�rase una vez el mar. Era enormemente grande, inabarcable. Ten�a playas, crestas de espuma y olas que jugaban en la arena. Estaba lleno de agua de colores: azul, verde, violeta...,a veces, blanca o dorada y en ocasiones roja. Por las noches, cuando dorm�a la luna, se vest�a de luto y su agua era negra. El mar era el columpio de la luna. Le gustaba cantar canciones de esperanza y traer mensajes de lugares lejanos. El mar estaba colocado junto al pueblo. El pueblo ten�a una torre, �rboles en la plaza, calles estrechas, un puente y un arroyo. En el pueblo viv�a la gente.

     �rase una vez el hombre. Un gran desconocido de s� mismo. El que siempre esperaba. Un aventurero del amor y de la vida. El hombre sol�a caminar titubeante con la mirada llena de imposibles, las manos vac�as y una sonrisa colgada de sus labios. Cada tarde el hombre atravesaba el pueblo camino de la playa, a veces triste, a veces sonriente y siempre solo. En ocasiones parec�a feliz. En el pueblo le llamaban el "Pirao", pero no estaba loco, simplemente so�aba. Y �rase la luna. La luna era redonda y coqueta. Era una luz lejana en medio de la noche. Una linterna que colgaba del cielo y dibujaba sue�os en las aguas. La luna se ba�aba en el mar, bailaba con las olas, jugaba al escondite con las nubes, besaba el agua y la pintaba de color plata rosado. La luna era una ilusi�n inalcanzable.

     El mar, el hombre y la luna eran amigos.

     Sentado en su pe�asco a orilla de las aguas el hombre contemplaba el mar y dialogaba con �l. Le preguntaba cosas y el mar le respond�a.
- �Qu� es la vida? Le pregunt� el hombre.
- La vida es el camino que lleva al horizonte. Es plenitud y es luz. La vida es lo que tienes.
- �Y el amor?, �qu� es el amor?. El amor es el aire que respira la vida, es el que le da sentido. No existe almacenado, hay que crearlo en cada instante y repartirlo generosamente.
- �Y el odio? �existe el odio?. El odio es el vac�o. Lo que mata la vida.

     El hombre se qued� largo tiempo pensando con la mirada fija. Anochec�a y la luna comenzaba a ba�arle su rostro. Recogi� sus cosas, descendi� a la arena y comenz� a caminar despacio con su andar titubeante, atraves� el pueblo y se perdi� en la noche. Al d�a siguiente el hombre baj� a la playa, se sent� frente al mar sobre la roca y volvi� a preguntar.
- �Qu� es la amistad?.
- Es el abrazo a todos los que amas. Los amigos respiran el mismo aire, miran al mismo cielo y acarician las mismas cosas. La amistad es el amor hecho fidelidad y entrega.
- �Y la justicia?
- No s�, no la conozco, le respondi� el mar. ?T� crees que existe?
- �Pero sabr�s lo que es la inocencia?
- S�. Son los ni�os que juegan en la playa.
- �Y la ambici�n?
- Es el monstruo que devora la vida.
- �Y Dios?, ?qu� sabes de Dios?
Un hondo silencio envolvi� su pregunta. Las olas encrestadas batieron con rabia el acantilado y un par de gaviotas cruz� el cielo rompiendo la armon�a de la tarde. Impaciente, el hombre pregunt� de nuevo
- Dime, �qu� sabes de Dios?
Hubo una pausa larga... y el eco lejano repiti� las palabras del hombre:
- DIOS...Dios... ios... os...sssssssss. Luego se hizo el silencio y despu�s la nada.

      Ca�a la tarde cuando el hombre pregunt� de nuevo,
- �Y de la muerte?, ?o�ste hablar de ella?
- Mira el lejano horizonte, ?lo ves?. All� est�, cuando llegues a �l la encontrar�s, te estar� esperando, pero no podr�s verla porque no tiene rostro .
- �Y detr�s del horizonte queda algo?
- Algunos dicen, le respondi� el mar, que empieza el infinito, pero yo no lo vi nunca.

      El hombre se bajo de la roca y anduvo por la playa. Luego se quit� los zapatos y los dejo en la orilla para no estropearlos, pues s�lo ten�a esos. Dej� el reloj guardado en los zapatos y lentamente se adentr� en el mar camino del horizonte buscando el infinito.

      Cuando llegaron los ni�os como en otras tardes para que les contara el cuento "Del mar, del hombre y de la luna", lo encontraron reclinado en la roca con los pies desnudos, el reloj sin tiempo y los ojos opacos mirando el horizonte y contemplando el mar.

     Muchas veces me he preguntado por el hombre de la playa. Indagando en el pueblo me dijeron que aquella playa siempre estuvo desierta y que nunca existi� tal hombre, pero los m�s viejos del lugar me aseguraron que cada veinte a�os, por San Juan, en las noches de luna se ve una mujer blanca caminando en el agua con un ni�o en los brazos. El cura y el alcalde, que velan por el pueblo, dicen que no es verdad. Yo pienso que si el cura y el alcalde, que velan por el pueblo, lo niegan, es que es cierto.
Cuento del Mar del  Hombre y de la Luna
por: Helios
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