| Sede Otras columnas 060617, Carpe Diem Padre nuestro Luis Figueroa I. En 1986 las campanas doblaron por mi padre, que dej� de existir casi a la misma edad que tengo ahora. Desde entonces, el D�a del Padre no ha sido lo mismo para m�. Extra�o a mi padre cuando tengo un �xito, y lo extra�o m�s cuando tengo un fracaso. Lamento mucho que no est� aqu� para ver a sus nietos creciendo y para ver sus caras de felicidad cuando gana su equipo en el Mundial de F�tbol. Mi padre me ense�� a limpiar calamares, a sentarme a leer tranquilamente al final de la tarde, a montar moto, a cangrejear en la playa, a preparar Bloody Marys, y a cantar En un bosque de la China y Pajarillo barranque�o. Me ense�� a hacer castillos de arena y me construy� un invernadero cuando yo era orquide�logo. Me ense�� tiro al blanco y seguramente hubiera preferido que yo fuera beisbolista, a que fuera orquide�logo; pero recuerdo que estaba muy contento cuando gan� mi primer Menci�n Honor�fica en una exhibici�n nacional. Con mi padre �bamos a La Placita Quemada a comprar mariscos, donde una se�ora que tomaba sangre de tortuga. �bamos cada 1 de noviembre al Cementerio General a visitar la tumba de su padre, y con mis hermanos entr�bamos a pie. �l, adem�s, hab�a inventado la historia de un lorito suyo, de nombre Vito, que hab�a sido piloto. El avi�n de Vito hab�a sido derribado durante la Liberaci�n y se hallaba enterrado cerca de la tumba de mi abuelo. As� que mis hermanos y yo llev�bamos flores para el padre de mi padre, y flores para el lorito ca�do. Al final de sus d�as discut�amos mucho. El, sin lugar a dudas, era un constructivista irredento; y yo, soy un convencido total de la existencia de �rdenes espont�neos. El era un apasionado con un corazonote as� de grande; y yo, que soy un objetivista, sin duda le parec�a exageradamente racional. Mis padres eran muy j�venes, y nada me daba m�s gusto y orgullo que el m�o me presentara como su hermano y que cuando iba por la calle, con mi madre, alguien silbara y me dijera, �Adi�s, cu�ado! Su �ltima foto se la tom� junto a su Mustang, el mismo en el que hizo su viaje final. Y por cierto que, pocos a�os antes hab�a pasado por una crisis financiera. Eso lo lastimo mucho; pero nunca perdi� su magn�fico sentido del humor. De hecho, para pasar el aguacero vend�a contratos funerarios; y en sus tarjetas, �qu� cree usted que dec�a? Luis Figueroa, asesor en viajes celestiales. La �ltima vez que lo vi yac�a bien rasurado, todo conectado a tubos, inconsciente, y aparentemente tranquilo. Y no alcanc� m�s que a decirle, muy quedito y entre dientes: �Gracias, fuiste un padre divertido! y te voy a extra�ar. II. El jueves rele� parte de Los cuadernos de don Rigoberto, novela de Mario Vargas Llosa que cuento entre mis favoritas. Me gozo mucho, entre otras partes, el cap�tulo en el que el protagonista del libro explica sus criterios est�ticos. �Todo lo que brilla es feo�, dice don Rigoberto. Ese jueves platiqu� con mi amiga Andrea sobre la ilustraci�n de la nueva edici�n de La rebeli�n de Atlas, por Ayn Rand. Un Atlas en estilo Art Deco. Pues en esas estaba cuando me introdujo a la obra de una pintora que yo desconoc�a totalmente y que me dej� muy impresionado: Tamara de Lempika. Tamara naci� en Varsovia, en 1898, vivi� en Par�s donde estudi� con Andr� Lhote y Maurice Dennis. Con su segundo esposo viaj� a Los Estados Unidos y expuso en galer�as como The Paul Reinhart Gallery, Julian Levy�s y Courvoisier. Desafortunadamente, en 1960 (Aaaaaaah, los 60) cambi� su estilo a abstracto; y muri� en M�xico veinte a�os despu�s. Cuento esto porque entre el jueves y el viernes le pregunt� a varias personas acerca de Tamara de Lempika y nadie la conoc�a. Y me parece una l�stima. Creo que don Rigoberto y Rand habr�an apreciado su obra. Ahora estoy leyendo algo de arte porque, como dijo von Mises �el disfrute del arte y de la literatura presupone una disposici�n y una susceptibilidad de parte del p�blico. El gusto es innato s�lo en unos pocos. Los dem�s deben cultivar su aptitud para el disfrute�. Sede |