| Hab�a una vez un rey que ten�a tres hijos. Cuando los pr�ncipes se hicieron mayores, su padre los reuni� y les dijo: -Mis queridos hijos, quisiera que cada uno de ustedes se casara. Deseo tener nietos que endulcen mi vejez. -Si es as�, padre, danos tu bendici�n �le respondieron los pr�ncipes-. �Con qui�n debemos casarnos? -Cada uno tomar� una flecha �les explic� el rey-. Saldr�n al campo y disparar�n. All� donde caiga la flecha, encontrar�n su suerte. Los hijos hicieron una profunda reverencia ante el rey, tomaron cada uno una flecha, salieron al campo, tensaron sus arcos y dispararon. La flecha del pr�ncipe Nikolai, el hermano mayor, cay� en la mansi�n de un noble, cuya hija la encontr�. La flecha del pr�ncipe Alexei, el segundo hermano, cay� en el patio de un rico mercader y la recogi� una de sus hijas. La flecha del hermano menor, el pr�ncipe Iv�n, ascendi� muy alto y se perdi� de vista. El joven fue a buscarla y, luego de andar y andar sin descanso, lleg� a un pantano. All�, sobre una hoja de nen�far, hab�a una rana y a su lado estaba la flecha. -Rana, ranita �pidi� el pr�ncipe-. Devu�lveme mi flecha. -Te la devolver�, si te casas conmigo- respondi� la rana. -�Qu� dices? �Acaso voy a casarme con una rana? -Deber�s casarte conmigo. �sa es tu suerte. El pr�ncipe Iv�n se puso triste, pero comprendi� que no ten�a otra posibilidad. Tom� a la rana, guard� su flecha y volvi� al palacio del rey. Al d�a siguiente se celebraron las tres bodas: la del pr�ncipe Nikolai con la hija del noble, la del pr�ncipe Alexei con la hija del mercader y la del pr�ncipe Iv�n con la ranita. Poco despu�s, el rey hizo llamar a los pr�ncipes y les dijo: -Quisiera conocer las habilidades de sus mujeres. Para ma�ana, cada una debe hacerme una camisa. Los hijos se inclinaron ante el rey y fueron a transmitir la orden. El pr�ncipe Iv�n lleg� a sus habitaciones muy acongojado. La ranita, que daba saltos por el piso, se detuvo frente a �l. -�Por qu� est�s tan cabizbajo, pr�ncipe Iv�n? �le pregunt�-. �Qu� pena oprime tu coraz�n? -Mi padre ha ordenado que le hagas una camisa para ma�ana. -No te preocupes, pr�ncipe Iv�n. Acu�state y duerme tranquilo, que ma�ana ser� otro d�a. Cuando el pr�ncipe Iv�n se durmi�, la ranita salt� hasta una de las torres del palacio, se despoj� de su piel y se convirti� en Basilisa la Sabia. Era tan bella que ni en los cuentos hab�a otra igual. Basilisa la Sabia aplaudi� tres veces y llam� con voz melodiosa: -�Madrinas, nodrizas m�as, no demoren ni un instante! Para ma�ana por la ma�ana debo tener una camisa, como la que usa mi padre, para entregar al rey. Muy temprano, cuando el pr�ncipe Iv�n se despert�, la ranita ya estaba saltando por la habitaci�n. Sobre la mesa hab�a una camisa envuelta en fino lienzo. Lleno de alegr�a, el pr�ncipe Iv�n fue a ver a su padre. El rey recibi� los regalos de los tres hermanos. El pr�ncipe Nikolai desenvolvi� la camisa que tra�a. Cuando el rey la vio, dijo: -Esta camisa no es digna de un rey. Luego desenvolvi� la camisa el pr�ncipe Alexei. El rey la vio y dijo: -Esta camisa s�lo sirve para ir al ba�o. Lleg� entonces el turno del pr�ncipe Iv�n. La camisa que mostr� al rey era una prenda de seda con bellos bordados en oro y plata. -�Esta camisa es para lucirla en las fiestas! �exclam� el rey al verla. Los hermanos mayores se alejaron murmurando: -Debemos tener cuidado con la mujer de Iv�n. No es una rana sino una bruja. Unos d�as m�s tarde, el rey volvi� a llamar a sus hijos y les pidi�: -Quiero que para ma�ana sus mujeres me horneen un pan. Me gustar�a saber cu�l de ellas cocina mejor. El pr�ncipe Iv�n regres� a sus habitaciones. Al ver su cara de tristeza, la ranita le pregunt�: -�Qu� pena te agobia, pr�ncipe? -El rey ha ordenado que le hornees un pan para ma�ana. -No te preocupes, pr�ncipe Iv�n. Acu�state y duerme tranquilo, que ma�ana ser� otro d�a. Mientras tanto, las mujeres de los hermanos mayores se burlaban de la rana y anticipaban que no podr�a cumplir la orden del rey. Sin embargo, enviaron a una vieja criada para que la espiase y les contara c�mo horneaba el pan. La ranita era muy perspicaz y se dio cuenta de que la estaban espiando. Por eso, prepar� la masa y la ech� por un agujero que hab�a en lo alto del horno. La criada corri� a contar lo que hab�a visto y las mujeres de los pr�ncipes hicieron exactamente lo que hab�a hecho la ranita. Un rato despu�s, la ranita salt� hasta la torre del palacio, se convirti� en Basilisa la Sabia y aplaudi� tres veces: -�Madrinas, nodrizas m�as, no demoren ni un instante! Para ma�ana por la ma�ana debo tener un pan esponjoso y blanco como el que com�a en casa de mi padre. Cuando el pr�ncipe Iv�n se despert�, el pan ya estaba sobre la mesa. Era una hogaza bordeada con arabescos y coronada por una ciudad con sus murallas. El pr�ncipe Iv�n se puso muy contento, envolvi� cuidadosamente el pan y se lo llev� a su padre. El rey puso cara de disgusto al ver los panes que tra�an los hermanos mayores. Sus mujeres hab�an vertido la masa en el lugar incorrecto del horno y el pan hab�a quedado requemado y duro. El rey orden� que se lo dieran a los cerdos. Cuando el pr�ncipe Iv�n le entreg� su pan, el rey exclam�: -�Este pan es para comerlo en las fiestas! Al d�a siguiente el rey decidi� celebrar un banquete en el palacio. Los tres pr�ncipes deb�an asistir con sus mujeres. Una vez m�s el pr�ncipe Iv�n regres� cabizbajo a sus habitaciones. La ranita interrumpi� sus saltos y le pregunt�: -�Qu� pena te acongoja, pr�ncipe Iv�n? �Acaso tu padre no ha sido cari�oso contigo? -Ranita, ranita, �C�mo quieres que no est� apenado? Mi padre ha ordenado que vaya contigo al banquete. Dime, �crees que puedo mostrarte a los invitados? -No te preocupes, pr�ncipe Iv�n �le respondi� la ranita-. Ve solo al banquete y yo te seguir�. Cuando oigas retumbar un trueno, no te asustes. Si alguien te pregunta algo, le dir�s: �Es mi ranita que viene en una cajita�. As� lo hizo el pr�ncipe. Al verlo llegar solo, sus hermanos, cuyas mujeres luc�an hermosos trajes y tocados elegantes, se burlaron de �l. -�Por qu� no ha venido tu mujer? Podr�as haberla tra�do envuelta en un pa�uelo �dijo el pr�ncipe Nikolai. -�Para encontrar una belleza semejante habr�s tenido que recorrer todos los pantanos! �agreg� el pr�ncipe Alexei. El rey, sus hijos, las mujeres y los invitados se ubicaron en las engalanadas mesas y dio comienzo el banquete. De pronto, el sonido de un trueno estremeci� a todos. El pr�ncipe Iv�n los tranquiliz�: -No teman, queridos invitados, es mi ranita que viene en una cajita. Ante la puerta del palacio real se detuvo un magnifico carruaje tirado por seis caballos blancos. De su interior descendi� Basilisa la Sabia, vestida con un traje color de cielo cuajado de estrellas de plata. Sobre su pelo luc�a la luna clara. Estaba tan bonita que no parec�a real. El pr�ncipe Iv�n le ofreci� su brazo y juntos se dirigieron a ocupar su sitio en la mesa. La comida transcurri� entre alegres bromas y exclamaciones de admiraci�n por la belleza de la mujer del pr�ncipe Iv�n. Basilisa bebi� un sorbo de vino de su copa y ech� el resto del contenido en su manga izquierda. Luego se sirvi� un ala de cisne, comi� la carne y guard� los huesos en su manga derecha. Las mujeres de los pr�ncipes mayores la observaban atentamente y se apresuraron a imitarla. Al terminar la cena, todos se dirigieron al sal�n de baile. Basilisa la Sabia tom� de la mano al pr�ncipe Iv�n y comenz� a bailar con tanto ritmo y tanta gracia que los invitados se quedaron impresionados. Luego sacudi� la manga izquierda de su traje y ante ella apareci� un lago. Al sacudir la manga derecha, surgieron varios cisnes con plumaje blanco como la nieve y comenzaron a deslizarse suavemente sobre la superficie del lago. El rey y sus invitados no cab�an en s� de asombro. Las mujeres de los pr�ncipes mayores tambi�n salieron a bailar. Sacudieron una manga y salpicaron a los invitados con vino. Sacudieron la otra y los huesos salieron disparados en todas direcciones. Uno de ellos le dio en un ojo al rey quien, indignado, ech� del sal�n a sus dos nueras. Mientras tanto, el pr�ncipe Iv�n abandon� el baile sin que nadie lo viera, corri� a sus habitaciones, encontr� all� la piel de la rana y la arroj� al fuego. Basilisa la Sabia regres� del baile y vio que la piel hab�a desaparecido. Se dej� caer sobre un taburete y habl� al pr�ncipe con infinita tristeza. -�Ay, pr�ncipe Iv�n! �Qu� has hecho? Si hubieras esperado tan s�lo tres d�as m�s, me hubiera quedado contigo para siempre. Ahora tendremos que separarnos. B�scame en el fin del mundo, en el rinc�n mas apartado de la tierra, en los dominios de Koschei el Inmortal� Basilisa se transform� en una alondra y sali� volando por la ventana. El pr�ncipe Iv�n llor� amargamente. Luego hizo una profunda reverencia en direcci�n a los cuatro puntos cardinales para despedirse de su tierra amada y parti� en busca de su mujer. Nadie sabe cu�nto anduvo, pero sus botas perdieron las suelas, su ropa se hizo jirones y su gorro se despedaz� por las lluvias. Un d�a, mientras avanzaba por un estrecho sendero se encontr� con un anciano. -�Buenos d�as, gal�n! �lo salud� el hombre. �A d�nde quieres llegar por este camino? El pr�ncipe Iv�n le cont� su historia. -�Ay, pr�ncipe Iv�n! �se lament� el anciano-. �Por qu� se te ocurrir�a quemar la piel de la ranita? No se la hab�as puesto t� y no eras t� quien deb�a quit�rsela. Basilisa la Sabia naci� muy inteligente y con el paso del tiempo super� a su padre en sabidur�a. Temeroso por el poder que pudiera alcanzar, �l la conden� a vivir tres a�os transformada en rana. En fin, lo hecho, hecho est�. Toma este ovillo y s�guelo sin temor. Cada paso que avances te acercar� a tu mujer. El pr�ncipe Iv�n dio las gracias al anciano y ech� a andar tras el ovillo. Mientras atravesaba un bosque vio salir un oso de la espesura. El pr�ncipe aprest� su arco con intenci�n de dispararle, pero el oso le habl� con voz humana. -No me mates, pr�ncipe Iv�n �le rog�-. Alg�n d�a te prestar� un buen servicio. El pr�ncipe se compadeci� del oso, baj� el arco y sigui� su camino. De pronto, vio pasar un pato sobre su cabeza. Aprest� su arco para dispararle, pero el pato le habl� con voz humana. -No me mates, pr�ncipe Iv�n �le rog�-. Alg�n d�a te prestar� un buen servicio. El pr�ncipe se compadeci� del pato, baj� el arco y sigui� su camino. En medio de un campo se cruz� con una liebre que corr�a velozmente. Con rapidez, el pr�ncipe aprest� el arco, dispuesto a dispararle, pero la liebre le habl� con voz humana. -No me mates, pr�ncipe Iv�n �le rog�-. Alg�n d�a te prestar� un buen servicio. El pr�ncipe se compadeci� de la liebre, baj� el arco y sigui� su camino. Lleg� a la orilla del mar y vio que sobre la arena yac�a un arenque. -Compad�cete de m�, pr�ncipe Iv�n �le rog� el pez con gran dificultad-. Devu�lveme al mar azul. El pr�ncipe ech� el arenque al mar y sigui� su camino bordeando la orilla. Tiempo despu�s, el ovillo se intern� en un bosque. All� hab�a una peque�a caba�a de madera apoyada sobre patas de gallina, que daba vueltas y vueltas sin parar. -Caba�a, caba�a, deja de girar Vuelve la espalda al espeso bosque y �breme la puerta de par en par. Cuando el pr�ncipe Iv�n pronunci� estas palabras, la caba�a se detuvo con la pared trasera en direcci�n al bosque y la puerta abierta frente al joven. El pr�ncipe entr� y vio que en la novena hilera de ladrillos de la chimenea estaba acostada la bruja Yag� Pata de Palo, con los dientes sobre la repisa y la nariz clavada en el techo. -�Qu� te trae por aqu�, gal�n? �pregunt� la bruja-. �Vas en busca de tu destino o huyes de �l sin tino? -Antes de ponerte a preguntar, vieja bruja �replic� sin temor el pr�ncipe-, deber�as prepararme un ba�o y darme de comer y beber. La bruja Yag� Pata de Palo prepar� el ba�o para el pr�ncipe, le sirvi� una comida y tendi� la cama para que se acostase a descansar. Antes de dormirse, el pr�ncipe Iv�n le cont� que iba en busca de su mujer, Basilisa la Sabia. -Ya estaba enterada �le dijo la bruja-. Tu mujer vive ahora en el palacio de Koschei el Inmortal. No va a ser nada f�cil rescatarla. Vencer a Koschei es casi imposible. Su muerte se encuentra en la punta de una aguja, la aguja esta encerrada en un huevo, el huevo lo lleva dentro un pato, el pato vive dentro de una liebre, la liebre esta encerrada dentro de un cofre de piedra y el cofre se encuentra en la copa de un roble alt�simo que Koschei vigila celosamente d�a y noche. A la ma�ana siguiente, la bruja explic� al pr�ncipe donde se encontraba aquel roble tan alto. El pr�ncipe se puso en camino y luego de mucho andar llego al pie del �rbol en cuya copa apenas se distingu�a el cofre de piedra. Intent� trepar por el tronco, pero no lo consigui�. De pronto, como por arte de magia, apareci� un oso que arranc� de cuajo el roble y volvi� a internarse en el bosque. El cofre cay� y se hizo a�icos. De su interior salt� una liebre que ech� a correr ligera como el viento, pero otra liebre le dio alcance y la destroz�. De la liebre muerta sali� un pato que vol� hasta las nubes en un instante, pero otro pato se lanz� sobre �l y le dio un terrible aletazo. El pato dej� caer un huevo que se hundi� en el mar azul. El pr�ncipe Iv�n vio todo desde la orilla y estall� en llanto. �C�mo iba a encontrar el huevo en el fondo del mar? Un rato despu�s vio que nadaba hacia �l un arenque con el huevo en la boca. El pr�ncipe parti� el huevo, sac� la aguja e intent� romperle la punta. Mientras tanto, Koschei el Inmortal se retorc�a y gem�a. El pr�ncipe emple� toda su fuerza y logr� por fin romper la aguja. Koschei exhal� su �ltimo suspiro. El pr�ncipe Iv�n penetr� en el blanco palacio de Koschei. Basilisa la Sabia corri� a su encuentro y lo bes� tan dulcemente que Iv�n sinti� un sabor de miel en los labios. Basilisa la Sabia y el pr�ncipe Iv�n regresaron al palacio del rey donde disfrutaron de una larga vida feliz. |
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