Sede           Otras columnas


060401

Carpe Diem

Buses del diablo
Luis Figueroa

I. La semana pasada un amigo notó que al salir de la zona 9 y enfilar hacia la Calzada Roosevelt lo seguía un vehículo todoterreno azul.  No le dio importancia porque iba a una reunión importante y creyó que era paranoia.

A inmediaciones del área donde empiezan la Roosevelt y la Calzada San Juan, un autobús extraurbano, sin placas, le dio un golpe en el lado derecho de su automóvil.  Le lastimó el espejo lateral, le estropeó la lodera y le rayó el parachoques frontal.

Mi amigo se hizo a un lado y decidió no separarse completamente de su auto, y enfrentar, desde allí, al conductor del autobús que para ese momento ya estaba bajando de su vehículo.

Con lo que no contaba mi amigo es con que el conductor salió armado con una pistola y con que detrás de él venía otra persona con un machete.   Y para colmo de males, la todoterreno azul estaba allí y se acercaba sospechosamente.  Luego de un tenso intercambio entre agresor y agredido, y gracias a la intervención del conductor de un camión repartidor de agua, mi amigo pudo meterse a su carro y escapar del piloto armado (y seguramente de la gente que iba en el auto azul). El incidente fue presenciado por un agente de la Policía Municipal de Tránsito que se hizo toda clase de loco.

Unos minutos más tarde cuando mi cuate se comunicó con su seguro, el ajustador le contó que el suyo no era el primer caso de esos.  Según lo que contó el ajustador, lo que ocurre es que el de la camioneta golpea un carro y mientras que el conductor del carro sale a alegar, los de la todoterreno se llevan el vehículo golpeado.  En más de una ocasión, dijo el ajustador, el piloto armado ha disparado contra el conductor agredido.

Esta historia es inquietante por sí misma; pero si uno le añade que en esta misma semana escuché otra historia muy parecida, de otra persona muy cercana, ¿dígame, usted, si no es perturbadora?

Una amiga y compañera de trabajo, con su esposo y su cuñado, iba a hacer unos mandados y andaba por el área de Tecún Uman, rumbo a la sección donde empiezan las calzadas Roosevelt y San Juan.

En un momento un bus les golpeó su carro y mientras los hombres se bajaban a reclamar, ella llamó al seguro.  ¿Adivine qué? El bus rojo no tenía placas, sino un número pintado con negro y el piloto nunca mostró tarjeta de circulación.

Al lugar de los hechos acudieron unos agentes de la Policía Municipal de Tránsito que se contradecían y nunca pudieron aclarar por qué es que puede circular un autobús del transporte público sin placas y sin tarjeta de circulación.  Y también llegó un “licenciado” de la Comuna.

El piloto del bus amenazaba, constantemente, con llamar al Gordo.  Y vaya usted a saber quién es ese personaje. 

Los PMT obligaron a los del carro y a los del bus a que se retiraran de la vía pública y los internaron en la zona 13.  Ese procedimiento, claro, dificulta el aprovechamiento del seguro porque entonces es difícil establecer qué es lo que pasó.  Y encima ni el piloto del bus, ni el licenciado, ni los policías contribuyen luego, a aclarar las cosas.

De hecho, los vehículos fueron llevados al Cenma y supuestamente al día siguiente se iba a realizar un procedimiento judicial para aclarar responsabilidades; pero adivine qué: Los de la Muni nunca se aparecieron.

¿Y qué pasó con los del carro? Pues no sólo no pudieron deducirle responsabilidades al piloto del bus, sino que no pudieron aprovechar el seguro.

II. Con respecto a Carpe Diem de hace dos semanas, me dio mucho gusto saber que hay mucha gente que recuerda y añora a los salsifíes. Muchas gracias a los lectores que me hicieron comentarios y recomendaciones.  Si a usted le gustan, parece que de cuando en cuando es posible conseguirlos en el mercado de la Villa de Guadalupe. Aún continúa el misterio de los camotes morados.

Sede
Hosted by www.Geocities.ws

1