REPÚBLICA BOLIVARIANA DE VENEZUELA

MINISTERIO DE EDUCACIÓN SUPERIOR

UNIVERSIDAD YACAMBÚ

 

Realizado por::

Luis Omar Sánchez

C.I. Nº 9.349.682

 

ROL DEL DOCUMENTALISTA EN LA SOCIEDAD DE LA INFORMACIÓN 

 

 


El documentalista es un especialista en tratar la información, y en su momento existieron problemas porque chocaba con los bibliotecarios, desde el mundo de la biblioteca se consideraba a los documentalistas como intrusos, aunque este problema está actualmente superado, ya que en las bibliotecas se han adoptado técnicas, métodos, y sistemas de la documentación, y se han visto obligados a dejar entrar nuevos tipos de documentos además de los libros para adaptarse a los nuevos tiempos y a las nuevas necesidades de información.

            El Diccionario de la Lengua Española define la palabra documentalista como la "persona que tiene como oficio la reparación y elaboración de toda clase de datos bibliográficos, informes, noticias, etc..., sobre determinada materia". El término documentación, que sería de forma muy resumida la ciencia que estudia el tratamiento de la información ni siquiera aparece recogido. Los documentos son ideas, información, datos que están en un soporte perdurable. Es un contenido informativo sobre cualquier soporte al que se le da un uso, siempre debe existir un receptor o usuario, con un horizonte de expectativas en función de sus características personales peculiares (edad, sexo, etc).

 

El documentalista debe entender el documento como:

 

 

José López Yépez escribía recientemente que “la configuración del documentalista y su papel en el medio social y académico, está sujeto a permanente revisión”, y para J. Aumente, hoy más que nunca, de cara a los superordenadores, los boletines electrónicos, las estaciones de trabajo multimedia, los paquetes estadísticos, los discos ópticos, las  redes y satélites, y sobre todos, el ciberespacio, no se podrá prescindir de la figura del documentalista, comprometido en la gestión adecuada de tanta información como nos circunda. Y como a “nuevos medios, nuevos documentalistas”, el profesional de hoy deberá cambiar su función convencional, sus modos de gestión documental y hasta su mentalidad con relación a las nuevas exigencias de la documentación virtual. Los planteamientos de la información digital exigen del documentalista un protagonismo distinto del que, hasta el presente, le ha sido consustancial. Todo esto supone muchos cambios.

 

1.       La tradicional función de este profesional que, por un lado, ha de gestionar un nuevo tipo de fondos de naturaleza electrónica y digital y, por otro, ha de actualizar, ampliar y profundizar su propia formación y sus conocimientos en las vertientes de la informática y de las telecomunicaciones

2.       La diferente relación documentador-usuario que surge al moverse por la red. El uso de las herramientas telemáticas, al conceder mayor autonomía a los usuarios, separan y dispersan los planos de la interrelación que tradicionalmente debía existir entre ambos, hasta el punto de hacer desaparecer el mínimo contacto, realidad a la que algunos autores se han referido, denominando a este nuevo tipo de modernos ínter nautas como los “usuarios sin rostro”.

3.       El nuevo papel de guía e intérprete, que ya le asignaba Ortega al hablar de la misión del bibliotecario. Lo que Abadal Falgueras expresa en términos similares, al escribir que la misión del bibliotecario-documentalista “consiste en guiar al lector a través de la selva de los libros, primero para que no se pierda y pueda encontrar la información que necesita y, en segundo lugar, para ayudarle a encontrar aquellos documentos de mayor calidad, dentro de la exuberancia documental”.

4.       El definitivo status de asesor y consejero que, citando a Terceiro, le confiere J. López Yepes, en parangón con la figura del ciberasesor que en el espacio político norteamericano, filtra las informaciones que los políticos introducen en la red, y que a su vez, disponen de una enorme capacidad de información.

5.       Su labor de búsqueda y creación de estándares para las relaciones e intercambios que, así con carácter permanente, precisan los investigadores y usuarios, a la vez que organizar la información en la www, para hacerla fácilmente accesible y manejable.

6.       integración en un equipo humano para el que la aplicación de las técnicas documentales ya no pueden ser el resultado de tareas individualizadas, sino el de un trabajo de grupo, y esto, no sólo por las dimensiones que en el futuro alcanzará a información documental, sino por la globalización de los recursos multimedia y la inevitable integración a la que propenden las modernas tecnologías.

 

FUNCIONES DEL DOCUMENTALISTA

 

 

EVOLUCION DEL BIBLIOTACARIO AL DOCUMENTALISTA.

 

 

        Ni el documentalista ni su antecesor, el bibliotecario, son unas figuras eternas o inmóviles, sino que han ido perfilando y definiendo su papel en la sociedad  respondiendo a  unas necesidades y demandas  procedentes del mismo tejido social.

 

EL RECHAZO DE LA ESCRITURA

 

        Si nos remontamos a la antigua Grecia, podemos comprobar cómo se manifestó repetidamente, entre los círculos intelectuales de la época, un cierto temor a la palabra escrita, al "libro" (aunque éste no se presentara físicamente tal y como lo conocemos actualmente) porque se creía que con él se encorsetaba y desvaloraba el auténtico saber.

 

         Plutarco, en su Vida de Alejandro, nos recuerda una carta que el emperador macedonio escribió a su tutor Aristóteles en la cual le recrimina el haber hecho públicas (publicado) sus enseñanzas. En el fondo de ambos textos se palpa claramente una preocupación: el auténtico saber ha de ser forzosamente elitista, una ciencia para unos pocos iniciados. El miedo a la escritura es, en realidad, un temor a la vulgarización (extensión) del saber.

 

        A pesar de todo, esto no fue óbice para que, poco a poco, mediante la escritura en papiros, códices, tablillas de madera... y finalmente en el libro impreso, la sabiduría se propagase y extendiese haciéndose necesario el surgimiento de una figura dedicada a la conservación y ordenación de los compendios escritos, máxime cuando éstos comenzaban a aumentar en cantidad y variedad. El bibliotecario fue, pues, el primer encargado de ocuparse de estas tareas.

 

LA EXPLOSION DE LA INFORMACIÓN

 

        En el año 1935 Ortega dicta en Madrid el discurso inaugural del Congreso Internacional de Bibliotecarios bajo el título Misión del bibliotecario. En él, presenta este oficio como una profesión definida y socialmente reconocida. Después de hacer un repaso histórico a la profesión se dedica a constatar los retos que la asedian. Según él, hay un exceso de producción de libros -"selva de libros"- que imposibilita la asimilación de todo aquello que el intelectual tendría que leer. Además, dentro de esta "selva de libros", se encuentran montones de obras inútiles y muchas otras redundantes que obstaculizan aún más la tarea del investigador. La (nueva) misión que él propone al bibliotecario es la de convertirse en guía o domador de libros para así orientar a los lectores en el seno del caos editorial.

 

       Quizá Ortega estuviera pensando en el caso paradigmático de Mendel, cuyos estudios sobre genética fueron publicados en oscuras y restringidas revistas de la época y, por tanto, no pudieron ser difundidos ni conocidos entre los círculos académicos de entonces hasta transcurrido un tiempo considerable. Esta "explosión de la información", que ya intuía Ortega pero que no llega a su punto álgido hasta después de la 2a. Guerra Mundial, ha hecho variar y complicar sensiblemente la misión del bibliotecario, el cual se ha visto desbordado por la variación cuantitativa y cualitativa de los documentos (han aparecido muchos soportes documentales diferentes a los escritos sobre papel: micrográficos-microfilm, microfichas informáticos -disquettes, cintas magnéticas...-, ópticos -videodisco, CD-ROM...-). Ahora bien, de forma paralela a este fenómeno se han ido desarrollando unos sistemas de análisis, control y recuperación de la información que han permitido tanto al estudioso como al hombre de la calle poder navegar a través del agitado mar de los libros o de la información.

 

LA APARICION DEL DOCUMENTALISTA.

 

       A partir de estas necesidades se ha ido forjando la figura del documentalista,  la persona encargada de gestionar y controlar estos volúmenes ingentes de información. Ante la imposibilidad del científico o investigador de estar al día de todo lo que se publica sobre su especialidad, ante los volúmenes de información de actualidad que colapsa la actividad de los mass-media, adquiere sentido la presencia del documentalista como analizador y guía instantáneo de esta "selva" informativa, y que ya no ejerce exclusivamente como conservador de la misma, tarea que hasta el presente realizaban principalmente los bibliotecarios y archiveros. El énfasis se coloca ahora en el tratamiento de esta información. La aparición y desarrollo de la informática y de las Tecnologías Avanzadas de la Información ha dado una nueva dimensión a las tareas del documentalista y le ha permitido afrontarlas con mayor eficiencia, rapidez y fiabilidad. De esta manera, pues, ha aparecido un nuevo vocabulario: bases de datos, teledocumentación, telemática, indización automática... Se han ido adecuando, por tanto, los progresos técnicos a las necesidades del tratamiento de la información.

 

        Los postulados de Platón y de Ortega han resultado injustificados: sus dictámenes apocalípticos no han podido superar la visceralidad, ni la escritura se ha demostrado perniciosa o destructora de la auténtica   sabiduría, ni tampoco el exceso de producción de información, la "selva de libros", ha ahogado o polucionado el intelecto humano. Además, han surgido las figuras del bibliotecario y, en este siglo, la del documentalista, los cuales, muy discretamente, sin estruendos y de forma aséptica han procurado facilitar la tarea de los científicos, de los letrados, de los hombres de empresa, de los periodistas y comunicadores... la necesidad de aumentar y mejorar la formación de los profesionales de la documentación es un rasgo distintivo y a la vez ineludible de las sociedades avanzadas.

 

REQUISITOS  EXIGIDOS AL DOCUMENTALISTA
 

 

 

EN EL CONTEXTO NACIONAL E INTERNACIONAL 

 

 

 


Requisitos profesionales que debe reunir un documentalista:

 

 

ALGUNOS RETOS PARA EL DOCUMENTALISTA EN EL UMBRAL DEL NUEVO SIGLO
 

 

 

 


El documentalista, «documentador», «consultor», «gestor», «ciberdocumentalista», «cibermediador» y el «ciberasesor» pasará muy pronto a ser, con los propios usuarios, un cibernómada de la documentación virtual, con el don de la ubicuidad. La revolución de las redes y la transferencia documental no ha hecho más que empezar: “El hombre contemporáneo entra en el siglo XXI con la perspectiva de ver cómo se modifica su relación con las cosas, con su trabajo, con su empresa y con los otros. Está en curso una formidable mutación en nuestra evolución”.

 

Los grandes retos de las telecomunicaciones del último trienio se pueden relacionar con la evolución de los sistemas de información, mediante la adopción de las nuevas tecnologías, entre las que ocupa un protagonismo preeminente la red de redes, Internet. Tres pueden ser los ámbitos de acción, de cara al nuevo siglo, en los que las redes pueden y van a jugar papeles decisivos: el de la arquitectura de sistemas, el de las tecnologías Web y el de los sistemas de información y documentación. La sociedad de la información se abre paso, cada vez más deprisa, hacia la sociedad  de la telecomunicación. Esto supone exigencias y planteamientos nuevos en el ámbito de la transferencia de la información y la documentación, para la que se hacen imprescindibles, junto a la flexibilidad y manejabilidad de los datos, la más fácil y rápida accesibilidad a los mismos.

 

La transferencia de la información y documentación, estaba hasta ayer mismo, montada y centralizada en torno a las grandes bases de datos, bibliotecas y demás centros de documentación, cuya accesibilidad on line soportaba la carga de gran cantidad de transacciones y procesos documentales complejos, que ralentizaban los intercambios. Hoy, y en adelante, la transferencia de datos e información exige planteamientos de arquitecturas transaccionales nuevas, con la flexibilidad y capacidad necesarias para soportar nuevos servicios y aplicaciones corporativas. Para ello, es necesario contar previamente con arquitecturas seguras y direcciones de localización con estructuras estándar, normativa de almacenamiento y programas de composición.

 

 Para Alcalá Galán, “tecnológicamente hablando, se deberán incorporar nuevas tecnologías de bases de datos, soportando mecanismos flexibles de invocación, dentro de entornos heterogéneos, que admitan elevadas transacciones, seguridad y distribución de aplicaciones y datos”.

 

En nuestros días, inmersas en el inmenso piélago de Internet, las web se constituyen en recursos concomitantes y plataformas imprescindibles para la creación de sistemas operativos de carácter universal. Como aplicación integrada en la web de última hora, Microsoft ha lanzado la suite ofimática «Office 2000», ya en español, que “permite utilizar la web como plataforma de trabajo y no sólo como escaparate de información. Cualquier documento resulta universalmente visible a través de un navegador o un programa de correo HTML”. Convertido en un medio de ida y vuelta, los usuarios pueden abrir los documentos en Internet desde cualquier aplicación de esta suite, así como introducir sus aportaciones a ese mismo documento desde el navegador. En definitiva y en frase muy reciente de Bill Gates, que reiteramos, “habrá que adoptar el estilo de vida de la web”.Y sobre la gestión de la información documental ya no basta con atender aspectos como el desarrollo y la misma explotación de la red, y ni siquiera la creación y gestión de los servicios: se precisa la asimilación del concepto de la globalidad documental y la aplicación de soluciones integrales en la gestión de la información documental.

 

 La tecnología digital cuenta ya, cara al futuro, con una serie importante de recursos y de medios, para la prestación de los servicios multimedia, como son el satélite y el cable, la Web-televisión, etc. Actualmente tan sólo primicias balbucientes, podrán colmar en el futuro el extenso abanico de servicios multimedia, llenando campos tan diversos, como los de la investigación y la cultura, la información y el ocio, mientras en la diversidad de sus múltiples canales, discurrirán en un trasiego desbordante, la música y las películas de cine, la prensa, el ocio, los deportes y una gama de servicios multimedia que, en breve, cambiarán muchos aspectos de la vida humana en los pueblos desarrollados y, no mucho más tarde, en los subdesarrollados.

 

En la práctica, hoy, la localización y recuperación de información en la tela de araña universal de la web es uno de los principales retos que han de afrontar los documentalistas, ya que las herramientas de la primera generación no han resuelto con eficacia los problemas del ruido documental y de la escasa exhaustividad de los resultados. Sin embargo, los multibuscadores y metabuscadores de segunda generación podrán ser para el profesional de  la documentación las herramientas del futuro inmediato que, a través de la madeja hipertextual, le permitan en su nueva misión de ciberdocumentalista, la localización de documentos, a partir de la «semilla» de “ciertas sedes originales”, a las que alude F. Aguillo.

 

Se trata de una nueva era en la que sufrirán transformación, tanto los modos de producir bienes y servicios, las formas de hacer negocios y de trabajar, como las de acceder a la información, la educación y la cultura, así como las de recibir la asistencia sanitaria, de relacionarse con la administración y otras entidades, de comprar e, incluso, de nuevas formas de ocio y de entretenimiento y, cómo no, la información documental.

 

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