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050813

Carpe Diem


¡Más luz!
Luis Figueroa

Cuando Goethe estaba por morir sus últimas palabras fueron “¡Más luz!”.  Las últimas palabras del autor de Werther y de Fausto fueron recogidas por su discípulo John Peter Eckerman; y según él, lo que dijo Goethe fue “Abran otra ventana para que entre más luz”.

Una leyenda, menos espiritual, cuenta que en realidad las últimas palabras del genio fueron dirigidas a su nuera, a quien le dijo “Acércate hija, y dame tu garra”.
Desde entonces es que la necesidad de más luz y las garras se encuentran unidas en la literatura, en la historia, en la economía y en la política.

Aquello podría explicar que, mientras cae en picada la popularidad de la administración Berger –y mientras que se evapora su autoridad-, el equipo presidencial esté pensando en un subsidio al precio de la energía eléctrica en Guatemala.

Sin embargo, “lo peligroso de un subsidio es que se sabe cómo empieza, pero no cómo termina”, advirtió con sabiduría el presidente del Banco de Guatemala, Lizardo Sosa, al señalar que el subsidio de Q110millones que el gobierno destinará para evitar un alza en la energía eléctrica por los próximos tres meses, repercutirá negativamente en la salud financiera del Estado.  ¡No sólo en la salud financiera de esta administración, sino que en la del Estado!, léase bien.

Ramón Parellada, del Centro de Estudios Económico-Sociales, explicó que “un subsidio lo paga toda la sociedad, porque los recursos que se destinan para él se quitan a otros sectores”.  Es decir que lo que se va para el subsidio, no se va para seguridad, no se va para justicia, y le es arrebatado por la fuerza a unos, para beneficiar a otros.

La razón por la cual no hay un servicio de transporte urbano decente en la ciudad de Guatemala es que el Estado subsidia a los autobuseros.  A ellos no les falta el pan en la mesa, pero los usuarios de transporte sudan cada moyete.
Los lecheros descubrieron que pueden vivir de subsidios y de protecciones arancelarias, y que a nadie le da vergüenza eso.  Hace poco leí que los arroceros también quieren su particular monte de orégano.  ¡La administración sigue criando grupos sociales que creen que es legítimo vivir a costillas de otros!

Lo cierto es que con el petróleo al alza, y en ejercicio de sus funciones técnicas, la Comisión Nacional de Energía Eléctrica ha autorizado un nuevo pliego tarifario.  Pero si a causa de los problemas de imagen de la administración los usuarios no recibimos el mensaje de que el precio de la luz ha subido, tampoco veremos la necesidad de ahorrar energía.

De forma irresponsable, y en defensa de su popularidad  menguante, la administración Berger está dispuesta a ocasionarse problemas financieros y a heredárselos a sus sucesores para que luego los paguen los contribuyentes. O sea, usted.

La administración está dispuesta a engañar a los usuarios y a hacerlos creer que no hay que preocuparse por ahorrar energía. Y al crear una falsa sensación de abundancia de energía eléctrica, ocasionará desperdicios que luego tendremos que pagar con creces.

A la larga, seguirá enviando el mensaje de que Guatemala es un país absurdo y hostil para las inversiones.  Uno en que las reglas no son claras.  Uno en el que no hay gobierno y en el que la administración está a merced de los grupos de interés y de los grupos de presión.  Uno en el que si usted invierte en la exploración minera, en la construcción de una hidroeléctrica, o en cualquier otro proyecto millonario, sus dólares y su tecnología serán víctimas del chantaje y de la inseguridad absoluta.

El subsidio a la energía eléctrica es antitécnico y antieconómico; pero sobre todo es antiético.  Es indigno.  Es una garra afilada y peligrosa.  ¿Por qué no se deja en libertad el sector eléctrico? ¿Por qué no se nos deja madurar a los guatemaltecos? ¿Cuánto tiempo pasará antes de que la falta de inversión en el sector eléctrico nos condene a apagones?


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