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060429

Carpe Diem

¿Y el gobierno?
Luis Figueroa

Cuatro casas de supuestos mareros, en Palín, fueron quemadas por pobladores del lugar.  Los incendiarios indicaron que decidieron actuar as� debido a la ineficacia de las autoridades llamadas a protegerlos de los delincuentes organizados en maras.

Por si alguien no lo sabe, las maras son pandillas juveniles; y muchas de ellas son tristemente célebres por ser organizaciones criminales cuyos miembros extorsionan y pueden, incluso, hasta asesinar a comerciantes, transportistas y vecinos de las áreas donde operan.

Muchos integrantes de maras son delincuentes.  Eso es cierto.  Como lo es, también, que igual que otros delincuentes, estos operan impunemente ante la ausencia de gobierno y de autoridad en Guatemala.

El de los presuntos pandilleros de Palín no es un caso aislado.  Muchos vecinos en otros lugares actúan contra los mareros en formas menos escandalosas, pero efectivas.  Por eso es que dicen que en solares aislados y en cunetas de aminos oscuros aparecen cuerpos de jóvenes tatuados, y sin vida.

El de los presuntos mareros de Palín est� lejos de ser un caso aislado.  Cinco días antes de las citadas quemas, en las que los hechores no dejaron que los bomberos apagaran los fuegos, un grupo de habitantes de Sumpango protagoniz� el ominoso lichamiento de dos personas a las que acusaban de ser robaniños.

Repito, y sostengo, que cualquier presunto delincuente debería ser citado, oído y vencido en juicio antes de que se la aplique una pena preestablecida y proporcional al delito que hubiere cometido.  Ni para mareros, ni para robaniños es justicia el linchamiento, de igual forma que no es justicia la destrucción de propiedad ajena, o el sacrificio de los derechos individuales, por los intereses colectivos.

Pero claro, a aquello hemos llegado en buena parte porque en vez de gobierno tenemos una burocracia que, en vez de cumplir con el mandato constitucional de proteger a las personas y garantizarles la vida, la seguridad y la justicia, lo que hace es administrar intereses, asegurar privilegios y buscar acuerdos hasta dónde no hacen falta.

Vea usted, por ejemplo, lo que pas� con el levantamiento popular de hace poco más o menos una semana.  Lo que iba a ser un alzamiento generalizado no fue más que pequeños grupos de acarreados tratando de pasar inadvertidos mientras bloqueaban los accesos a la ciudad de Guatemala.

Preguntados en televisión a qu� habían venido, la mayoría de participantes en el movimiento indígena, campesino y popular desconocía por qu� estaba ah�.  Unos decían que venían porque los habían traído, otros decían que venían acompañado a alguien, y los más enterados citaban los más diversos motivos para acuerpar el motín. 

Entre todos no eran más que un puñado de señoras llevadas ah� por una dirigencia irresponsable, abusiva y canalla. Pero eso s�, el comandante Stein sali� al rescate del levantamiento, que era un fracaso evidente, y para ponerle fin, a algo que no estaba pasando, instal� una mesa de negociaciones y legitim� las pretensiones de los alzados.

Ahora ya tenemos lo que no hacía falta: una mesa de negociaciones más, integrada por ese tipo de delincuentes que puede tomar la ciudad impunemente y que no representa absolutamente nada más que intereses políticos de lo más viles. 

Lo dije arriba y lo repito: en vez de gobierno tenemos una burocracia dedicada a administrar intereses, asegurar privilegios y buscar acuerdos hasta dónde no hacen falta.

Los gobiernos son esencialmente una negación de la libertad.  En consecuencia debería haber algún motivo para tolerar tal negación. Ludwig von Mises nos lo da cuando explica que el gobierno 𡞫ebe proteger a los individuos contra los ataques violentos y fraudulentos de los gangsters�.  Ya sean estos mareros, robaniños, o revoltosos, para lo que queremos gobierno es para que nos proteja de ellos, no para que los deje en manos de las turbas, ni para que legitime sus demandas.

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