| Sede Otras columnas 060114 Carpe Diem French Poodle Guate Luis Figueroa Hojeando periódicos y asistiendo a convivios y cócteles, uno termina enterándose de cosas. Existe, en Guatemala, una tendencia cándida a tratar la realidad nacional como si la solución para la pobreza, la exclusión y la falta de oportunidades fuera cosa de abrazarse y ¡Zas!, todo arreglado. En esa línea de franqueza inocente mi amiga Lissa dice que esos tés de sabores que están de moda por ahí, son french poodle teas. Mis amigas Ingrid y Adelaida tenían todo lo que hay que tener de la Hello Kitty y de My Melody; la hermana de un cuate se sabía todos los diálogos de Candy. Y dígame: si usted creció en los años 80 de plano usó un copete o flequito redondo sobre la frente, si es mujer; o calcetines blancos con zapatos formales, si es hombre. ¿A dónde va todo esto? A esa bonita, pero algo peligrosa, creencia de que los problemas de los guatemaltecos se solucionarán cuando todos cantemos al unísono, cuando haya consensos y cuando todos nos abracemos en amor fraternal. Antes de avanzar, sin embargo, es necesario aclarar que no tengo nada contra el amor fraternal; y que lo tengo en altísima estima, junto a valores como la convivencia pacífica y a la cooperación social. También es necesario dejar claro que celebro que haya gente trabajando para motivar a los chapines. La tendencia que señalo, sin embargo, que pone énfasis en las apariencias, en vez de concentrarse en la realidad. Lo que no me convence es que se enfoca en el consenso, y no en la calidad de los acuerdos que sean alcanzados. Lo que me inquieta es que se distrae en la fe y en la visión, en vez de plantear soluciones reales. El defecto que le encuentro es que no le entra al verdadero problema que es la falta de propuestas concretas. Mi cuate, Raúl, dice que es como si algunos creyeran que todo se arreglará cuando los guatemaltecos, vestidos de blanco, nos agarremos de las manos y corramos por una colina verde hacia el horizonte. El 10 de enero pasado fue el cumpleaños de Lord Acton, quien entre otras cosas más famosas dijo, sabiamente, que la voluntad popular no puede hacer justo, lo que es injusto. Advertencia que ya Alexis de Tocqueville había hecho al observar que la mayoría puede convertirse en tiranía. Una mayoría hermanada y por consenso podría, por ejemplo, arrasar con los derechos a la vida, a la libertad y a la propiedad. Podría darle el tiro de gracia a la igualdad de todos ante la ley. Y si ello ocurriera, no importará cuánto amemos a Guatemala, ni a cuántos seminarios motivacionales hayamos asistido, ni la cooperación social pacífica ni la prosperidad serán posibles. Entonces, esta no es una columna para echar por tierra las buenas intenciones de otros; pero si es una que busca llamar a la cordura y poner los pies sobre la tierra. ¡Más importante que los consensos, es la calidad de estos! Los guatemaltecos no hemos definido si vamos a fundar el país sobre un estado de derecho, o no. Decimos que sí, a veces; pero actuamos como que no. Mientras exista un solo privilegio y mientras unos puedan usar la majestad de la ley para beneficiarse y perjudicar a otros, lo del estado de derecho es sólo del diente al labio. Los guatemaltecos no hemos decidido si vamos a seguir permitiendo que haya ciudadanos de primera, y ciudadanos de segunda. Mientras existan privilegios, siempre habrá quienes se aprovechen de ellos. La exclusión, es la falta de igualdad de todos ante la ley. Los guatemaltecos no hemos decidido si vamos a respetar la vida de otros siempre, o sólo a veces; del mismo modo en que no estamos claros de si vamos a respetar la propiedad ajena siempre, o sólo cuando nos convenga. Y por eso es que hay pobreza. Por eso es que no hay trabajo. Por eso es que el crimen paga. No porque no cantamos al unísono, sino porque en vez de principios, lo que tenemos son pactos. Sede |