partió a San Peresburg, a ganar de nuevo la bandera de sangre...Su padre olvidó de recogerla, pero antes una joven le hipnotizó y se detuvo junto a la fuente donde la muchacha recogía agua.- Niña eso es demasiado pesado para tí .- le dijo este.
La muchacha se giró y el se emborrachó de sus increíbles ojos verdes...¿ Las historias se repiten?
Fin