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060520

Carpe Diem

Valores y lectores
Luis Figueroa

Una de las cosas más fascinantes acerca de escribir una columna es la relación que se establece con los lectores.

Francamente yo no recibo mucho correo; pero la mayoría del que recibo es muy bueno.  Mis favoritos, por supuesto, son los que se identifican con los valores que defiendo en
Carpe Diem: la vida, la libertad, la propiedad y el derecho a la búsqueda de la felicidad. 

Pero también me gustan mucho los correos de aquellos que los cuestionan, y prefieren la seguridad, la igualdad, el autoritarismo y hasta el totalitarismo.  Esos me hacen pensar mucho.  Me gusta cuando son sinceros y respetuosos; y me divierten cuando son apasionados.  He sido acusado de ser un instrumento del capitalismo salvaje, y una vez que hice burla de los vegetarianos fui señalado de ser un comecadáveres. 

La semana pasada,
en este espacio, presenté una colección de calcomanías con pensamientos libertarios y supuse que más de uno iba a levantar alguna pasión.  ¿Y qué pásó? Que los dos que menos creí que iban a llamar la atención, fueron los que motivaron reacciones.

Yo esperaba que el de las armas fuera controversial: “Si las armas matan gente, ¿los lápices cometen faltas de ortografía?”; o bien, que el de los impuestos generara polémica: “¿Por qué es que la muerte y los impuestos son ineludibles, en tanto que la vida y la libertad no?”  El del colectivismo debería haber llamado la atención de alguien: “El individualismo es moralmente superior al colectivismo”. Pero no.

Los que generaron reacciones eran de política exterior, ¿quién lo iba a decir? Los dos stickers decían: “Yo apoyo el libre comercio, así que me opongo al DR-CAFTA” y “Nunca es tarde para salirse de la ONU”.

Pues bien, me explico: Un tratado de libre comercio, de verdad, debería tener sólo una cláusula que dijera  que “el comercio será libre”, y nada más.  El DR-CAFTA es un tratado de comercio, un tratado de nuevas regulaciones para el comercio, o algo así; pero no es uno de libre comercio.

Adicionalmente, el precio de la libertad (incluyendo la de comercio) es su eterna vigilancia; no la multiplicación de regulaciones en ámbitos como el laboral, el ambiental, el de telecomunicaciones y otros que, ahora, están sometidos a los acuerdos del citado tratado.  Por cierto, ¡gracias a los amigos de A todo dar por haberme invitado a hablar del tema!; lástima que ese día iba para una reunión y no pude apuntarme.

El otro tema es más complejo de explicar pero trataré de hacerlo en lo que queda de espacio.  La ONU tiene una larga historia de corrupción, cinismo y deshonor.  Ya no digamos que la suya es una vergonzosa colección de estándares dobles y de pragmatismo.  Recientemente, un grupo de soldados guatemaltecos murió a causa de una de esas actitudes encubridoras y misteriosas que la Organización acumula en su historial.

Por eso siempre me ha extrañado que Taiwán, por ejemplo, quiera volver a ser parte de la ONU.  Entiendo que aquel país quiera ayudar a reforzar la OMS y me parece una irresponsabilidad que la Organización ceda a las presiones de la China Popular y mantenga a Taiwán fuera de aquel importante foro de salud; pero, ¿por qué a la ONU?  De hecho, creo que Guatemala debería de retirarse y decirle, al PNUD: Gracias, pero no gracias.

Un ejemplo de los dobles estándares que se manejan en la ONU es, precisamente, el de no dejar que los periodistas taiwaneses cubran la World Health Assembly.  ¿Se da cuenta, usted? La misma organización que dice defender las libertades de prensa y de información, es la que, a la hora de la hora, cede a la fuerza de Beijing (una dictadura totalitaria que es paradigma de los violadores de los derechos individuales de sus habitantes y de sus vecinos) y viola aquellos principios que dice sostener.

Gracias, pues, a los lectores; y los dejo de nuevo con mi sticker favorito: “Si no estás indignado, es porque no estás poniendo atención”. 

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