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060218


Carpe Diem

Mejor país
Luis Figueroa

I. ¿Qué tal si mañana despertáramos y tuviéramos un país mejor? Eso no pasará, si usted no hace que ocurra.

Abunda, por ahí, la creencia de que si todos perseguimos nuestros fines propios, entonces habría caos y conflictos; y por eso se sugiere que para que hayan paz y armonía, todos deberíamos buscar los mismos objetivos.  Esta creencia se apoya en el mito de que si todos vamos tras fines distintos, lo que ocurre en la sociedad es el conflicto.

Sin embargo, los seres humanos siempre actuamos persiguiendo finalidades.  Las personas no hacemos nada que no persiga un fin.  Perseguir fines es propio de la acción humana; y ni usted, ni yo, hacemos algo si no es con un propósito.

Para el pensamiento liberal, en la persecución de los fines distintos es en donde se manifiesta la libertad: y la defensa de la libertad tiene sentido porque los seres humanos no somos animales, piezas de una gran máquina, ni cosas.

Cada quien tiene sus fines. Cada quién tiene el legítimo derecho de perseguirlos y hasta de hacer de ellos el propósito de su propia existencia. 

Los fines no ocasionan los encontronazos; son los medios elegidos los que pueden dar lugar a conflictos.

Sin embargo, para perseguir y alcanzar nuestros fines diversos, tanto Bill Gates con su Microsoft, como San Simón sobre su columna, o usted, o yo, debemos ajustar nuestras conductas a una serie de indicaciones, entre las cuales está no recurrir a medios ilegítimos y no violar derechos ajenos. 

Un derecho es una facultad de las personas individuales que se ejerce sin necesidad de pedir permiso a nadie, ni a costas de nadie. La única obligación implícita en el ejercicio de un derecho es el respeto de los derechos ajenos.

Los seres humanos, como personas individuales, tenemos derechos. Los grupos no. Los derechos los gozan los individuos, no porque el grupo se los conceda, ni los goza para bien del grupo, sino que los goza para defenderse de la colectividad y de los otros. 

Cualquier cosa, parecida a un derecho, de la cual gocen sólo unos, y no todos los miembros de una sociedad; cualquier imitación de derecho de la que las personas gocen de cuando en cuando; cualquier pseudoderecho que para disfrutarlo haya que pasar sobre los derechos ajenos; y cualquier otra gracia que concedan la colectividad, o el tirano de turno, no son derechos, sino privilegios.

Aclarado lo que es un derecho, volvamos a los fines y a la libertad.  Una sociedad puede ser tratada como una organización cualquiera y a sus miembros se les podría orientar a perseguir fines comunes.  Tal ha sido el caso de sociedades como las del imperio soviético, o las del nacionalsocialismo.  O la de Cuba, en nuestros días.  Si el tirano del momento tiene el poder para imponer fines y hacer que otros lo sigan…pues ni modo; pero eso tiene un costo.  Y ese costo se mide en vidas humanas.  Eso sin contar que, por perseguir el fin impuesto, habría otros miles de fines que no serían alcanzados.

En contraste, en una sociedad de personas libres todos los seres humanos pueden perseguir los fines que les parezcan, siempre y cuando respeten normas mínimas de recto comportamiento.  Por ejemplo: respetar los contratos, y respetar la vida, la libertad y la propiedad de otros. 

¿Qué tal si mañana despertáramos y tuviéramos un país mejor? Eso no pasará, si usted no hace que ocurra.

II. Es un éxito la serie de programas
Heaven on Earth: The Rise and Fall of Socialism, que está en Take One, la tienda de vídeos en Futeca de la zona 14. Si quiere saber algo más antes de verla, o después de verla, visite www.pbs.org/heavenonearth/ de verdad se la recomiendo muy especialmente.
Para no caer en sus trampas, es bueno conocer este fenómeno político en todas sus formas, ya sea marxista o nacionalsocialista, y hasta en sus formas posmodernas, o las relacionadas con el estado de bienestar. 


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