Alina
by
Jennifer

 Se levantó de la cama. Elena todavía dormía y como no quiso despertala fue al baño sigilosamente. Era uno de los momentos que más le gustaban de su vida en común con su Lena, que era como él la llamaba, ella solía despertarse más tarde y el tenía un espacio de unos veinte minutos, los cuales aprovechaba para bajar al jardín, coger una de esas rosas rosa que tanto le gustaban a Lena y pasar por la cocina a coger algo para desayunar los dos juntos tumbados en la cama. Esto lo hacían en sus días libres pero ahora que se pasaban a profesionales este momento se repetía con más frecuencia. Casi todas las mañanas.
 Entró de nuevo en la habitación que estaba en la planta superior, abrió la ventana despacio y se sentó al lado de ella, pasándole la rosa por su dulce cara. Ella arrugó la nariz, ese gesto significaba que estaba muy bien en el sueño, no quería despertar pero, al abrir los ojos se encontró con su siempre atento Anton y en su cara se dibujo una enorme sonrisa, una equivalente a unos buenos días. Sus labios se juntaron silenciosamente y durante unos segundos todo desapareció de su alrededor, quedando solamente ella y él, y el delicado perfume de la flor que había entre sus cuerpos.
 
 Después del desayuno, Lena y Anton fueron a la pista, hoy no tocaba entrenar, era sábado. Si fuese época de competición con seguridad estarían  allá desde hace horas entrenando sin parar. Que duros eran esos días, pero que bueno recuerdos les traían.
Al día siguiente partían a Rusia para estar dos semanas con la familia, después quizás harían un par de exhibiciones y su futuro después del verano era algo incierto. ¿ Que haremos?, pensó él. Lena no le decía nada pero el sabía lo que ella deseaba a cada momento y más si lo hacia con esa intensidad que la transportaba a un estado de melancolía. Ella deseaba un hijo. Niño o niña, no importaba. A él jamás se le pasó la idea de la familia porque solo con tenerla a ella, solo con despertarse a su lado todas las mañanas de su vida fuera donde fuera tenía suficiente, a veces no creía que ella realmente le perteneciese. Era todo tan perfecto. ¡Pero que enamorado estaba de ella! ¿ Habría algún hombre en la faz de la tierra que quisiese y desease tanto a una mujer como él a Lena?
Mientras caminaban de la mano por la ciudad, pasaron junto a un parque. Un parque lleno, lleno de niños. Una niña pequeña de cabellos dorados y que jugaba con una pelota se chocó con ellos y la inmensa bola roja cayó a los pies de Lena. Esta se agachó y con delicadeza se la tendió a la niña, mientras la miraban con anhelo, con deseos de ser madre, con deseos de poder acunar a un ser entre sus brazos. Ahora más que nunca, pero Antón... Anton era el hombre se su vida, eso ella lo sabía, aunque el jamás hacia referencia a la paternidad, a los niños en general. La chiquilla sonrió y con su voz infantil le dijó un " Gracias" seseado, pues no tenía las dos paletas superiores. Lena también se rió, que graciosa que es pensó. ¿ Algún día a mi hijo se le caerán los dientes y hablará de ese modo?¿Tendré? Vio a la niña alejarse, saludándola con la mano.
 El que miraba con anhelo ahora era Anton, pensó que como ese pequeño detalle de la chiquilla que seseaba podría dejar a su mujer tan ensimismada en su mundo, ya que esta no musitó palabra hasta llegar a la puerta. El le abrió la puerta, esto siempre lo hacia , era todo un caballero, y ella antes de entrar le dijo: Quiero tener un hijo contigo. Él no supo que decir, no estaba preparado para ese momento, ¿  por qué en ese instante? ¿ se había perdido algo? Tardó en reaccionar unos instantes pero por suerte le salieron las palabras precisas que según el tenía que decir, aunque para otra persona no hubiesen tenido significado alguno en esa situación: Te quiero. Ella sonrió y se le abalanzó a los brazos. Lena sabía que quería decir que sí, que sí lo tendrían. ¿ Por qué le costó tanto decírselo? Lo deseaba desde hacia tantísimo tiempo...

  se levantó de la cama. Ellas todavía dormían y como no quiso despertarlas fue al baño sigilosamente. Era uno de los momentos que más le gustaban de su vida en común con sus niñas, que era como él las llamaba,  solían despertarse más tarde y el tenía un espacio de unos veinte minutos, los cuales aprovechaba para bajar al jardín, coger dos de esas rosas rosa que tanto le gustaban a Lena y pasar por la habitación de su hija pequeña, Alina, para coger a su " Rob", como llamaba a su pequeño conejo blanco de peluche. Aquella noche de julio, había habido tormenta, y como casi todos los días de tormenta eso era la excusa perfecta para meterse en la cama de sus padres y dormir en medio de ellos dos, abrazada o al cuerpo de su madre o al de él.
 Entró despacio en la habitación y allí las vio. A las dos juntas y dormidas, su hija con un camisón rosa igualito que el que llevaba su madre, las dos con el pelo suelto a media melena. A veces pensaba que eran un calco. Siempre juntas. Alina & Elena , su dos niñas. Descorrió las cortinas y comenzó la misma operación de cada mañana, despertarlas dulcemente con las flores...Hoy hacia cinco años desde aquella mañana en que Lena le dijo que quería un hijo y ahora mientras las observaba dormir dio gracias a Dios de haberse despertado aquella mañana, de haber pasado por aquel parque, donde iba cada mañana con su hija y sobre todo dio gracias de tenerlas, a las dos, y pidió que nunca nadie se las arrebatara.
- Buenos días papi.
- Buenos días cariño.
- Mira mama es una dormilona, aun no se despierta.
- Sí lo es. Os quiero a las dos.

FIN
 
 
 

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