| Sede Otras columnas 060422 Carpe Diem Horror y barbarie Luis Figueroa I. Los autores del linchamiento ocurrido en Sumpango deben ser perseguidos, procesados y condenados; ¡cuanto menos, por asesinato! Aquellos criminales están plenamente retratados en las tomas de Guatevisión y su barbarie no debe quedar impune. El miércoles pasado vi, con espanto, el linchamiento de dos personas en aquella localidad. No se me quita el horror de ver cómo la turba apaleaba a dos personas y cómo los iban destrozando y moliendo. En un momento me debo haber distraído; pero un amigo me contó que cuando los rostros de las víctimas ya eran irreconocibles, la mujer todavía hizo un intento vano de proteger la cara de su compañero contra los golpes que le propinaban. Es irrelevante si los linchados eran, o no ladrones de niños. En todo caso, sostengo que cualquier presunto delincuente debería ser citado, oído y vencido en juicio antes de que se la aplique una pena preestablecida y proporcional al delito que hubiere cometido. Sostengo que el linchamiento no es justicia, sino salvajismo puro. Hay quienes creen que las escenas de los asesinatos de Sumpango no deberían haber sido transmitidas en toda su crudeza; pero no estoy de acuerdo con esa idea. Creo, de verdad, que todo guatemalteco debería verlas. Creo que sólo así, puede uno dimensionar lo indignante, lo inhumano y lo repulsivo de aquella acción colectiva y criminal. Ver aquellas escenas es como ir al Museo del Holocausto. Seguramente uno salga espantosamente conmovido y talvez tenga pesadillas en la noche; pero aquellas imágenes, como esta visita, son instrumentos inigualables para obligarnos a reflexionar sobre lo repugnante del Holocausto y lo atávico e inhumano de los linchamientos. Si los linchados en Sumpango eran culpables, en un país de gente decente y de autoridades responsables, deberían haber sido capturados y encarcelados. Como ya habían sido capturados y encarcelados. Pero aquí fueron masacrados salvajemente. Ahora bien, ¿qué tal si no eran culpables? ¿Qué tal si eran inocentes? ¿Qué tal si usted anda viendo barriletes en Sumpango (o paseando por cualquier otro pueblo) y como se ve diferente la gente dispone que anda robando niños? ¿Qué tal si le pegan fuego después de despedazarlo a palos? Yo no acepto la excusa de que los salvajes actúan así sólo porque la policía es corrupta y porque los tribunales de justicia y el Ministerio Público son ñaques totales. Si bien todo aquello es cierto en buena medida, urge examinar cuáles son los incentivos y las motivaciones, así como las condiciones para la organización de actos criminales como el que aquí discutimos. ¿Quiénes dirigen e instigan horrores como el de Sumpango? Actos como aquel confirman que el estado de Guatemala está colapsando; y no estaría de más que aquellos que ejercen el poder recordaran al viejo sabio David Hume, que dijo algo así como que lo que legitima a un gobierno no es el consentimiento, ni la mayoría; sino el hecho de que aquel cumpla con sus funciones fundamentales que son proveer seguridad y justicia. Eso significa, ¡por supuesto!, que todos los que aparecen en las tomas de Guatevisión, matando a palos a dos seres humanos, deberían ser castigados por asesinos; porque si no fuera así, ¿con qué autoridad moral puede el gobierno reclamar legitimidad alguna? ¿Cómo podría atribuirse autoridad alguna? Admito, sí, que estoy muy indignado. Pero si es posible vea usted esas imágenes espantosas. Verá como es que, si no tiene horchata en sus venas, estará igualmente indignado y horrorizado luego de presenciar tanta barbarie. II. Cambio de tema para no terminar amargado. Hoy a las 2:30 p.m., el IGA y el Musac celebran el Primer Encuentro de Lectores; todos los miércoles el Club de Lectura de la Biblioteca Ludwig von Mises, de la UFM está activísimo; y los sábados, cada quince, hay un club de lectura en Sophos. Para desintoxicarse bastante, ¿qué tal si agarra uno un buen libro y se une a alguna de estas magníficas oportunidades? Le recomiendo El manantial, de Ayn Rand. Sede |